POR: Juan Sebastián Salazar FOTOGRAFÍA: Juan Sebastián Salazar Jueves, 02 Octubre 2014


El Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA) homenajeará a Batman en su cumpleaños 75. La actividad más importante es una exposición de cerca de 400 objetos del murciélago. Hablamos con tres coleccionistas sobre su afición y sus juguetes. ¡Y cómo uno de ellos llegó a ser extra en una película de Christopher Nolan!

 

marco2Es diseñador gráfico. Inició su colección hace cinco años, aproximadamente. Lo suyo son las figuras de acción originales y, como cualquier vicio, “yo disfruto mucho de éste”, dice.

¿Cuándo y cómo nació esa pasión por Batman?

Yo soy el menor de cinco hijos. Cuando pequeñito mis hermanas, que ya estaban en la universidad, me visitaban a veces y me regalaban figuras de acción; ellas me alcahueteaban mis gustos por esos muñequitos. En el 96 una de ellas me regaló un Batman de los que creó Bruce Timm. Recuerdo que ese fue el único muñeco que me duró muchísimo porque yo les daba mucho palo a las figuras. Por eso le cogí cariño, porque aguantaba todos mis trotes. Llegó un tiempo en que ese Batman se peló tanto que su traje gris se volvió negro; lo que hice fue dibujar el logo de la saga de Batman Beyond y pegárselo con Colbón en el pecho; también le hice los ojos con un corrector.

Años después me fui de vacaciones donde mis hermanas y mi mamá aprovechó y regaló todos los juguetes porque, según ella, eso era basura; entre esas figuras estaba el Batman que me duró más de ocho años. Dejé las figuras pero seguí leyendo muchos cómics que me enamoraron más, en parte, por mi trabajo como diseñador gráfico. Entonces decidí, ya viviendo solo y con mis ingresos, recuperar todo lo que se perdió con la masacre que hizo mi mamá. Así empecé a coleccionar.

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¿Qué tiene Batman, como héroe, para llevarlo a coleccionar sus figuras?

Batman es el héroe con el que uno se puede identificar más fácilmente. No nació en Criptón, tampoco tuvo un accidente radiactivo ni vino de la tierra de las Amazonas. Está podrido en plata, eso sí, pero aparte de eso tiene una razón muy humana de la justicia, digámoslo así. Me siento muy identificado con su intención de ecuanimidad: suena muy heroica pero es así. Además, él siempre está en las sombras con su estilo gótico, oscuro, temeroso. Eso me encanta. Y bueno… sus enemigos, como El Guasón, con sus frases “filosofales”, son increíbles.

Hoy en día, ¿cuántos objetos tiene?

Ahora creo que atesoro sesenta figuras de las cuales el 60% son de Batman. Aparte de eso también tengo algunas películas, una novela gráfica del Guasón dibujada por Brian Azarello, y dos art books: uno sobre toda la producción de la primera película de Cristopher Nolan (Batman Begins) y otro del ilustrador Alex Ross.

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Y de todos esos objetos, ¿cuál es su consentido?

Sin duda es el Batman de 1996 de la marca Kenner que mi novia me regaló hace unos años; no es el más costoso, pero es el mismo que tuve cuando pequeño y eso me trae buenos recuerdos.

¿Cuál es el objeto que más le ha costado (en términos económicos)?

Tengo varias figuras: una es el Batman de Arkham Origins de DC Collectibles que fue superdifícil de conseguir y que me costó $90.000 (hoy en día puede costar entre 150 y 200 dólares); tengo otras estatuillas marca Kotobukiya que cuestan entre $150.000 y $300.000.

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¿Cómo es el proceso de búsqueda de esas figuras?

Hoy en día tengo unos dealers de Batman, digámoslo así. Tengo amigos que se dedican a la venta de figuras; ellos las “trafican” del extranjero y las venden mucho más baratas. La verdad es que tampoco estoy en busca de las botas originales que usó Adam West. No. A mí me atrae más lo nuevo. Yo considero que mi colección es más actual porque mis gustos son de estos tiempos.

¿Y esa colección actual no lo convierte en un intruso para aquellos coleccionistas puristas que, a lo mejor, ni siquiera lo considerarían coleccionista de Batman?

Yo sí me considero coleccionista porque hay una diferencia entre tener un objeto cualquiera y la intención de hacer crecer mi propiedad. Yo no creo que haya un número de figuras que digan que uno es coleccionista; desde que uno tenga la afición a una cosa y le guste adquirir productos relacionados, es coleccionista. No se trata de decirle a todo el mundo “Mírenme, tengo tantos Batman”; es más bien un gusto personal: admirar las figuras, poderlas dibujar, fotografiar e incluso jugar con ellas.

¿Alguna vez esa colección le ha traído problemas?

Intentar exponerlas y tener que limpiarlas es muy cansón, por eso decidí dejarlas en los empaques. Eso es lo más grave o problemático. El plano económico tampoco es un problema: yo no soy compulsivo, ahorro por temporadas y cuando tengo la plata busco la figura que me gusta y la compro; si no, me quedo con lo que tengo.

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¿Si uno ve a un coleccionista de Batman lo reconoce? ¿Hay algo que los diferencie?

Sí hay ciertas particularidades; creo que somos los únicos que compramos ropa con el logo de Batman. Pero tampoco siento que existan características generales: “si es estilo Sheldon Cooper, flaco, ojeroso y con una camiseta de cómic, ese es superfanático”. Tampoco. He conocido coleccionistas que son trabajadores que se la pasan encorbatados y que, a pesar de sus cargos formales, son fanáticos de Batman. Ojalá a mí me suceda así.

¿Cuál es el dato sobre Batman que usted sabe y que seguramente pocos saben?

¡Me sé el verdadero nombre del Guasón! Se llama Jack Napier.

 

 

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Tito es filósofo. Él es el coleccionista de curiosidades, de rarezas; entre sus objetos hay walkie talkies de Batman que regaló Kokoriko hace años, hay vasos desechables de cine con imágenes de las películas del caballero de la noche y hay un view master de la serie de televisión de 1966. Él guarda objetos porque atesora un tiempo.

¿Cuándo y cómo nació esa pasión por Batman?

En los ochenta, en mi infancia, leía muchos cómics de la editorial Novaro. En esa época, Batman, gracias al dibujante Neil Adams y al argumentista Dennis O’Neil, era mucho más oscuro; las historias, realmente, eran de detectives. Eso me gustaba. Además, a mí me gusta dibujar y cuando uno hace a Batman es muy atractivo; tiene la ventaja de que uno puede crearlo de mil maneras y nunca dejará de ser él, con Superman no pasa lo mismo. Finalmente, y justo en esos tiempos, salió la película de Tim Burton y eso me terminó de enganchar: había mucha batmanía, mercadeo y figuras de acción.

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¿Y cuándo traspasó ese límite entre la afición y el coleccionismo?

Mi primera colección fue de cómics, en 1995, y mi mamá se deshizo de ella. Luego, en la universidad, volví a acumular objetos de Batman. Alguna vez leí que el coleccionismo es un rezago del hombre cazador, una manera de apropiarse de las presas, de poseer, de conjurar algo que uno quiere tener o, por qué no, parecer.

¿Cuáles fueron los primeros objetos que cazó?

Primero, los cómics porque eran lo más fácil de tener. También algunas figuritas, pero no de acción sino muñecos que me daban en las piñatas o en ese tipo de cosas. Ya después la gente me empezó a regalar objetos de Batman y también empecé a comprar porque me parecía curioso. Sin darme cuenta se me volvió una afición, como a quien le gusta el fútbol.

Hoy en día, después de más de veinte años, ¿cuántos objetos tiene?

¡Uhh! La verdad no sé… yo ya le perdí la cuenta. Yo debo… debo de tener cerca de 200 objetos, más 300 cómics, tal vez. Todos son selectos porque en ese sentido soy un poco purista: se trata de cosas que ya no se consiguen tan fácilmente.

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¿Y qué tipo de objetos “selectos” tiene?

Tengo un view master de la serie de televisión de 1966 que solo salió una vez en ese formato (un solo capítulo). También tengo una figurita de la película de Tim Burton con el rostro de Miachel Keaton: se le pueden quitar la capucha, los guantes y la pechera. Hace unos años compré la primera serie de Lego sobre Batman. Igualmente, tengo la edición de tapa dorada de la muerte de Robin (Muerte en Familia) de Novaro o la reedición de Detective Cómic 27, donde apareció por primera vez Batman. Ese tipo de cosas son muy difíciles de conseguir.

¿Cuál es el objeto que más le ha costado (en términos económicos)?

¡Guau! Creo que los batimóviles que pueden costar entre $100.000 y $150.000.

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¿Cómo es el proceso para cazar?

En el mercado de las pulgas a veces se consiguen cosas, en Mercado Libre también o en las tiendas de cómics. Mis amigos también me regalan objetos.

¿Cuál es su intención al coleccionar estos objetos?

No sé… es como una manera de aprender sobre algo que me apasiona; creo que es por atesorar cultura, cultura de una época, cultura pop. Es una manera de almacenar un tiempo: los superhéroes son una mitología de la edad industrial, llamémoslo así.

¿Alguna vez esa colección le ha traído problemas?

No. Nunca ha sido un castigo o un problema.

¿Si uno ve a un coleccionista de Batman uno lo reconoce por su personalidad o pinta? ¿Hay algo que los diferencie con los coleccionistas, por ejemplo, de Superman?

Los objetos delatan a los coleccionistas: un ringtone, un llavero, una camiseta. Un coleccionista de Batman también se delata, normalmente, porque es más oscuro: es más fácil ver en un concierto de rock o metal a alguien con una camiseta de Batman que a alguien con una camiseta de Superman.

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¿Cuál es el dato sobre Batman que usted sabe y que seguramente pocos saben?

Casi nada de lo de Batman es original en sus principios. Antes de Batman existían personajes inspirados en murciélagos: Black Bat, por ejemplo; la batiseñal no es original; la primera historia de Batman es una reinterpretación de otra que había aparecido en The Shadow; El Guasón nació por un personaje de Víctor Hugo que se llama El Sonriente; El Zorro también era un millonario con una doble personalidad… Lo que hizo Bob Kane fue actualizar el mito. Hoy en día Batman es una mitología consolidada.

 

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Desde los tres años ama a Batman. Tiene más de mil objetos, conoce a las personas que hacen el doblaje de Batman al español, fue extra en la última película de Cristopher Nolan, hace charlas sobre el héroe y, cómo no, tiene su propia tienda de cómics y figuras de acción.

¿Cuándo y cómo nació esa pasión por Batman?

El cuento con Batman es que yo empecé a leer cómics cuando mi mamá me regaló un libro de él. Yo quedé enamorado. Nada que hacer. Me abstraía totalmente viendo la serie, los personajes y los cómics. Ya después me di cuenta que ese tipo siempre estaba preparado y ese es uno de los motes de mi vida: estar preparado. Batman también es un pesimista empedernido y un personaje muy inteligente. Eso me encanta.

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¿Cuándo traspasó ese límite entre la afición y la colección?

Esa afición empezó, precisamente, al poco tiempo del fallecimiento de mi mamá (en 1997): fue un momento oscuro para mi vida y me encontré con un amigo (Batman) que hace mucho no veía y empecé otra vez a comprar cómics, libros, películas y figuras.

¿Cuál fue el primer objeto que tuvo de Batman?

Uno de los primeros cómics que tuve es de la editorial Novaro y la portada es, de hecho, una de las 75 más importantes de la historia de Batman; en esa portada salen todos los villanos alrededor de la tumba de Batman diciendo “Yo lo maté”.

Hoy en día, después de cerca de quince años de colección, ¿cuántos objetos tiene?

Solo cómics de Batman, casi 700; 30 batimóviles; 20 muñecos y, entre objetos y otras cosas, más o menos, 400 más.

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Y de todos esos objetos, ¿cuál es su consentido?

Son tres los consentidos: un cómic firmado por Bob Kane y dos peluches de Batman; uno de trapo de 60 centímetros y otro de 120. Todos tienen grandes cargas sentimentales, más que económicas. 

¿Cuál es el objeto que más le ha costado (en términos económicos)?

Tengo un batimóvil que me costó $600.000 y conservo una deuda de $4.000.000 por haber sido extra de la última película de Batman. Yo siempre quiero lo último, y por mi espíritu de coleccionista, no puedo medir los costos. Es algo que me relaja. Sí, puedo gastarme mucha plata, pero eso me hace feliz. Toda mi colección de cómic está avaluada en $13.000.000.

¿Cómo es que usted fue extra en la última película de Batman?

Me inscribí en una convocatoria para aficionados, me seleccionaron y me tocó pagar por ser extra. La escena donde salgo es en la que Bane destruye el estadio de fútbol americano. Todo el mundo me pregunta “¿dónde está Marco?”. Yo les señalo que allá arriba entre el público.

Lo que la gente no sabe es que el estadio, a pesar de estar repleto en la película, en la vida real no lo estaba; las personas, entre esas yo, fueron duplicadas.

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¿Cómo es el proceso de búsqueda de esas figuras?

El asunto es multinivel. Si estoy leyendo un cómic virtual y me gusta, lo compro en físico. Yo tengo una tienda de cómics y figuras de acción, así que también vendo. También hay gente que me regala cosas porque conoce mi afición. Por ejemplo, me reglaron un cómic superviejo, una pijama de Batman y peluches.

¿Alguna vez esa colección le ha traído problemas?

Sí, en el apartamento donde vivía no había casi espacio para mis cosas, así que la solución fue comprar otro apartamento más grande. Pero no, casi no he tenido problemas; tal vez que me digan que soy muy ñoño.

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¿Si uno ve a un coleccionista de Batman lo reconoce?

Creo que se identifican más a los coleccionistas de Superman que a los de Batman porque ellos siempre quieren ser grandes. En cambio los de Batman tienden, creo yo y sin sonar esnobista, a ser más intelectuales porque el cómic está mejor pensado. Sin embargo, tal vez el lío más grande de los coleccionistas de Batman es que siempre tenemos objetos de él.

¿Cuál es el dato sobre Batman que usted sabe y que seguramente pocos saben?

El dato más raro de Batman es el número de batimóviles que hay: son 184 hasta el momento.

 

* Agradecimientos a Alfredo Valderruten por las fotos de Marco Torres.

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