Vampirismo, niñeras fantasma, mujeres lobo y Poe

Porque no solo de vampiros vive el miedo, estos seis relatos clásicos -que de todas formas incluyen a Drácula- son un buen recordatorio de nuestros temores más básicos y primigenios.

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ntes del cine, las series de televisión y los vampiros adolescentes, fueron los libros. A partir de fines del siglo XVIII, con la aparición de la novela gótica en Inglaterra y el segundo romanticismo en Alemania, la literatura de terror se va convirtiendo en un género popular, consumido y producido masivamente por cientos de escritores y lectores. Es como una fiebre: todo aquello que habla de las pesadillas nocturnas que la Ilustración dejó por fuera de sus dominios, fascina a la sociedad europea y le hace ver que la razón no es tan omnipotente como parece.

Los sueños, la muerte, los demonios, fantasmas, hombres lobos y vampiros pueblan las páginas de los libros y aterrorizan a quienes se atreven a leerlos en plena noche. Y así, hasta hoy, el hombre goza -y se estremece- al asomarse a los pozos oscuros de su inconsciente, de sus temores, de los seres que habitan lo invisible.

A continuación, una selección caprichosa de libros y cuentos fundamentales para adentrarse en la literatura de miedo de los últimos dos siglos.

“El lobo blanco de las montañas Hartz” de Frederick Marryat (1836)
El encanto de los hombres lobo viene de su cercana posibilidad de existencia. Es decir: a diferencia del vampiro (que, hay que decirlo, es un ser más bien elitista y lejano), el hombre lobo parece estar presente en casi todos los campos de Europa, devorando rebaños y atormentando campesinos. Su naturaleza dual lo convierte en una especie de primo salvaje que genera sensaciones ambiguas: compasión y miedo, piedad y odio, lástima y rechazo. El hombre lobo es el símbolo de todo el salvajismo que llevamos dentro. En este cuento, el primer gran clásico sobre hombres lobo, una mujer es el monstruo (mujer lobo) que amenaza de cerca las vidas de los hijos de un campesino que, por error, ha terminado casándose con ella. El ambiente -la profundidad de la Selva Negra-, las descripciones de los personajes, la extraña relación que desde el principio establece la mujer con su nueva familia, el ritmo lento del escritor mientras hace que aumente el terror, hacen de este un cuento una referencia infaltable en la literatura de miedo.

Si le gusta este, también le podría gustar: El hombre lobo también ha tenido su momento de gloria gracias al cine. Vale la pena destacar las diversas interpretaciones de Lon Chaney Jr. en la piel del licántropo: El hombre lobo (1941), Frankenstein y el Hombre Lobo (1943) o Abbott and Costello meet Frankenstein (1948).

El cuento “El lobo hombre” (1948), del escritor francés Boris Vian, es una interpretación al revés de la leyenda del hombre lobo. Su protagonista, Denis, es un lobo decente y bien comportado que, tras ser mordido por El Mago del Siam, se convierte en hombre las noches de luna llena. Y, siendo hombre, conoce la violencia, la sed de venganza, la lujuria y el gusto de la sangre (y le queda gustando). Porque la bestia, casi siempre, ya habita en nosotros, los humanos.

Recomendadísimo el libro Historia de los hombres lobo (2017), del argentino Jorge Fondebrider, publicado por la editorial colombiana Luna Libros. Es un recuento histórico de las leyendas, mitos, rumores, informes oficiales, películas y cuentos sobre la tradición de los licántropos. El libro es ameno, extenso y fascinante. Ojo a la parte sobre los niños lobo reales, esos huérfanos criados por animales que en cierto momento aparecieron como una plaga por todo Europa.

“Los hechos en el caso del señor Valdemar”, de Edgar Allan Poe (1845)
Uno de los mejores cuentos de uno de los mejores escritores de terror de todos los tiempos. Y no es una exageración. Poe, en sus cortos cuarenta años de vida (1809-1849), logró unir unos elementos que le dieron un nuevo rumbo a la literatura de miedo: la psicología, los ambientes siniestros, el gusto por lo retorcido, la convivencia con la muerte y una prosa elegante. No es poca cosa. En este cuento, un hombre es hipnotizado en el momento mismo de su muerte para ser mantenido en una suerte de semi-existencia que no es ni de acá ni de allá.

Si le gusta este, también le podría gustar: Poe. Poe no se parece a nada ni a nadie. Si le gustó este cuento, la recomendación es seguir con todos los demás. Y si lo lee en español, que sea la traducción de Cortázar.

Recomendada la biografía de Peter Ackroyd, Poe (Editorial Edhasa): breve, bien documentada e ideal para iniciarse en la vida trágica y dolorosa de este escritor.

“La historia de la vieja niñera”, de Elizabeth Gaskell (1852)
Una clásica ghost story inglesa, con todos los ingredientes que hicieron de este género uno de los más populares en la Inglaterra victoriana: una casa alejada en medio del páramo, una maldición familiar, niños fantasmas, asesinatos a traición, envidias; todo, narrado desde el recuerdo de una vieja niñera, algo así como una abuelita contando un cuento antes de dormir.

Si le gusta este, también le podría gustar: Cualquier buena historia de fantasmas. Casi todos los grandes escritores ingleses del XIX las escribieron: Charles Dickens (“El guardavía”), R.L. Stevenson (“El fantasma de Janet”), Oscar Wilde (“El fantasma de Canterville”), Charlotte Brönte (“Napoleón y el fantasma”), por mencionar a cuatro de los más famosos. Sin embargo, vale la pena acercarse a la obra de dos desconocidos: Joseph Sheridan Le Fanu, uno de los más prolíficos del género (autor, además, de Carmilla, un clásico de vampiros medio lésbico, y de “Schalken el pintor”, un cuento inquietante sobre satanismo); y, sobre todo, M.R. James, quien llevó al típico fantasma de sábana blanca en la cabeza un paso más allá y lo transformó en un ser grotesco y abominable (también tiene uno de vampiros que no falta nunca en las antologías, El conde Magnus).

Del siglo XX, hay que destacar dos nombres de mujeres: Angela Carter (1940-1992) y Shirley Jackson (1916-1965). Los cuentos completos de la primera están publicados en español en una bella edición de Sexto Piso, Quemar las naves, en la que aparece su libro Fantasmas americanos y maravillas del Viejo Mundo, donde mezcla historias de fantasmas con influencias del folclor y los fairy tales. De la segunda está de moda la serie Haunting of Hill House, de Netflix. Y sí, la serie es muy buena. Logra conectar el terror sobrenatural con las más profundas expresiones psíquicas de pulsiones anormales y obsesiones personales. Además, a la mejor manera del gótico, transcurre, al menos en parte, en una casa embrujada. Recomendado, también, el cuento “La lotería”, un ejemplo magistral de terror sicológico, publicado en 1948 en The New Yorker, el cual generó, en su momento, una oleada de críticas y quejas a la revista por parte de la más morronga parte de la sociedad norteamericana.     

Drácula, de Bram Stoker (1896)
Esta es la novela que dejó fijada para siempre la imagen que hoy tenemos del vampiro: un noble fascinante y encantador, dueño de una sensualidad que ya quisiera la mejor literatura erótica. Y, además, una de las obras más bellas de la literatura occidental, según Oscar Wilde.

Si le gusta este, también le podría gustar: Hay cientos de películas de vampiros que están, en mayor o menor medida, inspiradas en la novela de Stoker. Desde la alemana de 1922 dirigida por F.W. Murnau, Nosferatu, hasta la magnífica Nosferatu, el fantasma de la noche, de Werner Herzog (con Klaus Kinski como Drácula, una joya), pasando por todas las cursilerías de adolescentes y las mediocres sagas de Hollywood en las que los vampiros parecen superhéroes (sí, las insufribles Underworld). Es popular la de Coppola, con Gary Oldman como el vampiro: se ciñe bien a la novela y tiene algunas imágenes impactantes (la escena de la orgía entre Jonathan Harker -Keanu Reeves- y las esposas de Drácula es escalofriante).

Sin ser buena, es entretenida la película Van Helsing (2004), una historia desde la perspectiva del famoso cazador de monstruos, que en esta versión es algo así como el espejo bueno de Drácula. Protagonizada por Hugh Jackman y Kate Beckinsale. En literatura contemporánea -entre miles de obras- vale la pena mencionar Entrevista con el vampiro (1973), de Anne Rice (la película también es buena), y, por supuesto, la mejor antología del género publicada en español: Vampiros (2010, Editorial Atalanta), selección de Jacobo Siruela.

Frankenstein, o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818)
Más que ser una novela de miedo, es una novela triste, conmovedora pero también, claro, terrorífica. El monstruo de Frankenstein, como todos los buenos personajes, logra que sintamos por él verdadero afecto y compasión. El monstruo es un espejo de la humanidad: son las personas que lo rodean quienes lo han hecho así, salvaje y mortal. El verdadero miedo se siente cuando uno se da cuenta de que se identifica más con el monstruo que con el resto del mundo. Además, es un lúcido alegato contra los desmanes de la ciencia. Victor Frankenstein, el doctor, es un científico aventajado y arrogante, convencido de que puede crear vida a partir de cadáveres ensamblados y la aplicación controlada de electricidad. Conoce sus herramientas y las maneja. Es inescrupuloso, como lo son tantas expresiones del ámbito científico. Y el resultado de sus experimentos, ya se sabe, es fatídico. El verdadero legado de Frankenstein hay que buscarlo en la ciencia ficción: sus problemáticas morales, sus especulaciones con los experimentos científicos y sus consecuencias demoledoras ya están, magistralmente expuestas, en la novela de Shelley. En todos los monstruos hay algo de la criatura, así sea tan solo la repulsión que recibe de la humanidad: desde Hulk hasta Chucky, desde Joseph Merrick (El Hombre Elefante) hasta Freddy Krueger.

Si le gusta este, también le podría gustar: Hay muchas adaptaciones de la historia del monstruo al cine, aunque quizás haya tenido menos éxito que su colega el vampiro. La de 1931, Frankenstein, con Boris Karloff, vale la pena. Entre las modernas, hay una de 1994 dirigida por Kenneth Branagh y protagonizada por Robert DeNiro y Helena Bonham Carter.

La serie de televisión Penny Dreadful aborda al personaje del monstruo con mucho acierto, en una historia de amor violenta, vengativa y llena de sangre. Además, la interpretación de Rory Kinnear paga por sí sola ver toda la serie (y la de Eva Green, y la de Timothy Dalton, y la de Josh Hartnet… mejor dicho: hay que verla).

Una de las mejores películas animadas de Tim Burton tiene como protagonista a un perro resucitado por su antiguo dueño. Se trata de Frankenweenie (2012, aunque hay una primera versión de 1984), un regreso del director a su mejor tono gótico para niños (como en el cortometraje Vincent, de 1982, o El cadáver de la novia, de 2005), que oscila entre lo tierno y lo macabro en una recreación moderna del mito de Frankenstein.

Los mitos de Cthulhu (desde 1921 y sigue en construcción), de H.P. Lovecraft
Lovecraft logró la gran revolución de la literatura de terror al entender, mejor que nadie, que en pleno siglo XX, los fantasmas, vampiros y monstruos ya no asustaban a nadie. Ahora había que temerle a todo el cosmos. La astronomía y la física nos enseñaron que el hombre no era más que un simple accidente en el tiempo y el espacio, una pequeña nada que no tenía ninguna importancia. Y este fue el material ideal para que el maestro de Providence creara sus mitos, una galería de seres antediluvianos y eternos, venidos del espacio, dioses espantosos mil veces más poderosos que la humanidad entera. La serie la componen varios relatos y un par de novelas. Dos de ellos para iniciarse: “La llamada de Cthulhu” (1926), donde hace aparición por primera vez el gran sacerdote que espera bajo el mar a ser resucitado, y “El color que cayó del cielo” (1927), un cuento que logra una atmósfera opresiva en una historia ambigua y llena de alusiones que crea una especie de terror indirecto.   

Si le gusta este, también le podría gustar:  La herencia de Lovecraft es inmensa. En el siglo XX su obra ha sido el origen de películas, videojuegos, cómics, novelas, juguetes, juegos de mesa, series de televisión. Incluso, hay toda una escuela de escritores (August Derleth, Stephen King, Neil Gaiman, Ramsey Campbell) que se han dedicado a completar sus mitos, a sumarle más historias a los inventos del maestro.

Tres recomendados de cine: La cosa (1982), de John Carpenter. Nada que decir: su ambiente ártico, el monstruo indefinido que llega del cielo, los científicos, las muertes… puro Lovecraft. Caltiki (1959), una rareza italiana que contiene todos los elementos lovecraftianos en blanco y negro: ruinas, dioses antiguos, investigadores de antigüedades. La otra es Titanes del pacífico (2013), de Guillermo del Toro. Aunque no es una adaptación directa de la obra de Lovecraft, esta película de acción contiene muchas referencias a esta. Del Toro, además, es un confeso admirador del maestro de Providence.



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