A Jesús Cossio a veces le duele dibujar

Para Jesús Cossio no siempre es fácil dibujar. En ocasiones le juega en contra una molestia en el brazo; en otras, las historias abrumadoras con las que compone la mayoría de sus cómics. Ser dibujante testimonial puede ser un trabajo doblemente doloroso.

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esús Cossio es un dibujante con una molestia intermitente en el brazo con el que dibuja. «Es el derecho», dice levantándolo y empuñando un lápiz imaginario. Nunca le explicaron que los dibujantes deben utilizar mesas inclinadas para apoyar el antebrazo y el codo. Lleva veinte años dibujando a diario y desde hace diez lo hace ocho horas al día. «Si solo me hubiera enterado antes…», dice y suelta una risa contenida. Ríe poco, da la impresión de ser serio pero en realidad es tímido. De los que en público –sus libros y las firmas que pone en ellos– raya solo con tinta negra, pero en la intimidad de la libreta con azul.

Es peruano, de la generación que creció en Lima mientras en las zonas rurales del país el grupo armado Sendero Luminoso le declaraba la guerra al Estado. Y viceversa. Y al hacerlo invitaban al abismo a la población civil. Por eso el grueso de su trabajo se ha concentrado en retratar –representar, diría él– la violencia de los años ochenta y noventa del Perú. Lo hace en cómic. En las viñetas de sus libros está contenido el lenguaje visual con el que expresa el horror y el dolor que dejan las balas cuando se apaga su estruendo.

Ha publicado tres libros de cómic que narran el conflicto armado. Es coautor de Rupay: historias de la violencia política en el Perú, 1980-1984 (2008); autor de Barbarie: cómics sobre violencia política en el Perú, 1985-1990 (2010), y Los años del terror: 50 preguntas sobre el conflicto armado en Perú, 1980-2000 (2016), todos editados por Contracultura. Cada una de sus páginas deja ver la paciencia del que escarba en montañas de documentos y testimonios pretendiendo entender cómo funciona la guerra; una labor poco usual para alguien que dibuja.

También ha hecho fanzines y tiene una tira de humor gráfico online titulada Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas, editada e impresa recientemente por Latino Toons en México, además de la coautoría en el primer cómic interactivo de su país, La guerra por el agua (2018).

Jesús Cossio es uno de los pocos artistas en Latinoamérica –si no el único– que hace cómic testimonial. De los pocos que se acercan al dolor cada vez que agarran el lápiz.

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Entiendo que su proceso de investigación tiene poco trabajo de campo, y más de archivo. ¿Para un dibujante qué diferencia hay entre un método y el otro?
Yo no considero que hago investigación. Lo que yo hago es documentación y representación. Me baso en la investigación que hacen otros: periodistas, historiadores, sociólogos, antropólogos, politólogos… Mi trabajo le debe mucho a ellos. Lo que hago es documentar: busco, comparo y selecciono. Y con ese material hago una reconstrucción de los hechos mediante el dibujo. Tampoco me siento cómodo con la expresión «cómic periodístico», porque no soy periodista. Yo soy dibujante.

¿Y la representación?
Cuando yo digo que hago representación me refiero a que busco la mejor manera de representar un dato como una historia particularmente humana. Se trata de expresar lo inexpresable: la barbarie y la crueldad.

Está la documentación y luego qué…
Antes yo escribía mientras dibujaba, ahora intento hacer un guion escrito primero. Eso me lo recomendó Joe Sacco alguna vez, me dijo: «Tu texto tiene que estar con todas las enmendaduras, correcciones, notas al pie de página posibles, y ahí sí te pones a dibujar». Y eso me está resultando bien. Antes también hacía un dibujo muy detallado y ahora quiero hacer algo más suelto, que tenga muchas capas de texturas en lápiz y tinta china.

¿Qué otros materiales utiliza?
A ver, suelo utilizar tinta china, lápiz 6B, 4B, papel, cartulina, liquid paper, pinceles, luego escaneo todo y retoco algunas cosas en Photoshop y ya está. Intenté con una Wacom, pero no es lo mío, siento que no se ve orgánico. Creo que me voy a retirar dibujando con lápiz y papel.

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Su trabajo reflexiona sobre eventos de hace treinta años. ¿Es posible llevar a cabo esa misma reflexión en caliente? Pienso en el caso colombiano con un conflicto aún en marcha.
Un espectador externo puede considerar que el hecho está en frío, pero a quien le han desaparecido de manera muy cruel a un familiar, siente todo como si hubiera pasado ayer. No ha habido un proceso de cierre social, de reconocimiento y reconciliación. Ese dolor está muy vivo todavía, ese dolor está en caliente.

¿Es un problema de «verdad» o «memoria»?
En el Perú se ha estado discutiendo la idea de que no hay tal cosa como la memoria: hay memorias, en plural. Y hay que tratar de hacerlas plurales involucrando también la de los victimarios. Más que hablar de verdad, deberíamos estar hablando de memorias. De hecho, una de las cosas que quiero hacer es deconstruir una de mis historietas basado en unas entrevistas que he tenido con la familia afectada. Lo que quiero es interpelar lo que yo mismo dije para construir la idea de que hay muchas historias.

Su trabajo entonces también tiene algo de reportería y no solo de documentación.
Después de los libros que he hecho, sí; me pusieron en un lugar tal que la gente comenzó a llamarme: «Vi tu libro, creo que te interesaría conocer esto». Cuando hice los libros no hice nada de ese trabajo. Simplemente fue documentación. A mis libros les debo haber viajado muchísimo por el Perú a zonas de conflicto, conversar con las personas de allá y trabajar con ellas.

¿Conocer otras versiones de la historia le ha servido a Perú para algo?
Yo creo que no hay una respuesta simple a esa pregunta. Hay lugares en donde Sendero Luminoso todavía existe y las personas que viven allí sienten que hay una contradicción al decirles que se acabó el conflicto porque ellos todavía lo viven. Creo que esas memorias ayudan a que haya discusión sobre el tema desde diferentes ángulos.

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Las manos son protagonistas en gran parte de su obra. ¿Por qué ese interés en ellas?
Las manos hacen parte de la violencia. Enseñan ese poder sobre la vida y la muerte que tenían algunos en la punta de los dedos: el dedo que jala el gatillo, que señala. Ayudan a contar lo físico de los acontecimientos: que no solo se hablan y se piensan sino que también se ejecutan.

Entiendo que en el primer borrador de Barbarie tuvo que corregir todas las manos y las orejas por sugerencia de un amigo¿Cuántos bocetos hace para llegar al trabajo final?
Hago un boceto para contar la historia y uno del dibujo de página, que corrijo muchas veces. Luego ese lo calco, le paso tinta y corrijo de nuevo con liquid paper si llega a haber problemas, y sí suele haber problemas. Mis originales están lejos de ser pulcros. Uno puede ver que están llenos de enmendaduras, manchas de tinta, borrones y liquid.  Pero está bien, así me gusta.

¿Cuántas horas le dedica a un dibujo?
Normalmente podía hacer una página en dos o tres días trabajando ocho horas diarias. Pero ahora me toca menos porque tengo un problema en el hombro por dibujar, nada grave. Me di cuenta de que presiono mucho el lápiz y eso genera un esfuerzo continuo en el brazo. Me toca hacer terapia y tomar algunos calmantes. El médico me recomendó dibujar menos horas. Cualquier cosa que hagas muchas horas al día te va a terminar generando un problema: mi estilo de tramado requiere tiempo para hacer rayita tras rayita tras rayita.

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¿Por qué decidió hacer algo como Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas?
Me aburriría si no hiciera algo diferente. Me parece que hay mucho que decir con este personaje sobre las cosas que uno se toma muy enserio, como las relaciones.

¿Escucha música cuando trabaja?
Casi siempre. Últimamente me acerqué a la música clásica luego de leer Instrumental, seguí todas sus recomendaciones. Me pareció fabuloso. En mis años adolescentes manifestaba desprecio por la música progresiva, pero desde hace un tiempo me puse a escuchar los primeros discos de Yes y me encantan. Escucho muchos pódcast mientras trabajo.

¿Lee cómics comerciales?
Hay algunos que leo, ojeo y dejo, no vuelvo a ellos. Pero me gustó el All-Star Superman de Grant Morrison, es bien sentido. Planetary de Warren Ellis, que hace un buen homenaje a la ciencia ficción de los sesenta. Los de Alan Moore, por supuesto.

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¿Qué ha leído últimamente que lo haya deslumbrado?
Me gustó mucho el libro de Emil Ferris, My Favorite Thing is Monsters. Es una especie de libreta de apuntes, cómic y libro ilustrado. Es una maravilla ese libro, muestra mucha destreza en el dibujo, pero también mucho sentimiento. También está Sarah Glidden con Rolling Blackouts.

¿Y cómic latinoamericano?
Virus tropical de Powerpaola, Poncho fue de Sole Otero, Estética Unisex de Rodrigo de la Hoz. Juan Sáenz Valiente también es un dibujante fenomenal, es un gran ejemplo para que los chicos vean que el dibujo es cosa de mucho trabajo. El problema con las redes es que cualquier sube un garabato buscando cien likes; es una adicción.

Alguna vez leí algo así como «Los consejos para tener éxito en Internet: dibujos bonitos, colores brillantes y un final que le deje algo al lector». Y mi manera de ser un poco punk ante esos consejos para tratar al lector como un tarado fue hacer El hombre que NO se hacía dramas: dibujos en blanco y negro, reiterativos, sin fondos y la última viñeta siempre igual: FIN, FIN, FIN, FIN.

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// Imágenes cortesía de Jesús Cossio //

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Alguna vez leí algo así como «Los consejos para tener éxito en Internet: dibujos bonitos, colores brillantes y un final que le deje algo al lector». Y mi manera de ser un poco punk ante esos consejos para tratar al lector como un tarado fue hacer El hombre que NO se hacía dramas: dibujos en blanco y negro, reiterativos, sin fondos y la última viñeta siempre igual: FIN, FIN, FIN, FIN.

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