POR: Bacánika Martes, 06 Octubre 2015

Un dúo de Medellín, acompañado de alguien diferente en cada puerto, recorre el mundo y da su propia definición del mestizaje con este experimento de sintetizadores, guitarras, voces y postales.separadorIMG 8373

El dúo Trópico Esmeralda lleva haciendo música hace más de doce años. Salvo algunos instrumentos y voces, casi todo lo ha grabado en la sala de diferentes apartamentos en Medellín (y no precisamente con la ayuda de GarageBand). Nunca ha tenido un productor, un presupuesto ni un promotor más allá del voz a voz. Su primer álbum salió en 2003 y, desde entonces, Trópico Esmeralda ha editado otros cuatro LP y dos EP, que no es poca cosa para un proyecto financiado con el bolsillo de sus integrantes. Su más reciente esfuerzo reúne más de tres años de viajes y grabaciones sonoras y audiovisuales, incluyendo voces como la de Parlantes o Lido Pimienta; el resultado es un pastiche difícil de digerir para un público que está acostumbrado a que los músicos se encasillen en un género. Estas son las Crónicas Míxticas.

Como queda resumido en este álbum, Trópico Esmeralda ha pasado por el ruidismo, el downtempo, el punk, la música electroacústica (incluyendo una orquesta de más de veinte músicos), la fusión con sonidos latinoamericanos (con invitados de Puerto Candelaria, por ejemplo), la electrónica más pura y voces muy diversas (Malalma, Edson Velandia, Natalia Bedoya y Resina Lala, entre otros). Y así como ha recibido elogios por parte de músicos y melómanos, también se ha cerrado las puertas del público y los medios por esa patada sonora que le da a cualquier estándar con cada nueva grabación. Tal vez el dúo se tomó muy literal lo de “mestizaje” y su música se convierte en un cruce de razas extraño… un perro criollo que no todos están dispuestos a adoptar.

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Entre tanto experimento, el resultado puede fallar. Después de embarcarse (literalmente) a hacer una película, prefieren definirla como “artesanal” para no chocar con los estándares de la industria audiovisual. Muchas de sus canciones parecen sinfonías caóticas, al estilo de Mouse On Mars, en lugar de irse por la fórmula exitosa de, por ejemplo, Bomba Estéreo. Pero eso no parece ser un problema para los integrantes de Trópico Esmeralda: al hablar con ellos queda la sensación de que a veces quisieran que sus canciones se quedaran guardadas para jamás ser escuchadas. Sin embargo, cada tanto vuelven al ruedo y siempre sorprenden, para bien o para mal. Lo que está claro es que a Juan Fernando Gaviria y a Juan Fernando Ossa no les interesa quedarse quietos en un solo estilo para ganar un público específico, ni entrar en el circuito de la adulación mutua o la pose de rockstars.

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Sus conciertos –incluyendo un par de presentaciones en el Festival Altavoz ante más de quince mil personas– los han hecho disfrazados o enmascarados, incluso acompañados por una gran cantidad de músicos en tarima que desvían la atención del público y hacen casi invisible al dúo. Lo suyo no es un himno populista a la colombianidad ni un discurso claro, a lo sumo parecen tener una continuidad en el humor. Tal vez por eso escogimos una canción suya para hacer nuestro video de presentación: porque Trópico Esmeralda es muy poco convencional y, con música, resume este collage editorial que es Bacánika.

Crónicas Míxticas, su álbum de 2015, viene en una memoria USB que incluye una esmeralda real. Apenas se hicieron cuarenta objetos que se distribuyen directamente contactando a la banda. La música, de todas formas, se puede descargar libremente, así como toda su discografía. Aquí no hay prensa ni lanzamiento ni un concierto inolvidable: es como un mensaje en una botella que se deja en el mar para ver si alguien lo recibe.

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Esto demuestra que Trópico Esmeralda no sueña con el Grammy ni con tener un asiento entre los jurados del reality de moda. En medio de tantas negaciones, uno pensaría que el grupo no quiere nada, que lo suyo es una especie de anarquía musical; pero su conclusión es que quieren pasarla bien, incluso son bastante positivos frente a la libertad de expresión, los medios digitales y lo amplio que puede ser el arte en estos días. Al igual que la gran mayoría de los músicos colombianos, sus integrantes viven de otros trabajos que de artísticos tienen más bien poco pero, a diferencia de muchos, son conscientes de que las estrellas son planetas que se murieron hace siglos.separador

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