POR: Alejandra Gómez FOTOGRAFÍA: Sebastián Jaramillo Jueves, 24 Abril 2014


Hablamos con Ariel Rot sobre su historia, su carrera como guitarrista de Tequila y Los Rodríguez, su trabajo como productor y su obra en solitario.

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En más de treinta años de carrera, Rot ha comprobado ser uno de los cantautores más genuinos y honestos de nuestra lengua, con una posición crítica llena de humor y una gran destreza en la guitarra. Ha sido parte fundamental en la inclusión de otros géneros al rock en español y nos ha regalado canciones que hacen parte ya de nuestra memoria colectiva.

BACÁNIKA: Usted siempre se ha pronunciado abiertamente y con humor mordaz en sus canciones (“Hoja de ruta”, “Lo siento, Frank”, “Ahora piden tu cabeza”, “Nunca es tarde para el rock n’ roll”) acerca de la industria musical, su experiencia como músico y los cambios en el gusto musical del público. ¿Siente que los músicos hoy en día deberían estar enterados de lo que pasa en la industria y de cómo esos cambios afectan sus carreras más allá del proceso creativo?

ARIEL ROT: No, no creo que sea necesario. Es más, cuando un músico me habla demasiado de la industria y del negocio digo “este seguro que es malo” (risas). Bueno no, no es necesario pero no es un tema que me apasione realmente. Sí que hay una parte que es como de canción protesta mía, ¿no? En el caso de “Lo siento, Frank”, con toda una situación que estaba ocurriendo manejada desde los medios poderosos, pero en el caso de “Ahora piden tu cabeza” es más una crítica a la fiesta, a la fiesta española, donde siempre tiene que haber sangre o no es una fiesta. Detrás de toda esa alegría fingida hay un drama. Es algo mucho más personal que hablar de la industria.

B: Siendo un músico que ha tenido un carrera exitosa por más de treinta años y que ha vivido varias etapas de la industria desde diferentes frentes –como guitarrista en bandas, productor de otros artistas y a la cabeza de su proyecto solista–, ¿cómo siente que estos cambios afectan su carrera actualmente?

A.R.: Me han afectado en todo sentido. Han afectado también para bien con las nuevas tecnologías y el progreso. Siempre hay damnificados con el progreso. Cuando apareció el tren, el tío que tenía una carreta con una mula se quedó sin trabajo y pues en este caso hemos sido nosotros, el colectivo musical. Nos hemos visto afectados en cuanto a regalías de derechos de autor y todo ese tipo de cosas. Sin embargo, como espectador, como amante de la música, estoy contento con las nuevas tecnologías porque cuando era chico escuchaba una música que no podía saber cómo se tocaba. Yo escuchaba a Robert Johnson y no sabía si era uno o dos tipos hasta que vino alguien y me enseñó cómo se toca. Hoy en día todo eso se ha simplificado, nos hablan de un artista y esa misma noche llegamos a casa y ya podemos saber todo sobre él. Me parece que eso también es una parte muy positiva.

B: Usted ha producido discos de otros artistas como Sergio Makaroff, Andy Chango y Andrés Calamaro. ¿Cómo es su rol como productor y cuál es su relación con los productores de sus discos?

A.R.: Yo abandoné mi carrera de productor porque realmente es un trabajo en el cual uno tiene que estar muy apasionado con lo que le están ofreciendo. Es muy sacrificado y muy poco agradecido al final. Tú entregas, por lo menos en mi manera de trabajar, dos o tres meses de tiempo completo. Primero encerrado con el artista trabajando en el repertorio y después en el estudio, entonces tengo que hacerlo o porque me apasiona muchísimo el material o porque sea muy amigo de la persona que lo hace. En mis discos, llevo mucho tiempo trabajando con el mismo productor, José Nortes. Empecé con él en Lo siento, Frank y crecimos y aprendimos juntos. Ahora somos íntimos amigos y trabajo muy cómodo con él. Casi no se me ocurre otra manera de trabajar. Es realmente un tipo que hace lo que le gusta y que ama la música.

B: Usted es un admirador de Elvis Costello y en su primer disco solista grabó con The Attractions y en otras ocasiones con su baterista, Pete Thomas, ¿cómo fue el acercamiento a estos músicos y qué significó trabajar con ellos?

A.R.: Para mí fue un regalo que me dio la vida directamente. Aparte, verlos en acción es un máster, un gran aprendizaje. La conexión con ellos fue mucho más fácil de lo que la gente se piensa. Los Attractions estaban bastante inactivos en ese momento porque Elvis los había abandonado, entonces habían hecho ya algún trabajo con otro artista de Warner. Alfonso Pérez, el personaje que nos fichó con Los Rodríguez, fue quien me dijo: “yo llamo a The Attractions y te los consigo”. En ese momento había mucho presupuesto porque veníamos de vender casi un millón de discos con Los Rodríguez y nos podíamos permitir esos lujos. Nos fuimos a una casa alucinante en Francia, perdida en Landas, rodeada de bosque y mar, y ahí fueron cayendo uno a uno Los Attractions, que hacía como un año o más que no se veían. Así que ellos también se reencontraron y fue increíble, fue mágico. Creo que se trata de que uno de los momentos verdaderamente altos que me ocurrieron en la música. Pasarle tu material a ellos y que se pongan a tocarlo… yo había momentos en los que no sabía si tocar o escuchar.

B: En Bogotá vimos el show “Solo Rot”, en el cual está solo en el escenario, a diferencia de su concierto regular donde se presenta con un formato de rock más tradicional. ¿Qué retos ha presentado montar este nuevo formato?

A.R.: Había tocado el piano en vivo muy poquito y siempre de una manera muy informal. Esta vez me lo tomé más en serio porque son como veinte minutos, casi media hora, de piano dependiendo de cuánto dure el show. Es un espectáculo con un grado de dificultad medio alto porque aparte en el rock siempre tocamos acompañados, en los solos hay alguien junto a nosotros, y yo tuve que reinventar todo para tener partes instrumentales solito en la guitarra y eso sí que me llevó tiempo. Tuve que ver cómo hacer para sugerir la armonía para poder hacer el solo. Trabajé bastante y diría que fue casi como aprender un nuevo oficio.

B: ¿Cuáles son sus expectativas del público colombiano?

A.R.: Yo siento que estoy con un pueblo muy musical, muy sensible e ingenioso, entonces creo que van a conectar con este show rápidamente. Me da la sensación de que no va a ser forzado.

B: Solo Rot es también el título de su disco anterior, más rockero y crudo que el que está promocionando actualmente. ¿Cómo fue el proceso creativo de Solo Rot y cómo se diferencia del actual?

A.R.: No tenía planteado este espectáculo. Yo le puse Solo Rot al disco y empecé a salir en eléctrico y a los seis meses empezó la debacle española y dije: voy a armar un show yo solo. Entonces, de cierto modo, ha sido premonitorio (risas). Yo venía de la reunión de Tequila, estaba tocando mucho la guitarra eléctrica y como con un sonido eléctrico en la cabeza. Me pasé de mi vieja 8 pistas de cinta al ordenador con Pro Tools, así que llegué a la grabación con unos demos muy armados; demasiado, tal vez. Hasta que no tenía una letra terminada, no empezaba a componer la canción. Para La Huesuda estaba buscando algo más íntimo.

B: ¿Cuál fue su canción preferida durante la grabación de La Huesuda, ahora que está terminado y para tocar en vivo?

A.R.: Eso va por ciclos, pero justo ahora me está gustando tocar “Emociones escondidas” y “Para escribir otro final”. Los temas de piano, fíjate (risas).

B: Ya lo hemos visto tocar el piano en otras ocasiones, pero en La Huesuda hay varias canciones que dan la impresión de haber nacido en el piano y no en la guitarra. ¿Cuál ha sido su experiencia con el piano y cómo ha sido componer, grabar e interpretar desde este instrumento?

A.R.: El show tiene una parte importante de piano y entonces yo me veía muy verde y fui a tomar unas clases con mi amigo Federico Lechner, gran pianista y músico, y trabajamos juntos sobre el material. Empecé a estar mucho tiempo en el piano y a tener medio un idilio con el instrumento. En primer lugar, no hay que sacarlo del estuche como la guitarra. El piano siempre está en un sitio bonito de la casa, rodeado de fotos y recuerdos. Terminas de cenar y vas con tu copa de vino a sentarte con tus ideas. Empezó entonces a haber una atracción hacia el piano. Llegaba de la calle y lo primero que hacía era sentarme en él y, así, en los viajes y en las pruebas de sonido fui componiendo La Huesuda.

B: Desde Los Rodríguez ha buscado la inclusión en sus composiciones de otros géneros musicales a través del rock, como el tango, la milonga y la cumbia. ¿Ha tenido la oportunidad de investigar la cumbia colombiana?

A.R.: No, realmente no. Aparte ahora me acabo de enterar de que hay muchísimos géneros y que hay una cantidad de, como decimos en España, “palos”, y soy tan ignorante que yo no los sé distinguir. Pero te aclaro que cuando yo coqueteo con un género de una manera descarada y caradura no me pongo a investigar. Por eso siempre mi lenguaje es el mismo, aunque toque tango o milonga o algo parecido a la música brasilera. No es que me pasé seis meses intentando aprender cómo se toca eso. Yo compongo una canción y la tocamos como podemos. No intentamos ser ortodoxos en los géneros. Al revés, intentamos ser fieles a nuestro lenguaje.

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Música Rock

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