POR: Andrea Melo Tobón Miércoles, 16 Noviembre 2016

Entre la legalidad y la ilegalidad, el arte urbano se esparce como un virus en Bogotá.

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// Fotografía Grafiti: Zona Suba //

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Un mensaje de color negro desteñido que dice “Te amo John” y un mural de cinco metros con indígenas precolombinos llenos de color son intervenciones que se cuentan como arte urbano. Aunque estas expresiones no son del completo agrado de algunos ciudadanos y varios se refieren a ellas como vandalismo, después del asesinato a manos de un policía de Diego Felipe Becerra cuando pintaba una pared el 19 de agosto de 2011, nada volvió a ser igual.

Hasta entonces, la ciudad no tenía una normativa clara sobre grafiti y arte urbano. Entonces, el distrito tomó la decisión de crear una reglamentación a través del Acuerdo 482. Un año más tarde se establecería la Mesa Distrital de Grafiti como punto de encuentro entre instituciones públicas –como IDARTES, Secretaria de Recreación y Deporte, de Ambiente y de Planeación, el DADEP y el IDU– con artistas urbanos.

Posteriormente se promulgaron los decretos 075 de 2013 y el 529 de 2015 que establecieron la reglamentación de estas intervenciones en espacios públicos y privados y que confirmaron la creación de convocatorias públicas para el desarrollo de estas prácticas a través del Portafolio Distrital de Estímulos y la beca Red Galerías Santafé.

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// Fotografía Grafiti: Zona Suba //

Si usted ha visto los coloridos murales en los puentes, conjuntos residenciales y lotes abandonados no significa que la ciudad se haya rendido ante el aerosol –como alegan algunos– sino que ha reconocido esta manifestación en espacios concertados. Es decir, por ley está permitido pintar en las zonas bajas de los puentes peatonales y vehiculares con una propuesta previa presentada ante IDARTES y propiedades privadas con permiso escrito del dueño del lugar.

“Me parece bien hasta un punto, cuando el artista puede proponer y dar un punto de vista, pero hay algunos murales que uno siente que son muy conductistas y que la administración los hace por quedar bien”, afirma el ilustrador y artista urbano Ricardo Zokos.

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Espacios

Hay tres fuentes de espacios para intervención: las que IDARTES busca cuando hace convocatorias, cuando los artistas quieren intervenir y tienen que averiguar quién es el dueño y pedirle permiso y cuando los ciudadanos proponen su espacio para que sea intervenido. Propietarios de casas y juntas comunales de las localidades de la ciudad se han acercado para ofrecer superficies porque consideran que estas expresiones son una alternativa para recuperar puntos que enfrentan problemas de microtráfico o basuras.

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// Fotografía Grafiti: Zona Chapinero //

A su vez, esta institución tiene cinco criterios para escoger superficies que son que el espacio tenga una alta circulación de peatones y vehículos, que no haya declaratoria de bien de interés cultural, que no afecte la infraestructura vial en observación o bajo pólizas, que no haya superficies porosas o absorbentes y difíciles de restituir –como el ladrillo o la piedra– y que su uso o préstamo no esté sujeto a ningún tipo de transacción en dinero.

“Si nos cobran, no lo usamos. Nunca hemos pagado un peso por arrendar ninguna de las superficies intervenidas. Hemos tratado de que la gente que se acerca a nosotros para recibir asesorías y desarrollar estos proyectos, no tenga que pagar por eso”, dice Catalina Rodríguez, Gerente de Artes Plásticas de IDARTES.

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Becas para artistas

Lo que sí se paga es el trabajo de los artistas. El Distrito tiene el Portafolio Distrital de Estímulos, que incluye concursos como premios, becas o residencias. En este paquete de convocatorias, está una beca que se llama Red Galería Santafé, compuesta por un circuito de espacios públicos y privados que son intervenidos.

Algunos consejos para los artistas que quieran postularse a estas convocatorias son haber pintado, tener hoja de vida y un buen registro fotográfico. Hay convocatorias que exigen que presente y sepa producir un proyecto; por ejemplo, si le dan el rubro para un muro lateral alto, debe saber cómo gestionar una grúa y arneses, haber hecho un curso de alturas, coordinar transporte, compra de pinturas y telas. Si el valor de la beca es alto, tiene que comprar unas pólizas de cumplimiento y de seguridad, pagar parafiscales y riesgos laborales. Todo varía según el valor de la convocatoria.

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// Fotografía Grafiti: Zona Centro //

“Siempre está el gusto por hacer vandalismo, por pintar sin permiso, pero me parece lindo cuando nos pagan por pintar. De algo hay que vivir, si uno sabe hacer algo bien, como cualquier persona, ¿por qué no recibir dinero por ello?”, dice CA$H, ilustrador y grafitero.

El dinero de estas becas incluye el pago por el trabajo de los artistas, los materiales, las herramientas –desde brochas y rodillos hasta grúas eléctricas–, un registro audiovisual del proceso y los equipos de seguridad que sean necesarios.

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Mesa del Grafiti

“Valoro un montón que se haya hecho este acercamiento entre instituciones y artistas pero se parte de agremiar a toda la gente que pinte en la calle y es una cosa difícil. De hecho, yo no me siento muy representado, no sé ni siquiera quién es el vocero, y al igual que yo hay mucha gente, se vuelve también un rollo político que está relacionado con otras cosas y algunos no estamos tan interesados en ese tipo de movidas”, afirma Zokos.

Por otra parte, CA$H conoce y desconoce la Mesa de Grafiti: “sí funciona porque se han hecho varios proyectos y a la vez siento que pueden estar todos. Pero muchas personas no tienen la experiencia gráfica para entrar a decidir, siempre se vuelve un enredo. Aunque es lindo porque los artistas se obligan a ceder por el bien general, a veces solo hablan desde su espacio, pero es bonito que se intercambien ideas”, dice.

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// Fotografía Grafiti: Zona Centro //

Para la diseñadora y empresaria Carolina Méndez, conocida en los muros como Cloe, hay varios problemas que causaron que el representante de los artistas se retirara del comité recientemente. “Las instituciones distritales presentes hablan un lenguaje jurídico al que se enfrenta un solo representante de la Mesa de Grafiti y hasta que no haya unas garantías de equidad en la misma, no volveremos”.

Méndez alega que en la pasada administración había coordinadores juveniles en cada localidad que estaban pendientes de los jóvenes, las mesas y los procesos que este año fueron retirados. La nueva alcaldía no ha tenido en cuenta a las escuelas de formación en grafiti, en arte y en break dance, donde llegan jóvenes con diferentes problemáticas que se sienten incluidos allí. Además, según ella, las convocatorias distritales pasaron de siete en el 2015 a dos en 2016; la última convocó a más de 1.200 artistas y 25 colectivos y tres fueron seleccionados en tan solo una noche de deliberación.

En este punto, la gerente de artes plásticas y visuales de IDARTES afirma que estas convocatorias se adjudican de manera transparente a través de jurados externos que son seleccionados del Banco Distrital de Jurados. “Todo esto ha generado un poco menos de desconfianza entre los artistas y los ciudadanos y la administración”.

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Policía y divulgación del proyecto

Según Cloe, quien también es la líder de la mesa de mujeres, otra problemática es que es que el decreto nunca se ha socializado. Incluso han encontrado que no todos los miembros de la Policía Metropolitana tienen conocimiento de esta ley, por lo que propusieron socializar y hacer propaganda del proyecto en diferentes espacios pero no obtuvieron respuesta. “Sufrimos abuso de autoridad: nos pegan, nos quitan la pintura y a veces nos llevan a la UPJ”, afirma la artista.

De acuerdo al nuevo Código de Policía, “se establecen sanciones en contra de quienes pinten grafitis sobre las paredes públicas, postes, fachadas, antejardines. En caso de que el grafiti se plasme encima de una escultura, el responsable deberá asearla”.

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// Fotografía Grafiti: Zona Calle 26 //

“Ellos no entienden y no tienen que entender que el espacio está para eso y siento que en cierta medida lo que el Estado quiere es controlar el grafiti en la ciudad, pero no va a poder porque el grafiti son las personas que lo hacen y mientras existan esas personas y el Estado les siga pagando por hacerlo, ¡qué chimba!, la gente se va a seguir motivando a hacer grafiti”, afirma CA$H. En cambio, Zokos sí cree que esto ha servido para que la Policía no entre de una a disparar por la espalda: “me parece válido que, aunque sea por miedo, ellos regulen sus comportamientos; ahora por lo menos preguntan qué está haciendo uno”.

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“Griseadas”

Como si los desencuentros en espacios burocráticos no fueran suficientes, varios murales han sido repintados de color gris. Los artistas dicen que, además de un irrespeto a su trabajo, es un daño al erario distrital pues es dinero que sale de los impuestos de la ciudad.

“Había buenos trabajos de artistas y los volvieron grises. ¿Entonces qué pasa? Cuando algún artista llegue a pintarlo no va a quedar armonioso sino que van a llenarlo de firmas y cosas. Estamos cansados de que no haya una curaduría para decir esto sí se queda, esto no, esto hay que arreglarlo. Igual el grafiti nunca se va a acabar, quieran o no, pongan leyes antigrafiti o no, en muchas ciudades del mundo donde han querido acabar el grafiti no lo han podido hacer, es imposible”, remata Cloe.

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// Fotografía Grafiti: Zona Laches //

A su vez, Catalina Rodríguez dice que en el Distrito no saben sobre esas repintadas: “no es una orden de la administración ni de ninguna entidad oficial, hay alguien que está haciendo eso pero no sabemos quién es”. De acuerdo con la gerente, el gris no se debe a que los funcionarios públicos crean que la vida sea triste y miserables o que odien el color.

El Decreto 529 de 2015 establece que una intervención artística tiene una temporalidad de dos años, esta puede prolongarse o volverse más corta si la Secretaría de Cultura o el Instituto Distrital de las Artes decide que quieren renovar esa imagen o el mismo artista quiere reemplazar la que fue instalada hace dos años.

“Nosotros empezamos haciendo grafiti en la calle con nuestro propio presupuesto, ganas y amor y lo importante es que sigamos en la calle poniéndole color a esta ciudad; entre más gris nos pongan, más color vamos a poner”. Según Cloe, sí existe el interés por negociar pero hasta que los artistas no tengan un abogado que los represente en el comité con voz jurídica, no volverán.

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“La labor del grafiti es precisamente sacar todo de su lugar” 

A pesar de todas las problemáticas dentro del comité, para CA$H es innegable que este diálogo con el Estado ha sido una vitrina para que se conozca más su trabajo; a la vez, sabe que los artistas son y serán siempre grafiteros: “se vuelven como un Batman porque de día hacen una cosa que a todo el mundo le gusta pero de noche hacen una cosa más egoísta, les vale una mierda porque les gusta y ya”.

Para Cloe es todo lo contrario: la vitrina de los artistas urbanos son sus redes sociales y eso ha ayudado a que sean invitados a intervenir en otros países. “Lo que queremos es que salga esa escuela que viene detrás de nosotros. He tenido la oportunidad de ver los procesos de los chicos que estaban en drogas y son muy buenos, pero si no tienen la oportunidad de aspirar a una convocatoria o de conseguir alguien que los patrocine, se pierden”.

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// Fotografía Grafiti: Zona Suba //

Independientemente de lo que suceda con la Mesa de Grafiti, los colores no desaparecerán de los muros de Bogotá. “Me parece bonito porque hacer arte acá es una mierda: la gente piensa que se gana mucho pero prácticamente la mitad de tu vida como artista es invertir dinero; gracias al patrocinio de las intervenciones, la gente se ha quitado el tabú de que el grafiti es malo”, dice CA$H. Según él, la ciudadanía está acostumbrada a vivir de otra manera, a que todo esté en su lugar; para él, la labor del grafiti es precisamente sacar todo de su lugar.

Para la gerente de artes plásticas, se ha logrado algo muy importante y es que todos los ciudadanos reconozcamos en este tipo de expresión una estrategia para cambiar las relaciones que tenemos con el espacio público y las relaciones entre ciudadanos y artistas. “Esta ha sido una línea de trabajo que le ha traído muchos más beneficios a la ciudad que desgracias”, concluye Catalina Rodríguez.

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Estos son algunos de los murales y grafitis de la ciudad que podrá encontrar en los siguientes espacios:

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Zona Puente Aranda

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// Fotografías: Nicolás Fernández //

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Zona Calle 26

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Zona Laches (Calle Sexta)

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Zona Chapinero ( Carrera 13, carrera 11 y calles 67 a 45)

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Zona centro (Carrera décima, Chorro de Quevedo, Candelaria)

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Zona Carrera 30

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Avenida Suba con calle 137

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// Fotografías: Andrea Melo Tobón //
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