Así es el día de un cosplayer

 

Perseguimos a Mónica Carranza en uno de sus días como cosplayer en el SOFA y nos permitió ser ese fan que sigue a su ídolo hasta al backstage. Todo para aprender un poco más sobre el mundo del cosplay y saber qué se siente estar en uno de sus trajes.

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Para Mónica Carranza, la infancia es la imagen de cinco niños -sus cuatro hermanos mayores y ella- pegados a un televisor de algún rincón de Bogotá viendo Dragon Ball Z. Su adultez tiene más que ver con vestidos de colores, poses precisas y meses de preparación para un día en que brilla bajo reflectores de pasarelas y flashes de cámaras de desconocidos que la reconocen de alguna serie que también les recuerda la infancia.

Mónica es cosplayer.

La primera vez que se vistió para interpretar un personaje fue luego de visitar por primera vez el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA). Sin saber exactamente con qué iba a encontrarse se vistió de mucama al año siguiente. No tuvo que pensarlo dos veces: le gustaba lo que estaba haciendo y quería continuar construyendo una carrera como cosplayer. Ahora tiene seis años de experiencia y el sueño de competir internacionalmente en eventos como el Comic-COn Internacional que tiene lugar en San Diego, Estados Unidos.

Para asistir a un evento como el SOFA, la preparación de Mónica empieza muchos meses antes. Lo primero es encontrar un personaje. Ella -alta, de ojos claros, pelo largo, liso y rojo, y labios gruesos- busca siempre tener algún parecido físico con quien vaya a interpretar. Para un cosplayer “lo más importante es ser la copia perfecta de su personaje”, dice. Aquí es donde aparece el cosmaker, que es el encargado de hacer toda la magia para crear el traje tal cual como su cosplayer lo pide. En el caso de Mónica, sus padrinos mágicos son los cosmakers de Hansel y Gretel.


En todos los años de su carrera como cosplayer, Mónica ha adquirido ocho trajes. Todos toman meses en hacerse y cada uno le ha costado entre $600.000 y $1’200.000. Mientras fabrican su traje investiga a su personaje: quién es, cuál es su pasado, cuáles son sus habilidades, sus gestos, la forma en que se mueve. Así, cuando esté vestida no solo va a verse como el protagonista de algún anime, sino que actuará, pensará y se moverá así. Esa es la idea: tener metido al personaje en la mente y el corazón.

Para la edición 2018 del SOFA, Mónica decidió personificar a Capitain Miss Fortune, un personaje de League of Legends. En tiempos pasados, el hecho de que una mujer se subiera a una embarcación era considerado de mala suerte para una tripulación. Alguien tenía que llegar a derrotar esa creencia machista. Esa fue Miss Fortune. Esa es la leyenda.


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Antes de salir de su casa, se viste en su totalidad. Se cuida de no olvidar ninguna de las prendas, como el cinturón o las grandes pistolas que caracterizan a su personaje. Se pinta los labios de rojo, se hace un trenza y sale de su casa siendo Miss Fortune.

A SOFA, llega antes de las diez de la mañana. No la tiene fácil, pero sabe a lo que se enfrenta: “Uno tiene que venir preparado para no comer, no ir al baño y no contestar llamadas”. No pasan más de diez minutos sin que alguien se acerque a pedirle una foto. Al SOFA la gente va, más que a tomarse selfies, a tomarles fotos a los cosplayers.

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Desde que es cosplayer y asiste al SOFA, Mónica ha participado en todas las pasarelas del evento. A eso de la una de la tarde, Mónica se dirige al pabellón 18. Hace calor por la cantidad de gente. Los que llegaron primero podrán ver el desfile sentados, el resto trata de buscar un puesto de pie lo más cerca posible al escenario. Eso sí: todos alistan sus celulares, listos para la foto.

Como no es la primera vez que Mónica desfila, entra al backstage sin rastro de nervios en su rostro. Se encuentra con algunos colegas: una de sus amigas de la universidad y su esposo, un cosplayer que mientras espera su turno para salir a la pasarela cuenta la historia de cuando le pidió matrimonio a su esposa en otro desfile de cosplayers.

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Ellos son los más tranquilos de todo el backstage. En los otros rincones hay gente corriendo en medias, cambiándose de ropa o maquillándose. Regados por todas partes hay maletas, pintura, pelucas, telas que son capas o kimonos, y hasta un dinosaurio. De un extremo una cosplayer pide ayuda porque se le cayó un lente de contacto y necesita ponérselo, no importa que haya estado en el piso, para ellos es importante cuidar los detalles, mucho más cuando se está a punto de salir ante un público que grita y aplaude.

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Para participar en las pasarelas, primero hay que postularse a la convocatoria que lanza el colectivo E Side a mitad de año. Se escogen los cosplayers que para el momento tengan trajes terminados o que estén próximos a terminarse, que también deben ser propuestas innovadoras y bien hechas. Así lo explica Ann Mure, la coordinadora del backstage del SOFA, que corre de un lado al otro, ayuda a vestir a los cosplayers (además de escucharlos y atender sus quejas) y vigila que todo salga milimétricamente perfecto.

Llega el turno de Miss Fortune y el público se deja oír. Algunos reconocen el personaje al instante. Otros opinan sobre el traje y otros se entregan a su rol de paparazzi para captar cada ángulo. “Uff, está idéntica”, dice alguno. Miss Fortune sonríe, mira a los espectadores a los ojos, les apunta con las dos pistolas que siempre lleva consigo. Se adueña de la pasarela, camina pausada, y se detiene varias veces en diferentes partes para posar. Hay fotógrafos sentados y arrodillados enfocándola. El flash de las cámaras no para.

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Otro personaje la sigue. Se trata de Katherine Castro, conocida en el mundo del cosplay como Asuka Ladkast. Está personificando a Marauder Ashe, otro de los personajes de League of Legends. Juntas, como si la pasarela se hubiera convertido en uno de los campos de batalla del videojuego, simulan estar luchando. Los gritos del público se alzan: todos lo están disfrutando.

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Termina la pasarela pero es como si el desfile continuara para Mónica. Mientras sea Miss Fortune sabe que no puede parar de posar, de sonreír y alzar las pistolas hasta que el día termine. Este año se sumó otra tarea en su itinerario: debe atender uno de los stands del SOFA. Así que después de la pasarela, se va al pabellón 3 para trabajar, siempre en su papel.

Solo hasta llegar de nuevo a su casa puede dejar de ser Miss Fortune y ser solo Mónica Carranza, una estudiante de Mercadeo y Publicidad que está próxima a graduarse. ¿Parar? Nunca. Ser cosplayer para ella es como tener una segunda profesión en la que siempre está buscando ir por más y más.

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