TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Sebastián Arias Martes, 24 Junio 2014

Este, no es un domingo como cualquier otro. ¡El barrio entero se prende de fiesta a través del color y la alegría de su gente! Unos quince días antes nos hemos reunido con las personas que habitan la zona que será intervenida durante esta jornada. 

Con gran entusiasmo reciben la noticia que su fachada, aquella que deja ver el cemento, el ladrillo, la lata o cualquiera de los materiales con los que fue construida su casa, dejarán atrás el lúgubre aspecto de “obra negra” para convertirse en  un vivo retrato del sabor de quienes la ocupan. Ellos, por supuesto, son quienes escogen el color de su fachada. 

Terrón Colorado está ubicado en la comuna número 1 de Santiago de Cali; este barrio cuenta con más de 100 mil habitantes que dan la bienvenida a la ciudad, a  todos aquellos visitantes y caleños que transitan por la vía al mar

Me atrevo a decir que Terrón, con su geografía montañosa y sus más de 12 mil casas,  tiene una de las vistas mas(más) privilegiadas del Valle del Cauca, una enorme riqueza en flora y fauna y un magnífico microclima, aquel que te hace sentir un fresquito rico desde que amanece hasta que anochece.

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En las últimas décadas esta comuna, como muchos otros sectores del país, ha sido golpeada por la delincuencia y la violencia. Muchas veces los actos delictivos son cometidos por personas externas a la zona, manchando injustamente su reputación. Sin embargo,  estos estigmas no han impedido que un grupo de ciudadanos, caleños, se fijen en el potencial de este lugar, donde la mayoría de habitantes son familias trabajadoras que día a día luchan la vida honradamente.

Se acercan las 7:30 de la mañana del día domingo y, el parque del Peñón, establecido como punto de encuentro, se va llenando de decenas de voluntarios que vienen dispuestos a darlo todo. Se les ha recomendado que escojan una “pinta que se pueda pintar”. Niños, jóvenes, adultos y ancianos llegan cargados de buena energía, que es justamente el único requisito para participar. 

Un día antes las personas del barrio han lavado sus fachadas, algunos inclusive las repellan y organizan para recibir con todo listo al equipo de Terrón Coloreado: fundación que inició su trabajo hace ya más de seis meses, y que hasta ahora, con seis jornadas realizadas, lleva 250 casas pintadas y más de 1000 personas beneficiadas.

La autora intelectual de esto: una caleña que creyó en el poder del color y la juventud como fuerzas vivas que transforman al mundo. Sandra Freiye se encargó de convocarnos y hacer parte a comunicadores, artistas, arquitectos, diseñadores y a la ciudad entera, de esta loca pero maravillosa idea de ¡pintar Terrón!

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Son varios los proyectos que a nivel mundial demuestran que en el color hay un gran potencial de cambio, no sólo físico sino también mental y emocional. Las favelas en Brasil y la ciudad de Valparaíso en Chile, son sólo algunos de los ejemplos que nos llevaron a fijar nuestras miradas en aquella zona que ha sido olvidada y desarticulada de la ciudad. Muchas veces los habitantes de Terrón dicen “voy para Cali’ cuando salen de su barrio, o los forasteros se declaran fuera de la ciudad cuando pasan por allí, desconociendo que es un barrio como cualquier otro dentro de la capital Vallecaucana.

Después de dar las indicaciones generales de la jornada, todos subimos en carros y buses hacía Terrón; cada grupo de 4 a 6 personas recibe la ficha de “su” casa, aquella de la cual será responsable de pintar; un guía les indica a los voluntarios la ubicación de la vivienda y es allí cuando empieza su inmersión en un día que seguramente les cambiará la vida.

Aquí no existen estratos sociales ni color de piel, no existe religión ni afinidad política que importe, pues todo eso se borra con una buena brocha en una mano y un cuñete de pintura en la otra. Los equipos de sonido empiezan a sonar, con un buen vallenato, un clásico de la salsa y por supuesto el reggaeton no puede faltar. La minga entre visitantes y residentes vuelve el trabajo en diversión, y sin llegar a las diez de la mañana esto se ha convertido en un buen rumbononón de color y sabor.

A medida que pasa el día, las largas escaleras que, diariamente deben subir y bajar los habitantes de Terrón, se convierten en obras de arte, las paredes en murales y cada casa empieza a  mostrar su personalidad con los detalles y dibujos que sus mismos dueños deciden añadirle. Al mismo tiempo todos los niños trabajan en un gran mural que convierte en espacio de recreación aquellos rincones olvidados, donde se acostumbraba a transitar con prisa y sin cuidado.

Nada de esto sería posible sin el apoyo que hemos recibido de la ciudadanía y de la empresa privada. Son ellos quienes han permitido que contemos con los recursos necesarios para llevar a cabo nuestra labor. Igualmente los medios de comunicación han pintado sus páginas y reportes de color, relatando nuestro trabajo y regando la voz de que allá, en Cali, hay personas que creemos en una mejor ciudad, un mejor país y un mejor mundo.

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A través del color se están trasformando los imaginarios colectivos, tanto de los habitantes de Terrón como de esos cientos de voluntarios que participan en cada jornada. Las brechas sociales creadas por el estrato, el dinero y la apariencia se acortan cada vez más gracias a estos espacios comunes en los que miramos al otro como igual. Compartimos el mismo almuerzo, la misma birra, la misma ilusión.

Al final de la jornada, cuando veo todos esos rostros sonrientes, llenos de color, confirmo que aquí, mas que pintar muros y paredes, ¡estamos pintando futuro!

 

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