Prueba

“Tengo depresión y voy a contarlo en Instagram”

 Desde antes de que existieran las redes sociales los seres humanos hemos buscado espacios para compartir nuestro dolor y sentirnos acompañados. ¿Cómo ha funcionado ese espacio en la era de Internet?

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Hoy terminé la primera caja de antidepresivos :)”, publiqué en Instagram hace más de un año y medio. El mensaje iba acompañado de una foto en blanco y negro de mi mano sosteniendo el empaque vacío de las pastillas.

Fui diagnosticada con un trastorno depresivo persistente (llamado distimia) hace más de dos años y el hecho de tener que tomar antidepresivos me tenía, cuanto menos, confundida. La depresión es una enfermedad mental, de acuerdo con el DSM V, el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales que usan los psiquiatras.

Pero volviendo a la foto: no estoy segura de cuáles fueron las motivaciones que me llevaron a publicarla junto con el mensaje. Tal vez tenga algo que ver con mi personalidad, y es que tiendo a contarlo todo porque así siento que logro sacar de mi cabeza lo que me pasa o lo que pienso: lo pongo en palabras que entrego a otrx, y casi que siento que así lo hago tangible. Que lo hago real. Sentía la necesidad de hacer real que tenía un diagnóstico. Que lo que me pasaba no estaba solo en mi cabeza. Que tenía una enfermedad con un nombre. Que de hecho era una enfermedad, o sea que no era mi culpa.

Como muchxs de mi generación (conocidos como “millennials”) hacía un uso desmedido e irreflexivo de las redes sociales para compartir cada momento de mi vida.

En otro artículo publicado en este mismo medio, expliqué que la depresión es una enfermedad tan común que la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2015 (ENSM) encontró que el 80% de los colombianos han presentado entre uno y tres síntomas de depresión, y que la Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo.

Pero a pesar de ello, alrededor de la depresión y otras enfermedades mentales, así como del hecho de ir al psicólogo y al psiquiatra, hay un estigma gigante. Por eso necesitaba intentar quitarme ese estigma que, probablemente, yo misma tenía hacia las enfermedades mentales.

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Le consulté a mi psiquiatra por qué una persona decide compartir abiertamente en redes sociales que tiene depresión; qué la lleva a hacerlo (nuevamente para tratar de entender por qué yo hice lo que hice). Me dijo que para algunxs, aún sabiendo que significa exponerse públicamente a contar intimidades, “es más grande la necesidad de buscar un aliado dentro de la enfermedad, que las posibles consecuencias de ello”.

Y me aclaró que no se trata de algo nuevo. Según ella, estas acciones han existido desde la misma aparición de Internet, solo que cada vez se tornan más frecuentes. Incluso, antes de la existencia de las redes sociales, ya había grupos de apoyo presenciales de depresivos, ansiosos, bipolares…: “Un sinfín de espacios que se crearon por la necesidad de compartir nuestro dolor y sufrimiento con alguien que no nos vaya a juzgar porque está pasando o ha pasado por una situación similar”.

Siento que tiene razón, porque en estos años de terapia y medicamentos psiquiátricos, la sensación de soledad y desasosiego ha sido inmensa. Por eso creo que el siguiente paso que emprendí, fuera de las redes, fue empezar a contarle a conocidos no tan cercanos que tenía depresión. Cada que alguien preguntaba por qué no podía tomar café, respondía: “Porque tengo depresión y mi psiquiatra me lo prohibió”.

Pero bueno, vuelvo a la pregunta que le hice a mi terapeuta. Milton Murillo, psiquiatra y docente del Departamento de Psiquiatría de la facultad de medicina de la Universidad del Rosario, dice que ha identificado dos tendencias alrededor de esta acción: el activismo genuino, que casi siempre va de la mano de una denuncia al sistema de salud o de una intención de crear conciencia. “Parte de una experiencia personal que mueve mucho a una persona que dice ‘hay que hablar de esto, de suicidio, de cómo se ve la salud mental en nuestro sistema de salud’”, dice el especialista.

La otra tendencia tiene que ver con una acción minoritaria que se ha visto en las redes de algunas pocas personas y es el uso de un diagnóstico con el propósito de llamar la atención hacia sí mismas y, por el mismo camino, conseguir más seguidores o interacciones. El especialista dice que no hay que desestimar que estos escenarios existen, pero no hay que reducirlo todo a esto. En la mayoría de los casos cuando alguien cuenta que tiene un trastorno mental es porque así es.

Por otro lado, Helena Esmeral, psicóloga de Colsanitas, relaciona la acción de compartir el propio diagnóstico en redes con lo que está pasando en esta época de pandemia. Ahora que tiene que atender a sus pacientes por videollamadas, se ha dado cuenta de que “las personas son más abiertas, más tranquilas para hablar. Dan menos vueltas sobre el motivo de consulta o el problema que las acoge, a pesar de que igual estemos viéndonos, aunque sea a través de una cámara”. Dice que la virtualidad se presta para que los seres humanos seamos más directos.

Tiene mucho que ver con el lenguaje que se utiliza en redes, por supuesto. El uso de emojis, gifs, stickers y memes hace que sea más fácil comunicar. Aunque no necesariamente comuniquemos lo que realmente sentimos.

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¿Hace cuánto empezamos a compartir nuestros diagnósticos en redes sociales?

Milton Murillo ha estudiado desde hace tiempo la conversación en redes sobre salud mental. De acuerdo con él, y las otras especialistas consultadas, no es fácil determinar una fecha exacta en la cual se comienza a hablar abiertamente de depresión en redes sociales. Pero, dice Murillo, a nivel internacional hay dos movimientos que se pueden identificar claramente.

El día de la salud mental a nivel mundial es el 10 de octubre, y en esa semana de 2016, la Secretaría Nacional de Salud del Reino Unido lanzó en redes la campaña #DepressionAwarenessWeek (#SemanaDeLaConcienciaPorLaDepresión).

Más adelante, en 2019, se hizo popular la campaña #WhatYouDontSee (#LoQueTúNoVes). La depresión es una enfermedad que no se muestra y “no existe un prototipo de cómo debe verse una persona con depresión”, como señala Juan Carlos Rincón en su libro La depresión NO existe, quien además cuenta que a menudo el problema es que quien padece la enfermedad no identifica que la tiene y llegar a reconocerla requiere de trabajo y un proceso interno que no siempre es fácil. Yo por ejemplo duré un año sintiéndome mal antes de aceptar que realmente lo estaba y atreverme a buscar ayuda, y luego pasé otro año más con un diagnóstico que no entendía e ignoraba.

Después del trabajo con ambas campañas en Reino Unido, empezaron a darse cuenta de que muchas personas estaban usando el numeral para hablar de experiencias propias, del sistema de salud y de dificultades en el acceso a tratamiento (según la OMS, menos del 25% de las personas que sufren depresión tienen acceso a tratamientos efectivos).

Pero además, se dieron cuenta de que el anonimato de las redes sociales, especialmente de Twitter, permitía que muchos hablaran de salud mental sin sentir encima el estigma del que hablaba yo antes.

A partir de ahí, cuenta Murillo, “empezaron a hacerse unos ejercicios muy importantes que se repiten año a año. El de este año tuvo un discurso diferente por la pandemia. Pero de esa experiencia en Reino Unido, empezaron a ver cómo con herramientas como Twitter, se pueden llegar a crear redes de apoyo”.

En Colombia también se ha experimentado con  el uso de redes sociales como parlante para hablar sobre depresión y salud mental, y existen tres ejemplos significativos.

#NoEsDeLocos, de la que hacen parte Lorena Beltrán y Milton Murillo; una campaña que nació el 10 de octubre 2018, liderada por un grupo de periodistas que también habían sido pacientes de enfermedades mentales, y que tiene el propósito de luchar contra el estigma de ir a terapia y buscar ayuda.

#YoTambiénVoyAlPsiquiatra, lanzada también en 2018. Esta estrategia, a diferencia de la anterior, fue lanzada por psiquiatras y médicos del área de salud mental que buscaban lo mismo: acercar a gente del común al tema. “Muchos de los psiquiatras y médicos del área de la salud utilizaban el numeral para decirle a la gente que es posible ir al psiquiatra y que no necesariamente se debe tener un diagnóstico psiquiátrico para hacerlo”, dice Murillo.

Y finalmente, en 2019, para el día mundial de la prevención del suicidio, que es el 10 de septiembre, la Asociación Colombiana de Psiquiatría lanzó la campaña #PreguntarEsPrevenir, que buscaba que la gente hablara de depresión en relación con el suicidio.

Como conté en el artículo mencionado antes, la OMS ha reconocido la relación existente entre el suicidio y los trastornos mentales. Y psiquiatras coinciden en que la mayoría de los suicidios (al menos el 60%, aunque no es fácil estimar una cifra exacta) se deben a depresiones no tratadas.

La campaña pretendía, entonces, que las personas nos preguntáramos unas a otras: “¿Haz pensado en suicidarte?”, porque prevenir es preguntar, y el suicidio es una muerte prevenible.

Una búsqueda más profunda

Con estos referentes como base, quise intentar encontrar ese momento en la historia de Colombia en el que se comienza a hablar de depresión en redes sociales y ver cómo ha venido cambiando la conversación en esos canales.

Buscando en Facebook la palabra “depresión”, encontré que los datos comprueban algo que me dijo Milton: “Cuando hay suicidios o problemas de salud mental muy mediáticos, las búsquedas del término aumentan” y la conversación, también.

Revisé los datos de los últimos 10 años (del 1 de diciembre de 2010 al 1 de noviembre de 2020) y encontré que apenas comienza a haber publicaciones con la palabra “depresión” entre 2013 y 2014.

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El primer pico que aparece en Colombia, con 17,7 mil interacciones, fue el 11 de agosto de 2014 y está relacionado con la muerte del actor Robin Williams. Las primeras informaciones decían que su muerte se debió a un suicidio porque llevaba años sufriendo de depresión. Luego su esposa aclaró que la enfermedad que padecía Williams era demencia por cuerpos de Lewy.

Más adelante, la conversación fue creciendo poco a poco, pero no fue sino hasta 2019 que se da el segundo gran pico en la conversación (84,4 mil interacciones); exactamente entre el 6 y el 8 de febrero. Las noticias de ese día contaron la historia de una mujer que decidió quitarse la vida con su hijo de 10 años en el puente de la variante de Ibagué, Tolima. Aunque en este caso no se habló específicamente de depresión, los medios de comunicación incluyeron en sus notas “signos para prevenir el suicidio”, entre los cuales incluyeron la depresión.

A partir de ahí comienzan a hacerse más frecuentes las conversaciones sobre depresión, suicidio y salud mental, relacionadas con noticias sobre famosos que han padecido la enfermedad.

  • Octubre 29 de 2019, 136,7 mil interacciones: Dany Hoyos, conocido como Suso el Paspi, contó en el programa Los Informantes que tiene depresión mayor.
  • Enero 6 de 2020, 152,5 mil interacciones: Guillermo Prieto La Rotta, Pirry, fue hospitalizado por un cuadro de depresión.
  • Octubre 4 de 2020, 161,8 mil interacciones: Anthony Galindo, exintegrante de Menudo, falleció tras un intento de suicidio. Su familia informó que sufría una depresión profunda.

Lo que demuestra que hablar abiertamente de depresión en redes sociales sí hace que las conversaciones se disparen y, quién sabe, quizá hasta se normalice y prevengan los suicidios.

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“No estoy sola”

Así como no soy la única persona con depresión, tampoco soy la única que ha compartido su diagnóstico en redes. Por lo cual quise preguntarle ya no a especialistas, sino a estas personas de carne y hueso que también lo han hecho.

Verónica Orozco, conocida en Instagram como @verozco y por el podcast Vida Real, fue diagnosticada con depresión hace más de 10 años. El 6 de agosto de 2018 publicó una foto de ella en Instagram con este texto: “En esta foto solo ven lo que yo quiero que vean. En ella no sale la semana difícil que pasó ni la crisis emocional que tuve. Desde hace varios años lucho contra la depresión, diagnosticada y tratada por la psiquiatra. (...) No tengan miedo en buscar ayuda. Hoy estoy MUCHO mejor, gracias a la ayuda de mi terapeuta”.

Aunque sentía miedo de cómo reaccionarían las personas que la siguen en esta red sobre lo que iba a decir, la impulsaba la idea de normalizar el buscar ayuda: “Y desestigmatizar un montón el ir al psiquiatra, ir al psicólogo, sufrir de depresión, sufrir de ansiedad…”, según me dijo.

Una acción valiosa si tenemos en cuenta que según la OMS, “el estigma, particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan”. Y más del 90% de las personas que padecen la enfermedad no reciben ningún tipo de ayuda.

Lorena Beltrán, conocida en Twitter por las campañas #CirugíaSeguraYa y #NoEsDeLocos, fue diagnosticada en 2016 con un trastorno mixto de ansiedad generalizada, depresión mayor e ideación suicida.

Dos años después, junto a Milton Murillo y otras personas que padecen enfermedades mentales lanzó la campaña #NoEsDeLocos. Y lo hizo a través de videos compartidos en Twitter por muchas personas, incluida ella, hablando de su trastorno. “Estos síntomas definitivamente han mejorado o han desaparecido gracias al tratamiento oportuno, porque decidí buscar atención, porque esto no es de locos, porque sufrir un trastorno mental le puede pasar a cualquiera”, dijo Lorena en el video que presenta su propio trastorno.

Similar a lo que decía Verónica, lo que querían con la campaña, según me dijo Lorena, era “que la gente entendiera que, quienes sufrían algo similar, no están solos”. 

En ambos casos, el de Verónica y el de Lorena, después de sus publicaciones se encontraron con trolls, por supuesto, personas que desestimaron su enfermedad. Pero principalmente con el apoyo de otras y la sorpresa de hallar “muchas personas que empezaron a identificarse”, a decir “yo también”, dice Verónica: “Ahí me di cuenta de que gente que yo conocía también vivía con diagnósticos como el mío y también en silencio. Como que nunca habíamos hablado de ello”.

Lorena, además, sintió que “hacer eso público fue hacer catarsis y me ayudó mucho. De hecho, a través de ese proceso descubrí que a esto me quería dedicar, me quiero preparar para que desde lo público yo pueda manejar estos temas”, me dijo Lorena.

Verónica no sintió tanto el beneficio para ella de “hacer catarsis”, pero sí que la foto “ayudó a abrir una conversación y a que muchas personas pudieran acercarse a mí a hacerme preguntas. ‘¿Cómo te diste cuenta?, ¿qué se siente’ y yo creo que ahí se genera algo muy bacano y es que la gente se cuestiona, cuestiona sus emociones, se cuestiona la manera en que se está sintiendo”.

Milton Murillo señala que otro efecto positivo que puede tener el hablar en voz alta (o en redes sociales) del propio diagnóstico “hace parte de una estrategia terapéutica que se llama rehabilitación autoasistida, que consiste en permitir que el paciente se vuelva un experto en su enfermedad, ojalá más que el tratante. Que el paciente pueda pararse, hablar de la depresión, quizá no con el bagaje académico que pueda tener el médico, pero sí con conocimiento y mucha experiencia”. Y Lorena lo confirma, porque sintió que la conversación le ayudó “a fortalecer la respuesta propia que no viene de medicamentos sino de mi propio autoconocimiento para poder manejar mejor mis problemas emocionales”.

Al final lo que se hace con todas las conversaciones que ponen el tema de la depresión sobre la mesa, es normalizar la enfermedad y hacer que “la conducta de ir al psicólogo se establezca como algo normal, como algo que hace parte de mi vida diaria, como ir al médico, al gimnasio o a mercar”, dice Diana Marín, cocreadora de la cuenta de Instagram @hablemosdementes.

No se trata de banalizar la enfermedad, dice Marín, al tocar ciertos temas e indagar en la depresión es decir “yo también tengo depresión como millones de personas en el mundo”.

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¿Una recomendación terapéutica?

Finalmente le pregunté a mi psiquiatra si, después de tantos efectos positivos que parece tener el hablar públicamente en redes sociales sobre el propio diagnóstico, lo recomendaría a sus pacientes. Su respuesta fue enfática: “No. Los grupos serán siempre eso, un apoyo para la psicoterapia individual, pero la base y la guía es el terapeuta”.

Milton Murillo en respuesta a la misma pregunta me dijo: “Tal vez no lo recomendaría a mis pacientes, porque no le veo necesariamente lo terapéutico. Pero si una persona se atreve a hacerlo, yo creo que está bien si lo hace de una forma responsable e informada”.

Ese último elemento es clave. Tanto Lorena como Verónica me dijeron que se quedaron con cosas muy positivas de la experiencia de haber compartido en redes su depresión, porque ya estaban preparadas para hacerlo. Llevaban años de terapia psicológica y se sentían lo suficientemente fuertes como para soportar todo lo malo que también tienen las redes.

“En mi caso”, señala Lorena, “yo tenía una razón para hacerlo y es que quería hacer catarsis de lo que me pasó y quería ayudar a otras personas sobre este tipo de diagnósticos. Pero no lo habría hecho sin estar acompañada de un profesional. Si alguien en este momento no cuenta con un apoyo emocional profesional, y quiere exponer esto públicamente, yo diría que no. Porque las redes sociales son sumamente crueles y no siempre uno tiene la fuerza de voluntad para ignorar comentarios”.

Y para quienes leen este tipo de publicaciones, al igual que con todo lo que hay en internet, es importante verificar siempre de dónde viene la información y el tipo de información que comparten. No toda recomendación que hacen en internet es buena idea y lo mejor es siempre estar acompañado de un profesional.

Está muy bien apoyar siempre a quienes tienen la valentía de contar que sufren un trastorno mental, abrirse a la conversación y estar dispuestos a escuchar. Quizá algún día nadie tenga que contar en redes que tiene depresión para sentirse menos solo porque ya todos entenderemos que es completamente normal.

¿Y con qué me quedo yo de la experiencia? Con preguntas y reflexiones sobre mi propio proceso. Creo que haber tenido depresión me ha dado un autoconocimiento que no habría adquirido si mi propia mente no me hubiera obligado a prestarme más atención. Pero además con mucha empatía hacia todas las demás personas que también están pasando por trastornos mentales. No todxs lo cuentan en redes, pero seguramente muchxs lo sufren en silencio.

Yo ya estoy próxima a terminar el tratamiento psiquiátrico y farmacológico, y estoy segura de que cuando deje las pastillas, también lo voy a compartir en redes :) Porque así como conté que entré en depresión quiero contar que es posible, con acompañamiento profesional y mucho esfuerzo, salir de ella.

Libros, cuentas y podcast que hablan de depresión

Libros:

  • La depresión no existe, escrito por Juan Carlos Rincón y Cecilia Ramos.
  • Las muertes chiquitas, escrito por Margarita Posada.
  • Sin ser de noche todo se ve muy negro, escrito e ilustrado por Ana Mess (quien también publica sobre depresión en su Instagram: @sadmissmess

Instagram:

Podcast:

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