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Inglaterra: definiendo (también) el gusto alternativo

IDLES, Jungle, Fatboy Slim, The Libertines y DJ Harvey son algunos de los nombres que, desde la orilla independiente, llevan décadas redefiniendo la música alternativa.  

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Fatboy Slim


Abriremos con una obviedad: Inglaterra es uno de los mercados musicales contemporáneos más ricos y con mayor influencia sobre el gusto particular del escucha promedio. Ha sido de esta manera por más de seis décadas y, al parecer, esta potencia no tiene ningún afán por detenerse. Desde la Invasión Británica, fenómeno particular que “enfrentó” a los dos actos principales de la historia del rock, los Beatles y los Rolling Stone, el país europeo ha exportado actos esenciales que se han convertido en la base de enciclopedias musicales, con un pie en cada uno de los subgéneros que nacen y se bifurcan de las formas básicas del rock y el pop. David Bowie, Pink Floyd, Sex Pistols, Buzzcocks, Oasis, Radiohead, Depeche Mode, Elton John, Gorillaz, entre un centenar de artistas más, han dejado su extraña huella en la cultura pop de manera irremediable, dando forma a un catálogo de éxitos que han ambientado fiestas y celebraciones a lo largo y ancho del globo. 

Sin embargo, aquí hablaremos de la música alternativa. Es cierto que la mayoría de los nombres antes mentados, si no todos, han dado sus primeros pasos en esa extraña orilla del gusto que la industria musical insiste en llamar “alternativa”, esto es, una oposición a los artistas de las disqueras, aquellos que han encontrado un apoyo inmediato para su música en los grandes monopolios musicales representados en apenas un puñado de sellos. Si bien es una categoría difusa, la podemos sintetizar en oposición a los criterios corporativos que definen el gusto de las masas a través de la reproducción ininterrumpida en radio o con el apoyo poco discreto de la publicidad. 

Hablaremos pues de lo subterráneo, de lo que emergió virtualmente de la nada y que se ha ganado un espacio central en la cultura popular. Aprovechando la coyuntura del festival privado más importante de la oferta de entretenimiento colombiano, hablaremos de estos actos ingleses que desde la periferia se convirtieron en un referente mundial que hoy llega hasta nuestra orilla. Hablaremos entonces de cómo estos actos se convirtieron con el tiempo en parte del primer y segundo renglón en las programaciones de festivales internacionales. En definitiva, hablaremos de cómo estos actos dieron un paso al frente cuando nadie más lo intentó y cómo esta decisión estética consciente los llevó a dar forma al horizonte de expectativa del escucha de música alternativa. 

Fatboy Slim

Fatboy Slim

Norman Cook aka Fat Boy Slim nació en Kent y se formó en Currey, donde tomó clases de violín desde joven y empezó su largo recorrido musical. Ya en Brighton, ciudad en la que adelantaba sus estudios de literatura, sociología y politología, el músico se hizo parte de la movida de las fiestas callejeras de la incipiente escena del hip hop inglés. Como DJ Quentox (The OX that Rocks) Cook se convirtió, junto con DJ Baptiste, en uno de los nombres claves de la movida cultural en Brighton. Su legado quedó inmortalizado en el Paseo de la Fama de esta ciudad con una estrella al lado de una distinción igual para el político y nobel Winston Churchill. 

Después de intentar alcanzar el éxito con varias bandas de diversos estilos, el DJ encontró en el oxímoron de Fatboy Slim el mejor camino para hacerse con la distinción de uno de los productores más excepcionales de la electrónica inglesa. Better Living Through Chemistry, su debut solista luego de varias aventuras musicales, le permitió destacarse en un espectro poco conocido hasta el momento, una cultura periférica que para muchos era un fenómeno de nicho desde que Kraftwerk empezó a crear sonidos con máquinas electrónicas dos décadas antes. En un momento en el que la gente no comprendía cabalmente el atractivo del techno, Fatboy Slim sirvió como puente entre el rock y la electrónica, abriendo las puertas de un nuevo mundo a toda una generación de escuchas. 

Era un álbum acelerado cargado de samples prestados de la historia del rock (riffs de The Who en “Going Out My Head” o clásicos del sonido de Motown en “Everybody Needs a 3003”). Como homenaje a “Blue Monday” de New Order, el británico eligió un disquete de computador como portada de su debut, un guiño al disco de 5.25 pulgadas que la banda de Manchester había utilizado en la presentación de su más exitoso sencillo. Como parte del sonido Big Beat, Better Living Through Chemistry es uno de los primeros pilares de un sonido cargado de percusiones explosivas, riffs distorsionados influenciados por la psicodelia de los setenta y el sonido punk de guitarras zumbantes que luego adoptaría actos como The Prodigy, The Chemical Brothers o The Crystal Method. 

Sin embargo, es con su segundo esfuerzo solista, You’ve Come a Long Way, Baby de 1998 que el DJ logró el éxito internacional, también sembrando la bandera en el patio de su casa y llegando a lo más alto de los listados británicos. Es quizás uno de sus experimentos mejor logrados: “Rockafekker Skank” fue en ese momento la conjunción perfecta de las técnicas clásicas de los DJs del hip hop en el Bronx neoyorquino de finales de los setenta (scratching, la repetición de una frase) y el novedoso estilo Big Beat cargado de experimentaciones con una plétora poco elocuente de referentes (jazz, punk, soul y funk). Sin embargo, fue “Praise You”, cuyo video protagonizado por el director neoyorquino Spike Jonze (en un ejercicio proto flashmob), Fatboy Slim se hizo un nombre internacional que le permitió, en 1999, ser uno de los artistas más premiados de los MTV Movie Awards. Esta fórmula ganadora la repetiría con el videoclip de “Weapon of Choice”, sencillo con la leyenda del funk Bootsy Collins y de nuevo dirigido por Spike Jonze. Protagonizado por un excelso Cristopher Walken quien recordó su pasado como bailarín, “Weapon of Choice” es uno de los éxitos principales de la carrera del productor británico. Fatboy Slim logra sintetizar uno de los elementos clave de la electrónica con elegancia: la hibridación de sonidos de varios géneros. En su camino, por ello, le abrió las puertas al mainstream de una estética sin la que es posible pensar el ecosistema musical contemporáneo.

Fatboy Slim

The Libertines

La mejor manera de sintetizar el lugar que ocupa The Libertines en la cultura pop es el audiovisual que acompaña al sencillo “Heart of the Matter” incluido en su disco de 2015 Anthems for a Doomed Youth. Después de casi dos décadas de rupturas, escándalos y un sobresaliente en cada una de las asignaturas necesarias para recibirse como estrellas del rock, la banda reflexionaba sobre cómo eran percibidos por el público. The Libertines nunca ha sido una banda a la que le falte franqueza, hasta el punto contraproducente de que su contestatario modus operandi ha obrado en detrimento de su propia popularidad. En "Heart Of The Matter", tanto en el video como en la canción, Pete Doherty y Carl Barât  hablan reflexivamente sobre el daño y el abuso que han padecido por sí mismo a lo largo de los años, señalando también el lugar y la responsabilidad que tiene la sociedad del espectáculo en su propio proceso degenerativo. Era una catarsis sombría, audaz y valiente, como todo su catálogo. Como cada una de sus presentaciones. 

The Libertines nació en 1997 en Londres cuando Pete Doherty y Carl Barât coincidieron para hacer canciones. El fenómeno del britpop que había llevado a Blur, Pulp y Oasis a la cima de la popularidad mundial estaba mermando y bandas como Coldplay, Travis o Embrace estaban consiguiendo un importante reconocimiento por la cultura del Top 40 con composiciones faltas de energía, sensibleras y acústicamente edulcoradas. Enmarcando la explosiva energía de garage de los Strokes en el contexto de la híper literalidad inglesa, la banda logró con su primer álbum, Up the Bracket de 2002, convertirse en el acto consentido de la prensa especializada. Sin embargo, antes de alcanzar las estrellas con su revitalización necesaria del rock de guitarra, el cohete de The Libertines ya se estaba desintegrando, conforme sus partes ardientes salían desprendidas entre chispas para caer en un océano profundo de excesos.

Con su primer disco, producido por Mick Jones de The Clash, la banda se convirtió en el acto central de la nueva identidad rockera inglesa. Sus letras eruditas combinaban la desazón de una clase media hastiada con los sueños de grandeza que había prometido la cultura del espectáculo. The Libertines, su segundo esfuerzo discográfico, solo constituyó un pilar más alto al que la banda trepaba sin vértigo, seducida por las promesas huecas del alcohol, la cocaína y la heroína, amante particular de Doherty. Poco después la banda entraría en un hiato de seis años en el que cada una de sus partes intentaría replicar el éxito de The Libertines con sus propios proyectos. Cuando el momento más importante de sus carreras se presentaba, su lugar como cabeza de cartel en el Redding Festival de 2004, Doherty ya no era parte de la banda. 

Sin embargo, Barât y Doherty, como Mars y Morrissey, como Lennon y McCartney, como Jagger y Richards, eran la dupla de compositores que el rock inglés no solo necesitaba, sino que exigía. Después de limpiar su cuerpo y su nombre, Doherty regresó a la banda en 2010 y, en 2015 presentaron Anthems for Doomed Youth, en la que el cantante y compositor ofrecía a su camarada “You’re My Waterloo”, un corte que explica su relación y le declara su amor y admiración. Al final, de eso se trata: más allá de las guitarras estrepitosas, de las drogas y los escándalos, lo que prima es la sinceridad de la canción, ya sea una balada o un explosivo himno para la juventud en crisis. La honestidad de The Libertines ha sido y seguirá siendo su principal caballo de batalla. 

Fatboy Slim

DJ Harvey

Probablemente, desde que es famosa, Beyoncé no se ha quedado por fuera de una fiesta salvo en una ocasión: una oportunidad en la que DJ Harvey presentaba uno de sus sets icónicos de doce horas en la Sarcastic Disco de Los Ángeles hace un par de años. Pocos como el nativo de Cambridge pueden darse el lujo de contar esta anécdota y, si somos consecuentes con su personalidad, tampoco es que al polifacético DJ le importe mucho. Durante su vida DJ Harvey ha atravesado muchas personalidades. Durante su adolescencia fue un artista del graffiti, fue miembro fundamental de Tonka Sound System, amigo de Soul II Soul y Larry Levan, baterista de una banda de punk, promotor de la música hip hop en Londres, creador de raves ilegales de acid house y cofundador del sello Black Cock, disquera que ha presentado reversiones de clásicos del disco en clave de música electrónica. Durante su recorrido de más de cuatro décadas, esta leyenda viva ha encontrado el tiempo de mantenerse en forma, practicar surf, dar forma a una galería de arte en Honolulu y de regentar fiestas legendarias en Ministry of Sound, The Blue Note o de desarrollar una residencia de varias semanas dando fiestas en el hedónico Pikes Hotel de Ibiza, lugar de recreo en el sentido más amplio del término para celebridades como Freddie Mercury, Jon Bon Jovi, Bianca Jagger o George Michael. Todo muy espiritual, en todo caso. 

Hace una década, cuando realizaba un conteo de los 25 DJs que dominan al mundo, la revista Rolling Stone ubicó en la décima posición a Harvey con una descripción apropiada que desde entonces se ha convertido en su biografía de artista en el sitio de electrónica Resident Advisor: “Si Keith Richards fuera un DJ, sería totalmente Harvey. Un inglés libertino convertido en surfista de California, Harvey ha estado sacudiendo las pistas de baile desde la década de 1980 con su colección de música disco rara, rock espacial estilo Pink Floyd, techno fuera de serie y cualquier otra cosa bailable. O como dijo una vez Harvey: ‘No puedes entender el blues hasta que una mujer te ha roto el corazón. Y no puedes entender mi música hasta que hayas tenido sexo grupal con éxtasis’”. Revisando dicho listado diez años y una pandemia después el ecosistema de la electrónica se ha transformado, pero Harvey sigue siendo una leyenda. ¿Avicii, Swedish House Mafia, Skrillex, Tiësto y David Guetta? Suena viejo. Pero no en el sentido retro y maravilloso de los sets de Harvey. 

Una de las principales virtudes de este ícono del subsuelo es que ha decidido hacer lo que le da la gana, manteniendo una identidad punk hacia sus casi seis décadas que lo ha guiado en cada paso de su camino. Lo mismo puede incluir en sus sets "Pure Imagination" de la banda sonora de Charlie y la fábrica de chocolate de Gene Wilder durante su debut en el Boiler Room en Italia, volver trizas 10.000 dólares de equipo en el Meredith Music Festival de Australia como homenaje a Jimi Hendrix o presentar una colección de disco desconocidas apropiada para mantener a una audiencia bailando durante seis horas. Harvey es una leyenda viva que sigue sumando a la épica de una carrera explosiva y emocionante en la que su promesa de valor es una selección exquisita de tesoros desconocidos y joyas de la historia del disco, el funk y la psicodelia que, en sus manos de prestidigitador de bujías y tornamesas, vuelven a la vida para recordarnos la importante deuda musical que tenemos con ellas. 

Fatboy Slim

Jungle

Algunos músicos prefieren disociar su música de su persona: Gorillaz ha construido una banda fantasma para dar forma a las ensoñaciones creativas de Damon Albarn, Daft Punk ha ocultado sus galos rostros con cascos espaciales durante décadas y Green Day tiene un integrante en estudio que nunca se ha dejado ver en vivo. Cuando empezó, Jungle siguió la misma fórmula. La banda inglesa fue fundada por Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland, amigos desde la tierna y vulnerable edad de nueve años, mentes inseparables que le han aportado a la música electrónica un exquisito elemento retro. Los vecinos y compañeros de escuela dieron forma a su proyecto musical en 2013, poniendo el énfasis estético en las obras de arte y videos que rodean la música, no en la personalidad egotista que produce dicho producto. Su decisión fue tan extrema que incluso, durante buena parte de su primera etapa, los músicos y productores se hacían llamar J y T. Este anonimato es una de las formas de su honestidad, una parte esencial de una marca que desde hace casi una década ha venido creciendo como uno de los actos más brillantes de la Inglaterra contemporánea al versionar el funk y el soul en sus cortes digitales. 

A veces un sonido tiene que desaparecer del ojo público durante décadas para que apreciemos su verdadero valor. Como la cumbia cachaca que reinventa desde Teusaquillo las formas de íconos como Andrés Landero y Calixto Ochoa. Como las formas más puras del rock sureño que Britanny Howard interpreta como líder de Alabama Shakes. Eso sucedió exactamente con el bajo envolvente del funk blanco de principio de los ochenta. Bandas como A Certain Ratio o 23 Skidoo dejaron una impronta clave que en los noventa y principios de 2000 se tornó aburridamente hiperbólica y redundante en las formas cómo la utilizaron la cultura del house y el rave. Después, oscuridad total. Después Jungle y una serie notable de videos musicales que le permitieron al dúo británico hacerse un nombre en la escena alternativa con cortes como “The Heat”, “Busy Earnin’” o “Platoon”. Acompañando cada lanzamiento con un videoclip en el que el baile era central, antes que el rostro de los creadores de melodías explosivas, Jungle dio en el clavo en la era en la que cualquier simio puede convertirse en tendencia con un solo trino estúpido. 

Jungle se ha convertido desde entonces en un colectivo con siete músicos en el escenario, traduciendo las composiciones de Lloyd-Watson y McFarland al formato banda, antes que un set que reproduce sus producciones desde una computadora. Su música se ha reproducido en distintos espacios como parte de la banda sonora de FIFA 15 y FIFA 19, ha aparecido en series de televisión de Brooklyn Nine-Nine y “Busy Earnin''' es la banda sonora del serial alemán Mein bester Feind, por nombrar a algunos de los productos que han sido  acompañados por la música de la banda inglesa. Para un dúo de tímidos productores amantes de Funkadelic ha sido un viaje constante hacia el estrellato musical. En cada una de sus etapas Jungle ha aprendido cómo balancear su necesidad de privacidad con los requerimientos de la cultura visual de las redes sociales y ha encontrado la forma más cómoda para transmitir el mensaje optimista de su música sin arder en el proceso. Con tres discos potentes en los que han construido sobre la base de una identidad musical sólida, Jungle es rey de su propio reino. Tenía que decirlo. 

Fatboy Slim

IDLES

Esta es la historia típica de la superación del desvalido. IDLES ha venido creciendo como un coloso, o un “Colossus”, por más de una década a punta de energía pura. Hay quienes construyen su ascenso a la fama en un cohete que utiliza como materia prima las fórmulas del mercado. Otros, sin embargo, arman sus escaleras con materiales olvidados como la base de la que bebe el sonido de la banda de Bristol: el punk en sus múltiples transformaciones. Fundada en 2009 por el cantante de Gales Joe Talbot y el bajista inglés Adam Devonshire, IDLES demoró una década en llegar al codiciado cartel de Glastonbury. Su set es ya icónico por las declaraciones de Tabolt entre canciones: sus mensajes de apoyo a los inmigrantes europeos en “Danny Nedelko”, su profundo respeto por su esposa que puso en pausa su vida para permitirle al extrovertido frontman perseguir el sueño de la música mientras perdía a su primera hija en un parto y cuidaba al segundo fruto de su unión entre giras en la introducción de “Mother” y su apoyo a la comunidad LGBTIQ+, de la que es parte como un artista abiertamente bisexual, presentaban un rostro fresco para el punk mundial. 

Brutalism, su debut discográfico de 2017, es el más importante reconocimiento del amor filial que un hijo puede ofrecer a su madre. En la portada se ve una fotografía de la progenitora de Talbot, quien había fallecido en 2015 luego de una larga enfermedad que obligó al cantante a cuidar de ella durante años. IDLES venía depurando su sonido desde sus inicios como analfabetas musicales hasta la concreción del dolor del duelo en un disco explosivo y fascinante que recogía la ira de habitar un mundo cada vez más injusto. Es un disco dedicado a las mujeres de su vida: a su esposa, su madre, su hija que nunca abrió los ojos. Con visceralidad y empuje, Brutalism es un disco agreste que explota en cada uno de sus doce cortes para sosegar nuestras propias dudas al ritmo de guitarras estrepitosas y alaridos de bestia herida. 

Joy as an Act of Resistance llegó al año siguiente, convirtiéndose en uno de los favoritos de la prensa británica al ser el retrato perfecto de la imperfecta sociedad del siglo XXI. IDLES construyó desde su estatus de estrella incipiente un documento en el que criticaba la cultura del tabloide, la masculinidad tóxica (“I'm a real boy/ Boy and I cry/ I love myself/ And I want to try/ This is why you never see your father cry/ This is why you never see your father cry/ This is why you never see your father/I kissed a boy and I liked it” canta con elegancia punkera Tabolt en “Samaritans”), la xenofobia y Brexit. Al mismo tiempo, la banda celebraba el amor propio y el abrazarnos en nuestros defectos para seguir creciendo, conforme tomaban la más política de sus decisiones: convertir la alegría en un acto de resistencia para un contexto gris y turbulento. 

IDLES ha creado desde entonces dos álbumes más que han construido sobre un discurso cada vez más plural e incluyente, volviendo al momento de la historia inglesa en la que obreros e inmigrantes afro se abrazaban en un pogo fraterno en cuevas atiborradas de crestas policromas y taches que recordaban el dilema del erizo de Schopenhauer y rompían las barreras impuestas del criminal thatcherismo. En un momento en el que los límites entre naciones, las mentes y el entendimiento están cerrados, IDLES ofrece una respuesta coherente: abrir el corazón y seguir luchando por un mundo más plural, en el que cabemos todos. Gracias por ello.

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