A Irvine Welsh no le gusta pretender

Es difícil leer los libros de Irvine Welsh y no hacerse una imagen de él. Así es el escritor que habla de drogas, sexo y pobreza, y que ha logrado engañarnos a todos en el camino. Fue uno de los invitados más importantes de la Feria del Libro de Bogotá.
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Irvine Welsh boxea, hace pilates y medita. De haberlo encontrado en otro momento estaría tomando té verde y tendría su computador a la mano, pero aquí, en un salón del British Council de Bogotá que sirve de escenario para una maratón de entrevistas, está haciendo la otra parte de su trabajo. “Dile que se siente más atrás... que no tanto... que mire a la cámara. Eso, así”.


Trainspotting se publicó en 1993. Y a pesar de que está basada en un tiempo y lugar concreto (Leith, Edimburgo, a finales de la década de los ochenta), su alcance fue y sigue siendo universal. Sick Boy, Rent, Spud y Begbie, cuatro amigos de clase obrera que viven para chutarse una vez más, se convirtieron en un fenómeno que dejó como grabado en piedra que cuando se nace del lado duro de la vida, las drogas compensan un futuro que nunca llegará.

El culto que han generado sus libros no se le escapa, pero asegura que un escritor no puede ser responsable de lo que pase después de publicar y que “sería lindo” que lo conocieran por algo más que Trainspotting.

Welsh dice que nació en 1958, pero la infinidad de perfiles y entrevistas que le han hecho sugieren que se quita o se pone unos años dependiendo del ánimo del día. Sobre lo que nunca miente es sobre donde ha estado y lo que ha visto (Welsh nació en Leith y fue adicto a la heroína), y que esa es la materia prima para sus escritos. Tampoco miente sobre la suerte que tuvo al crear —tal vez sin pensarlo— personajes y contextos que resultaron siendo universales para personas en todas las latitudes.

En un par de ocasiones dice que es malcriado, pero a renglón seguido agrega que también es suertudo. Y parece que se cree más lo segundo que lo primero, y que las fotos, las firmas de libros y los periodistas tratando de hacer preguntas nunca antes vistas, fueran un elemento más del fenómeno que creó.

Ya más escurrido en la silla, sin las cámaras encima, y mostrando con indiferencia sus medias de muñequitos, Welsh dice que siempre es bueno tener expectativas, y que siempre es bueno que se excedan. Por eso escribe cada libro como si fuera el último, como si nada de lo que hizo antes importara y como si volver a escribir fuera el punto de estar vivo. Ese es su estado mental: “Uno que a veces es una maldición, y otras, un don”.


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¿Cree que tiene alguna habilidad especial para abordar las drogas y el sexo en sus historias? ¿Existe una habilidad para eso?

No veo cuál es toda la mística alrededor del sexo, ¿sabes? Si nadie tuviera sexo, nosotros dos no estaríamos aquí teniendo esta conversación. Y las drogas igual. La vida humana es acerca de la celebración, la celebración es acerca del festival, el festival es acerca de los excesos y los excesos son acerca de las drogas.

Yo no considero esas cosas como algo importante para mi escritura. Solo escribo sobre personajes y trato de hacerlos lo más interesantes que pueda. El sexo y las drogas son una parte de la vida, y yo solo trato de encontrarles el lado humano.

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¿Lo que usted ha vivido influye en su escritura, o es algo de lo que se desprende para trabajar?

Hay que hacerlo hasta cierto punto. Hay una extraña dicotomía entre lo que hay que hacer para ser exitoso y la escritura, y creo que lo primero es albergar un ego que te permita creer que lo que estás haciendo es importante, cuando no hay razón para que lo sea. No hay razón para que importe lo que escribes, pero debes creer que a alguien le va a importar.

Lo segundo que tienes que hacer, que contradice totalmente lo primero, es darte cuenta de que en realidad no se trata de ti. Estás escribiendo, pero lo importante no eres tú: es la historia y los personajes que creas.

¿Qué odia del proceso de escribir?

No hay mucho que odie, en verdad. Me doy gusto cuando escribo, aunque creo que los plazos me bajonean un poco. Pero son más que todo para cuando trabajo en películas o en televisión, y no tanto en libros. Creo que con un libro uno maneja su propia agenda y tiempo. No vas a tener un productor respirándote en la nuca. Puede que tengas un editor que diga: “¿Cuándo vas a entregar?”, pero mis chicos son bastante relajados.

Es divertido escribir, ¿sabes? Solo te tienes que dar el gusto.

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¿Trabaja en muchos proyectos al mismo tiempo o se sumerge completamente en uno?

Trabajo en varias cosas al mismo tiempo y luego dejo que una se apodere de todo. Hay un proyecto que se vuelve crítico y me obsesiono con él.

Y los proyectos que le obsesionan suelen ser…

Puede ser cualquier cosa. Tienden a ser libros, pero creo que en todo lo que haces deberías llegar a un punto de obsesión para terminarlo. Puedo trabajar en algo y disfrutarlo, avanzar hasta cierto punto, pero tengo que enloquecer para pasar la línea y llevarlo hasta donde quiero. Eso significa que hay un periodo —pueden ser semanas o meses, aunque ojalá sean solo semanas— donde realmente te sumerjes trabajando en un proyecto. No es fácil vivir con eso, pero siempre espero que no dure mucho.

¿Esa obsesión lo emociona?

No es muy emocionante. De hecho es un poco problemática, porque te desconectas del resto del mundo y pasas mucho tiempo con gente que ni siquiera existe, y eso no es más que una locura. Encuentro muy difícil lidiar con personas después y obligarme a socializar de nuevo.

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¿Se agotan las ideas luego de trece libros?

No es muy difícil que se me ocurran cosas. Tengo muchas ideas y muchas cosas a medio terminar en las que puedo trabajar. Creo que el problema más grande para mí es encontrar el tiempo para irme lejos y hacer lo que quiero hacer. Pero creo que hace parte del desafío. Puedes buscar razones para no hacer las cosas, para procrastinar, pero de verdad me gusta ese sentimiento de disfrutar el trabajo y simplemente volverse visceral al respecto. Ese es un buen sentimiento.

¿Dónde escribe?

En todas partes, de verdad. Escribo en casa, en cafés, en el bus, en las estaciones del “tube”, aeropuertos y en aviones. Tengo una linda oficina y todo eso, pero sé que puedo escribir donde sea. Hay gente que solo piensa en “oh, qué linda vista”, pero realmente no hace ninguna diferencia. Uno pretende que sí, pero no.

¿Necesita algo para escribir? Papel, computador...

Sí, sí, solo el computador. Eso es básicamente lo único que necesito.

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¿Qué es lo más aburridor de ser escritor?

No estoy seguro… Creo que no hay nada que no me guste de ello. No es como que esté robando o picando carbón para ganarme la vida, o como si tuviera que trabajar en una construcción hasta que cada músculo de mi cuerpo se derritiera. No puedes ser muy caprichoso. Soy escritor, y ese es un trabajo fácil.

¿Hay algo que le gustaría haber escrito?

¡Sí! Oh, no sé. ¡El Código Da Vinci de Dan Brown! Solo con haber escrito eso ya no tendría que preocuparme de nada más.

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¿Qué ve en el mundo que le haga escribir?

En realidad no sé. Puedo sentarme en un bar con un montón de gente a escucharlos hablar, y dejarme fascinar por todo lo que están hablando. Y creo que es esa fascinación por las debilidades y vanidades de la gente, ¡y también las mías! Esas son las cosas que me mueven a escribir.

¿Y el miedo? ¿Lo hace escribir?

Sí, aunque creo que no es tanto el miedo sino la idea de que probablemente tengo algo que probar. Cada libro lo veo como si fuera mi retorno a la escritura, como si fuera el último libro. Entonces es como empezar de cero cada vez. Todo lo demás simplemente se va y ahí estás tú tratando de volver a empezar y expresarte. Y para mí se trata de mantener esa hambre.

¿Qué le aconseja a alguien que quiera ser escritor?

He tenido algo de experiencia enseñando en cursos de escritura creativa, y una de las cosas más importantes que les digo a los alumnos es que se conozcan a sí mismos. ¿Puedes tolerar estar solo en un cuarto por largos periodos de tiempo? Muchas personas no pueden: quieren ser escritores y les gusta la idea, pero quieren sentarse en el banco de un bar a hablar con gente sobre eso. Yo quiero sentarme en el banco de un bar a hablar sobre eso, pero también quiero estar solo para sentarme a escribir historias y revisarlas una y otra vez.

Si eres gregario y social como yo, tienes que compensar tu personalidad. Creo que tienes que ser dos cosas, en verdad.

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Ya que habla de los cursos de escritura creativa, ¿cree que se puede aprender a escribir?

Pienso que se puede aprender, que las habilidades se pueden aprender, pero que la motivación no se puede aprender y que esa es una de las habilidades más importantes. Querer hacerlo es tan importante como saber hacerlo.


¿Y a usted qué lo motiva?

Probablemente que ya no tengo habilidades para hacer nada más.

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