Valentina Gatoenbus dibuja para invocar la suerte

La ilustradora Valentina Gatoenbus dice que el mejor día para dibujar es el domingo y que no tiene un estilo definido ni prisa por encontrarlo. Su trabajo, de trazos irregulares, colores sólidos y espacios vacíos, está cargado de emociones y oportunidades para encontrarse.

separadorIlustración 3

V

alentina piensa que cumplir años y no dibujar ese día es de mala suerte, y también que su buena fortuna está atada al fondo de pantalla de su celular. Piensa (y esta es la anécdota que cuenta para mostrar que lo suyo con la suerte es serio) que cuando vivía en México se ganó la lotería porque el mismo día que compró el billete –dedicado al cronista Carlos Monsiváis, que tuvo 13 gatos–, un gato se metió a su casa.

La suerte la persigue desde niña: antes de saber que lo que ella hacía eran cómics, hacía “dibujos con letras” que representaban las peticiones religiosas de su mamá, su tío y su abuela. Valentina dibujaba una vida de abundancia, trabajos nuevos y sonrisas, y sus cómics se volvieron parte de los rituales religiosos de su familia.

 

Los dibujos que hacía de niña fueron el inicio de lo que hoy es un cuerpo de trabajo compuesto de cómics, ilustraciones editoriales y publicaciones en diferentes antologías. Su trabajo es una extensión del acto de dibujar por dibujar, de seguir una pulsión propia de la infancia: “antes de aprender a escribir, dibujas. No con una intención artística, porque los niños no dibujan para mostrar ni para ser reconocidos, sino para tener un mecanismo narrativo que les permita contar una historia o divertirse. Luego los niños arrugan la hoja y la tiran, y no vuelven a dibujar. En ese sentido creo que nunca dejé de hacerlo”.

Ilustración 3

Al deseo de dibujar porque sí, la ilustradora le sumó la acción de mostrar lo que dibuja. No solo en Instagram y en Behance, sino en libros autopublicados, como Ultramar, y en antologías de cómic como La ciudad y yo: antología de relatos dibujados, publicado por la Alianza Francesa de Pereira. Sin embargo, Valentina se acerca con cautela al acto de compartir su trabajo: por un lado no quiere sentirse presionada por publicar todo lo que hace, y al mismo tiempo no quiere consumirse pensando si aquello que sí quiere publicar es importante, bueno, llamativo, etc. Lo que le interesa ahora es estar en paz con la idea de dibujar algo que no hizo para mostrar, de llevar libretas y diarios que no tienen que ser consultados por alguien más y de permitirse “hacer cosas más para mí”, como si volviera a ser una niña.

 

Su trabajo más reciente mezcla un trazo fino, a veces irregular, con tonos de verde, rojo y azul. El verde y el rojo los sacó de las verduras, y el azul, de las casas de los pueblos, que es un “azul cielo, como color de casa de finca”. Las palabras también están presentes en ese trabajo: no se considera escritora, pero le encanta pensar los cómics como pequeñas conversaciones que tiene consigo misma o con sus amigos, y está decidida a superar la pena que le genera seguir explorando la mezcla de palabras escritas con dibujos.

Ilustración 3

Ella también está decidida a hablar desde sus propias experiencias. Dice que siente las emociones con mucha fuerza, y que eso es algo que explora a través de su trabajo. El dibujo es un espacio en el que puede procesar esas emociones porque le exige estar presente y le permite pensar, preguntarse por qué se siente así y si tiene solución, y por eso casi todo su trabajo “tiene un tono nostálgico y medio triste”. Ese ejercicio de introspección que pone en el papel y que luego publica le ha permitido ver sus dibujos como una experiencia compartida: “así sean personales y vengan desde el yo, hay algo lindo en saber que hay muy malos momentos que otras personas han sentido. Cuando yo publico algo y alguien me escribe que le pasó igual, cuando una persona que está lejos y que yo nunca he conocido me dice que le pasó lo que yo conté, me siento acompañada”.

Ilustración 3

El máximo sueño de Valentina es tener una casa, porque las casas son un tema que le intriga, que ha arrastrado desde siempre y al que todavía tiene mucho por sacarle. Está obsesionada con la idea de observar cómo otras personas habitan sus espacios: “me encanta mirar casas, salir a caminar y mirarlas. Soy medio chismosa, miro por las ventanas a ver cómo son por dentro… Ver dónde habitan las personas me parece fascinante”. Mientras dice esto, ella misma está aprendiendo a habitar un nuevo espacio: acaba de volver de México, y aunque es de Pereira, se mudó a Medellín por trabajo y porque pensó que el frío de Bogotá la entristecería y que el calor de Cali la agobiaría. Su casa todavía está en construcción: tiene problemas técnicos con el internet y mucho espacio vacío, aunque ya tiene escritorio (fue lo primero que consiguió cuando llegó, un escritorio para dibujar).

Ilustración 3

Inventario invisible (2022), libro álbum en el que Valentina hizo los textos, ilustraciones y diseño. Se planea publicar en el 2022 con Capibara.

Su segundo sueño es dedicarse a hacer libros álbum, un formato editorial que también mezcla el lenguaje escrito y el gráfico. Con esto, igual, se obsesionó: en los libros álbum la imagen y el texto son relevantes. Ambos lenguajes comunican una parte del mensaje y en esa medida se complementan. El tema le dio para hacer la tesis de su pregrado en Diseño Gráfico y el de la maestría en Producción Editorial que hizo en México, y también fue la semilla para crear Capibara Libros Dibujados, un proyecto editorial que lanzó en agosto del año pasado junto a su amigo Ricardo Rodríguez. Su primer libro se llama Relatos desde la incertidumbre. 

Ilustración 3

Relatos desde la incertidumbre (2020), antología de cómic publicada por Capibara Libros Dibujados, en compañía del colectivo Laboratorio de Historietas Intangibles. Valentina hizo el diseño de portada e interiores.

Su interés por este tipo de libros empezó en 2015, cuando hizo uno con una beca de creación de la Alcaldía de Pereira. Aprendió mucho y ahora sabe que lo podría haber hecho mejor, pero ese primer acercamiento le hizo pensar que “los libros que son principalmente visuales también tienen un valor híbrido y escultórico. Son libros que tienen un valor como objeto, y a mí eso me voló la mente”.

Otro tema recurrente en el trabajo de Valentina es la gordura, y surgió por una curiosidad personal “por habitar el mundo como una mujer gorda”. Ahí se mezclan varias cosas: algunas que atraviesan todo su trabajo, como hablar desde el yo e inspirarse por la experiencia compartida de hablar desde ahí, pero también por una revisión de su trabajo como ilustradora: “yo veía que dibujaba muchas mujeres (creo que nunca dibujo un hombre, se me hace difícil y no sé cómo hacerlo), y en algún momento vi que sin querer caía en una forma muy hegemónica de dibujarlas, con un ideal de belleza que es completamente eurocéntrico, entonces me empecé a revisar. ¿Será que yo me voy a quedar toda la vida dibujando mujeres agradables a la vista solo porque pueden gustar mucho? Me cuestionaba mucho eso”.

 

Haciendo scroll en su Instagram, los cuerpos gordos, diferentes, con formas más irregulares y menos hegemónicas, empiezan a aparecer. Cuerpos desnudos que hasta donde permite el dibujo, se perciben cómodos. Y también se percibe que Valentina está cómoda dibujándolos: “empecé a explorar otras formas de dibujar la figura humana, y ahora es algo que me encanta hacer. Aunque también siento que hay un público al que no le gusta. Hay un público al que no le gusta que tú dibujes una mujer gorda, pero a mí me encanta”. Y agrega: “me encanta abordar la figura humana y darle volúmenes que no son exactos pero que pueden ser muy comunicativos sobre lo que no es perfecto, lo que es cambiante. Esa imperfección siempre es algo que me ha gustado y que es algo muy hermoso del dibujo: la variación del trazo y cierta inestabilidad que me gusta mucho usar en un trabajo”.

Valentina se describe como alguien que siente fascinación muy fácil, que admira todo y que romantiza mucho algunas situaciones. Dice que es introvertida y que todo le da pena, y a pesar de que se cuestiona ese sentimiento y lucha contra él, también sabe que dibuja mejor cuando nadie está viendo, y aún mejor si es en un escritorio que ya conoce. Dice, también, que además de tener una casa y dedicarse a hacer libros, sueña con hacer muchas cosas siempre. Como dice el último fondo de pantalla de la suerte que dibujó: “todo siempre, todo el tiempo”.

Ilustración 3

separador cierre

COMPARTIR ESTE ARTICULO:

Compartir en FACEBOOK AUTORSEPARADOR

Relacionados

Cargando
CARGAR MÁS Cargar más
Lo invitamos a suscribirse a nuestro newsletter

Por favor, habilite el javascript para enviar este formulario

Por favor, habilite el javascript para enviar este formulario



Facebook    Instagram    Youtube               Twitter      

CONSANITAS  BIENESTAR SANITAS BN
©Copyright 2020  /  Diseño web -  Revista Editorial Bienestar S.A.S.  /  Todos los Derechos Reservados.  /  Soportados por: Nuvoll.com