El ojo de Emilio Aparicio en África

Los miembros de la tribu masái pueden saltar repetitivamente hasta dos metros como parte de una tradición para imponerse físicamente ante el resto. El fotógrafo colombiano Emilio Aparicio la retrató para Bacánika.

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En mayo de este año, el fotógrafo Emilio Aparicio llegó a África buscando a la tribu masái. Viajó desde Islandia hasta Kenia para confirmar aquella teoría de que visitar una sola aldea de la tribu era una razón más que suficiente para desplazarse hasta el continente. En cuanto llegó, comprobó que la presencia de los masáis es imponente y se agranda aún más bajo el lente de una cámara.

Los masáis destacan en el pálido color del desierto. Sus cuerpos están cubiertos por prendas teñidas de rojo, púrpura, naranja y azul. Así se diferencian de las demás tribus de África que visten con tonos claros.

A lo largo del siglo XV conquistaron gran parte del este del continente. Eran guerreros que parecían no sangrar bajo la tela roja con la que combatían. Su condición de pueblo seminómada los obligó a desplazarse buscando mejores tierras para alimentar el ganado y conseguir agua. Hoy están ubicados en el sur de Kenia y el norte de Tanzania con una población aproximada de un millón de habitantes. Ya no viven de la lucha sino de la tierra de una manera más consciente.

Durante gran parte de su historia, los hombres tuvieron como ritual de adultez armarse con lanzas y escudos para enfrentar leones hasta la muerte. Era la única forma conseguir el título de guerrero. Aunque hay algunas secciones de la tribu que aún llevan a cabo esta práctica, la mayoría solo combate con otros animales cuando la aldea o el ganado están en peligro. Incluso muchos masáis han pasado a ser guardianes de la vida animal con la incorporación de su tierra en la reserva Masái Mara y el Parque Nacional Amboseli.

El turismo en la región ha llevado a que el sustento de la comunidad esté enfocado en el cultivo de vegetales y el pastoreo de cabras y ovejas. Mientras los hombres son guardianes, las mujeres son cimientos, no solo porque alimentan sino también porque construyen casas y fabrican con piedras de color accesorios que sostienen y narran la cultura de la tribu.

Para los masái el color es una forma de estar en el mundo, tanto así que su vitalidad es capaz de atravesar el lente a blanco y negro de Aparicio. En estas fotos, los tonos vivos de la tribu se leen más allá de la escala del gris.

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