Lucha sobre papel

Sobre las paredes silenciosas, los carteles han gritado un mensaje durante estas semanas de paro nacional. Una jornada en el centro de Bogotá, organizada por Proyecto Relámpago, despierta esta reflexión sobre el papel del papel en la política.

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e escribió alguna vez que el papel era una sustancia tenaz. La disertación con la que continúa Francis Bacon, el autor de esa verdad, describe al papel con sus características de membrana, de dureza, de imitador de lo natural y también de contrapeso, de objeto fibroso. Para que una hoja de papel sea posible, incluso del tipo más simple, es necesario algo de empeño: talar árboles y del tronco obtener una fibra que se blanquea, se prensa, se seca y se atraviesa por rodillos fríos. No es fácil la tarea de hacer que el papel exista.

Nos encontramos un sábado en la mañana frente a un muro en el Parque del Periodista en Bogotá en el marco del Paro Nacional. Había unas 30 personas mal contadas sosteniendo pilas de carteles hechos en papeles de bajo gramaje, canecas de engrudo, brochas, esponjas y sombrillas. Llovía. Solo una persona sabía lo que hacía y el resto se entregó a seguir instrucciones: una capa de engrudo, pegar el cartel, otra capa de engrudo. Que fuéramos generosos, que nos juntáramos en equipos para que uno untara el engrudo y otro pusiera los carteles, que el encargado del engrudo iba a ensuciarse.

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Sobre un papel café que parece reciclado se escribió en pintura roja: ciegos nos tienen, mudos nos quieren.

Sobre papel rojo, la ilustración de un tigre voraz abriendo la boca. También dice en letra negra NO TENEMOS MIEDO!!!

Una impresión a una tinta fucsia de una foto de un incendio. En el medio dice en negativo: AMANECERÁ QUEMADO.

Una ilustración de un piano y abajo: mi mamá me ama, mi mamá me llora, mi mamá nos llora.

Una fotografía a cuatro tintas de una mujer con una cacerola en la mano sobre una acera. Al lado, el que podría ser su esposo con una olla y una tapa. Si uno se dispone, esta foto suena.

En tinta gris: EL ESTADO ROBA, LA PRENSA MIENTE, LA POLICÍA MATA.

Letras blancas escriben: el río hablará.

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Estos y otros carteles fueron los que empezamos a pegar en la pared en un acto parecido al bordado; fuimos cubriendo la superficie formando una imagen prieta. Podría decirse también que fue como unir muchos gritos y dejarlos ahí suspendidos para que tronaran en los oídos de los transeúntes. En la avanzada, el muro dejaba de ser eso –un muro– y se convertía en una gran hoja que mostraba la memoria del Paro Nacional, o por lo menos de ese pedazo de estallido social que busca cauce a través del papel.

Acá el papel no es, como en los libros, un contenedor. Cuando usamos este sustrato como compañero de lucha no tiene sentido la economía del mismo, o por lo menos no la que pretende que mucha información quepa en el mínimo de hojas posibles; acá se busca un reguero. Tal vez sea por eso que se usa papel barato y ligero y amplio, para que el mensaje consignado tenga un impacto vasto. Que cubra todo lo que pueda, que se note.

El papel, claro, no se está estrenando como compañero de protesta. El 3 abril de 1968, un grupo de trabajadores en Memphis se declararon en huelga tras la muerte de dos compañeros afroamericanos y múltiples casos de abuso laboral. En el Templo Masónico se reunieron algunos huelguistas con carteles que decían: I AM A MAN, porque parecía importante recordarles esa obviedad, que ellos también eran seres humanos. Las sufragistas en Reino Unido hacían carteles donde se nombraban como sufragistas y otros que llevaban la consigna: Votes for women. Como estas, y con mayor intensidad después de la Primera Guerra Mundial, son muchas las protestas que han usado el papel como instrumento político y como herramienta para que los mensajes lleguen a donde la voz no alcanza.

En estos días del Paro Nacional en Colombia han aparecido carteles que han acompañado las marchas y que terminan pegados en los muros revelando el tránsito, los lugares de la lucha. No hay uno que sobresalga entre el resto; se ven ilustraciones distintas, letras distintas, colores distintos y frases distintas que al final dicen una misma cosa: lo que fue, ya no será. Estos carteles no solo tienen gran alcance gracias a la presencia abierta y pública intrínseca a estar en la calle, son replicados también en las redes sociales, a través de las cuales sus mensajes e imágenes se amplifican y perpetúan de otras maneras. El cartel hoy es también un vínculo que se teje entre lo digital y lo urbano.


No es posible hacer ese bordado enorme sin el engrudo. Esta es otra sustancia tenaz. La receta es simple –mezclar agua con maicena o harina– pero se requiere de paciencia para cocinarla y que se incorpore. Luego la sorpresa: que esa masa grumosa y húmeda logre sostener pliegos de papel con firmeza. Que eso que parece una baba inconsistente logre interponerse y sobreponerse entre el papel y la pared y los mantenga unidos.

El papel, claro, ya está unido a algo más: la tinta. Encargada de la enunciación, milenaria acarreadora de la historia, aparece en los carteles para darles forma. La voluntad o la furia de quien crea se materializa en la tinta o en los lugares del cartel donde esta se ausenta. No importa si fue puesta allí a través de serigrafía, a mano con marcador grueso, con impresión digital o litográfica; todo el entramado existe como soporte para ella, que es el contacto final con lo que se quiere nombrar. El mensaje que devela la tinta justifica la existencia del resto.

Me alejé para ver qué tanto muro nos habíamos tragado a punta de papel y pude expandir lo que pienso cuando se nombra la palabra resistencia. Porque apropiarse de un muro es resistir, hacer contención; porque convertirlo en una cobija de retazos de papel con mensajes de digna rabia nos reconoce como voces. Pararse ahí, con la lluvia encima y la tomba al lado con no más que pliegos de papel se parece mucho a la fuerza. El engrudo, la tinta, la pared, la voluntad y el papel se entrelazan y se soportan entre sí para que el mensaje pueda ser entregado; empapelar una pared tiene todo afín con la lucha colectiva. Partículas que se unen porque algo debe decirse, algo debe hacerse. El papel, finalmente, es un entramado de fibras que se unen. Sustrato, acción y mensaje tienen un solo camino.

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