Prueba

Air Jordan 4 Fire Red: nostalgia en cuero

Un par de zapatos puede contener pecueca, historias y un año entero de revoluciones: 1989 fue turbulento para la política, el deporte y el diseño. La reedición de un modelo retro de Nike remueve las fibras de la memoria en este artículo sneakerhead, una de las líneas editoriales presentes en Bacánika durante 2020.

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na cancha asfaltada en el sur de Chicago. 1989. Arthur Agee y William Gates tienen 13 y 14 años. Miran el aro naranja como un portal hacia sus sueños, lejos de la pobreza, el microtráfico, el crimen, el pollo frito y el basuco que gobiernan el barrio. Un cazador de talentos los recluta para que estudien –jueguen– en la escuela privada St. Joseph. Desde allí empiezan a recorrer el camino para materializar sus sueños en la NBA.

La cámara acompaña a Arthur y a William a lo largo de ese recorrido durante casi cuatro años. El documental se llama Hoop Dreams y estuvo nominado al Oscar en 1994. Ver a esos dos adolescentes negros y pobres que sueñan con que el basquet les cambie la vida es enfrentarse a un espejo noventero. Se escucha de fondo Run DMC y Public Enemy, los pelaos son reyes en la cancha huyendo de la nada que los espera al volver a casa; apenas alcanza para la comida, pero llevan en los pies los Air Jordan de temporada que los jíbaros del barrio les regalan para seducirlos a vender en las esquinas o para ganar su gratitud en caso de que la logren y lleguen a jugar en los Chicago Bulls.

Para ellos, sin embargo, Michael Jordan, la máxima estrella de los Bulls y de la historia del baloncesto, es un dios distante. Su ídolo local creció en esas mismas calles y también fue rescatado de una de esas canchas para estudiar en St. Joseph donde las paredes exhiben imágenes de San José junto al imponente retrato del guardia de Detroit Pistons, Isiah Thomas. William y Arthur quieren seguir sus pasos. Arthur, en especial, desde la tarde en que tuvo la oportunidad de conocerlo y jugar unos puntos contra él en el coliseo de los Chargers, el equipo de la escuela privada.

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Isiah Thomas y Michael Jordan se odiaban a muerte. Los playoffs de la temporada 88-89 fueron el campo de batalla más enardecido de esa rivalidad histórica entre los Pistons de Detroit y los Bulls de Chicago. Jordan promedió 29,7; Thomas 20,7. Los Bulls jugaban un baloncesto completamente distinto a todo lo visto hasta entonces; los Pistons agarraban a puñetazos a todos los rivales y eran detestados unánimemente como Bad Boys. Solo los más fieles seguidores, como Arthur Agee y William Gates, los amaban. Los Pistons ganaron la serie 4-2, aunque en la final fueron barridos 4-0 por los Lakers de Magic Johnson. Los Air Jordan 4 son unos zapatos perdedores.

La silueta fue creada por Tinker Hatfield, el más grande diseñador de la historia de los sneakers, responsable de haber desnudado las cámaras de aire en los Air Max 1, de 1987, y encargado de rescatar el acuerdo entre Jordan y Nike, que corría riesgo tras las hermosas pero incómodas Jordan 1 y las poco trascendentes Jordan 2. Hatfield dio un giro radical con las Jordan 3, jugando con el Jumpman y el logo de Nike, y enriqueció las 4 con texturas de malla y apliques plásticos. Los Air Jordan 4 son unos zapatos perdedores, pero hermosos.

Una de las imágenes que han inmortalizado a esta silueta es la escena de Do the Right Thing, el clásico de Spike Lee, en la cual las Air Jordan 4 son protagonistas: se escucha la voz de Rubén Blades y Brooklyn está que arde en el verano del 89. Buggin’ Out, interpretado por Giancarlo Esposito –sí, el mismo que hace de Gus Fring en Breaking Bad–, está estrenando sus Air Jordan 4 White Cement, cuando un vecino desubicado, rubio y con camiseta de los Boston Celtics pisa sus zapatos nuevos. Grave error.

Han pasado 31 años desde el lanzamiento de las Air Jordan 4, desde la derrota de Jordan frente a Thomas, desde los primeros pasos de Arthur y William hacia esos hoop dreams, desde el estreno de Do the Right Thing, desde la caída del Muro de Berlín, desde Tiananmen, desde el gol del Palomo Usurriaga ante Israel, desde el magnicidio de Galán.

Ahora las Jordan 4 celebran tres décadas con una reedición exacta que tengo puesta en mis pies en este momento. La fecha de lanzamiento mundial era el 28 de noviembre, así lo supe desde febrero y, aunque aún no han llegado a Colombia, mi dealer, Al Athim, los compró para mí en su misma talla 12 y no me los quito desde el 5 de diciembre, la fecha de mi segundo cumpleaños.

La tapa de la caja replica el mismo contraste gráfico presente en la lengüeta de los zapatos: la simetría enérgica del Jumpman rojo se levanta sobre la tipografía caligráfica del logo Flight. El cuerpo de la caja tiene la patentada textura Cement, marca registrada en varias siluetas de la casa Nike desde las Jordan 3.

Abrir esa caja es viajar a la infancia a través de una exquisita trampa del capitalismo: 1989, mi padre con su Mido Commander en la muñeca, vestido de caqui de pies a cabeza, saltando entre trozas de cativo sobre el río Atrato; mi madre llorando a lágrima viva la muerte de Luis Carlos Galán Sarmiento y repitiéndome muy claro entre sus brazos “Murió la esperanza de este país”; mi hermana adolescente con su jumper de cuadros azules y un pequeño afro a lo Lionel Ritchie saliendo del colegio La Sagrada Familia; y yo, rodillón y en los huesos, sonriendo en las playas de Matuntugo, en el Urabá, o llorando en las muchas casas de Barranquilla en las que fuimos creciendo a la deriva y con un solo par de zapatos.

Hace un par de semanas el mejor diseñador editorial de Colombia, mi amigo, me preguntó qué es lo que sentimos por esos zapatos, por qué no podemos parar, cuál es el viaje con esa vaina. Imagina que pudieras regresar a una tarde solitaria cuando tenías nueve años y estabas descalzo, encerrado en un cuarto del Barrio Olaya, y pudieras cambiar esa tarde gris por una de sol y amigos en el parque Tomás Suri Salcedo clavando el balón ante la defensa de Luis Carlos Manjarrés. Eso son los Air Jordan 4 Fire Red: una fantasía nostálgica fabricada en cuero.

No le respondí eso a Nicolás, no lo hubiera entendido, él siempre ha sido cachaco, blanco y rico. Con sus Vans flaquitos y pálidos, él ve los zapatos con los ojos del diseñador. Yo lo veo todo con los ojos del tiempo, pa’ atrás y pa’ lante.

No solo están los zapatos del pasado, sino también los del futuro, los de las certezas: que cuando muera me cremarán con mis Jordan 11 Bred puestas y tirarán mis cenizas al Atrato y al Magdalena, por favor. O que llevaré las Jordan 1 OG Chicago 1985 el día que conozca a Michael Jordan y pueda decirle al oído, despacito, que yo también mido 1,98 y que a veces sueño que estamos comiendo Choco-Cono después de jugar 21 en la cancha del Suri Salcedo. O que me pondré estas mismas Jordan 4 Fire Red, con un traje completamente blanco, el 7 de agosto de 2022 para celebrar en paz la llegada de un nuevo presidente para Colombia.

 

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