Prueba

¿Qué es un padre?

Nuestra columnista Mamá Milenial vuelca la mirada sobre la figura del padre; muchas caras de la paternidad asoman en esta reflexión íntima.

separador

padre1

M

i figura paterna tiene el rostro de mi padre, la voz de mi padrastro y el corazón de mi abuelo. Es una quimera, un ser mitológico, una criatura que no entiendo y a la que me gustaría conocer mejor. Por muchos años, la paternidad no fue un tema importante en mi vida, pero desde que soy madre siento unos celos incontenibles al ver cómo el papá de mi hijo lo abraza, le toca la guitarra y le cocina pacientemente, unos celos porque Nicolás tiene un padre que paterna, mientras que yo me tengo que conformar con una figura de un animal que ni siquiera existe. Y ante esto, me pregunto: ¿cuántos de nosotrxs compartimos ese padre difuso, alejado y que muchas veces sentimos que no conocemos?

He hablado de este tema con amigos, amigas, mi compañero e incluso he buscado estadísticas. Todo esto para entender esta rabia y tristeza cuando pienso en qué es un padre y por qué no lo tuve, para sentirme acompañada y normalizar lo que no debe ser: la ausencia paterna. En el censo realizado en Colombia en 2018, se evidenció que cuatro de cada diez mujeres madres son cabezas de hogar. Mi compañero, me cuenta, que aunque tuvo a su padre en casa, no recuerda que lo haya acompañado a un partido de fútbol o al cine porque siempre estaba trabajando. Mi amiga Paola me dice que vivió con su papá hasta la adolescencia, pero que eran tantas las peleas e incluso la violencia que cuando ella se pudo ir, fue feliz. Carla afirma que su padre fue el típico proveedor del hogar y que era tan machista que aunque estuvo en su niñez cree que no lo hubiera extrañado si se hubiera ido.

En mi caso, mi padre se fue de la casa cuando yo era muy pequeña y ni siquiera tengo un recuerdo de mi mamá y él juntxs. Por unos años fuimos solo mi mamá, mi hermano menor y yo. Mi papá estaba, pero como una figura lejana a la que veíamos cada dos o tres meses. Luego llegó Rafa, mi padrastro, y tuve lo más parecido a una familia “normal” (no por ello mejor) hasta el día de hoy que construyo la mía. Por su parte, mi abuelo (el esposo de mi abuela) fue esa gran figura paterna, a quien yo acudía para mis tareas del colegio, para que me comprara ropa y libros y el que me dio mesada por 26 años, y solo dejó de hacerlo cuando el tubo del ventilador en su tráquea dejó de ser suficiente para sostenerle la vida. En ese momento sentí que me quedé sin padre. Y no es que no ame a mi padre biológico, es más, entiendo su ausencia. Sé que para él no fue fácil tenernos a mi hermano y a mí, que no estaba preparado y que sabe que se equivocó y lo que sus acciones han significado para sus hijxs. Sin embargo, por más que sepa esto, hay un dolor no resuelto y una pregunta constante: ¿qué es un padre?

Me he preguntado esto tanto en los últimos dos años, le he dado vueltas una y otra vez en mi cabeza, he intentado, sin éxito, verbalizarlo y escribirlo, he querido entender qué significa paternar, y no he llegado a una respuesta final. ¿Cuántos libros hay sobre la paternidad? Varios. ¿Cuántos la definen? Pocos. ¿Cuántos hablan del padre como un ser etéreo al que no conocen bien o que apenas están conociendo? Muchos. “¿Quién había sido mi padre para mí? Alguien cuya muerte había deseado. Entonces, ¿por qué estas lágrimas?”, se pregunta el noruego K. O. Knausgard en Mi lucha. “Lo he guardado en abrazos, fotos y varias imágenes y frases que todavía retengo. Pero perdí algo irrecuperable: el olor. (...) No sabría qué regalarle para un Día del Padre, ni para el 18 de octubre, su cumpleaños”, cuenta Martín Sivak en el Salto de papá, una novela biográfica sobre su padre, quien se tiró de un piso dieciseis cuando él era niño. “El cordón de padre no es como el cordón de madre, pero quizá se halle incluso más al centro. El cordón de madre se parece más a los hilos de la vida que tienen en sus manos las moiras, su materialidad se puede cortar con tijeras, con los dientes. En cambio, el cordón de padre no se puede cortar con los dientes, no hay dientes que puedan morder lo intangible”, dice Fátima Vélez en Cordón de padre.

padre1

Cuando mi hijo nació, cortaron el cordón. Nico dejó de ser parte de mí y se convirtió en un ser distinto. Seguía siendo dependiente, sí, pero ya no era mío. Ese cordón, es verdad, se puede cortar, sin dolor y sin pudor, incluso con los dientes, como dice Fátima. Sin embargo, con el padre el vínculo es diferente. Yo tenía el cordón y ahora tengo las tetas, con lo que alimento y le transmito seguridad y calor a mi hijo. Pero su padre no tiene nada de esto. Fede no tuvo adentro a Nico, su panza no le creció todos los días, no sintió las constantes pataditas, su cuerpo no cambió, no le salió varices ni estrías, no pasó por una cesárea y su recuperación, no dio teta, no sintió la esclavitud de dar teta, no fue necesitado en la misma medida que yo lo fui los primeros meses de vida de Nicolás. Esa relación entre padre e hijo es distinta, pues ellos solo pueden poner el cuerpo cuando sus hijxs nacen, no están atados a la biología de la misma forma que nosotras y, tal vez por ello, hasta ahora no hay una definición social o un rol específico de lo que significa paternar.

La escritora colombiana Carolina Sanín en el podcast El Topo, dice que “los hombres no tienen hijos”, que “un padre siempre es un presunto padre” y que esa ilusión de paternidad es la base del patriarcado. No entiendo muy bien por qué Sanín dice esto (el entrevistador prefirió profundizar en otras cosas), pero supongo que es porque la biología no los atraviesa de la misma manera que a nosotras y porque, es verdad, el patriarcado surge del “patriarca”, es decir, del padre como figura de autoridad y dueño del patrimonio, de las mujeres y sus hijxs. Pero, entonces, me pregunto: ¿la solución es negar la paternidad en vez de transformarla?

padre1

El padre ha estado olvidado por mucho tiempo, relegado a ser un donador de esperma cuya única misión es proveer a su familia, ha dominado lo público mientras las madres nos hemos quedado en lo privado criando para enseñar a los niñxs a “honrar al padre”. Pero hoy la paternidad está cambiando, no se sabe muy bien para dónde va, pero ya no somos tan tolerantes con los padres que nos entregan todo el trabajo de crianza a las mujeres. Cada vez se habla más de corresponsabilidad, hay más hombres en casa acompañando a sus hijxs y a la estatua del “padre proveedor” le estamos tirando piedras. El padre está siendo reivindicado y necesitado por sus hijxs, los padres que paternan son más de los de hace quince, veinte, treinta años, y por fin se está visibilizando su función social: “¿Te imaginas cuánta gente sería mucho más feliz, más estable, colaborarían mejor en el mundo, si sus padres hubieran sido presencias activas durante su vida?”, se pregunta Chimamanda Ngozi Adichie en Cómo educar en el feminismo

Ahora sabemos más de ellos, de sus miedos, traumas y su historia. Muchos padres no se sienten tan vulnerables cuando se muestran, desnudan y hablan duro del amor que sienten por sus crías. Incluso hay quienes escriben cartas preciosas a sus hijxs, como Eduardo Halfon en Halfon boy: “¿Sabré ser padre, Leo? ¿Sabré ser tu padre? Decirte, por ejemplo, que yo nunca había querido un hijo. O al menos eso les decía a todos, y eso me decía a mí mismo para mitigar el miedo que sentía, que aún siento”. No se trata de romantizar al padre ni de culpar las familias que carecen de figura paterna, pues los padres ausentes están independientemente de si viven con sus hijxs o no. Se trata, más bien, de que los padres empiecen a involucrarse en la crianza de sus crías, se den cuenta de que las mujeres no tenemos por qué “sostener” un hogar solas y que, como dice la socióloga Esther Vivas en Mamá desobediente, “la maternidad también es un deber de los papás”, pues ellos pueden cuidar, criar y hacer todo (menos gestar, parir y lactar) lo que nosotras hemos hecho por siglos. Eso es lo que Vivas llama “maternizar la paternidad”.

padre1

Y para lograrlo, es importante desmitificar la madre “total” que puede con todo. En La Mala Mamá Podcast, un programa que produzco con Tatiana Duque (@lainsumisa),  entrevistamos a Luján Rossetto, psicóloga y creadora del proyecto Maternarse, para hablar del lugar del padre en la crianza. En la entrevista, Luján fue enfática en decir que muchas veces nosotras no permitimos esa implicancia: “Es importante que las madres nos preguntemos cuánto habilitamos el lugar paterno. Hay una fantasía de la madre total: la que abarca, cuida, consuela, alimenta, cría, la que conoce a su hijx porque lo parió, olvidando que los padres también pueden, saben, aman, cuidan y protegen a sus hijxs”. Dar ese lugar es esencial, pero no deja de ser difícil, pues la mayoría de mujeres fuimos socializadas para pensar que “lxs hijxs son de la mamá” y que nosotras cuidamos mucho mejor que los hombres por un supuesto instinto materno, un instinto que no es más que el resultado de una crianza para saber ser madres y la falta de un discurso que cobije la paternidad como algo más que una figura de autoridad y temor.

padre1

No sabemos todavía qué es un padre, apenas se está construyendo socialmente lo que significa paternar, pero si hay algo que he aprendido del padre de mi hijo es que la paternidad se puede definir a través de la vulnerabilidad, el amor y el cuidado: “Ser el padre de Nicolás es haberlo hecho reír por primera vez, es sostenerlo mientras él intenta ponerse de pie, es contenerlo cuando llora y no sentirme estúpido improvisando canciones mientras toco torpemente la guitarra”, me dice Federico, mi compañero, el hombre que cuando paterna, sin proponérselo, me ayuda a sanar.
separador

COMPARTIR ESTE ARTICULO:

Compartir en FACEBOOK AUTORSEPARADOR

Relacionados

Cargando
CARGAR MÁS Cargar más
SUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETÍN

Please enable the javascript to submit this form



Facebook    Instagram    Youtube               Twitter      

CONSANITAS  BIENESTAR SANITAS BN
©Copyright 2020  /  Diseño web -  Revista Editorial Bienestar S.A.S.  /  Todos los Derechos Reservados.  /  Soportados por: Nuvoll.com