Artista del plástico

 Conocer a Iván Espinel, el creador de Artefacto Inc. Art Toys, permite comprender la forma en que la historia del juguete colombiano se está reescribiendo.

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2-REPISA

// Muñecos fabricados por Bartoplás, industria juguetera fundada en los años treinta //

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esde los años noventa, las calles de Colombia se inundaron de nuevos modelos de carros, los electrodomésticos importados llenaron los hogares de la clase media emergente y los almacenes de ropa ampliaron la variedad de sus marcas. La controversial “apertura económica” pegó duro a los productores locales, pero puso al alcance de muchos lo que hasta entonces era privilegio exclusivo de quienes viajaban al exterior y de los que recibían envíos de algún familiar radicado en Estados Unidos o Europa.

Entre esas muy variadas mercancias foráneas, llegó también una gran cantidad de juguetes fabricados por multinacionales, que empezaron a trazar un nuevo imaginario lúdico: los juguetes colombianos de toda la vida dieron lugar a oleadas de juguetes chinos –o versiones piratas muchas veces mejores que los originales–, action figures y figuras pop-up de personajes de anime, superhéroes y juguetes inspirados en la música, las series y los videojuegos que los colombianos han visto durante los últimos treinta años.

Con la cancelación de la importación de juguetes a Colombia durante la Segunda Guerra Mundial, desde los años cincuenta surgieron en el país algunas fábricas de juguetes. Las fábricas manufacturaban artículos a base de materiales de bajo costo como la hojalata, el hierro fundido, el celuloide y el plástico. En su mayoría, la inspiración de estos diseños era imitar los objetos que los adultos usaban en su cotidianidad (carros, utensilios de cocina, herramientas, etc.) y, tanto por esta sencilla naturaleza como por su bajo costo, esta oferta apuntaba a una gran variedad de niños colombianos sin importar su estrato u origen.

La lista de empresas de juguetes de esta época es larga. Entre ellas están la Fábrica Nacional de Muñecas, de Bogotá, especializada en muñecos artesanales de yeso y aserrín. Juguetes Damme, la empresa de Horts Damme, el llamado “Gepeto Colombiano”, fabrica trenes, caballitos de guerra, cocinetas y rompecabezas en madera. Pastliflex, que surtió cantidades de juguetes a base de plastisol: una mezcla de resinas y otros aditivos. Grulla, de Medellín, una fábrica de calzado que también producía juguetes de caucho, como la reconocida pelota de letras y números. Simex fabricó pequeños vehículos, camioncitos, coches militares  y módulos espaciales de plástico desarmables. Modelos Plásticos Limitada, creadora de soldados y animales de granja. Y Estra, que tuvo gran éxito primero con los balones de polivinilo y luego con las fichas rojas y blancas de Estralandia o Armatodo, juegos de construcción que por mucho tiempo fueron las versiones colombianas de Lego.

 

1-RETRATO

// Iván Espinel junto a una de sus creaciones //

Algunas como Bartoplas llegaron a tener unas 5.000 referencias entre juguetes, títeres de caucho, motos y carros, todos ellos pintados a mano y hechos con materia prima nacional. Bartoplas  fue una juguetería de italianos que inyectaba sus figuras en caucho (PVC) para darle una apariencia maciza, rígida y con finos acabados a la surtida variedad de personajes, entre los que se contaban pinochos, gepetos, hadas madrinas, personajes de Hanna-Barbera y Disney.  La primera empresa de la familia, el Taller Italiano, fabricó por años muñecos de pesebre y juguetes religiosos por encargo de la iglesia.

Bartoplas alternaba entre figuras religiosas y juguetes de entretenimiento. Según Iván Espinel, director de Artefacto Inc Art Toys, uno de los jugueteros independientes que ha tomado parte de esa tradición rica en figuras y procesos artesanales, y que conecta su trabajo de autor, con el de las fábricas desaparecidas. “En el mismo molde donde se inyectaba Mickey Mouse, se hacía el Niño Dios”. Esas relaciones estrambóticas y las historias de los colombianos con sus juguetes son el interés de Espinel, que fabrica e investiga, hace talleres y trabaja en su estudio,  moldeando ideas y compartiéndolas con todo tipo de público.

3-FICHAS-ESTRALANDIA

// Armatodo o Estralandia, juguete emblemático de la casa Estra, una especie de Lego colombiano de los ochenta //

La fascinación de Espinel por todo tipo de juguetes hechos en Colombia como los de Bartoplas, le ha permitido conocer los detalles y secretos de los antiguos jugueteros nacionales. La revisión de piezas y hurgar en los mecanismos originales de los modelos fabricados en lo que él llama “la época dorada del juguete en Colombia” es su primera herramienta. “El juguete Colombiano tuvo su época de oro desde la década de los sesenta, juguetes de todos los aromas, tamaños, colores y materiales hacían de las suyas en muchos de los niños del territorio nacional”. La rica historia de esas empresas, la relación de los colombianos con sus juguetes, los materiales usados y las técnicas implementadas constituyen la caja de herramientas que Espinel usa en sus proyectos de investigación y diseño para moldear sus juguetes de autor.

El primer paso en cada proyecto que emprende es la revisión histórica y de diseño. Este constante proceso de investigación lo ha llevado a entablar amistad con personas como José Bartolini, heredero de Bartoplas. “Él me aconseja mucho, me da ideas y me ha dado juguetes”. El proceso de rescate y diálogo con la tradición ayuda a mantenerla viva y permite que tome nuevas formas en manos de creadores y creativos como Espinel.

Pero no todos los colombianos jugaban con los juguetes que las empresas como Bartoplas, Pastiflex, Simex o Estra les proveían. Muchos niños y niñas colombianas, que pasaron su infancia en lugares periféricos no tenían los recursos suficientes para comprar carros de hojalata, muñecos de caucho, pelotas de plástico o figuras monocromáticas. Si un niño quería jugar, pero no tenía con qué comprar, tenía que crear sus propios juguetes. La creatividad e inventiva de estos niños echaron mano de materiales de sobra y reciclables. Esos juguetes populares hechos a mano eran, en cierta forma, un antecedente de lo que ahora llamamos “juguetes de autor”. Reciclar, usar lo que fuera posible y armar juegos con palos de escoba, tapas de gaseosa, futbolines hechos en madera, puntillas e hilo, carros hechos con la mitad de una caneca de plástico, carros de balineras, muñecas de trapo con retazos de ropa hacían parte de esta producción artesanal hecha en casa.

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// Juguetes espaciales de Simex //

Esta forma de hacer juguetes por sus propios medios, la búsqueda del juego a pesar de la precariedad, es el otro vestigio que Espinel recupera.  Jugar a partir de la necesidad es un punto clave en esa historia del juguete colombiano. Como escribió Walter Benjamin en su libro Juguetes, esos objetos populares: “no dan testimonio de una vida autónoma, sino que constituyen un diálogo mudo, basado en signos entre ellos y su pueblo”.  En el juguete colombiano, y los juguetes que habitaron las casas y acompañaron a los niños, existe también una parte de la historia del país.

El rastro, y el origen de esos juguetes populares colombianos es lo que se conoce ahora en la cultura del MakerSpace como “Hazlo tú mismo”, un proceso que Espinel retoma en sus talleres sobre el juguete de autor. No importa el material o la tecnología disponible, como dice Espinel, “la necesidad te hace más creativo”. Esas dos líneas giran siempre en la tradición que continúa Artefacto Inc: por un lado, la fabricación de juguetes con piezas reciclables, y por el otro, el diálogo con los juguetes tradicionales creados por empresas como Bartoplas. Mirar el pasado y unir los fragmentos de esas piezas que usaron los colombianos durante décadas para conectarlos con un presente en el que abundan nuevas mercancías.

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Mientras en Colombia la invasión de juguetes importados gracias a la apertura económica de los años noventa, en Hong Kong, Estados Unidos y Japón diseñadores como Michael Lau y Erick So empezaron a diseñar juguetes que mostraban su visión personal y las mezclaban con otras referencias y expresiones culturales como el Pop Art, Punk Art, Lowbrow Art, Graffiti, Skateboarding, Underground Comics, entre otras tendencias. El juguete no solo como objeto móvil, o estático, sino como creación narrativa se gestaba al tiempo que los colombianos iban olvidando sus juguetes nacionales y los hechos por cuenta propia.

Una nueva generación de jugueteros se ha desarrollado en estas modalidades. Comenzaron con exposiciones y han comenzado a trabajar en proyectos colaborativos que involucran a otros colectivos como Artoy Gama, de toda Latinoamérica, y Sadoi Toys, un grupo de jóvenes paisas que además de diseñar y producir juguetes, enseña a trabajar con el error, a juntar piezas y hacer que el juguete sea una artefacto narrativo.

5-JUGUETE-RECICLABLES

// Juguete de la serie Animalario Reciclario //

Este esfuerzo de trabajo conjunto también se transmite como conocimiento a nuevos creadores. El trabajo de Espinel no solo transcurre como diseñador y fabricante, su vocación de investigador desemboca en la intención de compartir lo hallado a través de talleres. Enseñando y promoviendo una idea explosiva y personal del juguete colombiano, dando pistas para que se puedan construir juguetes propios, mostrando herramientas y aplicando todo lo aprendido en estos años como juguetero.

Además, han establecido múltiples espacios de aprendizaje y conversación bajo el nombre El Animalario Reciclario. Allí, Espinel aprende y enseña, busca cómplices, abre espacios y no se guarda nada de lo aprendido. Compartir sus conocimientos, colaborar y mostrar cómo aprendió a hacer juguetes es su trabajo. “Aprendí que podía hacer mis propios juguetes en casa, y conseguí una mesita, unas lijas y aprendí de resinas”.  Artefacto Inc. busca ser un espacio posible para que todos puedan ser jugueteros, sin importar los costos de los materiales.

Uno de esos proyectos fue un taller de cerámicas en el Carmen de Viboral con la serie “Horror Vacuí”, una expresión latina que traduce como “miedo al vacío”. La serie de cerámicas diseñadas por Artefacto Inc, permite a las mujeres contar historias, y copar con diseños personales el espacio de barro de MIN, un personaje que sirve como lienzo para nuevas ideas.

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La casa de Iván Espinel es un taller. Un taller para los juguetes, y una casa llena de juguetes. El olor a resinas se filtra por todo el ambiente. Materiales, ruedas, pedazos de plástico están en cada espacio de la casa de juguetes que habita Espinel, en la casa, cada cajón es un archivo con juguetes que parecían extintos. Muchos pedazos de juguetes que niños colombianos tuvieron en las manos en las décadas de los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta, están ahí, en las mesas, en estanterías y repisas. “Esos juguetes viejos son el material de mis talleres”, dice   Espinel riendo, mientras desempaca extasiado sus colecciones.

La relación de este diseñador bogotano con los juguetes se remite a su infancia. “Yo jugué  mucho con partecitas de Armatodo. Eso para mí guarda similitud con lo que hago ahora: uno toma lo que está ahí y con eso construye su propio juguete”. Esa vena de juguetero lo llevó a explorar materiales, a escribir, a investigar “Empecé  a investigar sobre resinas, maderas, plásticos, impresión 3d”. La formación de Espinel como juguetero continuaría inyectando muñecos en moldes, de la mano de Jairo Moreno, quien había trabajado en la Nacional de Muñecos.

Espinel complementa estos aprendizajes con una especie de trabajo de campo que lo lleva a ser un cazador ocasional de tesoros perdidos, después del recate reactiva juguetes inservibles con sus materiales y les imprime su sello personal. “Una de las vertientes del juguete de autor es el bootleg toy, que es el juguete pirata no licenciado”, versiones, propuestas, juguetes que no salen en serie, entran en esa esa dimensión paralela y atractiva que trabaja sobre conceptos populares.

De esa línea nace otro de los espacios que promueve Artefacto Inc, a través de la gestión de encuentros como Piratearte. Una exposición de figuras de acción rescatadas que son resignificadas con referentes colombianos. Tal es el caso de la serie Artilugios, de la cual hace parte “Esto no es una pipa, es un pipazo”: una pipa fabricada para fumar basuco, pero empacada en blister, y que reinterpreta la pipa de Magritte. Un chiste. Un elemento hecho con materiales reciclables y que evidencia la inventiva de los consumidores de esta sustancia.

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// "Esto no es una pipa, es un pipazo" //

Apropiarse de las formas populares, es otro de los métodos que Espinel usa para seguir los caminos del juguete de autor, caracterizarlo y compartirlo. Es su forma de ser un artista, pero, como a él le gusta a él decirlo: “No soy un artista plástico, sino un artista del plástico”.

Otra de las creaciones de Espinel es un Aguacate desarmable de tres piezas, creado a manera de juguete exótico colombiano.“Todas las materias primas son de acá, nada es importado”, apunta. El aguacate como símbolo poderoso fue una idea que nació cuando una amiga extranjera de Espinel visitó Colombia. Él no entendía cómo una persona podía estar tan obsesionada por los aguacates. De ahí nació la idea, de la obsesión que el extranjero mostraba por un producto que se consigue en todo lado. Moldear algo que fuera común, popular, ver que los juguetes están en todos lados, es lo que representa el aguacatico que está hecho de madera  a través de la reutilización de materias primas desechadas, logrando darle una nueva vida a este producto, que es juguete y símbolo político al tiempo.

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En una sociedad que por necesidad sustrae, copia y hace nuevas versiones de los objetos,  los juguetes de autor que Espinel promueve se convierten en espacios para expresar y recrear la memoria y poner en juego distintas narrativas. Este lenguaje transversal, que permite hacer conexiones con el pasado, superponer contextos e integrar espacios culturales con piezas plásticas, hace que “el juguete sea un tema muy serio”, como siempre dice Espinel.
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