Vicente Muñoz está en la tarea de retratar espacios

Una foto suya está en la cubierta de un disco de Foals, pero él nunca los ha visto en vivo. Esta es una charla sobre fotografía, música, arquitectura, naturaleza roja y ciencia ficción.

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// Fotografía de William Jess Laird //

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icente Muñoz se define como un artista visual que trabaja con espacios. Aunque su lenguaje principal es la fotografía, le gusta ir del 2D al 3D en sus proyectos, pasar del papel revelado a la escultura y la instalación. Lo suyo es pensar los lugares que habitamos: el dormitorio, la casa, el edificio, la ciudad. Y fue esa búsqueda la que lo llevó, después de un largo trayecto, hasta la banda británica Foals.

Muñoz es ecuatoriano y estudió Economía, pero antes de terminar ya sabía que lo suyo era la imagen. Se radicó en Nueva York, donde hizo un master en fotografía y luego pasó a trabajar durante cuatro años con Todd Eberle, un grande de la foto arquitectónica y de interior. “De alguna manera, eso estimuló más mi deseo de documentar el espacio construido, el diálogo urbanístico, y seguirle la pista a esta práctica como la más elevada de arte”, dice Muñoz refiriéndose a la arquitectura. “Si bien no estoy creando un lugar para habitar, quiero continuar explorando la relación que hay entre los espacios y el estar en ellos”.

Esa exploración lo llevó a representar los reflejos que un edificio proyecta sobre otro, los efectos que la luz crea sobre superficies de concreto, y la lucha incansable entre el urbanismo y la naturaleza en ciertas ciudades. Para esta última serie, Sublimis, Muñoz utilizó una película infrarroja que dramatiza la naturaleza al pintarla de color rojo, de ahí la violencia que despunta en el paisaje con palmeras de la portada del último disco de Foals, Everything Not Saved Will Be Lost: Part I.

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// Fotos de la serie Sublimis //

Cuénteme sobre la película infrarroja, ¿cómo llegó a ella?
La primera vez que vi un trabajo infrarrojo fue en las fotos de Richard Mosse, que había hecho fotografía documental de guerra en el Congo cuando Kodak estaba a punto de descontinuar la película, en 2011. Me pareció que las sensaciones que la obra generaba eran potentes: la belleza de esas texturas y tonos, narrativas utópicas de un mundo en el que la naturaleza es roja... Me fascinó. Desde ahí empecé a hacer todo lo posible para obtener la mayor cantidad de película infrarroja que pudiera.

¿Por qué usarla en la ciudad?
La pregunta que me hacía en ese momento era: “¿Es Nueva York una ciudad verde a pesar de ser tan vertical?”. Tomé un par de vuelos en helicóptero en los que solamente tenía noventa disparos por vuelo; la película infrarroja tiene que ser cambiada en completa oscuridad, así que yo viajaba con tres cámaras en el helicóptero.

¿Fue difícil conseguir la película?
Yo empecé a tomar estas fotos en 2015 solo con 35 mm de película. Luego, preguntando con gente de la industria, con amigos de amigos, fui dando con más rollo y en un formato más grande, que me daba una mayor cantidad de tonos y me permitía utilizar cámaras con mejores ópticas.

Con Sublimis llegó Foals. ¿Cómo es esa historia?
Luego de la exposición en agosto del año pasado hubo un boom de prensa con una viralización de las imágenes en Instagram y medios como DesingBoom, Dezeen y Somewhere Magazine. Entonces mucha gente vio y conoció la obra, entre ellos Yannis Philippakis, vocalista de la banda, que comenzó a seguirme. Yo estaba como: “Wow, qué random, pero cool”. Días después me llegó un correo de Warner Music de Londres para preguntar sobre la posibilidad y la disponibilidad de la foto.

¿Ya conocía a la banda?
Sí, la conocía desde Antidotes, más o menos en 2009, pero nunca la he visto en vivo. Me gusta la manera en que fusionan la electrónica con el rock.

Además de la foto de portada, ¿hay algún otro trabajo suyo en el disco?
Son dos fotos: la portada y una imagen central dentro del vinilo.

¿Esa foto interior también hace parte de Sublimis?
Sí, es una villa con construcción neoclásica en Guayaquil.

¿La foto de la portada de dónde es?
Es una locación no divulgable.

¿Ni siquiera el país?
Ni siquiera el país. Eso lo he manejado así bajo la idea de que Sublimis propone la creación de un lugar, que puede ser cualquiera en el mundo y, al mismo tiempo, en un contexto distópico, no es propiamente ninguno. Mucha gente en internet me pregunta qué lugar es, y yo les digo que no me pregunten eso: ese es mi proyecto, es mi investigación, es mi proceso, mi voz. No es que me caliente frente a ello, pero, digo, no es el enfoque correcto cuando abordas el trabajo de alguien.

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// Portada de Everything Not Saved Will Be Lost: Part I //

Tanto Sublimis como el resto de su trabajo dan cuenta de un interés por el espacio físico. Hábleme de eso.
Recuerdo que desde chico tomaba la cámara prestada de mi mamá para ir a un lugar. Le tomaba fotos para jugar con esta idea del memento: captarlo para luego revisitarlo, construir algo que es mejor que la misma realidad, algo que podamos volver a inspeccionar e interpretar de otra manera. Siempre he tenido interés por la arquitectura. Mi punto es: veo la arquitectura como la forma de arte más elevada. Hablar de arquitectura, espacio y urbanismo es hablar de algo político, y eso conecta con mis intereses, habilidades y aptitudes.

¿Político en qué sentido?
En el sentido de entender el cómo y porqué la arquitectura sucede, si amerita o no que intervengamos ciertos espacios. Eso intenté mostrarlo sobre todo en Sublimis: ese diálogo entre la naturaleza oscura y la urbanización.

Eso me lleva a pensar que en su obra el movimiento parece ser una pregunta constante: la naturaleza que cede o avanza en Sublimis, o los edificios que al reflejarse se desplazan hasta otras ventanas en Virtual Transparency. ¿Qué puede decir el movimiento acerca de una ciudad, de un cuerpo?
El movimiento lo veo como huella. Siento que de cierta manera en mi obra hay bastante existencialismo, la idea de una fuerza superior, y siento que el movimiento marca nuestro paso por el espacio. ¿Qué nos mueve? ¿Hacia dónde nos movemos, hacia dónde vamos? Es un poco el relacionarme con mi paso por el mundo. Siento que todos somos energía y el movimiento denota esta energía que tenemos y emanamos y dejamos en el paso.

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// Fotos de la serie Virtual Transparency //

Imagino entonces que gran parte de su trabajo consiste en salir a caminar la ciudad.
Hubo mucho de eso para Virtual Transparency, donde quise documentar el vidrio como ese material arquitectónico que prometía mayor libertad. La investigación consistió en cómo estas seudosuperficies responden a la luz y generan texturas debido a la gran densidad de torres en ciudades como Nueva York o Chicago; allí los edificios de vidrio se multiplican entre sí y generan este no-espacio entre ellos que produce estas texturas hermosas y fluidas. Hubo recorridos en los que caminaba por tres horas con el trípode y el lente largo para capturar microscópicamente lo medular de esta superficie ficticia, que solo es un reflejo sobre este material errático.

Los espacios que crean más espacios: ¿estamos ante una utopía o una distopía?
Soy humanista, pienso que tenemos el potencial de no fallar, de no terminar de destruir el lugar donde vivimos. No veo el futuro como el fin. Pero quisiera que muchas más personas vivan con una mayor conciencia, que se pregunten sobre su espacio.

Esas también son preocupaciones de la ciencia ficción, ¿no?
Exacto, no sé si estamos muy lejos de eso. Hay cierta perversión en la tecnología. Quiero pensar que es la frontera que marca la mayor cantidad de cosas que quisiéramos que pasen, pero también es una herramienta con un riesgo de perversión moral tremendo. Todo el tema de la inteligencia artificial y lo que veo en robótica me da miedo porque siento que es algo que puede írsele de las manos a las empresas grandes.

Blade Runner
Es trillado mencionarlo, pero sí, sin lugar a dudas. O Star Wars. Hay una toma que subí hace poco a Instagram de una doble exposición de una caída de sol y una persona comentó “Tatooine sunset”, y es literalmente lo que pensé al ver el rollo revelado: “Fuck, esto podría ser Tatooine”. 

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// Foto "Dual Sunset" //

¿Cómo destaca un fotógrafo en tiempos de Instagram?
Un ideal a buscar es la singularidad. Cada persona ha visto o ha estado expuesta a X número de edificios o de espacios o de culturas, y ese es el contexto y el marco de referencia con el que llega a confrontar lo que sea que tenga enfrente. La respuesta de cada persona es contextual. Todos vamos a encontrar belleza en algún momento, pero el punto es ver cómo reacciona cada uno ante ello.

¿Usted cómo reacciona?
Creo que la belleza es un artificio, un truco que nos permite agregar más y llevar a una audiencia a querer saber más. Mi cometido como artista es que mi trabajo subyacentemente invite a la gente a cuestionamientos sobre el espacio y el urbanismo.

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// Fotos tomadas de Instagram //

De alguna forma funcionó: Foals siente que su trabajo representa a la banda. Ahora, ¿usted siente que la música de Foals representa su trabajo?
De este disco me gustan las ideas que presentaron frente al clima político que vivimos, de incertidumbre. Entonces, en ese sentido creo que sí. Pero no te voy a decir que todo Foals se suma a mi proyecto, ni que es una relación de simbiosis perfecta.

Y después de todo este asunto de la portada, ¿ya los vio en vivo?
No, los veré ahora que vienen a Nueva York. Con Yannis nos vimos en una visita que hizo a la ciudad, me dijo que cenáramos cuando vinieran a tocar para que pudiera conocer al resto de la banda. Vamos a ver, esperemos que todo se cristalice.

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// Fotos de la serie Virtual Transparency //

Todas las imágenes son cortesía de Vicente Muñoz.

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Alguna vez leí algo así como «Los consejos para tener éxito en Internet: dibujos bonitos, colores brillantes y un final que le deje algo al lector». Y mi manera de ser un poco punk ante esos consejos para tratar al lector como un tarado fue hacer El hombre que NO se hacía dramas: dibujos en blanco y negro, reiterativos, sin fondos y la última viñeta siempre igual: FIN, FIN, FIN, FIN.

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