POR: Cindy Rotterman Jueves, 27 Diciembre 2012

Josef Amón-Mitrani habla del desierto y del ejército de Israel, de NY. De sus tardes de soledad, los cafés en Tel Aviv.

De ser mesero, de su ebriedad, del arte y de Bogotá. "Mamarracho de Meditaciones Imposibles" es un libro de experiencias, pensamientos y visiones.

Como él dice, "de angustias y de cosas que están dentro y que simplemente están puestas en el papel. Un experimento con la elasticidad de las palabras". Esta es la crónica del primer libro de Josef Amón, que le dio vida al Taller Ciudad de Nubes.

Josef tiene 25 años y escribe desde los siete. Ojos color chocolate enmarcados por grandes lentes y una rasta larga que sobresale de su matojo de pelo cubierto por una tela tejida. De pasos acelerados, dice ser un personaje "por fuera de la caja", con la espinita criada con los años por los círculos cerrados, la comunidad judía y las academias. 

"Que chanda Colombia, me quedo y no vuelvo", le dijo Josef a su mamá después de 3 meses de vivir en un kibutz en Israel, de enamorarse de la vida del campo y olvidarse de los trancones bogotanos. Pero al parecer su propia teoría de "mancito fracasado en sus intentos de explorarlo todo, pues siempre termina volviendo", no solo lo devolvió a su ciudad natal una, sino dos veces.

La primera, estudió filosofía en la U. de los Andes al tiempo que terminó por demostrarse que la academia lo limitaba. "Cuando me sollaba un poquito... que no, que la coma, que la sintaxis, que la vaina", cuenta con desencanto. Rodeado de estudiantes de arte y literatura descubrió también que en Bogotá se estaba haciendo mucho arte pero había pocos espacios para mostrarlo. "Y por eso la gente termina vendiendo medias", dice con aún más desencanto.

Terminó la universidad "rayado" con que lo limitaran en algo tan espontáneo que era el sentarse y escribir. Con su paupérrimo sueldo, una tarde enclaustrado en el Archivo de Investigación Filosófica de la U. del Rosario, donde trabajaba, decidió "largarse del país". Al mes estaba de vuelta en Israel.

En busca de tiempo para escribir, llegó a Tel Aviv. Compartiendo el apartamento con un cineasta tuvo una vida desquiciada de trago, rumba continua, amaneceres buscados. De mesero en un bar, andando en bicicleta, recibiendo finita gente en su casa y escribiendo en bares y cafés... incansablemente.

"Escribir un algo mío"

Su método es escribirlo todo en libreticas, "darle y darle donde sea". Cuando llegó a Israel, tenía escritas cinco páginas de lo que es hoy el libro. Sin intenciones de publicar se arrancó a escribir por escribir y a los seis meses encontró en sus palabras una unidad. "Siempre he botado todo, quemado todo, perdido todo. Nunca había tenido nada", confiesa sin vergüenza. Fue ahí cuando decidió mostrar un poco su trabajo. "Venga y le leo algo", se les acercaba a amigos. Les traducía, les leía. "Fue un momento feliz", dice.

Siguiendo las ideas del escritor Charles Bukowski, quien dice: "deje que su arte esté en la calle", Josef se "prostituyó" con el tema: le leía a sus amigos, a los extraños en los cafés, en la playa. Asegura que sería egoísta no incluir a otras personas en el proceso creativo. "Fue un trabajo muy difícil pero muy rockero, fue una vaina de mucho rock and roll".

Josef escribe sobre lo que le pasa. Para él, la sinceridad, no autocensurarse, es el primer punto fundamental de la literatura. Es lo que le permite no eliminar la esencia de escribir. Lo segundo, es el ritmo. Quien lo escuchara, sintiera la fuerza de sus palabras. Cuando lee sus poemas le inyecta una energía única, acentúa con vigorosidad los verbos y entre un análisis y burla de nuestra sociedad, se percibe ese yo inconcluso de lo que es Josef Amón.

NB

El desierto lo cambió todo

Una maestría en Literatura Religiosa en la Universidad Hebrea de Jerusalem fue su último intento de estudiar en una academia. Dejó su vida en Yafo y las noches desquiciadas. Llegó a lo que para él, es "el cliché" de la religión y la tensión: "De montarse a un bus y está el religioso que te mira mal, el árabe que mira mal al religioso y el cristiano que va a peregrinarse. Difícil de sobrevivir".

La ciudad, divina. Pero no le ofrecía lo que buscaba, al igual que la maestría. El no trabajo y los "rarísimos compañeros de apartamento" llegaron al límite. Una mañana de Marzo, con el cerebro atiborrado de ideas, agarraron camino al desierto, él y sus dos mejores amigos.

"El desierto fue la salvación en cuanto a todo en Israel", casi que fantasea. Es un aparte de su vida a la que le dedica buen espacio en el libro. "Es un poco como experimentar visualmente el infinito", explica con respiración lenta y placentera. "Te paras en una montañita y ves en tierra esa sensación del mar". Esa sensación de que el mundo es muy grande y nosotros no somos nada –que a la gente le da angustia- a Josef Amón, le brinda tranquilidad. Dejó la universidad y se dedicó de nuevo a escribir.

Cuando la vida tomó un tono menos dramático, el ejército buscó su servicio, como es ley. Con la seguridad de que nunca vestiría ese uniforme y tras vivir seis meses como un ermitaño y bebiendo, después de dos años, tomó la decisión de volver.    

La segunda vuelta - y la primera para "Ciudad de nubes"-

Jonathan Kaplinsky y Jonathan Amón, su hermano mellizo, lo remozaron. Con una corta parada en Nueva York y sus anteriores viajes a Barcelona y Sinaí, terminó el libro.

“Hola, mi nombre es Josef Amón. Estudié filosofía y este es mi libro". Comenzó el proceso de presentase frente a las editoriales en Bogotá. "Si no tienes rosca, si no tienes contactos, si es un libro  que no va a ser para que una mamá lo lea en Aruba…es muy complicado", asegura.  

Para los hermanos Amón y Jonatahn Kaplinsky, era claro que en Bogotá hacía falta algo. Fue una situación que vivió también en Barcelona, Israel y Nueva York: No existe un espacio para que los artistas muestren su arte. "Por eso un artista del carajo termina vendiendo medias", reitera Josef.

En Ciudad de Nubes no son productores ni managers. Es un espacio para "convertir en realidad las intenciones culturales y artísticas que, por un motivo u otro, se quedarían en el silencio si no tuvieran una fuerte mano de apoyo". 

NB2

Allí la gente puede llamar y decir "vea, esto es lo mio, quiero esto" y Ciudad de Nubeshace lo posible por realizarlo. No siempre es dinero, a veces es solo un espacio. No siempre es fama, a veces solo cerrar un ciclo.

"Mamarracho de Meditaciones Imposibles" fue el primer proyecto del taller, seguido de varios eventos, como un homenaje a Cerati en la cantina Mi Tierra, donde cuatro poetas leyeron sus escritos; una lectura con mago invitado en el Café La Lupita; firmas de libros; noche de rock and roll y poesía; lecturas en la muestra de arte del Teatro de Garaje y otros.

Aunque aún hoy no existe el café que esperan tener para que la gente se reúna y cree allí, Taller Ciudad de Nubes es una iniciativa joven para la nueva ola de artistas bogotanos y una prueba contra los desencantos.

Pueden encontrarlos en facebook

Apartes del libro de Josef Amón-Mitrani

"A mí el ateismo me coquetea, pero la ortodoxia también. ¿Entonces qué?. ¿Qué soy?. A mí me gusta el desierto y la soledad profunda del mar, pero también me gustan los cafés, las salas de cine y los bares. ¿Entonces qué?. ¿Qué soy?" Josef Amón-Mitrani.

"MAMARRACHO DE MEDITACIONES IMPOSIBLES"

"Hablar de mi realidad profesional sería hablar sobre hablar en el café. Porque yo si hago lo que estudié, pero en las cafeterías de barrio."

"MAMARRACHO DE MEDITACIONES IMPOSIBLES"

"...Pero igual todo es un cuento;

un intento fallido;

una alucinación de whisky. "

"MAMARRACHO DE MEDITACIONES IMPOSIBLES"

 

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