POR: Gloria Susana Esquivel ILUSTRACIÓN: Natalia Swarz Jueves, 24 Julio 2014

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Esta guía le servirá para entender cuáles son las verdaderas
interacciones del alcohol con diferentes medicamentos.

La Patasola y el Mohán palidecen ante el cuento de ese tío de un amigo de un amigo que justo después de comer se metió a nadar y el ejercicio hizo que su cuerpo pasara a una entropía digestiva que causó que todos sus músculos se encalambraran y muriera ahogado. Esta historia de terror pareciera venir de los mismos creadores de la leyenda de esa niña necia –amiga de una vecina o tal vez vecina de una amiga– que ignoró las recomendaciones de su mamá y se tragó un chicle que se demoró siete años en salir de su intestino. O la de ese pobre diablo al que se le metió un chiflón por la espalda que casi lo deja paralítico. Mitos médicos que se convirtieron en verdades tan incontrovertibles como que el chocolate es la causa principal del acné, sacarse las yucas es buscarse una artritis o que mezclar trago con antibióticos es fatal.

Aunque estas últimas también son verdades a medias. No existe relación causa consecuencia entre la comida y el acné. No hay evidencia médica que vincule el tronarse los dedos con la artritis.

Y, aunque “¿Puedo mezclar trago con medicamentos?” sea una de las preguntas más frecuentes en Yahoo Respuestas, hay evidencia médica que sostiene que no hay ningún problema en beber una que otra cerveza cuando se está tomando antibióticos.

Al parecer este mito médico, que le ha dañado la rumba a más de uno, comenzó cuando se desarrolló la penicilina. Los doctores, al ver que este antibiótico era altamente efectivo en el tratamiento de enfermedades venéreas como la sífilis y la gonorrea, comenzaron a recomendarle a sus pacientes que no consumieran alcohol durante el tratamiento como una precaución para evitar comportamiento sexual irresponsable. La advertencia, que no tenía nada de farmacología pero sí bastante de moralina, dio paso a la creencia de que tomar trago durante un tratamiento con antibióticos podría generar efectos fatales en el cuerpo.

Sin embargo, antes de que comience a pasarse aspirinas con ron y antigripales con tequila, es importante que entienda la manera en la que el alcohol reacciona con ciertos medicamentos, ya que en algunos casos esta combinación puede potenciar algunos efectos secundarios o causar problemas a largo plazo. Esta es una breve guía.


ANTIBIÓTICOS

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Aunque la mayoría de los empaques de los antibióticos traen impresa la advertencia de que no deben tomarse con alcohol, algunos de los estudios sobre la interacción de estos medicamentos con trago han concluido que este último no interfiere con su efectividad. Al parecer, muchas de estas contraindicaciones están dirigidas a bebedores empedernidos, pues tomar alcohol en grandes cantidades disminuye las funciones del sistema inmunológico, lo que hace que los alcohólicos sean más vulnerables a adquirir infecciones.

ANTIPARASITARIOS

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Por otro lado, combinar alcohol con medicamentos contra las amebas –como el metronidazol o el tinidazol– sí puede ser una pésima idea. Con tan solo beber una cerveza o una copa de vino, el cuerpo puede tener variadas reacciones, desde enrojecimiento e irritación en la piel hasta nauseas, vómito y desmayos. Así que si está tomando pepas para purgarse, es mejor esperar a que ellas solas hagan el milagro y no combinarlas con nada que potencie estos efectos. 

ANTIHISTAMÍNICOS 

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Quienes han tomado medicamentos como la loratadina y la cetirizina saben que, además de atacar los molestos síntomas causados por las alergias, también generan algo de letargo y adormecimiento. Al mezclarlos con alcohol estos efectos secundarios se potencian, lo que hace poco recomendable la combinación; tanto más si está entre sus planes prender la rumba siendo el alma de la fiesta.

INHIBIDORES DE ÁCIDO GÁSTRICO

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Las drogas para las úlceras y la gastritis –como la ranitidina–,bloquean la producción de ácido gástrico y generan diversas reacciones en el metabolismo. Lo mismo sucede con los laxantes a base de citrato de magnesio. Por esta razón, cuando se combinan, hacen que el alcohol sea absorbido mucho más rápido por la sangre. Esto puede convertir a cualquier bebedor de gran resistencia en un borrachín media copa que se pone a bailar sobre las mesas después de una cerveza.

RELAJANTES MUSCULARES

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Al igual que con los antihistamínicos, el alcohol puede resaltar los efectos secundarios de los relajantes musculares y convertirlos en un poderoso narcótico. Si no quiere quedarse con la fama de borracho perdido por una noche de mareo, debilidad, agitación y confusión, es mejor no beber después de consumir estos medicamentos.

ANTIINFLAMATORIOS

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Medicamentos como la aspirina o el acetaminofén aceleran el vaciamiento gástrico; es decir, el proceso de eliminación del contenido estomacal. Así que tomarse unos tragos con alguno de estos antiinflamatorios puede causar un efecto similar al de salir a beber con el estómago vacío, lo que precipita el nivel de absorción del alcohol en la sangre. Por otro lado, al ser el acetaminofén un medicamento que se metaboliza en el hígado, al igual que el alcohol, esta combinación puede potenciar efectos tóxicos con altos riesgos hepáticos a mediano o largo plazo.

ANTIDEPRESIVOS

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Aunque los diferentes tipos de antidepresivos actúan de maneras diversas en el cerebro, todos generan reacciones sedativas y estimulantes que son aumentadas por el alcohol. En el caso de medicamentos fuertes como la doxepina, la maprotilina o la trimipramina, las bebidas alcohólicas pueden generar problemas de metabolización en el hígado y, como consecuencia, convulsiones y taquicardia. Sin embargo, estudios sobre la interacción del alcohol con drogas psiquiátricas más suaves y de uso más común –como la fluoxetina, la paroxetina o la sertralina– han demostrado que no existe ningún riesgo, siempre y cuando se beba con moderación.

MEDICINAS NATURISTAS

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Si su onda es más naturista, debe saber que algunos de estos medicamentos también pueden tener interacciones con el alcohol, específicamente aquellos que ayudan a calmar los nervios –como la valeriana y la manzanilla–. Al mezclarlos con trago, sus propiedades sedantes se potencian y se convierten en poderosos barbitúricos que pueden hacerlo dormir por horas.

Ahora, si usted no es del que mezcla bebidas alcohólicas con medicamentos por considerar que el trago es la mejor medicina de todas, tenga cuidado. Si cada vez que ve a un amigo medio agripado le aconseja que se cure el resfriado con unas copas de aguardiente, debe saber que ese también es un mito médico. No hay evidencia alguna que refleje que el alcohol mate a ningún virus.

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