Prueba

En su propio pellejo

Colgados de su piel algunos expertos, aficionados y fanáticos religiosos realizan la práctica de la suspensión. El objetivo es controlar el dolor y liberar el espíritu.

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El dolor es como un plato picante: entre menos queramos que pique, más lo hace. En las suspensiones, sin embargo, el dolor es un aliado, una herramienta para crear una conciencia espiritual. Esta práctica, originaria de la cultura hindú, consiste en elevar el cuerpo por medio de ganchos –parecidos a los anzuelos de pesca– incrustados en la piel. Estos ganchos son enormes piercings de metal quirúrgico que permiten colgar el cuerpo a diferentes cadenas o poleas que lo suspenden por unos minutos en el aire.

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Aunque puede parecer un acto salvaje o masoquista, para sus practicantes supera la conciencia física y permite controlar la mente y llevarla a un nivel espiritual inigualable. En la India este ritual surgió como un purificador del espíritu y una forma de honrar a Murugan –dios de la guerra–, en algunos casos también es una forma de alejar del cuerpo la avaricia y la lujuria. Estas demostraciones solo se llevan a cabo en el festival de Thaipusam celebrado entre enero y febrero; unos cuelgan a su piel ofrendas, limones o vasijas con leche, otros se suspenden en el aire y otros halan grandes objetos. Actualmente, este festival es considerado ilegal debido a los niveles extremos de crueldad.

- Patas arriba -

Las suspensiones modernas son diferentes. Por euforia, diversión o necesidad de adrenalina se llevan a cabo de forma oculta y a manera de secta en algunos lugares de Colombia, Uruguay, Alemania y Estados Unidos, entre otros países. Y aunque pueden ser desacreditadas por esto, es conocido que también se realizan en forma de ritual con el objeto de eliminar miedos, traumas o como una manera de controlar el cuerpo y la mente. La técnica depende también del tipo de suspensión que se realice, pero en todas el control de la respiración y de la musculatura es la base de un ejercicio sin riesgo. El dolor, como una experiencia sensorial, libera endorfinas que pueden ser traducidas de muchas formas por el cuerpo y la mente; en el caso de la suspensión, el objetivo es un trance interno, personal. La forma más conocida y practicada es la suspensión suicida, en la cual los ganchos se atraviesan en la espalda y el cuerpo es colgado de forma vertical.

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Presents

Existen otros tipos de suspensión como el O-Kee-Pa, que consiste en una suspensión vertical con ganchos en el pecho, que a diferencia de la suicida, es más dolorosa y se recomienda que solo sea practicada por personas expertas. La crucifixión o scarecrow tiene la misma disposición de ganchos en el pecho pero incluye algunos en los brazos que obligan a que la imagen del practicante reencarne la figura de la crucifixión, un reto mayor pues el dolor se dispersa en diferentes partes del cuerpo y crea una dificultad más grande a la hora de manejarlo. La posición de Superman, con ganchos en la espalda y la cabeza mirando hacia abajo, o el coma, con ganchos en la espalda y la cabeza mirando hacia arriba, son las prácticas más comunes. Aún así, constituyen un gran riesgo porque la piel puede desgarrarse o crear traumas irreversibles. También existe el modo Falkner –colgado de las rodillas–, Lotus –sentado en flor de loto y los ganchos en la espalda–, Tandem –una persona colgada a otra que ya está en el aire– y Spinning –dos personas balanceándose en el extremo de una barra–. Todas han sido acreditadas por reconocidos practicantes y citadas en portales como www.suspension.org, en los que se conectan expertos, aficionados y curiosos del tema.

- Mente y cuerpo -

Semanas enteras de preparación física, una rigurosa dieta vegetariana para que el cuerpo esté más liviano y la recuperación de las heridas o laceraciones sea más serena, y un constante ejercicio mental con prácticas como la meditación o el yoga son necesarias para lograr un estado mental ideal. Sin embargo, muchos creen en la posibilidad de controlar sus sentidos a la hora de enfrentarse a un reto como este que, más que una moda, es una manera de encontrar un espacio para hallar la paz interior.

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En Bogotá, aunque muchas suspensiones se realizan de forma privada, existen expertos y grupos de personas que la practican con ciertos requisitos. Un gran número de tatuadores y tiendas de perforaciones y tatuajes las hacen por $150.000 después de corroborar que existe una preparación física, ningún consumo de alcohol o drogas y una dieta sana. Julio César Díaz, dueño de Store Tattoo y Franz Nieto, dueño de Goa Exotic, son reconocidos por haber incorporado las suspensiones a la cultura bogotana y, sobre todo, por realizar sesiones y espectáculos profesionales. Julio César es el encargado de deslumbrar al público cada año en la Convención Internacional de Tatuadores de Bogotá. Los organizadores, aunque supervisan el evento, dicen confiar plenamente en el conocimiento de este experto para hacer los vuelos, que a veces se presentan bajo el nombre de “Gravity Show”. Incluso en la presentación de Jane’s Addiction en la ciudad hubo un par de mujeres suspendidas durante la canción “Chip away”.

Diego Castiblanco, tatuador en Store Tattoo, dice que la experiencia no se puede comparar con nada. “Las primeras veces fue muy doloroso, pero con el tiempo la cosa se pone interesante, no puedo explicar qué pasa exactamente pero uno siente la adrenalina corriendo por todas partes, como cosquillas. Te sientes feliz, te llenas de eso”.

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Esta actividad representa un modo de vida para los que la realizan de manera privada o pública porque también constituye una experiencia específica a la hora de colgarse. La suspensión en público implica controlar la mente, el espacio y un discurso independiente. El que arriesga su pellejo por los espectadores encuentra en su presentación una reflexión profunda y un modo de imponer una posición ante el mundo. separador

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