POR: Chilango Páez FOTOGRAFÍA: Isabel González Jueves, 24 Abril 2014

Pocas personas tienen tanta influencia sobre la industria musical como Perry Farrell. 

Gracias al festival Lollapalooza y a su banda Jane’s Addiction, él podría ser una especie de Donald Trump del rock alternativo. Sin embargo, es un tipo relajado, que no quiere vivir como superestrella, que sigue creyendo en lo que hace –“al menos no soy narcotraficante, ese sería un mal trabajo”– y que viaja con su esposa y sus amigos entreteniendo a los asistentes a sus conciertos.

Hace más de veinte años que su voz aguda y su cara lánguida saturaban MTV y las emisoras de rock gracias al éxito de “Stop!”, luego vino Lollapalooza, la banda se disolvió, intentó reunirse, su guitarrista –Dave Navarro– hizo un reality show con Carmen Electra y, entre idas y venidas, finalmente Jane’s Addiction se rearmó del todo en el 2009, sin el bajista original.

De paso por Bogotá, tuvimos la fortuna de hablar con Perry Farrell, que se tomó un par de vinos mientras afuera no paraba de llover.

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Jane’s Addiction empezó como una banda realmente independiente (con el sello XXX Records) en 1986 y en menos de un año firmaron con Warner Music. ¿Cómo lo lograron?

Nosotros salimos de la escena subterránea en los tiempos del punk rock de Los Ángeles y todos los que venían a nuestros conciertos salían muy emocionados. Se empezó a regar la bola de que alguien debía contratar a Jane’s Addiction. Sin embargo, yo no quería que nuestro primer álbum lo lanzara un sello grande, a pesar de que respetaba a Warner Brothers y confiaba en ellos por encima de cualquier otra disquera. Mi idea era que nadie se metiera con nuestra primera producción. Cuando terminamos la grabación de ese trabajo en vivo, entramos al estudio con Warner Brothers porque, en ese momento, eran la mejor disquera: permitían el desarrollo de los artistas, le daban a un principiante cinco años para cometer errores o para registrar sus mejores canciones. Fueron muy buenas personas con nosotros. Mo Ostin y Lenny Waronker, los pilares de esa compañía, la abandonaron años después y el sello se llenó de ejecutivos que destruyeron al sello.

Ustedes crecieron junto a bandas que luego se volvieron muy importantes, como Red Hot Chili Peppers, Fishbone o Nine Inch Nails, ¿cómo es su relación con ellos después de tantos años?

¿Tienes amigos que conoces hace 25 o 30 años? Pasas por altibajos, alguien tiene más suerte que el otro, construyes una familia, otro de pronto ni siquiera tiene una familia o la que tiene se le derrumba, pero cuando todo ha sido dicho y hecho, ellos son las personas de tu vida. Crecimos juntos y compartimos los momentos más difíciles hasta que nos convertimos en grandes artistas en la industria. Por eso, siempre que los veo, parece que el mundo entero se hiciera borroso y lo único visible fuera el otro. Nos reímos y recordamos esas épocas. Todo es increíble.

Ustedes tuvieron que ayudarse entre bandas para llegar a donde están ahora, ¿cómo fue todo eso?

Cuando Lollapalooza hizo su primera gira, fue el momento más emocionante del año porque, para mí, los músicos son los mejores amigos que puedes tener. Son los más buena onda: no son actores o políticos. Los músicos sabemos cómo parrandear, tenemos una naturaleza dulce, nos encanta divertirnos y tenemos talento y profundidad, todo al mismo tiempo. Así que viajar con todos estos juntos fue extraordinario. Ahora Lollapalooza le está dando la vuelta al mundo y realmente extraño esos días en los que recorríamos Estados Unidos y tocábamos más de veinte fechas.

A propósito, ¿cómo empezó todo ese concepto de Lollapalooza?

En 1991 yo tenía el poder porque mi banda era muy grande. Podía ir donde mi agente y mi disquera y decirles “esto es lo que quiero para mi gira”. Se trataba de una fiesta gigante en un terreno al que podían venir 25.000 personas. Yo sabía que en las ciudades vivían esos 25.000 muchachos que eran salvajes, que querían pasar un gran día pero nadie pensaba en ellos porque no cabían dentro de ninguna franquicia. Ellos eran los parias. Yo pensé: “ponlos a todos juntos, ¡y ahora ellos son los que tienen el poder!”.

¿Cómo fue el primer Lollapalooza?

La clave fue escoger a las bandas que nos acompañaron. A mí no me gusta el pop, no lo soporto, no confío en esa música, no creo en ella porque está llena de mierda. Con la gente que acostumbraba ir de fiesta, escuchábamos la música que puse en ese primer Lollapalooza. Yo sabía que todos los muchachos que se sentían rechazados iban a salir de sus guaridas para vivir esta gigantesca parranda; cuando la industria discográfica vio eso, de repente un montón de gente nos dijo que quería tocar o pautar en Lollapalooza y les dijimos “no, ustedes no son reales, estoy buscando artistas genuinos, con buen corazón y una actitud correcta”. Y esas son las bandas que sobrevivieron, que todavía hacen música porque sienten que es lo único que deben hacer.

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¿Por qué se disolvió Jane’s Addiction después de ese primer festival?

Algunas personas se acomodan a lo que tienen y olvidan de dónde vienen las bendiciones. A veces se vuelven abusivos y creen que todo debe ser recibir: “sigue dándome, dame más”. No recuerdan cómo llegó todo a ellos ni quién se los dio. Para ser honesto, yo no me estaba sintiendo apreciado. Y no me gusta esa sensación, así que me fui a otro proyecto (Porno For Pyros) sin importar que me tomara cinco años alcanzar lo que tenía con Jane’s Addiction. En esos días me sentía abusado, así que les dije “ustedes hagan lo suyo y yo, lo mío”. Después nos reunimos y aquí estamos.

Eric Avery, el bajista original, regresó a la banda para una gira pero se volvió a retirar. ¿Cómo es su relación con él?

La única razón por la que Eric Avery volvió fue porque lanzó un álbum en solitario (Help Wanted) y necesitaba promocionarlo, entonces pensó que sería bueno salir de gira con Jane’s Addiction. Pero yo noté eso y ahora no tenemos ningún tipo de relación: él es un abusivo. Puede construir su carrera y yo no lo pienso detener, no tengo ninguna opinión al respecto pero ya no va a recibir mi ayuda. Yo colaboro mucho con los músicos, especialmente con los niños. Por ejemplo, los más pequeños pueden entrar gratis a Lollapalooza y nosotros les regalamos música. Además, brindamos becas para estudiar música en MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Me encanta ayudar pero no a la gente que no es capaz de agradecer lo que recibe. Eso es todo.

¿Qué opina de la industria musical en la actualidad?

Es muy difícil. Ya no recibes apoyo de las disqueras, que se llenaron de contadores y sólo te miran si vendes. Ellos no escuchan la música, no aman su trabajo, no trabajan por ninguna banda sino por un montón de dinero. No opinan porque no tienen estilo ni buen gusto. Entonces lo que le están dando al público es música clonada que le venden a niños que todavía carecen de criterio o a niñitas que gritan por una banda de adolescentes. Eso son los grandes sellos. Pero Dios le ha dado talento a muchos artistas alrededor del mundo y nadie puede detener a un gran músico. Por eso hay que ser pacientes y entender que el sufrimiento y el sacrificio traen la maestría y entonces va a aparecer una conexión honesta que haga que tu trabajo llegue a los oídos correctos.

¿Y cómo le parecen las descargas libres o las filtraciones ilegales?

No tengo problema con ellas. Deberían molestarme pero no lo hacen porque no pienso en ellas y me hago a un lado. Yo nunca quise ser un músico multimillonario ante el que te tienes que arrodillar. Como persona me gusta socializar y, en ese sentido, soy exitoso simplemente porque vine a Colombia y puedo roquear con ustedes y ustedes sonreír y darme un abrazo. Eso, para mí, es el éxito. Si regreso a mi casa con un poco de dinero para pagar las cuentas, estoy tranquilo y haré lo posible por regresar aquí el próximo año.

¿Cómo diferencia su trabajo en estudio al que realiza en vivo?

En estudio regrabo, pulo los errores, me tomo mi tiempo y tú puedes escuchar mi música con los ojos cerrados. Cuando toco en vivo tengo que entretener a la gente: está el sonido pero también hay que pensar en lo visual, así que intento deleitar los sentidos del público, que digan “me gusta cómo está vestido”, “ese es un hermoso baile”, “ese video me recuerda a mis amigos”. Por eso intento afectar a la gente en los conciertos, mientras que en un disco el efecto es casi barato: sólo lo copias y lo copias y ya, no es como ver a alguien de carne y hueso. ¿Has pensado en la diferencia entre haber visto a Jimi Hendrix en un escenario o sólo poder escuchar sus discos?

¿Cómo va a ser la presentación de esta noche en Bogotá?

Les traeré lo que hace mejor Jane’s Addiction: empezamos Lollapalooza en 1991 con la idea de un festival moderno y hoy lo seguimos haciendo con bailarinas y artistas suspendidas –que son mujeres que cuelgan de su propia piel y entran en trance mientras tocamos los tambores–. Visualmente, somos asombrosos; musicalmente, somos virtuosos. Así que ustedes podrán ver a algunos de los mejores músicos en el mundo actualmente.

¿Cómo es su relación con el vino?

Este es el licor más sofisticado del mundo. Hacer vino requiere años y la mezcla de las uvas es un regalo de Dios: el clima debe ser perfecto, la manera de almacenarlo es casi un arte y todo el proceso es tan delicado que explica por qué puede ser tan costoso. Así que creo que es una gran ofrenda si se puede compartir con otra persona. Es una manera de decir que la amas.

Para terminar, ¿qué piensa usted del momento actual de los Estados Unidos?

Tenemos a un presidente que es parte africano, parte blanco, parte hawaiano. Es un buen tipo que está tratando de equilibrar la diferencia entre ricos y pobres para que todos puedan tener comida en la mesa y un futuro. Pero el proceso es muy difícil porque los demás políticos, especialmente los republicanos, se le atraviesan en sus esfuerzos. Yo entiendo lo que ellos quieren decir, pero creo que ya es hora de darle una pausa y dejar que Obama ayude a los más pobres y a la clase media. Los ricos ya tienen demasiado dinero, deberían relajarse y colaborar con los demás. A pesar de todo, yo estoy muy orgulloso de ser estadounidense y creo que todos deberían venir de viaje a Estados Unidos y ver que es un lugar maravilloso, con unos parques espectaculares, gente amable, con estilo. En realidad no somos tan malos como nos vemos.

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Entrevista Música

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