Prueba

11 preguntas sobre moda sostenible

Camisetas hechas con botellas recicladas, marcas que solo emplean a madres cabeza de familia, porcentajes de ventas destinados a reforestar bosques.
¿Qué es la moda sostenible y por qué estamos hablando de ella?

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a ropa es una necesidad diaria para casi toda la humanidad y no solo la usamos para protegernos del clima y cumplir con una norma social: no estamos en una película distópica donde todo el mundo usa overoles grises. Al contrario: el desarrollo industrial y tecnológico nos ha permitido producir mucha ropa con muchos colores, texturas y formas, y ha hecho que cambiemos nuestra manera de acercarnos a ella: aunque sigue siendo una herramienta práctica, la ropa también es una fuente de comunicación estética que nos permite proyectar nuestra identidad, nuestra cultura y nuestro lugar en la sociedad mientras satisfacemos el deseo humano de estar rodeados de cosas bellas.

El problema está en que las cosas bellas, sobre todo cuando están a nuestro alcance, fácilmente se pueden convertir solo en eso: cosas bellas, a veces baratas e inmediatas. Pero la ropa no solo involucra una mezcla de colores, texturas y formas. También implica los materiales de los que está hecha y la participación de las personas que la fabrican; en muchos casos de producción industrial el cuidado de estos dos aspectos es relegado a un plano secundario cuando la meta es producir la belleza que tanto ansiamos.

Así surge la necesidad de priorizar el uso de materiales y procesos adecuados y el pago justo a quienes hacen nuestra ropa, sobre la exaltación de lo nuevo, lindo y brillante. La necesidad, en otras palabras, de que la moda se vuelva sostenible.

El tema es complejo y francamente enredado. Hay muchas preguntas, pocas respuestas y otras que solo son comprensibles si recurrimos a términos económicos que requieren de varios renglones para explicarse. Por eso hicimos este cuestionario, y tratamos de contestarlo con información traída de la academia, el periodismo y el activismo que puede llevar a que quienes compran ropa y la usan, analicen su relación con esta, con otras personas e incluso su manera de habitar el mundo.

1. ¿Qué es “moda”?

Aunque la respuesta a esta pregunta pueda parecer obvia o al menos fácil de intuir, definir “moda” implica  pensar en varios conceptos a la vez.

En principio, la moda es un fenómeno que facilita la creación de industrias a partir de nuestros cuerpos y que opera bajo un proceso cíclico de desechar y adquirir objetos y prácticas rápidamente. El sociólogo Edward Salazar, quien enseña e investiga en la Universidad Santo Tomás y codirige el podcast Nación Moda, afirma que “la moda produce industrias auxiliares de la belleza como el vestuario, el maquillaje, el gimnasio y las cirugías” que nos permiten expresarnos individualmente pero también sentirnos parte de un conjunto. “La moda es ese vaivén entre la autorepresentación y las identidades socialmente construidas”.

Salazar explica que el común denominador de esas “industrias auxiliares” es algo que todos tenemos y que no está sujeto a nuestra capacidad económica o nivel educativo: el cuerpo. “Puede que no todos seamos dueños de una casa o tengamos los mismos gustos musicales, pero todos compartimos la experiencia corporal”, y en esa medida, la posibilidad de entrar en contacto con la moda y sus industrias auxiliares.

Sin embargo, entrar en contacto con la moda no es lo mismo que seguirle el paso, y tener un cuerpo no es lo único que hace falta para estar a la moda. “La moda es un fenómeno cíclico y efímero cuyo fin último es matarse y volver a empezar”, dice Salazar. En esa medida, es un fenómeno que impone tendencias y construye mercados, que capitalizó una necesidad y la transformó en industria, y que demanda nuestro dinero antes de permitirnos hacer parte.

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2. ¿Qué es “sostenible”?

El adjetivo “sostenible” se desprende de “desarrollo sostenible”, un concepto que la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, establecida por la ONU en 1983, definió como: “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”.

De acuerdo con los profesores Manuel Rodríguez Becerra y María Alejandra Vélez, editores y compiladores del libro Gobernanza y gerencia del desarrollo sostenible (2018), el concepto se originó “a raíz de la crisis social y ambiental del modelo económico basado exclusivamente en la idea de crecimiento”, y cobró especial importancia en 2015 cuando la ONU promulgó los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 17 metas que abordan el desarrollo sostenible de “forma holística”, teniendo en cuenta sus dimensiones económica, social y ambiental “a partir de la premisa según la cual el planeta tiene unos límites ecológicos que se deben respetar como condición para hacer viable la vida, en todas sus formas, y además garantizar a la especie humana una vida digna”. 

Entonces, “sostenible” hace referencia a prácticas económicas, sociales y ambientales a través de las cuales se reconsidera y se redirige el desarrollo teniendo en cuenta la preservación del medioambiente y la dignidad de las personas para apartarse del crecimiento económico como única meta. Todo, como la misma palabra lo indica, procurando sostenerse a futuro sin menoscabar las posibilidades que el medioambiente y las otras personas tienen de sostenerse también.

En el caso de la moda, el adjetivo sostenible está relacionado con desviarse del camino cíclico y efímero que mencionamos en la pregunta anterior, y tomar acciones hacia aumentar la vida útil de las prendas, reducir el impacto ambiental que conlleva su manufactura y reconocer justamente el trabajo de quienes las producen, entre otros campos.

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3. ¿De qué sirve que la moda sea sostenible?

Uno de los modelos de negocio más rentables y populares en la industria de la moda es la moda rápida, una dinámica que prioriza radicalmente la eficiencia en la producción de prendas con el fin de ofrecernos productos nuevos cada pocos días y precios muy bajos.

La moda rápida, fast fashion, se alimenta a partir de lo que el sociólogo Salazar llama “una promesa de libertad”: la idea de que el consumo nos permite renunciar a las ataduras de la clase social, el género, la raza, etc., y “formular nuestra identidad a través de la estética”.

Gracias a la moda rápida, que ofrece una oferta tan cómoda, amplia y sobre todo novedosa, primero opera el deseo de sabernos dueños de algo, y después (o tal vez, nunca), la necesidad de reemplazar una prenda que ya no es útil. Esta producción acelerada facilita que los compradores entren en una dinámica frenética de sumar ropa nueva, linda y barata, y que ignoren la otra cara de este modelo de negocio: cuando la única prioridad es producir, se pueden descuidar el pago justo a los trabajadores, el manejo de los desechos derivados de la producción y la calidad de las materias primas.

En ese sentido, que la moda sea sostenible sirve para cuestionar un modelo de negocio que en esencia está programado para tomar recursos y nunca mirar atrás, y plantear otros caminos: una industria que se preocupa por la cantidad de recursos que toma o el impacto que genera sobre estos, y a la larga, por aprovecharlos de manera más justa. También sirve para que nosotros (los consumidores), que entramos a jugar casi al final del partido, cuando la ropa ya está colgada en la tienda, cuestionemos las prácticas que estamos apoyando cuando compramos algo y si deberíamos gastar nuestro dinero en otro lugar.

4. ¿De dónde salió la idea de que la moda debería ser sostenible?

De hechos y estadísticas que dan cuenta del impacto que la industria tiene en el planeta y en quienes lo habitamos.

Empecemos por los hechos: el 24 de abril de 2013, Rana Plaza, un edificio que alojaba varias fábricas textiles y otros espacios en Dhaka, Bangladesh, se derrumbó luego de haber presentado grietas el día anterior. El diario El País reportó que los trabajadores habían sido obligados a volver a sus labores pese a las condiciones del edificio, y hoy, casi siete años después, se estima que más de 1.100 personas murieron y que cerca de 2.500 resultaron heridas. Según The New York Times, al menos 26 marcas estaban vinculadas a las fábricas que quedaban en Rana Plaza. Varias tienen presencia y distribución en Colombia.

Las estadísticas son igualmente contundentes: en 2018 la ONU afirmó que la producción de textiles generaba más gases invernadero al año que todos los vuelos internacionales y el comercio marítimo combinados y en 2017 la Fundación Ellen MacArthur estimó que el lavado de ropa hecha de materiales como poliéster, nylon y acrílico libera cerca de 500.000 toneladas de microfibras plásticas en los océanos.

Sin embargo, es importante saber que las estadísticas y la industria de la moda no siempre se llevan bien, y que hay que acercarse a este terreno con una ligera dosis de escepticismo. En el artículo “The Biggest Fake News in Fashion”, Vanessa Friedman, directora de moda y crítica de moda en jefe de The New York Times, trata de rastrear de dónde salió la idea de que la industria de la moda es “la segunda que más contamina”, una afirmación dramática que se suele usar para condenar las malas prácticas ambientales en el sector. Luego de saltar entre diseñadores, profesores y hasta un director de cine, Friedman concluyó que la frase salió de un reporte que “ha desaparecido desde entonces” y que instituciones y personas que replicaron la información han decidido retractarse.

El asunto es que a pesar de la desinformación y la falta de rigor que acompaña parte de lo que se dice sobre la industria, aportar sostenibilidad a la moda no es un capricho. Deriva de hechos catastróficos y dinámicas profundamente injustas que, en beneficio de intereses económicos, no suelen ser consideradas en su justa proporción o son ignoradas por la gran mayoría de consumidores. Y si por años hemos comprado a ciegas ignorando toda esa información, ahora que la conocemos –al margen de imprecisiones y exageraciones– no podemos seguir siendo del todo indiferentes a ella.

5. ¿Qué es y qué no es moda sostenible?

Es riesgoso definir la moda sostenible. No solo porque existen muchas maneras de abordar la sostenibilidad, sino porque las marcas tienen cadenas de producción larguísimas que muchas veces no se pueden rastrear, y en esa medida, muchas veces no se puede asegurar que sus procesos sean sostenibles.

En términos muy generales podríamos decir que la moda sostenible es la que produce prendas de vestir teniendo en cuenta la preservación del medioambiente y la dignidad de las personas, y que es un segmento de la industria que no tiene como única meta vender, vender y vender, de modo que puede invertir más en la calidad de sus materias primas y procesos. Sin embargo, como decíamos antes, la industria de la moda es enredada y hacer que sus procesos sean sostenibles puede ser igualmente enredado. Es necesario “desmantelar algo de su complejidad”, como la profesora Kirsi Niinimäki afirma en su libro Sustainable Fashion: New Approaches. En el texto, Niinimäki redondea tres momentos donde es posible actuar: la manufactura, el uso y la eliminación de las prendas. De cada momento se desprenden acciones que a su vez pueden dar pie a más acciones, así que al final todo termina viéndose como una red de túneles a la que cada diseñador, productor o consumidor decide si enfrentarse o no.

Moda Sotenible

El asunto es que, como consumidores, enterarnos de qué marcas son sostenibles o no depende únicamente de lo que las marcas quieran comunicar, y ahí es donde se complica saber qué es moda sostenible y que no.

Los problemas suelen empezar con el greenwashing o lavado verde, una estrategia que tiene como objetivo apelar al interés de los consumidores en la sostenibilidad para venderles productos que en realidad no son sostenibles. Para Niinimäki, el greenwashing empieza cuando la sostenibilidad se aborda desde un “enfoque demasiado estrecho”. Por ejemplo: si una marca de moda rápida usa bolsas de papel en vez de bolsas plásticas, “la lógica del negocio no cambia con este pequeño detalle. Los valores de la compañía tienen que tener raíces profundas en la sostenibilidad y sus principios deberían ser incluidos e implementados sustancialmente en todos los niveles y funciones”.

Angélica Salazar, coordinadora del movimiento Fashion Revolution para Colombia, asegura que cuando una marca hace algún esfuerzo por ser sostenible “sugerimos que el consumidor investigue un poco para verificar si tiene planes adicionales para ser más sostenible en el largo plazo. ¿Está realmente la empresa comprometida a seguir así o es solo una oferta única? ¿Se han comprometido con objetivos futuros como la reducción de su huella ambiental, la obtención de certificaciones o han dado algún paso hacia la neutralidad climática?”. Son preguntas que los consumidores debemos hacer, y cuya respuesta depende completamente de la transparencia de las marcas. Existen algunas herramientas que ayudan a adelantar la tarea, como el Fashion Transparency Index, de Fashion Revolution.

6. ¿Cómo sé si una marca está siendo transparente?

Como al menos en Colombia no existen normas que exijan y regulen la sostenibilidad en la industria de la moda, la única manera de tener una suerte de garantía sobre los procesos de una marca es a través de los sistemas de certificación: auditorías hechas por terceros para garantizar que una marca realiza cierto procedimiento de una manera específica. En lo que respecta a la industria de la moda, existen varias, como Fairtrade, que vela por el bienestar económico de los pequeños productores de varias industrias y el Global Organic Textile Standard, que mide y certifica la “condición orgánica de los productos textiles”.

Estos sistemas de certificación son procesos que llevan a cabo terceros y que cuestan dinero. De ahí que los productos que los han obtenido cuesten más, y que la sostenibilidad genere mercados de nicho a los que solo un segmento de la población pueda acceder. Sobre esto vamos a hablar más en concreto en la pregunta número 8, pero aguanta preguntarse por qué la transparencia en la sostenibilidad está sujeta a la vigilancia de terceros que se lucran de tal evaluación. Como ocurre en otros campos, ¿no debería haber instituciones públicas que se encarguen de examinar los procesos de industrias como la de la moda? Digo, si es una industria que contamina, propicia la desigualdad y alimenta un modelo económico que no es sostenible a largo plazo, tal vez debería ser una prioridad para los gobiernos, ¿no?

7. ¿Tengo que comprar ropa etiquetada como sostenible para contribuir a que la moda sea sostenible?

¡No! Uno de los problemas más grandes que la industria textil ha generado y que la sostenibilidad pretende abordar es el consumo masivo de ropa, que a su vez ha derivado en que haya demasiada ropa en este planeta y en nuestros armarios, y en el desperdicio de los recursos que se invierten en producirla.

Teniendo en cuenta cómo funciona la moda rápida (ver punto 2) lo más orientado hacia el desarrollo sostenible sería no comprar más ropa a menos que sea necesario: cambiar el orden de los factores para que el deseo de ser dueños de algo aparezca una vez se presente la necesidad de reemplazar una prenda que ya no es útil. Que el placer de tener un armario lleno de objetos bellos que nos pertenecen y que prueban cuán superiores somos, se convierta en el placer de tener un armario lleno de objetos con un origen que garantice su durabilidad y su permanencia en nuestras vidas, y no nuestra “superioridad” frente a los demás.

La profesora Niinimäki, autora del libro Sustainable Fashion: New Approaches, afirma que el impacto ambiental de las prendas y los textiles no termina cuando salen de la fábrica: la fase de uso, que implica mantener la prenda hasta que deje de ser útil o nos deshagamos de ella, también genera un impacto ambiental “relativamente grande” que convierte al consumidor en un actor importante en esta ecuación. Entre otras cosas, Niinimäki propone “invertir en prendas con significado” con las que podamos crear un vínculo emocional que nos motive a cuidarlas, usarlas y conservarlas por más tiempo, y en dedicarle tiempo al mantenimiento y reparación de las prendas que ya tenemos. Esto último implica, como aclara Salazar, el sociólogo, contemplar otras maneras de “entender nuestra relación con los objetos” y hacerse preguntas “desde la creatividad” para prolongar el uso que le damos a la ropa.

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8. ¿Qué pasa si, a pesar de que entiendo la importancia de la moda sostenible, decido comprarle a marcas que no son sostenibles?

Nada, y de hecho hay algo de teoría detrás de esa decisión: de acuerdo a Salazar, nos encontramos en un momento de “transición paradigmática” entre entender la moda y el consumo como libertad, y entender la moda y el consumo como una amenaza. El asunto está en que esa transición no implica que un paradigma anule al otro de un día para otro, así que, por ahora, coexisten en tensión: mientras la moda rápida nos ofrece la posibilidad de cumplir nuestros sueños estéticos de manera fácil y barata, la moda sostenible nos hace preguntarnos cómo cumplir esos sueños sin comprometer las necesidades del futuro.

Es una paradoja del deseo y el deber, que en palabras más simples explica por qué usted sigue comprando algunas prendas que se llenan de huecos en dos semanas, mientras se preocupa por comprar otras prendas hechas con fibras de calidad. Ahora bien, si se encuentra en esa encrucijada es porque tiene la posibilidad de escoger qué comprar. Deténgase y reflexione sobre sus opciones, y como decía en la pregunta anterior, trate de invertir el orden en el que opera su deseo.

9. ¿Y si solo me alcanza para comprar marcas que no son sostenibles?

No todo el mundo tiene la información, el tiempo ni el dinero para reconocer la importancia de la sostenibilidad ni mucho menos para hacer de ella una prioridad. Nuestra vida transcurre mientras intentamos resolver problemas mundanos e inmediatos de manera fácil y barata, y aunque deberíamos, no estamos obligados a considerar el impacto que generamos mientras tanto ni vamos a ir presos por no hacerlo.

Dicho de otra manera, para entender qué es la sostenibilidad, por qué es importante y qué se necesita para ponerla en práctica, necesitamos acceder a cierta información que a su vez requiere de herramientas para ser comprendida: necesitamos una conexión a internet, un computador o celular para entrar a Bacánika, el interés para hacer clic en el título de este artículo y el tiempo para sentarnos a leerlo. Es “una tensión entre la masificación de los productos sostenibles y quienes pueden acceder a ellos”, como explica María Alejandra Vélez, coautora del libro Gobernanza y gerencia del desarrollo sostenible y profesora asociada de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Los productos sostenibles pertenecen a un nicho, lo que quiere decir que solo están dirigidos a satisfacer las necesidades de un segmento de la población y que más que la regla, son una excepción. En esa medida, es comprensible que no esté dentro de las posibilidades de todos comprometerse con la sostenibilidad y que todos los estilos de vida todavía no estén en línea con este nuevo paradigma. Como decíamos antes, nadie va a ir a la cárcel por eso.

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10 ¿Contribuir a que la moda sea sostenible me da la autoridad para juzgar a las personas que no están haciendo nada al respecto?

No, no y no.

Piense en las bolsas o en los pitillos plásticos. No es un secreto de estado que son objetos que se desechan después de un uso muy corto y que tardan años en biodegradarse, y aún así se siguen fabricando, vendiendo y usando. Pero recuerde lo que hablamos en la pregunta anterior: no todo el mundo tiene la posibilidad de considerar una alternativa para el plástico de un solo uso, y eso no los convierte en genocidas o en los responsables de la extinción de la vaquita marina.

Tratar de cambiar el comportamiento de los demás es un acto de superioridad moral. Aunque no hay duda de que estamos sumergidos en una crisis ambiental y social, y de que la industria de la moda tiene buena parte de la responsabilidad, el acto de comprar ropa y usarla es emocional y complejo, y está protagonizado por seres igualmente emocionales y complejos que no van a cambiar solo porque alguien les diga que deben cambiar. En ese sentido, quienes han asumido una responsabilidad moral e intelectual frente a la moda sostenible y se han armado de todos los recursos para demostrar su importancia, deberían educar sin juzgar, y hacer las preguntas sin señalar los defectos.

El privilegio de contar con la información y los recursos para tomar decisiones de consumo más amigables con el medioambiente y más justas con los que participan en la cadena de producción puede ser una oportunidad para exponer estos puntos y sensibilizar a otros, pero también puede ser un mecanismo para subrayar diferencias con quienes no lo hacen; una forma distinta de estatus, que no está basada en la estética sino en la superioridad moral y que algunos exhiben con arrogancia regañona en redes sociales. Lograr un impacto sustancial en estas formas de consumo masivo es complejo si pocos podemos acceder a estas prendas, pero exigir a otros que lo asuman como un imperativo es poco consciente de las necesidades, prioridades y recursos de la gran mayoría de las personas… ahí radica la tensión y lo que nos lleva a nuestro siguiente y último punto.

11 ¿La moda puede ser sostenible?

Quienes usamos ropa estamos unidos por ella. No solo porque nos ayuda a transitar más fácilmente por el mundo, sino porque el acto de vestir genera en nosotros emociones y conductas que están entretejidas en nuestro funcionar individual y colectivo, y que por eso mismo inciden en qué tan éticamente acertadas son nuestras decisiones. En ese sentido, mientras nuestras decisiones sigan estando guiadas por emociones, por el deseo de poseer lo bello, por el valor que le damos a la propiedad y por el sentido de superioridad que nos da el consumo, la moda no podrá ser sostenible.

Si algo es seguro en el mar de interrogantes y enredos que envuelven a la sostenibilidad, es que no será posible tener una industria sostenible mientras la gran mayoría de la población solo tenga recursos para comprar la ropa más barata y mientras existan marcas que se atiborran los bolsillos con esa falta de recursos al producir y vender la ropa más barata. La conclusión será la misma mientras no se facilite el acceso a los productos sostenibles y su uso no se normalice.

Entonces, no. La moda no puede ser sostenible en este momento. Que pueda serlo más adelante dependerá de cómo interpretemos momentos como este, donde el cielo sigue sobre nuestras cabezas a pesar de que las tiendas de ropa están cerradas en buena parte del mundo y muchas personas están en casa con varios días utilizando el mismo suéter y cero pares de zapatos. Dependerá de qué tan dispuestos estemos a cambiar nuestros hábitos de consumo o a continuar con los que hemos adquirido gracias a la cuarentena, y a cuánto queramos cuestionar el capitalismo y sus maneras de sobrevivir incluso a una pandemia.

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