Luz y protesta: La Nueva Banda de la Terraza

Libertad de expresión a través de la luz. Un colectivo de Medellín ha llevado el cartelismo político a un formato inmenso y con la facilidad de actualización que exigen los mensajes urgentes. Así proyectan la inconformidad desde la terraza.

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De noche las montañas de Medellín son oscuras extensiones del firmamento oscuro. /Una sola cosa negra repleta de puntitos luminosos, como estrellas.” Escribe José Ardila en el libro Puntos de Vista. Es así. Cuando la luz del Sol se esconde tras la pared de montañas que rodean a esta ciudad severa aparece un tendido de luces que juntas tienen la forma del valle y que nos dicen que a pesar de la noche, hay un pueblo despierto. Desde hace casi un año, hay una luz adicional.

La Nueva Banda de la Terraza es un colectivo que nació a inicios de la pandemia con el propósito de hacer activismo y protesta social a través de la luz. Con proyectores que amplifican frases e ilustraciones entregan un mensaje claro de defensa a la justicia social en medio de un escenario de digna rabia. “Sabemos que somos un vehículo para amplificar las voces, no solo las nuestras y las de nuestros descontentos particulares como periodistas o artistas, sino un descontento popular y colectivo”, declaran como colectivo. Un descontento que es también el de campesinos, el de los pueblos indígenas y otras comunidades, así estén proyectando desde la ciudad de Medellín y otras ciudades como Bogotá que se han unido a este performance luminoso.

Para hacer parte de La Nueva Banda de la Terraza no es necesario tener un proyector de millones de lúmenes ni un muro prolijo para que la luz impacte; celebran que desde una terraza cualquiera y con cualquier tipo de proyector emerja la posibilidad espontánea y voluntaria de intervenir sutilmente lo que hay enfrente: el asfalto, los árboles, las medianeras de otros edificios. En la propuesta estética también hay un ejercicio de libertad y autonomía de parte de quienes quieran crear imágenes, con la práctica han aprendido que el contraste del blanco y el negro siempre será una buena opción, que algunos colores rojizos o rosados no funcionan bien sobre ladrillo, que algunas texturas se pierden sobre ciertas superficies y que las letras robustas pueden verse mejor; pero más allá de la funcionalidad no hay límites. Esta hondura combinada con los roles, las formaciones y las trayectorias diversas de los casi 20 miembros del colectivo –músicos, ilustradores, dibujantes, periodistas, cineastas– termina otorgando una identidad plural y variopinta a todo lo que proyectan.

Cuando hicieron la primera proyección que rezaba TODO ESTÁ MUY RARO, en abril del 2020, aún no se llamaban La Nueva Banda de la Terraza, aún no había juntanza; sobre todo porque fue un accidente. Solo fue la coincidencia de tres amigos en una terraza con un proyector que se resbaló y emitió la imagen grandísima, más de lo que habían visto que proyectaba en lo doméstico, y decidieron usarlo para, a partir del espacio privado, transmitir en el público esa sensación de incertidumbre que primaba por esos días. Se dieron cuenta que podía ser una acción estética y política aún en medio del aislamiento que nos recogía en casa, y que esta podría potenciarse a través de la cofradía.

Entonces comenzaron a converger amigos y amigos de amigos y personas con proyectores para prestar o terrazas ideales y en distintos lugares de Medellín empezaron a surgir luces con mensajes como “En tiempos de pandemia y miedo, nos organizamos, nos cuidamos”, “Somos la especie en peligro de extinguirlo todo”, “Nuestra mayor venganza será juntarnos”, “Lo monstruoso es nuestra cobardía y nuestra indolencia”. El los últimos días de abril del 2021 por las distintas propuestas de recorte de derechos del gobierno nacional y la reforma tributaria inequitativa e ignorante frente a realidad colombiana los mensajes se han intensificado al respecto y han sobresalido algunos como “Este pueblo se resiste a que lo callen” o “No se puede romper lo que ya está roto #28AbrilParoNacional”.

Cuando hubo momentos duros de hambre en los tiempos de cuarentenas más restrictivas y se elevaban trapos rojos en las ventanas y en los balcones y en las terrazas de Medellín y sus corregimientos, también volcaron el contenido a llamar la atención sobre este hecho. “Sabemos que estábamos hablando no a nombre nuestro sino a nombre del pueblo. Defendemos el bien común, sabemos que lo hacemos precariamente porque no vamos a transformar realidades con nuestra acción ni a disminuir el hambre o el empobrecimiento que ha disparado salvajemente este gobierno, no tenemos ese poder, pero sumamos voces en este ejercicio de derechos”.

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Dos de las frases que se han repetido en todo el año han sido “Soy porque somos” y “Todo es político”, esto porque “nos entendemos como seres sociales, individuales en nuestra espacio privado pero también seres políticos que hacemos parte de una colectividad que está atravesada por la defensa del bien común, de las vías democráticas, de la búsqueda de la igualdad”, afirman los miembros de La Nueva Banda de la Terraza. Sin embargo, hay que decir que las imágenes o contenidos parten de la autonomía de cada activista; existe un repositorio pero no hay instrucciones, cada miembro escoge cuál es el mensaje que quiere proyectar y de qué manera hacerlo. No hay ninguna obligatoriedad en este ejercicio colectivo, pues es también orgánico, intuitivo y voluntario.

La protesta se extiende también por redes sociales. Saben que la acción con luz es efímera y transitoria, que se disuelve una vez se apaga el proyector o se cierra la cortina, es por eso intentan capturar como pueden las imágenes proyectadas y permiten que así cada acción performática tenga una continuidad y una memoria. En forma de fotografías o videos permanecen en su cuenta de Instagram o en su cuenta de Twitter y también en las de aliados locales, nacionales e internacionales.

El nombre de La Nueva Banda de la Terraza surgió de manera orgánica como el mismo colectivo, es un juego de palabras que tiene una resonancia asociada a la memoria histórica y se alinea con la creencia de que es posible resignificar los espacios, “si antes las terrazas eran lugares de miedo y de estigma, ahora pueden ser el espacio de intervenciones muy potentes”, cuenta el colectivo.

En la Nueva Banda de la Terraza aún no ha habido conversaciones sobre la caducidad del proyecto, “más que decir que vamos a seguir por los siglos de los siglos, porque quién sabe cómo se va a transformar la voluntad de las personas que estamos hoy, pues creemos que van a llegar más personas y más colectivos a prender otras luces. Más que un vencimiento de La Nueva Banda de la Terraza, lo que puede haber es una evolución en la que entren nuevos artefactos, nuevas miradas estéticas, otros sellos, otros encuadres”. Finalmente lo único necesario para que el colectivo persista son personas con la legítima certeza de que algo se consigue en la defensa de la libertad de expresión con estas acciones políticas y estéticas que se activan cada vez que se prende un proyector.

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