Frédéric Tcheng no es un documentalista de moda

Frédéric Tcheng es el nombre detrás del mítico documental de moda Dior and I y uno de los invitados principales al Medellín Fashion Film Festival.

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o es común. No es para nada común que un intruso, un outsider, pueda ver la construcción de una colección de alta costura. Tampoco se ve todos los días que la casa Dior abra las puertas de su taller para mostrar cada decisión, cada color, cada costura. Pero es aún más extraño que alguien tenga una cámara en el momento justo en el que una casa de alta costura recibe a su nuevo director creativo y que pueda quedarse para capturar cada momento, desde la planeación hasta el desfile. No, no es común, pero el realizador francés Frédéric Tcheng lo hizo.

Durante ocho semanas este realizador de  cine francés se convirtió en la sombra de Raf Simons cuando apenas tomaba la dirección creativa de Dior. El resultado es un documental que muestra cómo es para un nuevo diseñador acomodarse a la horma de una leyenda y sacar un desfile impecable en ese proceso.

Hay que saber que Tcheng nunca quiso ser documentalista, y mucho menos documentalista de moda. Su formación estaba más enfocada en construir puentes y sus sueños en realizar películas de ficción, pero su trabajo con diseñadores y editores de moda le ha puesto esa marca que, aún, no se quita. Frente al mundo sigue siendo el realizador que estuvo para retratar uno de los momentos más importantes, celebrados y mediáticos de la moda actual.

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Además de dirigir Dior and I (2014), hizo labores de producción y edición en Valentino: The Last Emperor (2009), y codirigió el documental sobre la legendaria editora de moda, Diana Vreeland: The Eye Has to Travel (2011) en compañía de Lisa Immordino Vreeland y Bent-Jorgen Perlmutt. En los tiempos libres que le dejan los documentales que se hacen entre costuras, revistas y archivos de moda del siglo pasado, ha trabajado en producciones cinematográficas con fotógrafos como Mikael Jansson, poetas como Sarah Riggs, chefs como Georges Perrier y ha editado comerciales para H&M, Jimmy Choo y Ferragamo.

Parte de su éxito como documentalista es que se camufla. Su voz tranquila que habla un inglés preciso con ya pocas marcas del acento francés, su cuerpo delgado y su mirada limpia que observa en imágenes de 35mm, hacen que pueda lograr momentos íntimos. Cuando necesita inspiración la busca en películas como Last Year in Marienbad (1961) y Who Are You Polly Magoo? (1966). Cuando no está detrás de la cámara, disfruta visitando museos, shows de teatro, danza y música en vivo. Le encanta el diseño y uno de sus planes favoritos es ir a comprar muebles. Viajar y salir de Nueva York a campo abierto lo considera una terapia y una actividad necesaria para estar tranquilo. Ahora sus ojos están puestos en trabajos sobre arte y su meta es realizar ficción. 

Este año Tcheng vendrá por primera vez a Colombia a presentar su trabajo más importante hasta hoy, Dior and I, y a comentar su experiencia en este mítico desfile con todos los asistentes a Medellín Fashion Film Festival, un espacio que presenta muestras de cortometrajes y largometrajes que tienen como protagonista el cuerpo, el vestuario y el lujo.

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Una de las primeras cosas que dice la editora de moda Diane Vreeland en The Eye Has to Travel es que para tener una buena vida lo más importante es nacer en Francia. Usted nació también allí, ¿está de acuerdo con ella? 

Es cierto, ella dijo eso. Aunque muchos dicen que es mentira, que lo inventó, que no nació allá. Pero yo no digo mentiras. Nací en Francia y tengo una muy buena relación con mi país. Lo que más me gusta es que puedes ir a ver películas viejas todo el tiempo. Tienen estos pequeños teatros donde siempre hay películas de Scorsese o Bergman, y retrospectivas del cine de todos los tiempos.

¿Por qué cambiar Francia por Nueva York?

Siempre estuve obsesionado con Nueva York, leí bastantes libros sobre la ciudad y percibí que ahí estaban pasando muchas cosas. Representaba para mí la diversidad, mucha vida nocturna, era emocionante. Llegué justo después del 9/11 y la gente estaba más guardada, muchos sitios cerrados, pero igual, siempre me gustaron las grandes ciudades donde puedes hacer tantas cosas, donde puedes estar en barrios muy diferentes y reunirte con personas distintas. Siempre me gustó mucho. 

¿Qué hace que quiera quedarse en Nueva York?

Me gusta que el cielo está siempre azul, no como en París, que siempre está gris.

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¿Cuándo supo que quería estudiar cine?

Empecé a ver películas de forma muy obsesiva cuando tenía trece años. Iba a las bibliotecas donde tenían departamentos de VHS y podía alquilar de todo el mundo. Cada semana me llevaba una o dos películas a casa. Fue mi forma de educarme. El lugar donde crecí, Lyon, era muy tradicional y yo era un adolescente que estaba buscando su identidad y tratando de aceptar que era gay. Poder acceder a películas de todo el mundo realmente me ayudó a viajar mentalmente, a desconectarme y al mismo tiempo conectarme con otras personas, otros estilos de vida, otras culturas, y a darme cuenta de que había un mundo afuera que parecía emocionante. Para mí el cine fue y es la oportunidad de crear intimidad con gente que no conociste, historias que no escuchaste antes. 

Antes de matricularse en una academia de cine aprendió a construir puentes, ¿cómo fue eso?

Empecé a estudiar en París en una escuela de ingeniería muy vieja que fue fundada por Napoleón y se llama L’Ecole Nationale des Ponts et Chaussées (Escuela Nacional de Puentes y Calles), donde aprendes cómo construir grandes infraestructuras. Todos en mi clase terminaron trabajando en finanzas y en bancos, pero yo no quería eso. Yo sabía que quería hacer cine pero igual obtuve mi diploma. Luego me tomé un sabático y me presenté a escuelas de cine y terminé estudiando en Nueva York. 

¿El cine lo impulsó a salir de Francia? 

Quise irme desde muy temprano. Siempre quise salir de mi zona de confort. Pero el cine sí me impulsó porque me mostró otras realidades.

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¿Por qué se interesó por el género documental?

Mi sueño nunca fue hacer documentales. Cuando pensaba en hacer cine siempre pensaba en contar historias de ficción, pero terminé trabajando en Valentino: The Last Emperor cuando aún estaba en la escuela de cine haciendo producción, edición y fotografía, un poco de todo, y ahí aprendí mucho. De alguna manera, por ese documental me fueron llegando más trabajos en esa línea, pero realmente los documentales nunca fueron mi prioridad. 

¿Cuándo alquilaba esos VHS nunca fueron documentales?

No, pero había un programa francés que me encantaba que eran pequeños documentales divertidos, satíricos y sin comentarios. Veías la vida de alguien por diez minutos, se llama Strip-Tease, porque eran personas desnudas de alguna manera. Me gustaba mucho y lo veía todo el tiempo y es básicamente lo que terminé haciendo: documentales sin comentarios, contar historias solamente viendo la vida de alguien.

¿Por qué dice que es non-fashionista?

Me gusta la moda, no me malinterpretes, no me es indiferente, pero no evoluciono en los círculos de la moda. Voy a una fiesta de moda tal vez una vez cada seis meses, pero no voy a las semanas de la moda. Tal vez voy a shows de Raf Simons porque me gusta mucho su trabajo y nos conocemos, pero no es mi mundo. Sé mucho de ese mundo, pero no es el mío.

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Pero aún así la mayoría de su trabajo ha sido observar personajes relacionados con la moda...

Me gustaría empezar a evolucionar fuera de la moda. Estoy haciendo más trabajos sobre arte, aunque no logro despegarme totalmente de la moda. Creo que cuando a la gente le gusta tu trabajo, por ejemplo mis documentales sobre el tema, entonces te van a pedir que hagas más de eso. Me proponen ese tipo de trabajos y muchas veces digo que no porque no quiero estar más ahí. Pero lo que pasa es que a veces llegan con proyectos como el de Dior and I, que tiene una historia maravillosa y con la que me puedo identificar, y no puedo decir que no. Creo que es más por la historia que por el tema de la moda en particular. Para mí lo ideal es enamorarme de la historia, de la persona y  sentir que puedo contar algo muy mío al tiempo que cuento la historia.

¿Por qué cree que es importante documentar la moda?

No sé si es importante, cualquier cosa es importante pienso yo. Puedes hacer una película sobre tu vecino y que sea la mejor película del mundo, no tiene que ser sobre un gran personaje siempre. Es más la forma en la que se hace y si puedes encontrar algo en la historia que se sienta personal para ti como cineasta. Eso es lo que la hace exitosa. 

¿Le interesa que las personas que participan el documental estén contentas con el resultado?

No es una regla definitiva. Es importante sentir que estoy siendo sincero con el tema y creo que si soy honesto con sus historias, las personas estarán felices con la película. Cuando trabajamos con Valentino pasó que él rechazó el documental con mucha fuerza, realmente lo odió, pero luego de unos meses de verlo y de ver cómo reaccionaron las personas, empezó a sentirse muy orgulloso de la película. Pero es, sobre todo, honestidad, que tu conciencia esté tranquila.

¿Qué otros temas está explorando? 

Ahora estoy haciendo documentales sobre arte. Uno, por ejemplo, sobre un museo en el sur de Francia. El arte ha sido como el siguiente escalón en mi carrera, pero hay muchos temas que me gustan. Hace un tiempo estuve haciendo un guion sobre música para una ficción y eso me emociona también.

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En sus documentales la música es muy precisa. ¿Cómo es el proceso para escogerla?

Siempre hay dos partes. Primero escogemos música que nos guste. Por ejemplo, en Dior and I fue una combinación entre lo que a mí me gusta y lo que le gusta a Raf. Él escucha mucha música y sabe mucho, en el taller ponía mucho tecno minimalista y acabamos usando mucho de eso para que se entendiera la atmósfera. Mi editor, Julio Pérez, también trae álbumes que cree que pueden funcionar. El segundo paso es siempre el trabajo con el compositor sobre los ambientes y en los sonidos que van con esos ambientes. 

A Raf Simons le molesta ser estigmatizado como minimalista simplemente por haber estado vinculado a marcas que lo son. ¿A usted le molesta que lo estigmaticen como un documentalista de moda? 

Sí, exacto. Creo que siento algo parecido a Raf. Cuando trabajas un tema, la gente cree que lo quieres seguir hsciendo siempre; pero eso se puede volver muy aburrido, tengo claro que no quiero hacer documentales de moda toda mi carrera. Ni siquiera documentales. Quisiera que me identificaran más como cineasta. Me gustaría hacer ficción, es mi siguiente meta y fue mi sueño inicial. Quiero hacer ficción antes de hacerme viejo. 

¿Cuál es su parte favorita del proceso de hacer un documental?

Me encanta la investigación, leer biografías y ver muchos documentales y películas. También me gusta la parte en la que busco formas de proyectar mi propia historia en la historia de esas personas. 

Hace mucho énfasis en eso, en que es importante proyectar su propia historia en los documentales. ¿Encontró similitudes entre Raf Simons y usted?

Lo admiro mucho, me gusta pensar que tenemos similitudes. Es muy obsesivo, muy reservado. Algunos dicen que es frío y he escuchado eso de mí también, pero ninguno de los dos lo somos. Creo que es más la intensidad que ponemos en el trabajo. Pero digamos que con Raf desde el principio hubo una conexión, no éramos del todo diferentes.

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Dior and I
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Diana Vreeland: The Eye Has to Travel
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Valentino: The Last Emperor

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