¿Por qué es tan difícil abandonar una red social?

Eliminar todos los perfiles de redes sociales. Esa sería una buena solución para dejar de compartirle información a las corporaciones, ¿no? Pero ¿cuántos lo hacen? No es tan fácil entender por qué simplemente muchos no hacen clic en ‘borrar’. Les aseguramos, hay razones científicas detrás de ello.
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A varios les llegó el mensaje de Facebook titulado “Protección de la información” y así fue como se enteraron de que les había tocado el escándalo de Cambridge Analytica.

¿Qué es? A mediados de marzo se descubrió que la compañía Cambridge Analytica accedió a la información privada de muchos usuarios de Facebook —y probablemente Facebook sabía—, lo que viola los términos del contrato de consentimiento entre la red social y sus usuarios. ¿Por qué es impactante esta noticia? Primero por el número de personas afectadas: según The New York Times, en un principio hablábamos de 10 millones de usuarios que tenían sus datos rondando quién sabe dónde, hoy ya vamos en 87 millones. Pero lo principal es qué pasa con la información: al parecer, Cambridge Analytica ayudó a la campaña de Donald Trump y a finales de marzo se reveló que también influyeron en las elecciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo que se conoce como Brexit. Esto llevó a Mark Zuckerberg a poner la cara en el Congreso de Estados Unidos, pero aún no se saben las consecuencias que tendrá este caso para la red social y también para el mundo digital.

Todo esto ha llevado a medios y a quienes usan las redes sociales con fines personales a preguntarse lo mismo: en manos de quién está la información y qué hacer para que las conversaciones, datos, fotos e información no sean usados por corporaciones para lucrarse.

De ahí surgió el movimiento #DeleteFacebook, o simplemente “borrar Facebook”. Esta sería la solución más lógica para que la data no llegue a manos de otros y que las personas dejen de andarle contando a todo el mundo el sitio en el que están, los amigos con los que se ven y más en cada uno de sus “estados”. Sin embargo, si realmente alguien no quisiera darle la información a Facebook, también tendría que borrar Instagram y Whatsapp, dos aplicaciones que son de la misma compañía.

Existen otras redes sociales como Twitter y empresas como Google que ahora se encuentran en la mira debido a lo sucedido con Facebook: en estas redes también hay miles de usuarios dejando datos. Estas compañías han tratado de manejar el tema más abiertamente a través de sus políticas de privacidad que son un poco más fáciles de entender que las de Facebook. De hecho, al leer las políticas de Twitter hay algo llamativo y es que ellos establecen desde el comienzo que la red está hecha para compartir información al mundo. Aún así, aclaran en qué circunstancias pueden compartir datos con terceros y brindan posibilidades de manejar qué tanto de lo que un usuario publica llega a la compañía a partir de las configuraciones de privacidad en la aplicación.

Pero la realidad es la misma: si quiere que otros no sepan los pormenores de su vida, lo ideal sería no estar en las redes sociales. El asunto es que al final pocos o casi nadie lo hace. ¿Por qué? ¿Qué es lo que les retiene? Aunque diferentes estudios indican que alejarse de las redes trae muchos beneficios para la vida y la salud mental, parece que nadie puede dejar de ver en Instagram las fotos de lo que se acaba de comer el mejor amigo, el último estado de Facebook de la tía que estuvo de viaje en Santa Marta, o solo quejarse del mal servicio de una empresa en 280 caracteres.

Solo en Colombia, según la Primera Gran Encuesta TIC realizada por MINTIC, que fue realizada a 8830 ciudadanos en el país, el 88 % de los encuestados usa Facebook, el 34 % Instagram y el 20 % Twitter, y el 90 % de las personas usan esas redes a diario.

Es mucho más difícil cuando se es joven


Pew Research Center es una organización que se dedica a investigar a partir de diferentes metodologías diversos temas como Internet, ciencia y tecnología. Hace poco presentaron su informe “Social Media Use in 2018” o el “Uso de las redes sociales en 2018”, que se hace a partir de encuestas a personas entre los 18 y los 65 años que viven en Estados Unidos. Dentro de los resultados de la encuesta está uno que llama la atención: es más difícil dejar una red social si se es joven.

El 51 % de los usuarios de redes sociales que están entre 18 y 24 años dicen que les sería muy difícil dejarlas. Esta misma respuesta fue del 43 % entre los usuarios entre 30 y 48 años, del 40 % entre usuarios de 25 a 29 años y del 33 % entre usuarios de más de 50 años.

Es evidente que para algunos nativos digitales —los que desde la cuna han jugado con tabletas— la idea de dejar las redes sociales es más compleja: las redes siempre han estado ahí y es su forma cotidiana de comunicarse y relacionarse con el mundo. Pero llama la atención que en el grupo de 30 y 49 años haya resistencia. La explicación puede estar en que, como lo muestra un artículo en Vox, para muchas personas de estas edades Facebook y otros espacios virtuales hacen parte del estudio, el trabajo y la vida productiva.

El auge de trabajos relacionados con tecnología o industrias que se han transformado por lo digital, como el periodismo, el marketing y la publicidad, hace que abandonar la vida social en Internet pueda significar la pérdida de oportunidades. Un ejemplo es LinkedIn. Si un profesional desea encontrar trabajo y que su carrera crezca, necesita estar en esta red social. Es el sitio virtual para hacer conexiones o el conocido networking. Allí, además de ofertas laborales, se dan oportunidades de negocio en conversaciones, reclutamiento en línea, se publican artículos que se comparten en grupos por áreas de conocimiento y, sobre todo, es el lugar en el que se está construyendo marca.
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No es simplemente decir: “Facebook: borra mi cuenta”


Con el escándalo de Cambridge Analytica, algunos personajes mediáticos de la industria de la tecnología, como Elon Musk, fundador de Tesla, y Steve Wozniak, fundador de Apple, fueron los primeros en decir: “Hay que borrar Facebook”. Pero, ¿es posible solo en un clic?

Un artículo en la revista Fortune muestra que no es tan sencillo como simplemente buscar la opción de “Borrar cuenta”. Otro artículo de The Washington Post muestra que lo que hace Facebook en el momento de eliminar la cuenta es pedir de nuevo la contraseña y después decir que sus amigos y contactos van a extrañarle. Esta forma no hace sino alargar el proceso y, por qué no decirlo, usar un vil chantaje emocional.

Aclaremos: una cosa es desactivar una red social, algo que se puede hacer con un solo clic, y otra es borrar toda la información y perfil en redes sociales y no tener vida digital. Si realmente lo que quiere es eliminar todo, primero hay que tomar algunas medidas, como crear una copia de lo que no quiera perder (sí, esas fotos del paseo de 2007).

Además está el asunto de la información compartida. Usted puede borrar su cuenta pero lo que haya compartido con otros permanecerá visible, por lo menos para quienes se compartió. A esto hay que sumarle que muchas aplicaciones, como Spotify, funcionan vinculadas con Facebook, y esa es realmente la forma en la que la información se escapa a terceros. Entonces, antes de borrar la cuenta es recomendable desvincular primero todas las aplicaciones.

La mayoría de personas no tienen paciencia para hacer todo lo que hay que hacer para, de veras, borrar para siempre su información. Si aún así quiere eliminar Facebook, esta es una guía básica en español en la que verá que una cosa es desactivar la cuenta y otra borrarla para siempre. Si ya quiere ver todos los trucos para jamás, jamás volver, está el sitio Delete Facebook, en inglés.

Todos quieren ser parte de algo


La interacción social es algo que hace parte del hombre y su evolución. Un artículo de The Guardian explica muy bien que esta es una de las razones más poderosas para quedarse en una red social: es una forma sencilla y sin tanto peligro de obtener el contacto que una persona necesita y ser parte de una comunidad.

De hecho, la evolución del cerebro se dio por la necesidad de las relaciones interpersonales y el sentido de pertenencia. Estar en un grupo siempre trae beneficios, desde cuidado y cariño hasta oportunidades para tener pareja y compartir el resto de la vida. ¿Qué sucede si está en un sitio que le da afecto y aprobación con solo un clic? En las redes sociales cada quien puede silenciar lo que resulte incómodo o bloquear a los que hagan sentir mal, lo que genera todavía más bienestar. Además, hay control sobre lo que ve. Esto suena a una especie de paraíso afectivo del cual pocos querrían irse, aún si el precio a pagar es simplemente dejar algunos datos y fotos de uno mismo.

Pero, ¿esto no estaría cerca de una adicción? “Como todo, los extremos son nocivos”, nos comenta Luis Alfonso Tejada, profesional en publicidad con más de 25 años de experiencia, experto en psicología del consumidor y quien cursa Doctorado en Psicología con énfasis en Big Data. “La pregunta importante, más allá de la frecuencia e intensidad, es para qué las personas están usando las redes sociales. Encontramos desde científicos investigadores que pasan horas diarias buscando datos para analizar y comprobar hipótesis, hasta niños que son inducidos por sus padres para lograr que en las horas de alimentación o cansancio, calmen su ansiedad y controlen los impulsos. También están los adolescentes que llegan a limitar su capacidad de interacción social a una pantalla, perdiendo capacidades de relacionamiento en la vida real. Cuando las redes sociales se usan en esas condiciones, la falta de conectividad para estar en 'contacto' genera ansiedad y angustia, despertando temores por perder algo o a alguien al no estar en las redes sociales y es por eso que se puede presentar una adicción”.

Pero aún así hay valientes que lo hacen


Y no solo son valientes sino que viven felices. El diario El Clarín los llamó en un artículo los “exconectados”. Este artículo se apoya en un experimento que hizo el Happiness Research Institute, que le pidió a un grupo de personas en Dinamarca no entrar a Facebook por una semana. El resultado: los que logran hacerlo se sienten más entusiastas, satisfechos y presentes en sus vidas.

Hay varias respuestas de quienes dejan las redes sociales, como lo muestra otro artículo de The Guardian. Si bien para algunos esta es una forma de encontrar aceptación y cariño, para otros puede significar presión al ver que, por ejemplo, sus compañeros de colegio o escuela parecen tener vidas perfectas, todo por las fotos de viajes y muchos momentos que parecen soñados. Este fenómeno es llamado comparación social y consiste en determinar el valor propio a partir de la comparación con otros en áreas como el aspecto físico, el dinero, la inteligencia o el éxito. Lo que ven publicado en Internet ha ayudado a incrementar estas comparaciones. Eso lleva a que 'ojos que no ven, corazón que no siente': cuando las personas no están en Facebook, dejan de sentirse menos ansiosas y, sobre todo, menos fracasadas. Al dejar de saber qué está sucediendo en la vida de los demás, algunos sienten que la presión por ser el mejor desaparece.

Otra ganancia es que muchos se sienten más felices. No se puede negar que las redes se han convertido en espacios de peleas y agresiones. Como lo explica un artículo de Semana, esto se debe a la desinhibición en línea (Online dishinibition): las personas están siendo mucho más agresivas en espacios digitales. Esto ha pasado en especial en Twitter, llevando a Jack Dorsay, CEO de la compañía, a hablar del tema, diciendo que se encuentra trabajando en crear conversaciones abiertas y civilizadas. Pero no se puede negar que muchas veces al entrar a leer lo que aparece en la cronología, los comentarios parecen estar rodeados de una cierta negatividad.

Sentir que no hay que probarle nada a nadie, al menos no en Internet, tener tiempo para vivir la vida, verse con las personas y hablar cara a cara. Hay muchos beneficios en no estar todo el tiempo revisando lo que sucede en Facebook, Instagram o Twitter, pero al mismo tiempo muchos han encontrado una forma de expresarse, ser oídos y hasta generar negocios por estar en ellas.

Si la preocupación de veras son los datos, piense también en los programas de puntos de los supermercados o simplemente el hecho de decir en voz alta el número de identificación en el banco y que los demás en la fila lo escuchen. Eso sería llegar a un nivel de paranoia. “El ser humano es un ser social por naturaleza, luego las redes sociales son inherentes al ser humano y muy importantes para su sobrevivencia y disfrute de la vida”, comenta Tejada. Es por eso que realmente nadie las deja. Indiscutiblemente mucho sucede en ellas, con amigos y personas queridas, y realmente la gente no quiere perderse de ello.
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Todo esto ha llevado a medios y a quienes usan las redes sociales con fines personales a preguntarse lo mismo: en manos de quién está la información y qué hacer para que las conversaciones, datos, fotos e información no sean usados por corporaciones para lucrarse.

De ahí surgió el movimiento #DeleteFacebook, o simplemente “borrar Facebook”. Esta sería la solución más lógica para que la data no llegue a manos de otros y que las personas dejen de andarle contando a todo el mundo el sitio en el que están, los amigos con los que se ven y más en cada uno de sus “estados”. Sin embargo, si realmente alguien no quisiera darle la información a Facebook, también tendría que borrar Instagram y Whatsapp, dos aplicaciones que son de la misma compañía.

Existen otras redes sociales como Twitter y empresas como Google que ahora se encuentran en la mira debido a lo sucedido con Facebook: en estas redes también hay miles de usuarios dejando datos. Estas compañías han tratado de manejar el tema más abiertamente a través de sus políticas de privacidad que son un poco más fáciles de entender que las de Facebook. De hecho, al leer las políticas de Twitter hay algo llamativo y es que ellos establecen desde el comienzo que la red está hecha para compartir información al mundo. Aún así, aclaran en qué circunstancias pueden compartir datos con terceros y brindan posibilidades de manejar qué tanto de lo que un usuario publica llega a la compañía a partir de las configuraciones de privacidad en la aplicación.

Pero la realidad es la misma: si quiere que otros no sepan los pormenores de su vida, lo ideal sería no estar en las redes sociales. El asunto es que al final pocos o casi nadie lo hace. ¿Por qué? ¿Qué es lo que les retiene? Aunque diferentes estudios indican que alejarse de las redes trae muchos beneficios para la vida y la salud mental, parece que nadie puede dejar de ver en Instagram las fotos de lo que se acaba de comer el mejor amigo, el último estado de Facebook de la tía que estuvo de viaje en Santa Marta, o solo quejarse del mal servicio de una empresa en 280 caracteres.

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Es mucho más difícil cuando se es joven


Pew Research Center es una organización que se dedica a investigar a partir de diferentes metodologías diversos temas como Internet, ciencia y tecnología. Hace poco presentaron su informe “Social Media Use in 2018” o el “Uso de las redes sociales en 2018”, que se hace a partir de encuestas a personas entre los 18 y los 65 años que viven en Estados Unidos. Dentro de los resultados de la encuesta está uno que llama la atención: es más difícil dejar una red social si se es joven.

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No es simplemente decir: “Facebook: borra mi cuenta”


Con el escándalo de Cambridge Analytica, algunos personajes mediáticos de la industria de la tecnología, como Elon Musk, fundador de Tesla, y Steve Wozniak, fundador de Apple, fueron los primeros en decir: “Hay que borrar Facebook”. Pero, ¿es posible solo en un clic?

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Además está el asunto de la información compartida. Usted puede borrar su cuenta pero lo que haya compartido con otros permanecerá visible, por lo menos para quienes se compartió. A esto hay que sumarle que muchas aplicaciones, como Spotify, funcionan vinculadas con Facebook, y esa es realmente la forma en la que la información se escapa a terceros. Entonces, antes de borrar la cuenta es recomendable desvincular primero todas las aplicaciones.

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Todos quieren ser parte de algo


La interacción social es algo que hace parte del hombre y su evolución. Un artículo de The Guardian explica muy bien que esta es una de las razones más poderosas para quedarse en una red social: es una forma sencilla y sin tanto peligro de obtener el contacto que una persona necesita y ser parte de una comunidad.

De hecho, la evolución del cerebro se dio por la necesidad de las relaciones interpersonales y el sentido de pertenencia. Estar en un grupo siempre trae beneficios, desde cuidado y cariño hasta oportunidades para tener pareja y compartir el resto de la vida. ¿Qué sucede si está en un sitio que le da afecto y aprobación con solo un clic? En las redes sociales cada quien puede silenciar lo que resulte incómodo o bloquear a los que hagan sentir mal, lo que genera todavía más bienestar. Además, hay control sobre lo que ve. Esto suena a una especie de paraíso afectivo del cual pocos querrían irse, aún si el precio a pagar es simplemente dejar algunos datos y fotos de uno mismo.

Pero, ¿esto no estaría cerca de una adicción? “Como todo, los extremos son nocivos”, nos comenta Luis Alfonso Tejada, profesional en publicidad con más de 25 años de experiencia, experto en psicología del consumidor y quien cursa Doctorado en Psicología con énfasis en Big Data. “La pregunta importante, más allá de la frecuencia e intensidad, es para qué las personas están usando las redes sociales. Encontramos desde científicos investigadores que pasan horas diarias buscando datos para analizar y comprobar hipótesis, hasta niños que son inducidos por sus padres para lograr que en las horas de alimentación o cansancio, calmen su ansiedad y controlen los impulsos. También están los adolescentes que llegan a limitar su capacidad de interacción social a una pantalla, perdiendo capacidades de relacionamiento en la vida real. Cuando las redes sociales se usan en esas condiciones, la falta de conectividad para estar en 'contacto' genera ansiedad y angustia, despertando temores por perder algo o a alguien al no estar en las redes sociales y es por eso que se puede presentar una adicción”.

Pero aún así hay valientes que lo hacen


Y no solo son valientes sino que viven felices. El diario El Clarín los llamó en un artículo los “exconectados”. Este artículo se apoya en un experimento que hizo el Happiness Research Institute, que le pidió a un grupo de personas en Dinamarca no entrar a Facebook por una semana. El resultado: los que logran hacerlo se sienten más entusiastas, satisfechos y presentes en sus vidas.

Hay varias respuestas de quienes dejan las redes sociales, como lo muestra otro artículo de The Guardian. Si bien para algunos esta es una forma de encontrar aceptación y cariño, para otros puede significar presión al ver que, por ejemplo, sus compañeros de colegio o escuela parecen tener vidas perfectas, todo por las fotos de viajes y muchos momentos que parecen soñados. Este fenómeno es llamado comparación social y consiste en determinar el valor propio a partir de la comparación con otros en áreas como el aspecto físico, el dinero, la inteligencia o el éxito. Lo que ven publicado en Internet ha ayudado a incrementar estas comparaciones. Eso lleva a que 'ojos que no ven, corazón que no siente': cuando las personas no están en Facebook, dejan de sentirse menos ansiosas y, sobre todo, menos fracasadas. Al dejar de saber qué está sucediendo en la vida de los demás, algunos sienten que la presión por ser el mejor desaparece.

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Sentir que no hay que probarle nada a nadie, al menos no en Internet, tener tiempo para vivir la vida, verse con las personas y hablar cara a cara. Hay muchos beneficios en no estar todo el tiempo revisando lo que sucede en Facebook, Instagram o Twitter, pero al mismo tiempo muchos han encontrado una forma de expresarse, ser oídos y hasta generar negocios por estar en ellas.

Si la preocupación de veras son los datos, piense también en los programas de puntos de los supermercados o simplemente el hecho de decir en voz alta el número de identificación en el banco y que los demás en la fila lo escuchen. Eso sería llegar a un nivel de paranoia. “El ser humano es un ser social por naturaleza, luego las redes sociales son inherentes al ser humano y muy importantes para su sobrevivencia y disfrute de la vida”, comenta Tejada. Es por eso que realmente nadie las deja. Indiscutiblemente mucho sucede en ellas, con amigos y personas queridas, y realmente la gente no quiere perderse de ello.
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Eliminar todos los perfiles de redes sociales. Esa sería una buena solución para dejar de compartirle información a las corporaciones, ¿no? Pero ¿cuántos lo hacen? No es tan fácil entender por qué simplemente muchos no hacen clic en ‘borrar’. Les aseguramos, hay razones científicas detrás de ello.
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A varios les llegó el mensaje de Facebook titulado “Protección de la información” y así fue como se enteraron de que les había tocado el escándalo de Cambridge Analytica.

¿Qué es? A mediados de marzo se descubrió que la compañía Cambridge Analytica accedió a la información privada de muchos usuarios de Facebook —y probablemente Facebook sabía—, lo que viola los términos del contrato de consentimiento entre la red social y sus usuarios. ¿Por qué es impactante esta noticia? Primero por el número de personas afectadas: según The New York Times, en un principio hablábamos de 10 millones de usuarios que tenían sus datos rondando quién sabe dónde, hoy ya vamos en 87 millones. Pero lo principal es qué pasa con la información: al parecer, Cambridge Analytica ayudó a la campaña de Donald Trump y a finales de marzo se reveló que también influyeron en las elecciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo que se conoce como Brexit. Esto llevó a Mark Zuckerberg a poner la cara en el Congreso de Estados Unidos, pero aún no se saben las consecuencias que tendrá este caso para la red social y también para el mundo digital.

Todo esto ha llevado a medios y a quienes usan las redes sociales con fines personales a preguntarse lo mismo: en manos de quién está la información y qué hacer para que las conversaciones, datos, fotos e información no sean usados por corporaciones para lucrarse.

De ahí surgió el movimiento #DeleteFacebook, o simplemente “borrar Facebook”. Esta sería la solución más lógica para que la data no llegue a manos de otros y que las personas dejen de andarle contando a todo el mundo el sitio en el que están, los amigos con los que se ven y más en cada uno de sus “estados”. Sin embargo, si realmente alguien no quisiera darle la información a Facebook, también tendría que borrar Instagram y Whatsapp, dos aplicaciones que son de la misma compañía.

Existen otras redes sociales como Twitter y empresas como Google que ahora se encuentran en la mira debido a lo sucedido con Facebook: en estas redes también hay miles de usuarios dejando datos. Estas compañías han tratado de manejar el tema más abiertamente a través de sus políticas de privacidad que son un poco más fáciles de entender que las de Facebook. De hecho, al leer las políticas de Twitter hay algo llamativo y es que ellos establecen desde el comienzo que la red está hecha para compartir información al mundo. Aún así, aclaran en qué circunstancias pueden compartir datos con terceros y brindan posibilidades de manejar qué tanto de lo que un usuario publica llega a la compañía a partir de las configuraciones de privacidad en la aplicación.

Pero la realidad es la misma: si quiere que otros no sepan los pormenores de su vida, lo ideal sería no estar en las redes sociales. El asunto es que al final pocos o casi nadie lo hace. ¿Por qué? ¿Qué es lo que les retiene? Aunque diferentes estudios indican que alejarse de las redes trae muchos beneficios para la vida y la salud mental, parece que nadie puede dejar de ver en Instagram las fotos de lo que se acaba de comer el mejor amigo, el último estado de Facebook de la tía que estuvo de viaje en Santa Marta, o solo quejarse del mal servicio de una empresa en 280 caracteres.

Solo en Colombia, según la Primera Gran Encuesta TIC realizada por MINTIC, que fue realizada a 8830 ciudadanos en el país, el 88 % de los encuestados usa Facebook, el 34 % Instagram y el 20 % Twitter, y el 90 % de las personas usan esas redes a diario.

Es mucho más difícil cuando se es joven


Pew Research Center es una organización que se dedica a investigar a partir de diferentes metodologías diversos temas como Internet, ciencia y tecnología. Hace poco presentaron su informe “Social Media Use in 2018” o el “Uso de las redes sociales en 2018”, que se hace a partir de encuestas a personas entre los 18 y los 65 años que viven en Estados Unidos. Dentro de los resultados de la encuesta está uno que llama la atención: es más difícil dejar una red social si se es joven.

El 51 % de los usuarios de redes sociales que están entre 18 y 24 años dicen que les sería muy difícil dejarlas. Esta misma respuesta fue del 43 % entre los usuarios entre 30 y 48 años, del 40 % entre usuarios de 25 a 29 años y del 33 % entre usuarios de más de 50 años.

Es evidente que para algunos nativos digitales —los que desde la cuna han jugado con tabletas— la idea de dejar las redes sociales es más compleja: las redes siempre han estado ahí y es su forma cotidiana de comunicarse y relacionarse con el mundo. Pero llama la atención que en el grupo de 30 y 49 años haya resistencia. La explicación puede estar en que, como lo muestra un artículo en Vox, para muchas personas de estas edades Facebook y otros espacios virtuales hacen parte del estudio, el trabajo y la vida productiva.

El auge de trabajos relacionados con tecnología o industrias que se han transformado por lo digital, como el periodismo, el marketing y la publicidad, hace que abandonar la vida social en Internet pueda significar la pérdida de oportunidades. Un ejemplo es LinkedIn. Si un profesional desea encontrar trabajo y que su carrera crezca, necesita estar en esta red social. Es el sitio virtual para hacer conexiones o el conocido networking. Allí, además de ofertas laborales, se dan oportunidades de negocio en conversaciones, reclutamiento en línea, se publican artículos que se comparten en grupos por áreas de conocimiento y, sobre todo, es el lugar en el que se está construyendo marca.
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No es simplemente decir: “Facebook: borra mi cuenta”


Con el escándalo de Cambridge Analytica, algunos personajes mediáticos de la industria de la tecnología, como Elon Musk, fundador de Tesla, y Steve Wozniak, fundador de Apple, fueron los primeros en decir: “Hay que borrar Facebook”. Pero, ¿es posible solo en un clic?

Un artículo en la revista Fortune muestra que no es tan sencillo como simplemente buscar la opción de “Borrar cuenta”. Otro artículo de The Washington Post muestra que lo que hace Facebook en el momento de eliminar la cuenta es pedir de nuevo la contraseña y después decir que sus amigos y contactos van a extrañarle. Esta forma no hace sino alargar el proceso y, por qué no decirlo, usar un vil chantaje emocional.

Aclaremos: una cosa es desactivar una red social, algo que se puede hacer con un solo clic, y otra es borrar toda la información y perfil en redes sociales y no tener vida digital. Si realmente lo que quiere es eliminar todo, primero hay que tomar algunas medidas, como crear una copia de lo que no quiera perder (sí, esas fotos del paseo de 2007).

Además está el asunto de la información compartida. Usted puede borrar su cuenta pero lo que haya compartido con otros permanecerá visible, por lo menos para quienes se compartió. A esto hay que sumarle que muchas aplicaciones, como Spotify, funcionan vinculadas con Facebook, y esa es realmente la forma en la que la información se escapa a terceros. Entonces, antes de borrar la cuenta es recomendable desvincular primero todas las aplicaciones.

La mayoría de personas no tienen paciencia para hacer todo lo que hay que hacer para, de veras, borrar para siempre su información. Si aún así quiere eliminar Facebook, esta es una guía básica en español en la que verá que una cosa es desactivar la cuenta y otra borrarla para siempre. Si ya quiere ver todos los trucos para jamás, jamás volver, está el sitio Delete Facebook, en inglés.

Todos quieren ser parte de algo


La interacción social es algo que hace parte del hombre y su evolución. Un artículo de The Guardian explica muy bien que esta es una de las razones más poderosas para quedarse en una red social: es una forma sencilla y sin tanto peligro de obtener el contacto que una persona necesita y ser parte de una comunidad.

De hecho, la evolución del cerebro se dio por la necesidad de las relaciones interpersonales y el sentido de pertenencia. Estar en un grupo siempre trae beneficios, desde cuidado y cariño hasta oportunidades para tener pareja y compartir el resto de la vida. ¿Qué sucede si está en un sitio que le da afecto y aprobación con solo un clic? En las redes sociales cada quien puede silenciar lo que resulte incómodo o bloquear a los que hagan sentir mal, lo que genera todavía más bienestar. Además, hay control sobre lo que ve. Esto suena a una especie de paraíso afectivo del cual pocos querrían irse, aún si el precio a pagar es simplemente dejar algunos datos y fotos de uno mismo.

Pero, ¿esto no estaría cerca de una adicción? “Como todo, los extremos son nocivos”, nos comenta Luis Alfonso Tejada, profesional en publicidad con más de 25 años de experiencia, experto en psicología del consumidor y quien cursa Doctorado en Psicología con énfasis en Big Data. “La pregunta importante, más allá de la frecuencia e intensidad, es para qué las personas están usando las redes sociales. Encontramos desde científicos investigadores que pasan horas diarias buscando datos para analizar y comprobar hipótesis, hasta niños que son inducidos por sus padres para lograr que en las horas de alimentación o cansancio, calmen su ansiedad y controlen los impulsos. También están los adolescentes que llegan a limitar su capacidad de interacción social a una pantalla, perdiendo capacidades de relacionamiento en la vida real. Cuando las redes sociales se usan en esas condiciones, la falta de conectividad para estar en 'contacto' genera ansiedad y angustia, despertando temores por perder algo o a alguien al no estar en las redes sociales y es por eso que se puede presentar una adicción”.

Pero aún así hay valientes que lo hacen


Y no solo son valientes sino que viven felices. El diario El Clarín los llamó en un artículo los “exconectados”. Este artículo se apoya en un experimento que hizo el Happiness Research Institute, que le pidió a un grupo de personas en Dinamarca no entrar a Facebook por una semana. El resultado: los que logran hacerlo se sienten más entusiastas, satisfechos y presentes en sus vidas.

Hay varias respuestas de quienes dejan las redes sociales, como lo muestra otro artículo de The Guardian. Si bien para algunos esta es una forma de encontrar aceptación y cariño, para otros puede significar presión al ver que, por ejemplo, sus compañeros de colegio o escuela parecen tener vidas perfectas, todo por las fotos de viajes y muchos momentos que parecen soñados. Este fenómeno es llamado comparación social y consiste en determinar el valor propio a partir de la comparación con otros en áreas como el aspecto físico, el dinero, la inteligencia o el éxito. Lo que ven publicado en Internet ha ayudado a incrementar estas comparaciones. Eso lleva a que 'ojos que no ven, corazón que no siente': cuando las personas no están en Facebook, dejan de sentirse menos ansiosas y, sobre todo, menos fracasadas. Al dejar de saber qué está sucediendo en la vida de los demás, algunos sienten que la presión por ser el mejor desaparece.

Otra ganancia es que muchos se sienten más felices. No se puede negar que las redes se han convertido en espacios de peleas y agresiones. Como lo explica un artículo de Semana, esto se debe a la desinhibición en línea (Online dishinibition): las personas están siendo mucho más agresivas en espacios digitales. Esto ha pasado en especial en Twitter, llevando a Jack Dorsay, CEO de la compañía, a hablar del tema, diciendo que se encuentra trabajando en crear conversaciones abiertas y civilizadas. Pero no se puede negar que muchas veces al entrar a leer lo que aparece en la cronología, los comentarios parecen estar rodeados de una cierta negatividad.

Sentir que no hay que probarle nada a nadie, al menos no en Internet, tener tiempo para vivir la vida, verse con las personas y hablar cara a cara. Hay muchos beneficios en no estar todo el tiempo revisando lo que sucede en Facebook, Instagram o Twitter, pero al mismo tiempo muchos han encontrado una forma de expresarse, ser oídos y hasta generar negocios por estar en ellas.

Si la preocupación de veras son los datos, piense también en los programas de puntos de los supermercados o simplemente el hecho de decir en voz alta el número de identificación en el banco y que los demás en la fila lo escuchen. Eso sería llegar a un nivel de paranoia. “El ser humano es un ser social por naturaleza, luego las redes sociales son inherentes al ser humano y muy importantes para su sobrevivencia y disfrute de la vida”, comenta Tejada. Es por eso que realmente nadie las deja. Indiscutiblemente mucho sucede en ellas, con amigos y personas queridas, y realmente la gente no quiere perderse de ello.
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