Prueba

Parqués: si te matan, vas a la cárcel

Juegos de mesa 3

Si usted ha rogado por un doble para salir de la cárcel o ha matado sin piedad las fichas verdes de su abuela, entonces conoce el parqués. Dosis de inofensiva violencia al lanzar los dados y sed de venganza familiar frente al tablero hacen parte de esta tradición tan sencilla como emocionante.

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o he jugado parqués en años y aún así voy ganando. Disimulo con una falsa modestia de alguien a quien no le interesa mucho la partida, pero en mi cabeza soy dichoso porque estoy venciendo a mis otros tres amigos. He tenido suerte con los dados, lo cual me ha permitido mover las fichas de seguro en seguro, a la vez que he matado algunas fichas de mis amigos. Pretendo que no sé muy bien lo que hago y actúo como si no fuera la gran cosa, pero sé que ellos me detestan en este momento. Uno de ellos me mostró el dedo del medio y me llamó “perro”. Yo le dije que se relaje, pero lo entiendo completamente. No importa, saqué un doble cinco y puedo mandar a la cárcel otra de sus fichas.

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Hay quienes afirman que el parqués es un invento colombiano, lo cual es técnicamente cierto, pero al mismo tiempo una exageración. El parqués, al igual que el parchís y el ludo, son derivados de un antecesor común creado en la India. El objetivo en todos estos juegos es ser el primero en dar la vuelta a un tablero con un determinado número de fichas. Partiendo de esa premisa simple la gente comenzó a añadir y cambiar reglas para dar con las diferentes versiones, eso es lo que sucedió con el parqués colombiano y lo que ha pasado con montones de juegos a lo largo de la historia. Antes de que los juegos de mesa se convirtieran en productos para vender, la gente simplemente los copiaba haciendo tableros a mano y, de vez en cuando, modificaban las reglas por unas que fueran del gusto de la persona que lo copió. Es así como las personas llegaron al parqués colombiano y también es la razón por la que aún hoy es posible que las reglas varíen dependiendo de la familia con la que uno juegue.

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Ahora muchos de nosotros estamos encerrados en casa jugando parqués. O no exactamente parqués, sino parchís, la variante del juego que es conocida en España. La razón para que este juego haya encontrado una nueva popularidad entre los colombianos tiene que ver con la aplicación para celulares Parchís Star, la cual corresponde al juego más descargado en la tienda de aplicaciones de Android durante estos últimos meses.

El auge de Parchís Star corresponde con el inicio de la cuarentena en Colombia. Desde que comenzó el aislamiento, cada vez más gente ha descargado la aplicación para jugar con sus amigos. A partir del 13 de marzo el número de personas que buscaron en Google la palabra “parchis” empezó a crecer, alcanzando diferentes picos de popularidad los días 21, 24 y 28 de marzo. Adicionalmente, el 5 de abril el interés de la gente por buscar este término llegó cien puntos en las estadísticas de google, el valor más alto que puede obtener un resultado.

Estos datos no solo dan cuenta del buen momento que han tenido los juegos en línea debido a la pandemia, también son una señal de las estrategias que estamos adoptando para mantener el contacto con nuestros conocidos. Es la misma razón detrás del incremento de usuarios en aplicaciones como Zoom, o Hangouts, no solo como herramientas para reuniones laborales, sino también como medios para socializar. De repente, comprar una botella de vino, hacer una videollamada y jugar parchís se convirtió en nuestro plan de sábado en la noche.

PARQUES

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Juegos de mesa como el UNO, el Monopolio y especialmente el Parqués son formas socialmente aceptables de ser un cabrón con tus amigos. Comerse la ficha de alguien que está a punto de dar la vuelta al tablero o delatar a alguien que no se comió una ficha cuando podía hacerlo (en la jerga del parqués esto se conoce como “soplar”) son ejemplos de esto. Se trata de maneras en las que uno puede hacer el mal a sus amigos sin que esté mal visto, ya que se hace en un contexto de competencia sana. También se puede maldecir, insultar, perjurar, odiar, difamar, deshonrar, presumir ventajas, restregar desventajas, rabiar, sacar viejos rencores y almacenar nuevos. Todo en el contexto del juego, claro está.

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Todos los sábados y domingos en la noche mis vecinas juegan parqués. Empiezan alrededor de las siete y casi siempre acaban pasadas doce, cuando casi todos los que viven en mi edificio ya se han ido a dormir. A veces de mi casa, regresaba a las tres o cuatro de la mañana y todavía estaba encendida la luz de su comedor y escuchaba el ruido de los dados golpeando el vidrio. El sonido es constante y en intervalos cortos. Imagino que después de tantos años de jugar parqués cada fin de semana habrán adquirido un hábito de tirar los dados y mover las fichas velozmente. Yo vivo en el segundo piso y ellas en el cuarto, aún así, si pongo atención puedo escucharlas jugar desde mi sala. Esa es la importancia del tablero de vidrio en el parqués: “que todos los vecinos sepan donde es que están jugando”, me explica una amiga.

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Faltando poco para que mi última ficha llegara a la meta, alguien la alcanzó y la envió a la cárcel. Ahora soy yo quien muestra el dedo del medio.

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Desde hace varias semanas mis amigos están obsesionados con la aplicación de parchís en línea, tanto que decidieron organizar su propio torneo. Esto lo hicieron después de ver que en mi facultad de la universidad también harán un torneo para estudiantes, profesores y egresados, al cual algunos de mis amigos ya se inscribieron. Nuestro grupo de whatsapp se convirtió en una cadena de invitaciones a jugar, pantallazos de las victorias y derrotas de mis compañeros y comentarios sobre el tipo de estrategias que usó alguien en un juego o de la suerte que tuvo otro al sacar justo el número que necesitaba.

Entre ellos se ha ido formando una rivalidad para determinar quién es el rey o la reina del parchís en línea. Yo me había mantenido al margen de todo esto, hasta que un día lograron convencerme de descargar la aplicación. Ahora yo también hago parte de las conversaciones sobre estrategias, las rivalidades y la lucha interna por la gloria.

PARQUES

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El parqués me trae recuerdos de niñez y de fútbol. En casa de una de mis tías había un tablero para cuatro jugadores en donde cada uno podía jugar escogiendo un equipo colombiano. Las opciones eran Millonarios con fichas azules, Santa Fe con fichas naranjas, Medellín con fichas azul claro y Nacional con fichas amarillas. Siempre que jugaba trataba de escoger al Medellín, no porque tuviera algún interés en el equipo de fútbol, sino porque me gustaban sus colores: rojo y azul. La mayoría de mis familiares son hinchas leales del Atlético Nacional, por eso es que casi todas las veces que jugaba parqués podía escoger al Medellín: porque nadie más quería a ese equipo. Mis recuerdos del parqués en la casa de mi tía son de cuando tenía cuatro o cinco años y vivía en el barrio Campo Valdés. Al igual que el Deportivo Independiente Medellín, yo no ganaba muchos juegos durante esa época. Llegaba cerca de la victoria, pero alguien terminaba el circuito antes que yo. En el 2002 me fui a vivir a otro barrio, lo cual puso fin a mis tardes jugando parqués en casa de mi tía. El 2002 también fue el año en que el Medellín obtuvo su tercer título, después de 45 años sin haber logrado ganar en un campeonato.

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Mis vecinas están peleando. Llevan más de tres horas jugando y desde hace unos cinco minutos empezaron a alzarse la voz entre ellas. No sé exactamente la razón por la que inició la pelea, pero me parece que tiene que ver con el juego. Una le dice a la otra: “deje de ser boba, siga a ver”. Aún entre gritos no han dejado de tirar el dado.

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Sin importar qué tanto de las reglas del parqués hayan sido creadas en este país, no hay duda que este es un juego de mesa colombiano. Jugar parqués es una actividad común en reuniones familiares, salidas a fincas y para muchos sigue siendo un plan recurrente de sábado o domingo por la tarde. En tiempos de encierro el juego evita la necesidad de buscar formas de hacer conversación con la familia. Por su simplicidad, el parqués se le puede enseñar a los niños desde una corta edad, lo cual a su vez crea una forma de diálogo generacional entre los miembros de una familia. En un mismo tablero pueden jugar un menor con sus padres o abuelos.

El tablero en sí mismo es una expresión de lo colombiano al ser un objeto que se adapta a nuestros símbolos identitarios. Esa es la razón por la que existen tableros con nuestros equipos de fútbol o nuestras ciudades capitales, o por la que hay casas en las que enmarcan el tablero de parqués y lo mantienen siempre cerca para cuando haya que echar una partida. Hay gente que va a los parques y plazas públicas a jugar o a ver a otros hacerlo, también se juega en billares y bares, apostando y sin apostar. Es probable que todos nosotros, en algún momento, también hayamos lanzado los dados.

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Cuando uno tira los dados y saca dobles, puede volver a lanzar. Es decir, cuando sale uno y uno, dos y dos, tres y tres, etc. ¿A quién se le habrá ocurrido que cuando uno saca once (cinco y seis) cuenta como sacar dobles?

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Estuve a la delantera durante casi toda la partida, sin embargo, la última ficha que me faltaba para llegar a la meta la cazaron y la enviaron a la cárcel en tres oportunidades distintas. No había jugado en años y tenía la esperanza de que pudiera ganar la partida aludiendo a alguna forma de suerte por inexperiencia. Al final llegué de tercero y mis amigos dejaron de odiarme.

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