El cajero automático del Muro de Berlín

La obra de Elmgreen & Dragset, donada al Museo Contemporáneo de Berlín, incrusta en las ruinas de la cortina de hierro un fragmento del capitalismo occidental. 

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01 HBF Statue of Liberty

© Cortesía: Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie. Foto: Elmar Vestner

A

l cruzar la frontera, los visitantes provenientes de la República Democrática Alemana recibían un regalo en efectivo por parte del gobierno de Alemania Occidental. Este “dinero de bienvenida” fue entregado desde 1970 hasta el 29 de diciembre de 1989, 45 días después de la caída del muro que separaba ambos países. Ese 9 de noviembre de 1989, en medio de los martillazos que derribaban el símbolo más sólido de la Cortina de Hierro, alemanes de ambos lados intercambiaban billetes, olvidando su valor, mientras cantaban parados sobre las ruinas del Muro de Berlín.

Como homenaje y crítica a esa serie de episodios históricos que vinculan la economía doméstica y la política internacional, la pareja de artistas Elmgreen & Dragset incrustaron un cajero automático en un segmento de concreto del Muro de Berlín. La obra titulada Statue of Liberty graba sobre piedra este simbolismo financiero y recuerda esa faceta de una historia muchas veces contada desde otros ángulos. 

Después de ser adquirida por un coleccionista privado, la obra de 2018 fue donada a la Galería Nacional y fue abierta al público el pasado 21 de junio en el jardín del Hamburger Bahnhof, edificio de una antigua estación de ferrocarril, a pocos pasos de la casi nada que queda del Muro de Berlín.

A través de la superposición entre un elemento del capitalismo y uno que representa el comunismo y su caída, la obra no solo alude al pasado de una Berlín dividida, sino que también apunta al presente de una ciudad gentrificada y cosmopolita. Se trata de la capital de un país cuya relación con la memoria está marcada por la responsabilidad histórica, pero que inevitablemente toma múltiples formas al servicio de la efervescencia turística: el centro de la ciudad traza un denso mapa de memoriales, homenajes y museos, en medio de los cuales un cajero automático resulta tan urgente como un trozo del ausente Muro.

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© Cortesía: Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie. Foto: Mathias Völzke

El danés Michael Elmgreen y el noruego Ingar Dragset han desarrollado su obra escultórica y sus intervenciones urbanas descontextualizando objetos, como pretexto para abordar temas políticamente sensibles a partir de su contraposición con elementos cotidianos. 

En el primer capítulo de su obra de 1986, Los hundidos y los salvados, el autor italiano Primo Levi escribió: “Los recuerdos que en nosotros yacen no están grabados en piedra; no solo tienden a borrarse con los años sino que, con frecuencia, se modifican o incluso aumentan literalmente, incorporando facetas extrañas”.

Aunque el ensayo del químico y escritor italiano se refiere a las huellas del holocausto en la memoria, a partir de su experiencia como sobreviviente de Auschwitz, sus palabras tienen tanta vigencia respecto a los rastros que ha dejado la Segunda Guerra Mundial como a los de la Guerra Fría. Statue of Liberty ironiza sobre ese rigor aparentemente implacable de aquello que está grabado en piedra y juega con las posibilidades abiertas de esas extrañas facetas que el curso de la historia y del arte logran reescribir al capricho.  

Los filtros a través de los cuales nos asomamos al pasado y las formas en que este se narra, en especial si se trata de episodios marcados por el dolor, suelen estar cargados de una solemnidad respetuosa con quienes más íntimamente lo han sufrido. Ese peso inflexible que recae sobre la historia o el periodismo resulta maleable en manos del arte, la literatura y el voz a voz de la cultura popular. 

Del mismo modo que los alemanes han acuñado el término “ostalgie” para referirse a esa nostalgia por la vida cotidiana en la extinta Alemania Oriental y han llegado a banalizar ese sistema de valores con toda una producción vintage irónica, Elmgreen & Dragset cuestionan la exotización del pasado y la normalización del dolor volviéndola ostalgia concreta, material; plata y piedra.

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© Cortesía: Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie. Foto: Mathias Völzke

En esta obra, esa plata que todos manoseamos está tan untada de política y de historia como en el performance cotidiano protagonizado por miles de inmigrantes venezolanos, quienes se burlan de las paradojas del dinero haciendo circular fajos de bolívares devaluados, como si fueran estampas, postales, a bordo de los buses nuevos del costoso Transmilenio.

En el cajero de Statue of Liberty no hay dinero, del mismo modo que en el Muro ya no hay muro. Sin embargo, en su ausencia ambos son tan concretos que partieron en dos la historia y un país. Fajos de billetes y escombros ficticios circulan sin un valor distinto al simbólico, como un testimonio de la forma en que el papel y la piedra cobran valor a través de la memoria.
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