La ilustración de la naturaleza

Una fotografía de altísima resolución no capturaría con la exactitud de un ilustrador científico los detalles más íntimos de la naturaleza. 
¿Por qué hoy, en la época del esplendor de la tecnología, el dibujo sigue siendo fundamental para las ciencias?

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n su rutinaria jornada laboral, una colonia de hormigas obreras camina en fila por un árbol del bosque tropical antioqueño. De pronto, una de ellas cae al vacío y pierde el rumbo. La hormiga empieza a deambular como un zombi. Se mueve desorientada hacia la luz que se filtra por el dosel, hasta que un extraño impulso interior la fuerza a anclar su mandíbula en la hoja de una planta. El insecto muere al instante. Y a los pocos días, como si fuera una espada que traspasa las entrañas de la hormiga, un hongo afilado perfora su cabeza.

La ilustradora Erika Torres dibuja el perverso ardid de este hongo Cordyceps. La estrategia de este hongo consiste en secuestrar el sistema nervioso de una hormiga y obligarla a dirigirse hacia un lugar alto y luminoso. Allí la asesina: horada la cabeza, el tórax y el abdomen, y hace del cadáver del insecto su nueva morada, desde donde lanzará las esporas para contagiar a nuevas víctimas.

“Es poético y a la vez macabro”, exclama Erika mientras raspa con un punzón la cera que cubre la placa de aluminio de su próximo grabado. “Se conoce como el hongo que convierte en zombis a las hormigas”.

El dibujo de Erika es una ilustración naturalista. A diferencia de la ilustración científica, este tipo de representaciones se toma libertades en cuanto a color y forma. Su objetivo es retratar con detalle aquello que se observa: la piel de un leopardo, el rostro de un zorro, los diversos colores de un ave, un hongo que asesina hormigas. En cambio, la ilustración científica plasma visualmente un concepto técnico, con rigor y claridad. Requiere investigación y documentación, una ingeniosa labor de síntesis y la orientación permanente del investigador. La encontramos en astronomía, en biología, en física, en geología, en paleontología, en antropología, en arqueología, y es fundamental para la comunicación y la divulgación de todas las ciencias

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// Ilustración: Mónica Betancourt //


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// Ilustración: Erika Torres //

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// Ilustración: Adriana Sanín. Herbario, Universidad de Antioquia. //

Si la tecnología permite obtener cientos de imágenes en poco tiempo y a altísima resolución, ¿qué revelación sobre la naturaleza, que no logre capturar una cámara, puede hacer un dibujo a mano?

Natalia Uribe, bióloga de la Universidad de Antioquia y docente de ilustración científica en la misma universidad, aclara esta inquietud con una frase precisa: “El fotógrafo captura lo que ve. El ilustrador, en cambio, dibuja lo que ve, lo que no ve y lo que el científico sabe”. Es decir que la ilustración científica conjuga la precisión de la ciencia con la interpretación artística: puede simplificar detalles que no son fundamentales en una especie y asimismo resaltar aquellos rasgos íntimos de la naturaleza que pasarían desapercibidos, incluso, ante el lente más afinado. En palabras de Natalia, “la cámara solo te muestra lo que ve”, pues carece de las habilidades interpretativas del artista.

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// Ilustración: Adriana Sanín. Herbario, Universidad de Antioquia. //

Adriana Sanín y Diego Zapata son ilustradores del Herbario de la Universidad de Antioquia. Su espacio de trabajo se encuentra junto a una despensa botánica conformada por centenares de cajones pequeños que albergan más de 200.000 especímenes de plantas, hongos, musgos y líquenes, principalmente de Antioquia. Esta gran biblioteca de la flora antioqueña se ha abastecido a lo largo de cinco décadas y aún sigue creciendo. “Este año dos compañeros han descubierto diez especies nuevas de plantas del género Schefflera”, anota Diego.

Cada uno de los dibujos científicos de Adriana y Diego debe ser estrictamente revisado por un investigador. En palabras de Diego, “ilustrar científicamente es como hacer el retrato de una especie a partir de la información que existe, más lo que el investigador ve en sus expediciones”. El biólogo sale a campo y trae datos, fotografías, videos y bocetos propios. La misión del ilustrador es transformar toda esa información en una imagen. “Uno es como el traductor de lo que el biólogo ve y también de lo que no puede ver, pero sabe”, explica Diego.

Ellos, como parte de su trabajo, también hacen dibujos para la divulgación: “Hacemos afiches, imágenes para seminarios y congresos, e-cards, diseñamos la agenda de la universidad”, cuenta Adriana, y apunta que las técnicas más comunes en los dibujos de publicaciones académicas son el puntillismo y la acuarela. En cambio, la ilustración de interés divulgativo tiene más libertad para explorar en pigmentos, formas y texturas: usa libremente lápices de colores, grafito, tintas chinas, ecoline, pinturas, grabados y dibujo en programas especializados para el diseño.

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// Ilustración: Adriana Sanín. Herbario, Universidad de Antioquia. //

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// Ilustración: Diego Zapata. Herbario, Universidad de Antioquia. //


La ilustración es fundamental para las ciencias porque revela detalles que la fotografía es incapaz de mostrar. Si tuviéramos que imaginar los dinosaurios únicamente a partir de las imágenes de los hallazgos fósiles, jamás habríamos visto la piel escamosa de estas bestias prehistóricas ni sus plumas de colores, sus ojos iridiscentes, su lengua puntiaguda ni las babas que humedecen su dentadura tenebrosa. “Solo podríamos pensar en un montón de huesos en la tierra”, apunta Natalia Uribe, y afirma que por eso es fundamental el ejercicio de recreación que permite el dibujo.

Una cámara con un teleobjetivo de 500 mm podría retratar el rostro de un ave durante su vuelo, pero la nitidez de una imagen no es suficiente para la ciencia. Como lo explica Adriana Sanín, una fotografía captura un momento particular de la vida de una especie, bajo determinadas circunstancias ambientales y de alimentación.“En cambio nosotros, en un solo dibujo, hacemos el animal perfecto: en la posición necesaria para describirlo, con los colores que son y no con los que permite la luz, con las formas precisas de cada una de sus partes; podemos ir de lo micro a lo macro y hacer lupa en sus rasgos esenciales”.

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// Ilustración: Diego Zapata. Herbario, Universidad de Antioquia. //

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// Ilustración: Diego Zapata. Herbario, Universidad de Antioquia. //

La ilustración de la naturaleza es una práctica antigua y no siempre se ha trabajado con el rigor de la ciencia. Las pinturas rupestres de Altamira, de hace más de 15.000 años, no tienen rigor académico, pero enciclopedias antiguas como la Historia Natural de Plinio “El Viejo” nos demuestran que, desde hace más de dos mil años, el hombre ha obedecido a la necesidad de describir, comprender, dominar y capturar, de la manera más fidedigna, la naturaleza.

Marie Joelle Giraud López es una paleoilustradora colombiana que se ha especializado en la reconstrucción científica de las formas de vida en el pasado prehistórico. A través de su blog enseña que el arte del Paleolítico nos permite entender cómo el hombre ha evolucionado en sus modos de representar a los animales en el entorno de lo humano, y cuenta que en los trabajos del hombre prehistórico, grabados sobre roca y en huesos de animales, ya “se evidencian acciones como correr, mover la cola o desplazarse”.

Un dibujo memorable de la historia es el rinoceronte del alemán Albrecht Dürer, ilustrado por el artista sin siquiera haber visto al animal. Dürer hizo este dibujo con base en un boceto y algunas descripciones que recibió en una carta. El grabado del rinoceronte, que hoy se encuentra en el Museo Británico de Londres, trae una inscripción con algunos detalles que le sirvieron de guía al artista: “Tiene el color de una tortuga moteada y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas (…)”.

Uribe explica que no hay un momento puntual de la historia en el que se diga “esto ya es ilustración científica”. La ilustración naturalista surge de las grandes expediciones. En sus cuadernos, los viajeros plasmaban gráficamente los hallazgos más exóticos del nuevo mundo, pero los dibujos se fueron especializando y empezaron a adoptar el rigor de la ciencia.

A finales del siglo xviii, José Celestino Mutis formó una corte de ilustradores criollos cuya misión era pintar todas las plantas del Nuevo Reino de Granada, desde la hierba más modesta hasta la flor más extraordinaria. Gracias a ello, los millares de láminas dibujadas y coloreadas en la Expedición Botánica ya nos muestran rasgos de lo que hoy conocemos como ilustración científica. Asimismo, en sus expediciones por América, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland llegaron hasta el volcán más alto del mundo conocido hasta entonces, el Chimborazo, y anotaron las especies vegetales que encontraban a medida que cambiaba la altura. Sus hallazgos fueron consignados en el Ensayo sobre la geografía de las plantas y el rigor descriptivo, sumado a la precisión de los datos, les da a sus dibujos el carácter de ilustración científica.

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// Ilustración: Natalia Uribe Macías //

La etiqueta #Ilustracioncientifica en Instagram arroja más de 7000 resultados. Hay aves, caballos, tarántulas, ranas, gallos, pelícanos, escarabajos, helechos, monsteras, cactus y flores. Y es que hoy, la ilustración científica se ha puesto de moda, pero “no cualquier dibujo de un ave posando bonito es una ilustración científica”, expresa Erika Torres, y afirma que si un dibujante no es estrictamente fiel a los rasgos del espécimen que ilustra, se está inventando un nuevo animal o planta y su trabajo ya no tiene el rigor de la ciencia.

Erika tiene una gran afición por la ilustración de animales, especialmente de insectos. Ha tenido en sus manos escarabajos, mantis religiosas, mariquitas y mariposas. Algunas veces dibuja por puro placer, otras por cuestiones de trabajo, y entre varias obras de su catálogo están la rana Hyloscirtus antioquia, la polilla Copaxa sapatoza, una Buprestis sanguinea y el mosquito Sabethes cyaneus, considerado el más hermoso del mundo. “Uno se imagina que ese animalito es sencillo de ilustrar pero es muy complicado”, dice. Para dibujar ese mosquito, además de lápiz, colores y papel dúrex, tuvo que respaldar su intuición de artista con la experticia del entomólogo Duverney Chaverra. “¡Y pilas con el órgano bucal!”, “¡y cuidado con ese abdomen, que está muy gordo!”, le advertía el experto que la guio en cada uno de los detalles anatómicos del insecto.

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// Ilustración: Erika Torres //

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// Ilustración: Erika Torres //

La ilustración científica se hace principalmente en los herbarios y en las facultades de ciencias de las universidades, pero también es un nicho para los dibujantes independientes. Una ilustración de este tipo puede costar entre $200.000 y $500.000. “Cuando vos vas a cobrar tenés que tener en cuenta varios factores, como la complejidad de la ilustración, si es naturalista o científica, la figura de la especie o el ecosistema, la información y la técnica”, cuenta Erika. El fin también justifica los precios: “No es lo mismo alguien que te la encarga porque la quiere en su casa, que alguien que la va a publicar en una revista de divulgación, en un libro, o una empresa de fondos privados”.

Ilustración científica, naturalista, botánica, astronómica, paleontológica, médica, divulgativa, arte botánico o zoológico, en cualquiera de sus formas, aunque tiene sus propias técnicas y condiciones, concilia el arte y la ciencia; su fin es, en todos los casos, comprender, explicar, interpretar y representar la infinita complejidad de la naturaleza.
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