POR: Andrea Melo Tobón FOTOGRAFÍA: Natalia Zuluaga S. Miércoles, 30 Noviembre 2016

Hablamos con Flora Martínez sobre ser mujer y ser Frida en la obra que se presentó en el Teatro Colón.

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Sentada en una poltrona en una esquina del escenario, Flora Martínez habla en voz muy baja mientras mueve la cabeza metódicamente. Aprieta un bastón con las manos, se ríe con demencia sin emitir sonido y abre sus piernas como si estuviera a punto de parir. Ya no es Flora, es Frida Kahlo.

Usted no recibió educación formal en un colegio, ¿qué piensa de la educación tradicional veinte años después?

Pienso que la extrañé, yo quería terminar pero cada vez me doy más cuenta de que hace menos falta porque siento que muchas veces uno puede salir muy formado pero no para la vida. Mira cuántos desempleados hay hoy y terminan la carrera y luego no pueden trabajar. 

La educación en muchas áreas nos puede quitar individualidad, el solo hecho de que tengamos que aprender a decir las mismas cosas o hacer un mismo examen me parece tenaz. Me hizo bien no terminar el colegio.

Yo, por ejemplo, tengo ganas de irme al campo y tener una huerta. Creo que es una cuestión de recuperar algunas cosas de tiempo atrás, como ser autosuficientes y colaborativos entre nosotros. El sistema que nos inventamos no funcionó.

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Usted es conocida por papeles de mujeres empoderadas y a la vez bellas desde que interpretó a Rosario Tijeras, ¿qué la hizo alejar de este tipo de personajes?

Yo veía en YouTube solo los clips de sexo de Rosario Tijeras y pensaba: “qué horrible, qué boleta”. La primera lección que aprendí fue no dar papaya.

Por ejemplo, me acabaron de ofrecer una película ecuatoriana que se llama La mala noche y se trata de una prostituta que se droga y tiene una hija a la que le manda plata, son personajes que realmente no tienen una voz propia, que están escritos la mayoría de veces por hombres y en los que la voz de la mujer está totalmente perdida.

Quizás con veinte años yo no tenía una voz propia, era actriz y para mí eso significaba asumir un rol hasta sus últimas consecuencias, pensaba “soy profesional, hay que hacerlo y hay que hacerlo muy bien y me meto en la piel de los personajes”. Para hacer Soplo de vida me fui hasta las morgues y estudié a los muertos, todo en su profundidad. Pero llegó un momento en que dije “toda esta entrega la estoy dando para hacer qué” y veía los resultados y decía “no hay historia, no hay voz, ¿qué estoy diciendo por las mujeres?, ¿qué estoy sacando en alto?”. Por suerte llegó mi esposo a mi vida y vio que yo escribía y que tenía letras y me dijo: “tienes que sacar tu voz; si no, no sirve”.

No creo que eso esté mal. Son procesos, todos tenemos procesos. Seguramente aprendí muchas cosas ahí, ya no me acuerdo, pero la voz de las mujeres es muy importante y como artistas también en cualquier faceta. Frida Kahlo, sin ir más lejos, siempre habló de la verdad y la criticaron muchísimo y solo fue famosa hasta después de muerta. Yo he ido buscando mi voz y ha sido muy difícil porque, como actriz, quieres agradar a todo el mundo, entonces es muy fácil caer en la trampa de quedarte sin voz.

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Usted ha ido y venido de la televisión, el cine, la música y el teatro. Hace poco estrenó un álbum de covers de jazz y bossa nova. ¿Cómo fue ese proceso de pasar de la imagen al sonido? ¿Cuándo podremos escuchar sus composiciones?

La música es muy difícil, más con un maestro como mi esposo, que viene del jazz y es muy exigente. Uno escucha la bossa nova y piensa que es fácil pero no lo es para nada. Él me dijo “todo es afinación y ritmo”, yo le metí todo el sentimiento del mundo y me dijo “no, primero lo primero”.

Ha sido lindo porque he construido un sonido. Eso es importante y toma tiempo: tienes que moldear tu voz y tu ritmo y eso lo he podido hacer con los años. El hecho de que con Frida pueda hacer de todo, me hace feliz.

Tengo mis letras pero lo que pasa es que estábamos preparando ese repertorio de jazz, grabamos y esta disquera hace eso: puros covers, lo pidieron y fue muy lindo que me produjeran pero ya el próximo disco viene con otra carreta.

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¿Cómo era Flora antes de Frida Libre y cómo es ahora?

Creo que seguía teniendo mañas de querer complacer. ¿Mediocre? Nunca creo que haya sido mediocre pero sí era mucho más débil y ella me ha dado mucha fuerza, ese perrenque que tenía Frida lo puedo entender. Cuando entiendes a una mujer que pudo sobrevivir a todo lo que ella sobrevivió y seguía, se vestía, luchaba y bailaba de esa manera… me encanta, soy fiel a ella.

Las dos Fridas fue la primera obra de teatro que usted vio y ahora vuelve a ella para interpretarla. ¿Qué siente al respecto?

Nada es gratuito. Cuando uno está siguiendo el camino que tiene que seguir, vienen estas cosas como que lo primero que me haya llevado a la actuación fuera esa obra y que por coincidencia pueda interpretarla a ella. Eso fue el destino.

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Después de estudiar al personaje de la manera en la que lo hizo, ¿qué lección le queda a usted como mujer sobre la figura de Frida Kahlo?

El mensaje más profundo y esperanzador es que todas nos podemos reinventar a nosotras mismas. Y eso lo dice una mujer que tenía todo el sufrimiento y el dolor del mundo y lo logró de una manera muy creativa, pintándose a ella misma. Esa es una lección que nos da y una fuerza que nos llevamos adentro cuando la entendemos, la leemos y la asumimos.

Cuando Flora Martínez aceptó interpretar el papel decidió empaparse lo más que pudo de la vida y el tufo de Frida Kahlo leyó libros, vio películas, visitó su casa en Ciudad de México, tomó clases de pintura e intervino los libretos porque sentía que no tenían una mirada de mujer. La obra Frida Libre se presentó en el Teatro Colón.separador

 

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