Expresar lo inexpresable: arte y enfermedad mental

Esquizofrenia y video, depresión y dibujo, claustrofobia e instalación...
Jóvenes artistas colombianos plasman en su obra la experiencia de convivir con un diagnóstico que compromete su salud mental.

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“La lengua no es nunca solo comunicación de lo comunicable, sino también símbolo de lo no comunicable”  Walter Benjamin

El arte se desarrolla en ese terreno de comunicar lo incomunicable a través de lo simbólico. En el caso de la enfermedad mental, experiencias en el límite de lo intraducible, como la esquizofrenia, la depresión o el estrés post-traumático, encuentran una manera de atravesar el borde del silencio y manifestarse.

Esto es lo que logran las obras de estos artistas colombianos: se baten con el lápiz, los hilos y la cámara en esa paradoja de expresar lo inexpresable, de transformar en símbolo aquello que supone vivir una cotidianidad marcada por un diagnóstico de enfermedad mental.

En estos casos, el proceso creativo revela capas profundas de la intimidad y la conciencia. Esta conversación con los autores permite una lectura del arte bajo otra luz y un acercamiento a la salud mental desde la reinterpretación estética.

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Memoria pulsar
Esquizofrenia / Videoinstalación / Obra de Paulina Moncada




Turbulencia y quietud son elementos contrapuestos que conviven en Memoria pulsar, la obra de Paulina Moncada sobre la esquizofrenia paranoide que sufre su hermano Felipe. Este diagnóstico se manifiesta, según el libro Psiquiatría Clínica, con “ideas delirantes relativamente estables, a menudo paranoides, que suelen acompañarse de alucinaciones en especial de tipo auditivo y otros trastornos de percepción”.

¿Cómo describirías la esquizofrenia paranoide?
Como algo contradictorio. Como apatía, incapacidad de sentir y, al tiempo, un predominio de sentimientos de temor y expresiones de violencia. Para mi hermano es una lucha interna constante con voces que nadie más percibe, con las que solo él puede lidiar.

¿Cuándo te diste cuenta de lo que le pasaba a tu hermano?, ¿recuerdas cuándo lo diagnosticaron?
Hace dos años. Dejó de hablar, no comía bien y un día me preguntó si era normal no sentir amor. Recuerdo haberle dicho que tal vez era algo de la edad, que no era tan anormal. Lo diagnosticaron oficialmente el año pasado en Semana Santa.

¿Qué te llevó a hacer Memoria Pulsar?
Memoria Pulsar hace parte de la exposición AUTÓNOMO del MAMBO. Este proyecto nos invitó a explorar “la posibilidad de crear otras formas de proceder, de interactuar y de integrar otras dimensiones del ser, como el cuerpo y la intuición”. Nos pidieron que nos acercáramos a lo que más nos afectaba, en mi caso es mí es mi hermano y su experiencia con la esquizofrenia: ¿qué lo afecta a él? Y, también, ¿cómo hablar de su enfermedad?

En mi familia no éramos capaces de hablar sobre ella. Por eso decidí grabar horas de la interacción de mi hermano con mis padres y con Tango, nuestro perro, en su lugar más íntimo: su cuarto. Para mostrar su vivencia los momentos de quietud y turbulencia que, al fin y al cabo, tenemos todos.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
La obra está construida a partir de una ponchera llena de agua donde se proyectan videos de mi hermano, con mis papás y con Tango. Pero estos videos, de manera intencional, no tienen sonido. Solo hay un amplificador y un parlante que producen vibraciones y silencios. Las vibraciones coinciden con momentos en que Felipe interactúa con mis papás y los silencios con Tango que era el único con el que podía expresar cariño en su crisis antes de empezar la medicación, quizá porque tampoco necesitaba el lenguaje verbal para comunicarse con él. El recipiente lo elegí porque se parece a la ponchera en la que bañábamos a Tango.

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Solo los buenos mueren jóvenes
Trastorno límite de personalidad / Bordado / Obra de Juana Vargas

SOLO-LOS-BUENOS

¿Cuál es el valor de lo insignificante o, más bien, de lo que parece insignificante? Porque, ¿qué es la escala sino una cuestión de perspectiva? Estas son algunas de las preguntas que hace la obra de Juana; un intento de responder a la frustración que le generaba ver cómo la gente trataba a su hermano, Valentín, de quince años, diagnosticado con un trastorno límite de personalidad. Este se define como “un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, de la imagen de sí mismo y de los afectos, con una impulsividad marcada”.

¿Cómo describirías el trastorno límite de personalidad?
Hablando con mi hermano y sus psicólogos he entendido que Valentín lleva sus emociones al límite: si está feliz, es excesivamente feliz, feliz, feliz; y si está triste, se arrastra. La primera vez que intentó suicidarse fue por un problema pequeño. Es muy de altibajos: una semana puede estar muy bien y otra semana puede estar muy mal. Por eso la cuestión con él es encontrar equilibrio, que esté activo, que haga deporte. Es como caminar sobre arenas movedizas.

¿Recuerdas cuándo diagnosticaron a tu hermano?
Hace unos 4 o 5 años. Mi mamá y yo buscamos al respecto, igual estaba un poco chiquita en esa época. Curiosamente muchas de mis amigas tienen el mismo trastorno, entonces llegó un punto en el que dije: “tengo que informarme para entender cómo son las dinámicas de vivir con eso. He aprendido que es una cuestión de constancia, de estar presente. Cuando mi hermano está triste sirve hacer lo mismo que cuando otra persona está triste, no es esperar que se le vaya a pasar y ya, chao. Es decirle: “oye soy tu hermana, estoy aquí para ti, hablemos, no estás solo, los grandes no son malos. ¿Quieres ir al médico? Hazlo conmigo. ¿Quieres dormir conmigo? Duerme conmigo.

¿Qué te llevó a hacer Solo los buenos mueren jóvenes?
Inició como un proyecto de la universidad que coincidió con una recaída que tuvo mi hermano. Fue una forma de manifestar la sensación que tengo acerca de cómo la gente lo trata. De hecho hice un texto para acompañar la obra y al escribirlo me di cuenta de que para quienes estaban afuera mi hermano solo importaba cuando estaba triste, que el resto del tiempo era insignificante. Sentía que la gente no se daba cuenta de lo maravilloso que era. En el colegio lo máximo que hacían era mandarlo al psicólogo, pero no era un acompañamiento real, sino un check list de “cosas que hicimos bien porque somos un colegio”.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste para esta obra y por qué?
Como quería manifestar la importancia de lo imperceptible, decidí usar la figura del pájaro copetón, que es diminuto y es uno de los más comunes en Bogotá. Lo bordé minúsculo.  Pero fue un bordado que me tomó aproximadamente cuarenta horas terminar: cuarenta horas de pinchar, pasar el hilo, dar una puntada y volver a comenzar sobre una tela negra de dos metros por uno cincuenta. En esas dimensiones era necesario agacharse y mirar con detalle los colores crema mortecinos sobre negro para distinguir al copetón. La gente tenía que esforzarse para darle la importancia que merecía, como con mi hermano. Al final, en el texto que acompañaba la obra que escribí: “Solo cuando muere se le da la importancia que merece al copetón”.

Quise que fuese más grande y pretendí repetirlo de otra forma y hacer otras obras al respecto, pero mi hermano no quiso que siguiera tocando el tema. Y ahí, ¿quién soy yo para retomar su experiencia?
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Diagnóstico reservado
Varios casos: hospital mental infantil / Fotografía / Obra de Esteban Valencia

DIAGNOSTICO-RESERVADO

Solo la cotidianidad traspasa la delgada línea entre los de adentro y los de afuera: “tú podrías estar allá y no saber qué está padeciendo adentro la persona”, dice Esteban sobre los cinco meses que pasó fotografiando ires y venires de los niños de un hospital mental al oriente de Medellín. Niños con trastornos leves y profundos: esquizofrenia, bipolaridad, pero también síndrome de estrés postraumático por heridas causadas por la violencia intrafamiliar o política, padecida en nuestro país.

Según el DSM V, “un trastorno es un síntoma caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento del individuo que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen a su función mental”.

¿Cómo describiría usted lo que atestiguó de las vivencias de estos niños?
Este hospital albergaba alrededor de ciento setenta niños y eso es una cantidad enorme. Estuve cinco meses yendo casi todos los días, me metí casi sin referente alguno, pero sí con un interés por entender a través de la fotografía qué era lo que sucedía en esos lugares, cómo se llevaba a cabo la cotidianidad de ellos. Fueron los mismos pacientes quienes se encargaron de contarme hace cuánto estaban allá, cómo funcionaba, etcétera. Esa la línea entre la cotidianidad de ellos y la nuestra es muy sutil. Se veía en las relaciones sociales: amor, odio, confrontaciones, amistades. ¿Cómo funciona esto cuando hay una determinación psicológica,  mental y biológica tan marcada, y cada tanto tiempo te tomas una pasta y eso altera por completo tus sentidos y tu forma de estar?, ¿cómo funciona esto cuando cada tanto tiempo recibes órdenes y vives una cotidianidad en apariencia mecanizada?

¿Qué te llevó a hacer Diagnóstico reservado?
El tema surge de conversaciones con amigos y familiares que me habían comentado sobre el lugar y  me llamó la atención que en el oriente antioqueño hubiese un sitio dedicado exclusivamente a la salud mental de los niños. Quería entender, vislumbrar algo, pero finalmente uno nunca llega a entender nada. Simplemente se hace cada vez más preguntas: ¿qué está pasando socialmente para que un niño de 8 años tenga un trastorno del carajo en su cabeza, para estar en un lugar de estos, para tener estas reacciones ante el mundo, para existir en el mundo de una forma tan específica, atroz, oscura y tan satanizada desde la medicina?

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
La decisión de que las fotos sean en blanco y negro no se debe a un asunto de dramatismo, ni es por subirle el valor estético ante el espectador. Lo hice buscando identificar los detalles más particulares e íntimos de las personas que habitan ese lugar. Pero aún así es difícil: estás pretendiendo ponerte en los zapatos del otro y yo creo que se hacen un pajazo mental quienes intentan hacer intervenciones desde las ciencias sociales o desde la fotografía sin ser invasivos. No se trata de meterse en los zapatos del otro, es más un asunto de cómo lo veo, cómo establezco un diálogo por medio de la fotografía, cómo lo visibilizo a través de la imagen.
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Lo incomunicable
Depresión clínica grave tras abuso sexual / Dibujo / Obra de Daniela Acosta

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En sus dibujos, Daniela Acosta desafía la incomunicabilidad del dolor. Del dolor de haber sido víctima de abuso sexual y no haber podido articularlo, de no haber podido hacerlo por mucho tiempo para sí misma, ni para sus padres o allegados. El dibujo se convirtió en un lenguaje del dolor, fuera de lo lingüístico, para sanar y para acercar a las personas ajenas a su sufrimiento.

Un acontecer que sería descrito por la psiquiatría como depresión clínica grave. Esta aparece con “la presencia de dos o más episodios depresivos mayores”, que pueden presentar síntomas como estos: “disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día; pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso; fatiga o pérdida de energía casi cada día; sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día; disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión;

pensamientos recurrentes de muerte”.

¿Cómo describirías tu experiencia?
Fue tal la descolocación que llegué a no saber bien quién era, estaba desdibujada. Más adelante tuve la fuerza de denunciar, pero lo más doloroso no era ni siquiera lo que me habían hecho sino la incapacidad de quienes debían estar a mi lado de entenderme y apoyarme. No comprendían profundamente lo que ocurría, mi dolor y yo no podía tampoco articularlo. No podía porque llega un punto en el cual eres como un ente, en el que no puedes comer, dormir, ni siquiera hablar.

¿Te diagnosticaron?
Me diagnosticaron con una depresión clínica grave en el 2015. Al principio pensaron que era bipolaridad.

¿Qué te llevó a dibujarla?
Los dibujos eran una forma de decir lo que estaba ocurriendo, algo que las palabras no hubieran podido decir nunca.  el dibujo aparece como un medio muy honesto y que implica mucho tiempo. Además, en el papel se ven las marcas de los errores, los borrones, no son cosas que se puedan maquillar, es muy personal porque se hace en silencio por muchas horas.

Creo que conocí y entendí el dolor a través del ejercicio de dibujar. No sé explicarlo muy bien, pero aparte del dibujo no había otra forma en que se pudiera comprender “aquello”. Hay cosas que puedes dejar ir, que las puedes soltar si la elaboras, pero hay otras que no se pueden restaurar. Yo creo que el dolor y la tristeza terminan siendo parte de ti. Y está bien decir “esto soy yo, no es algo separable”. Y la mayor conquista sería habitar el lugar de la devastación, volver a habitar la cotidianidad, tu cuerpo, tu casa.

Por esto me empecé a interesar por la incomunicabilidad del dolor o la imposibilidad de comunicación que había por otros muchos medios. Ahora estoy trabajando sobre la estadía en una clínica psiquiátrica y qué pasa entre el paciente y el visitante, cómo pasa el tiempo en una clínica psiquiátrica como no se puede hablar de esto oscuro que está pasando.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
El lápiz te da tiempo, se puede guardar, tu lo puedes dejar ahí y volver a él. Además, pude intentar cosas que no me parecían tan importantes como en un material que fuera barato. En ese sentido me permitió ser más sincera. Se volvió un ejercicio de meditación porque hago muchas capas.
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Espacio-Fobia
Fobias / Videoinstalación / Obra de Mateo Rincón



Estar demasiado apretado o demasiado solo. Extremos espaciales que llevan a una reacción de fight or flight. A un miedo profundo que se detona entre pasillos o ascensores o masas amorfas de gente en un concierto. De esto se trata la obra de Mateo, de la claustrofobia y la agorafobia.

“Los individuos con fobia específica presentan miedo hacia situaciones y objetos precisos o los evitan […] Los individuos con agorafobia se sienten temerosos o ansiosos ante el uso del transporte público, estar en espacios abiertos, encontrarse en espacios cerrados, hacer cola y estar en multitud”, según el DSM V.

¿Cómo describirías la claustrofobia y la agorafobia?
Hay gente que se siente tan mal cuando está muy sola o en un espacio, que le da miedo salir de la casa, salir del bus, salir de la estación, salir por la noche. Y lo interesante es que un espacio claustrofóbico es momentáneo, efímero, pero a la vez estar en una parada de bus por la noche puede ser un espacio totalmente agorafóbico para una persona. Yo, por ejemplo, en un Transmilenio he llegado a sudar frío, a mostrar ansiedad, a mover las manos, los pies.

¿Te diagnosticaron?
No, no he sentido que en mi caso haya llegado a un punto álgido. Pero entendí lo que me pasaba cuando empecé a investigar mi relación con el espacio a través de la instalación.

¿Qué te llevó a hacer Espacio-Fobia?
Quería proyectar en una instalación audiovisual los trastornos de ansiedad asociados con el espacio. Que el espectador sintiera, de forma momentánea, esa percepción del espacio habitado con miedo. Quería también hablar de la proxémica, que es el estudio que se hace sobre la burbuja personal, el espacio propio en el cual se experimenta una especie de confort.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
Empecé a hacer pruebas a ver qué espacio usar para la instalación en video y encontré  que el espacio en el que todos entramos es el pasillo, cualquier pasillo: un lugar que es demasiado estrecho y solo. Hice un loop de una persona que está intentando salir de un laberinto de pasillos.

Utilicé un bombillo flash. Con la luz se abre el espacio, pasa de oscuro y pequeño a amplio y muy blanco. Ese mismo bombillo está sincronizado con el ritmo de los videos y genera presión sobre el espectador. El video se acelera y se activan unos parlantes con el sonido que emiten los sensores de movimiento al encender una luz. También decidí incluir mi respiración, porque marcaba la ansiedad e incomodaba a las personas. Me inspiré en interpretaciones del miedo y el espacio, como la película Vertigo, de Hitchcock.
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Mapas mentales
Trastorno de personalidad límite / Fotografía / Obra de María Bradford

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Tener que cumplir expectativas ajenas aun cuando lo que hay adentro son emociones intensas de subida y bajada es uno de los temas de la obra de María Bradford. En ella, fotografía lo que la gente a su alrededor no puede ver: los efectos de su trastorno de personalidad límite.

Algunos de sus síntomas son: “Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario;  patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación; alteración de la identidad: auto-imagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable; comportamientos intensos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación; inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo”

¿Cómo describirías el trastorno de personalidad límite?
Tenía unas emociones muy tensas, y todavía me pasa, sentía tristeza pero era en extremo. Tenía cambios demasiado abruptos de emociones: podía en estar muy feliz, pero al momento se bajaba eso y me podía atacar a llorar. A diferencia de la bipolaridad, en la que tú tienes etapas muy prolongadas, estos cambios se dan dentro de un día. Está muy caracterizado también con trastornos de ansiedad, se tienen ideas de suicidio a veces, autolesiones entre otras cosas, por la  misma intensidad de las emociones: como las personas no saben qué hacer con ellas, buscan formas no funcionales para sobrellevarlas.

¿Te diagnosticaron?
Me diagnosticaron en enero de 2017. Mi primer episodio fue en Perú durante un viaje.

¿Qué te llevó a trabajar estos temas?
Todo sucedió porque también estudio psicología, además de arte, por ahí empezó mi interés. Investigué por mi parte qué características tenía este trastorno, cómo se diagnosticaba, fui viendo las cosas que sentía e identificaba en mí. Fue una manera de hacer una autobiografía, para sacar y exteriorizar.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
Los colores que usé eran muy fríos o muy cálidos: muy azules o muy amarillos, para que se notara el cambio abrupto. El azul va más relacionado con las etapas de tristeza y el amarillo con las de euforia. Usé largas exposiciones para crear la sensación de movimiento.

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Honest Thoughts
Ansiedad y depresión / Ilustraciones / Obra de Natalia Cardona

HONEST-THOUGHTS
La ansiedad se le presenta a Natalia a veces como un vacío o una sombra y otras como un ardor en la boca del estómago o una voz que no la deja en paz. Es parte de ella, la asusta, la petrifica. Pero a veces es ella quien la logra ahuyentar.

Según el DSM IV, “La ansiedad y preocupación se asocia con […] inquietud e impaciencia, fatigabilidad fácil, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño”. Pero, ¿cómo se le presenta a esta ilustradora?

¿Cómo describirías la ansiedad?
Es como estar girando en un carrusel bajo tierra del que, por más que lo intentes, no puedes salir. La mente es bombardeada por pensamientos automáticos negativos, todos vienen y van tan rápido que dejan una sensación de desconcentración y cansancio físico.

¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que la sentiste?
Mi primera memoria de ansiedad se remonta a mis años de pre-escolar. Siempre fui la estudiante estrella de la clase, recuerdo que sufría gastritis crónica por la presión ilógica de mantener mis buenas notas. En ese entonces, no era consciente de que la ansiedad y depresión son aflicciones mentales que pueden ser tratadas con terapia y medicamentos. Sería lindo decirle a la Natalia del pasado que no hay nada más importante que cuidar de la salud física y mental.

¿Te diagnosticaron?
La primera vez que fui diagnosticada formalmente fue en 2014. En ese entonces estaba en mi último semestre de pregrado y la presión por desarrollar mi proyecto de tesis me disparó una crisis ansiosa que terminó en un episodio depresivo severo, que duró un par de meses. Ese fue el momento en el que tomé la decisión de pedir ayuda profesional y empezar mi proceso de psicoterapia. Gracias ello pude superar esa primera gran crisis y aprender las estrategias para lidiar con mis ataques de ansiedad. 

¿Qué te llevó a hacer el primer boceto de la serie Honest Thoughts?
Llevo más de tres años viviendo fuera del país, en Estados Unidos, y no ha sido fácil estar lejos de mi hogar, de mis seres queridos y mi zona de confort. Crecer, en general, ha sido un proceso agotador emocional y mentalmente para mí. Estos sentimientos se potencializaron hace unos seis meses al terminar mi maestría. Un día decidí que quería expresar en papel el sentimiento de vacío que me estaba provocando la incertidumbre y ansiedad. Me senté en mi terraza con mi cuaderno a contemplar las nubes y llorar un poco en soledad. Así nació la idea de Honest Thoughts.

¿Cuáles fueron las decisiones técnicas y estéticas que tomaste y por qué?
Como esta serie fue pensada a manera de proyecto personal para plasmar mis emociones, quería que fuera una técnica rápida y que comunicara un trazo desordenado y manual. Ya que la ansiedad la siento como ruido y oscuridad, el trazo rápido de lápiz sobre papel y la estética monocromática fueron idóneas para el mensaje final.
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