POR: Camila Pinzón ILUSTRACIÓN: Cristhian Contreras Lunes, 04 Febrero 2013

KATZENBACH


Su mayor crimen: ser uno de los escritores de thriller más vendidos del mundo. Estoy hablando del escritor norteamericano John Katzenbach (Princetown, 1950), lector de fantasía, ex reportero judicial, profesor de literatura inglesa y amante del lado oscuro de la sicóloga humana. Después de que un amigo suyo padeciera una enfermedad mental, Katzenbach escribió El Profesor (2010), uno de los libros más vendidos en los últimos dos años, en el que camino a casa, decidido a quitarse la vida, un profesor con demencia degenerativa es testigo del rapto de una joven por una pareja de sicópatas que la tortura y difunde las imágenes en vivo a través de una página de internet con miles de seguidores. A partir de una conversación que tuvo con su madre, sicóloga, sobre la identidad de los pacientes surgió la idea de El Psicoanalista (2002), en tan solo dos semanas un siquiatra debe descifrar la identidad de un paciente, que le envía cartas anónimas, para salvar su vida. La realidad no deja de inspirarlo, después de que una de sus estudiantes le preguntara si su familia no tenía miedo de dormir bajo el mismo techo con un hombre que era capaz de imaginar este tipo de historias, se le ocurrió Un final Perfecto, su último libro publicado hace apenas unos meses, en el que tres mujeres pelirrojas han sido elegidas para morir por un frustrado escritor cuya única y aberrante inspiración es matar. Como ven, son historias bastante emotivas por lo aterradoras, es inevitable acordarse de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de los asesinos de la familia Clutter o de Hannibal Lecter. Después de leer uno se queda con la sensación de que un loco lo persigue, en Los Ángeles o en Bogotá, no importa, el crimen será igual de brutal.
 

¿Cómo empieza este interés por escribir sobre mentes criminales?

Desde pequeño me intrigaron mucho los personaje bizarros e inusuales que encontraba en los libros. A los 17 años leí Crimen y Castigo de Dostoievski, al terminar el libro, completamente obsesionado con el personaje de Raskolnikov, corrí a un tienda a comprar un largo abrigo negro que me llegaba hasta los pies. Lo vestí por semanas en el colegio, mis profesores y compañeros me miraban atónitos mientras yo intentaba comprender la manera de ver el mundo de Raskolnikov.  Después me convertí en periodista, trabajé durante varios años como reportero judicial en los Tribunales de Florida, el estado con las mentes más locas de los Estados Unidos. Allí llegué a cubrir el juicio de Ted Bundy y otros asesinos que siguieron captando curiosamente mi atención. Tras retirarme, digamos que después de una larga investigación de campo, seguí recorriendo solo los laberintos más oscuros de la mente humana, pero esta vez desde la ficción.


Digamos que en tus libros no solo desencadenas la trama de una historia, también explicas al lector por qué un asesino o un sicópata hace lo que hace…

Verme a mi mismo como uno de los personajes de mis libros es fundamental. Si escribo sobre un doctor o un adolescente o un asesino o un sicópata, sea el personaje que sea, por más enfermo y cruel que sus actos puedan llegar a ser, yo me obligo a ver, pensar y sentir como ellos. Tradicionalmente, en los libros policiacos y de misterio la trama concluye cuando se descubre quién es el asesino, en las primeras páginas de mis libros el lector ya conoce todos los elementos, ya se sabe quién es el asesino, quien es la víctima, no es cuestión de leer más rápido para resolver el enigma, la motivación que nos empuja a seguir leyendo está en descifrar por qué una persona, que fácilmente puede ser nuestro vecino, ha sentido el impulso de acosar, violar, secuestrar o matar alguien. Me atrevo a decir que leer uno de mis libros es como estar en una canoa que te lleva peligrosamente corriente abajo, una hazaña en la que el lector tiene un remo para maniobrarla, pero nunca llega a tener la situación bajo control hasta alcanzar la orilla.
 

Supongo que haber sido reportero judicial ha sido una buena academia para comprender un poco el mecanismo de estas mentes, pero ¿cómo más te documentas para explicar los alcances sicológicos de este tipo de personas?

Primero que todo debo decir que todo lo que ocurre en mis historias, incluso los personajes son inventados. Todo es ficción. No niego que la realidad me da muchas buenas ideas. Pero eso sí, las alteraciones mentales de mis personajes han sido estudiadas a profundidad previamente. Leo muchos libros sobre la sique y los poderes de la mente, me comunico continuamente con un siquiatra, tengo otro buen contacto en la Facultad de Sicología de la Universidad de Miami que resuelve mis dudas. Intento asistir con frecuencia a salidas de pesca con un grupo de reconocidos siquiatras de Estados Unidos. No siempre cuento que estoy escribiendo o de qué va la historia, para no condicionar sus respuestas, así sigilosamente voy sacando información objetiva. Tengo que saber suficiente sobre el tema para que la historia sea verosímil y para poder transmitir al lector emociones fuertes, sin embargo, procuro no quemar la historia con detalles técnicos o académicos. En conclusión, a mi juicio la investigación puede ser un arma de doble filo para el escritor; o se presta muy bien para el desarrollo de la historia o la perjudica irreparablemente.
 

¿Te esfuerzas por llegar a los lados más oscuros de tu mente para escribir estas historias?

Yo creo que todas las personas tenemos un lado oscuro. Claro, muchos preferimos el lado iluminado, pero abrir las puertas de la maldad en el interior de cada uno no es difícil. La bondad y maldad humana son reflejos de un mismo espejo, como algún día dijo Nietzsche “cuando miramos el fondo del abismo, éste también nos mira”. La verdad que para mí es bastante fácil, cuando yo escribo siento a mis personajes sentados junto a mí, susurrándome unas cosas y unas perversidades que hasta yo me erizo.
 

De Sófocles a Shakespeare, de Poe a Christie, la devoción literaria por el crimen no ha decaído
¿Tenemos fascinación por los criminales?

Yo creo que sí. Los vemos como animales de zoológico, como bestias de conductas aparentemente inexplicables. Nos interesa su apariencia, su infancia, su articulación, a veces hasta ignoramos lo que han hecho para observarlos únicamente a ellos. Yo creo que en ellos vemos un pequeño mordisco de nosotros mismos en esos días que tenemos pensamientos desagradables. Nos hacen pensar en nuestra condición humana. Si miramos hacia atrás podemos ver la fijación que se creó alrededor de Jack el Destripador, Ed Gein, John Wayne Gacy, Richard Speck y muchos otros. Todos ellos fueron tan profundamente horribles que hubo una tendencia a romantizarlos. Yo no trato de humanizar a mis personajes, ni de ser condescendiente, lo que me interesa es que en las páginas de mis libros se lean como humanos, el hecho de que asesinen personas (ficcionalmente) es menos importante que lo que supone el proceso de su creación.
 

¿Ves el mundo igual de retorcido como lo describes en tus libros?

Es gracioso, parece que estuviera igual de mal que los personajes que me invento, pero no. Al contrario, mi visión del mundo es bastante optimista.

 

// Camila Pinzón Mendoza. Entrevista en Barcelona. //

 

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