Listo, se graduó de Artes. ¿Y ahora qué?

Un diploma no te convierte en artista. Entonces, ¿cómo se empieza a recorrer ese camino? ¿buscar becas para seguir estudiando, encontrar un taller, reventar Instagram? Cinco reconocidos creadores nos dan algunos consejos.

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Y ahora qué? Se preguntan muchos artistas recién graduados de la universidad sin ningún indicio sobre cómo ser parte del mundo del arte. Está claro que no existe un camino único, ni una fórmula o un paso a paso de lo que debería o no debería hacerse para empezar a exponer, a investigar, tener un estudio, a ganar dinero con su obra. El proceso de cada artista es diferente y muy personal. “La vida se pasa entre lo que uno quiere hacer, lo que se oye que se debe hacer y lo que se da simplemente. Mis mejores decisiones se han dado siempre por confiar en la propia intuición”, dice Mónica Naranjo, artista plástica.

Mónica, María Roldán, Mariana Murcia, Nicolás Consuegra y Sebastián Múnera respondieron a una serie de preguntas a partir de sus experiencias. Todos son artistas, han tenido exposiciones en universidades, galerías y museos. Han vendido obras de arte y también han invertido sus ahorros para producir una pieza que consideran necesaria para un proyecto, de un año pasado o futuro, en un lugar al que fueron o serán invitados a exponer. Se han construido caminos, cada uno a su manera, para pagar las cuentas y a la vez encontrar espacios para ser artistas. Cada uno de los entrevistados tiene proyectos paralelos que, en algunos casos, se entrelazan con su obra: Mónica Naranjo es fundadora de la editorial Nómada, María Roldán trabaja en la Universidad del Bosque como docente y coordinadora del ciclo profesional de Artes Plásticas, Mariana Murcia es cofundadora de una oficina de proyectos de arte llamada Laagencia, Nicolás Consuegra es codirector del estudio de diseño Tangrama y Sebastián Múnera es cineasta.

Los siete puntos a continuación se podrían leer en desorden o cambiarse por otros completamente diferentes, por lo mismo que se enunció en el primer párrafo: no hay normas, ni orden, ni reglas fijas para “hacer parte” del mundo del arte. Aquí recogemos la experiencia de estos artistas, con la esperanza de que alguna o muchas le sirvan a cualquier persona recién graduada de Artes.

RECONOCERSE COMO ARTISTA

Se tiende a pensar que los artistas producen cosas innecesarias, y en parte es cierto. Para Sebastián Múnera, lo primero es reconocer que “millones de personas viven sin nunca haber visto un cuadro. Pero hay entonces una gran labor, nuestro trabajo es vivir intensamente y hacer creer a la gente que vale la pena hacerlo”. María Roldán recomienda presentarse como artista con la misma seguridad y seriedad de una abogada, una cirujana, una historiadora o una corredora de bolsa. Nicolás Consuegra explica que, para él, “el concepto de qué es el arte y qué es ser artista es algo que irá transformándose a lo largo de la vida”.

Reconocerse como artista es una parada, y otra es reconocer a los artistas, tal vez indagar sobre la carrera de los que parecen afines. Mariana Murcia propone juntarse “con sus amigas de estudio, sus amigas del barrio, personas que recientemente conoció en fiestas o exposiciones. Pregúnteles qué están leyendo o cuál fue la última película que vieron, qué tienen ganas de hacer y no han podido por estar estudiando, qué otras cosas podrían seguir haciendo juntas, en qué espacios se pueden seguir encontrando”. Mónica Naranjo, por su lado, recomienda en cambio darse un tiempo para trabajar en soledad y descubrir nuevos caminos. Para ella, “lo establecido da posibilidades, pero también las limita o dirige hacia lados que no necesariamente nos interesan”.

¿NECESITA UN TALLER?

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La ilusión de un taller de artista es parecida a la postal del escritor con su máquina de escribir, una pila infinita de libros, una taza de café, un cenicero repleto de colillas y cientos de papeles arrugados en el suelo. Aunque esa imagen puede ser real, no es la única. Tal vez por eso para Consuegra “el concepto de taller es algo obsoleto”, o para Roldán, “muchas cosas suceden por fuera de las cuatro paredes idealizadas, en lugares no establecidos, no predeterminados y en la búsqueda incesante por resolver preguntas”.

Aunque todos los entrevistados coinciden en la necesidad de separar el lugar de descanso y el de trabajo, la solución sí puede estar en la casa, aunque “ojalá no sea en el cuarto” dice Mónica Naranjo. El taller no deja de ser una buena opción, solo o compartido, para poder retirarse a planear, a pensar, a no hacer nada o, por supuesto, a trabajar. Mariana Murcia comparte taller. Un artista también podría trabajar para su obra en una oficina, un parque, un jardín, un café, una biblioteca o durante un viaje, como propone Sebastián Múnera. Según María Roldán, se trata de encontraruna esquina para desfogar”.

Cada artista tiene sus ritmos y horarios de trabajo; reconocerse como artista y revisar la obra actual y la que se espera producir da pistas para saber el tipo de espacio que se necesita. El consejo es tomar un taller cuando la obra requiera ese espacio y no cuando se supone que “se debe” tener uno, de lo contrario es gastar dinero en una renta en lugar de invertirlo en materiales o libros o experiencias que realmente beneficien la obra. Hacer una lista con las razones para tener un taller, analizar si esas razones tendrían solución en otro lugar y calcular cuántas horas diarias dedicaría en ese espacio podrían responder a la pregunta ¿necesito un taller?

MUESTRE SU TRABAJO

No son tantos los lugares disponibles para exponer, y más si se está empezando, así que aproveche cada oportunidad que tenga para mostrar su trabajo.“El volverse selectivo viene con los años. Yo en principio creo en foguearse sin tantas condiciones. Con la experiencia adquirida se puede afinar el criterio de dónde se expone, por qué, con qué y con quién”, dice Consuegra.

María Roldán y Mónica Naranjo recomiendan encontrar alguna coherencia o conexión entre el trabajo del artista y el espacio donde pretende mostrar su obra. También está la opción de proponer un lugar distinto, crearlo uno mismo como lo plantean Mariana Murcia y Sebastián Múnera; de hecho, lo que a Múnera más le emociona es inventarse “lugares diferentes para exponer: un zoológico, una sala de cine, etc. En estos lugares el código comercial está más oculto y quizás las personas se atrevan a ir un poco más allá en su interpretación con lo que se está proponiendo en la obra”.

CAMBIE DE AIRES

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“Situarse en otro contexto siempre trae preguntas, de un lado y del otro, y el ocio resulta ser muy productivo, como aprender algo haciendo otra cosa” comenta Mariana Murcia a propósito de las maestrías o residencias. Y continúa, “yo no he hecho una maestría, por lo que no puedo aconsejarlo; sin embargo, les recomiendo a los lectores un texto de Luis Camnitzer titulado La enseñanza del arte como fraude”.

Después de la formación universitaria es recomendable seguir explorando, seguirse preguntando sobre lo que ya cree conocer y darle cabida a lo desconocido. No es fácil salir de la zona de confort por sí mismo, por eso una alternativa es buscar maestrías y residencias en otras ciudades o países. Para María Roldán “La maestría indica tiempo, y el trabajo como artistas necesita tiempo. Las residencias airean la cabeza, lo cual está bien, pero en unos pocos meses no se puede ahondar, experimentar e investigar como en una maestría”.

Las residencias y maestrías le darán herramientas a un artista para explorar y madurar su trabajo. En el caso de continuar con estudios académicos, es decir la maestría, existen becas que brindan instituciones públicas y privadas. Por otro lado, muchas residencias cubren costos de transporte y estadía y, si es una residencia cuya finalidad es producir obra, ofrecen una bolsa de trabajo. En caso de no cubrir alguna de las anteriores, también existen becas que las facilitan.

PÁGINA WEB, ¿SÍ O NO?

Todos los entrevistados coinciden en la importancia de tener una página web propia, con una muestra amplia de su trabajo y trayectoria. Para Nicolás Consuegra, “Hay muchas maneras de publicar información en internet, desde lo más convencional hasta lo más experimental. Lo importante —creo yo— es que dicha información sea lo suficientemente legible y actualizada”.

Además de facilitar el conocimiento de la obra del artista, la página web se convierte en una herramienta para pensar sobre proyectos pasados o venideros, ¿qué está tratando de transmitir, cómo y por qué? La construcción de la página web es un trabajo continuo, como la obra de un artista, y a la vez, según Murcia, “una forma fácil de darle un orden a las cosas, una manera de pensar un archivo propio. Pensar en cómo publicar aquello que uno hace de alguna manera es un ejercicio al que uno vuelve de vez en cuando queriendo cambiar algo”.

¿OTROS TRABAJOS?

Un artista trabaja para sí mismo, para sus proyectos, por tanto tiene un trabajo. Quien se dedica únicamente a desarrollar su obra y no tiene un empleo remunerado, no está desempleado. Simplemente es artista.

Desafortunadamente en Colombia no existen subvenciones para artistas que les permitan dedicarse tiempo completo en su obra sin afanes económicos. María Roldán confiesa que “es complejo entender por qué esa carrera que estudié, esa maestría con la cual me endeudé, esos premios, becas, residencias, exposiciones, comisiones que me gané, no me permiten vivir tranquilamente en términos económicos. Intento entonces disfrutar esas dualidades y dificultades que solo hacen que se dispare el vicio que tengo por producir obra”. Nicolás Consuegra aconseja aprender otros oficios, para conservar los principios y libertades de quien desee hacer arte. Él trabaja tiempo completo como diseñador gráfico: “quiero mi trabajo y trabajo con gusto. Gracias a eso he podido desarrollarme como artista”.

Un trabajo alterno puede estar en un espacio independiente, una galería, una feria de arte, un estudio de diseño, una editorial, como asistente de un artista o, en palabras de Mariana Murcia, “lo que quiera, todo aporta”. Para Mónica Naranjo es buena idea trabajar en “espacios que aporten a entender mejor el medio, a conectarse, ganar experiencia en algo específico que se quiera aprender”.

NO BUSQUE, BÚSQUESE

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Es muy poco probable que un artista logre la representación de una galería o la posibilidad de exponer si no fue invitado por el espacio mismo, a menos que ya tenga una larga trayectoria y que, adicionalmente, le resulte interesante al curador o director del lugar. Pero no hay afán, también podría pasar que por estar representado desde muy joven, la obra pierda independencia o se estanque.

Algunos artistas pueden sentir ansiedad porque no tienen la representación de una galería o, mejor aún, de varias galerías. Está la falsa creencia de que eso impulsaría significativamente la venta de las obras y su nombre empezaría a incluirse en colecciones importantes. La realidad es que son pocas las galerías en el mundo que cumplen con esas expectativas y, las que lo hacen, eligen a sus artistas y no ellos a ellas. Por otro lado, trabajar con una galería puede estar sobrevalorado. Consuegra explica que las “representaciones en Colombia son contratos verbales que no se mantienen. Ni los acuerdos, ni las expectativas se cumplen plenamente. Creo más en acuerdos que se hacen según proyectos específicos: una exposición, por ejemplo. Propuestas más a largo plazo no se sostienen”.

Por eso la recomendación es concentrarse en la obra que se esté desarrollando, en explorar, cuestionarse, retarse, deconstruir y construir, desaprender y aprender. Para Roldán es “trabajar e insistir en eso que uno cree y darle voz” y para Sebastián Múnera es “buscar a toda costa hacer los proyectos que se tienen en la cabeza. Algunos artistas representan las galerías, algunas galerías representan a los artistas. Algunos artistas se representan solitos”.

Se graduó de Artes y es el momento para plantearse otras preguntas, mostrar su trabajo a otras caras, explorar otros lugares y, poco a poco, abrir nuevas puertas. Estos consejos funcionan como una baranda provisional para sortear el vértigo que puede causar la salida de la universidad. Lo que es un hecho es que es un carrera que requiere convicción en lo que se hace, que está en constante construcción y que no tiene final pero sí se trata de una búsqueda inagotable por encontrar un fin. Ser artista requiere una tremenda disciplina, porque la única persona que puede exigir calidad y consistencia es el mismo artista.

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