POR: Andrea Melo Tobón ILUSTRACIÓN: Juan Camilo Corredor Miércoles, 27 Enero 2016

Aún existen barreras en la divulgación de diversas representaciones artísticas; la censura en Colombia no solo se ha visto a través del silenciamiento a periodistas, sino que ha repercutido en varios campos de las artes.

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¿Ha querido meterle una media en la boca a algún cantante de reguetón? ¿Pide que callen a algún personaje público porque no le gusta lo que dice? ¿Bloquea gente en las redes sociales porque se aleja de su perfección espiritual? Aunque no lo crea, usted puede ser un censor (no confundir con sensor): a su manera, usted ejerce la censura.

De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, se trata de una “intervención que practica el censor en el contenido o en la forma de una obra, atendiendo a razones ideológicas, morales o políticas”. Aunque evitar que su mascota haga sus necesidades en la alfombra de la sala no sea un acto de censura, darle una mirada crítica al verbo no está de más. Para no caer en relativismos, hay regulaciones que se han pasado de la raya y que han evitado que disfrutemos de ciertas obras que, en su momento, fueron enterradas bajo la bandera de la superioridad moral.

En tiempos en los que Internet da acceso libre a obras desde el Amazonas hasta Tombuctú, valdría la pena cuestionar a la historia como las conocemos y mirar las posibilidades de la web más allá de memes y gifs. Aunque no nos demos cuenta, buena parte de la memoria colectiva ha sido seleccionada por ojos sesgados a una ideología. Este es un repaso breve por la huella de la mordaza en Colombia:

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Cuerpos criollos pornográficos

Dejando a un lado la corriente paisajista y de realismo fotográfico de los años cuarenta en Colombia, Débora Arango –junto a otros artistas del taller paisa de Pedro Nel Gómez– enfrentó diversas críticas y fue acusada de inmoral y pornográfica. Fueron los desnudos femeninos desde el estudio del fenotipo criollo, el abecedario perfecto para retratar lo que ella veía sin pudor: la política, la violencia y la moral fueron lanzas que Débora materializó en los cuerpos de quienes posaron para su pincel. No pudo participar en varias muestras nacionales e internacionales y su obra fue reconocida hasta la década del ochenta, cuando recibió el Premio a las Letras y las Artes, la Orden de Boyacá y el doctorado Honoris Causa de las Artes de la Universidad de Antioquia.

“Se advierte en todos los tiempos y sobre todo en nuestros días, en algunos pintores y escultores un empeño tan obstinado de exhibir desnudos más o menos completos en sus obras, que en él se revela indudablemente o una obsesión sexual o un propósito pornográfico o las dos cosas. Este fenómeno que invade también la prensa e inunda la propaganda y las obras cinemáticas está muy por debajo del arte verdadero y más todavía de la inspiración genial de los grandes artistas. […] Desde el punto de vista del arte y para el conjunto de sus obras más meritorias el desnudo completo tiene poquísima importancia y en muchos casos es de un gusto estético muy discutible”.

“Orientaciones. El desnudo en el arte y en la vida”, en Revista Javeriana No. 136, (Bogotá, julio de 1947).

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Universidad de puristas

Casi setenta años después de las críticas venenosas a las obras de Arango y otros artistas, en 2010 se presentaron dos casos de censura en el 13 Salón Regional de Artistas Zona Caribe en el que una parte de la exposición "Hacer del cuerpo" fue retirada de su sitio en la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco. Las obras removidas fueron una fotografía de la serie la serie Oh Sailor! que mostraba un desnudo masculino del fotógrafo Camo y la intervención Chasís de la Ética Contemporánea del colectivo Roztro que trataba diversas temáticas sobre derechos fundamentales en el piso de un salón. Ambas piezas fueron retiradas ya que, según declaraciones de las directivas de la fundación, “no podían explicarle la fotografía a las estudiantes menores de edad y el dibujo parecía un esquema satánico, invocaba al vandalismo y al grafiti y era recurrente el tema del sexo”. Por otra parte, Juan Fernando Cáceres, curador de la muestra explicó: "Nosotros decidimos desmontar esa parte de la exposición y hacer una denuncia pública a través de la columnista Claudia Ayola en el periódico El Heraldo y un debate en Esfera Pública. Básicamente era una posición muy goda y mojigata por parte del rector de la universidad que nunca respondió la carta de denuncia que enviamos".

Camo se enteró el día en que fue a ver la exposición junto a su madre "no me daba pena mostrarle el trabajo a mi mamá y ¡oh sorpresa! la obra no estaba. Yo la verdad quedé impresionado, nunca hablé con los organizadores del Salón Regional y me sentí decepcionado, ni siquiera peleé, pero eso me sirvió para darle más visibilidad a lo que hago y es la hora en la que sigo trabajando el tema de los desnudos" cuenta el fotógrafo. Y de acuerdo al Colectivo Roztro, en declaraciones en su página, “No podemos dejar de ver este fenómeno también como un aviso a lo molesto que puede ser el cambio en los roles violentos contra lo que significa género, etnias, y demás para instituciones como estas…”. Aunque las obras no pudieron ser expuestas en otro espacio de ese Salón Regional, fueron invitadas al Salón Nacional de artistas de ese año. 

 

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Vaginas preciosas

La obra Mujeres ocultas, de María Eugenia Trujillo, fue suspendida de su exhibición en el Museo Santa Clara de Bogotá en 2014 según lo dispuesto en el Decreto 2591 de 1991, bajo la consigna de atentar y vulnerar “la libertad de culto y el libre desarrollo de la personalidad”. La pieza reunió la custodia eclesiástica y la vagina en un solo concepto que, según la artista, “propone una lectura política frente al sometimiento de la mujer en la historia”.

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LIBROS

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A Dios no le gusta lo humano

Desde los primeros años de la Conquista, varias crónicas que retrataron a una Colombia aún en gestación fueron censuradas por la corona española al considerar que rescataban costumbres indígenas que quebrantaban los designios de Dios. La Historia de América, de Guillermo Robertson en 1779, y la Historia de la Revolución de mil setecientos ochenta y nueve y del establecimiento de una Constitución francesa,de la que Antonio Nariño extrajera la Declaración de los Derechos del Hombre, fueron incineradas “como muestra de escarmiento a los curiosos habitantes neogranadinos de que otro tanto les sucedería a ellos si persistían en leer nefastos periódicos que iban contra la voluntad de los reyes de Dios”, según investigaciones de Gerardo Andrade González, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Cauca. Las corrientes filosóficas y artísticas tampoco fueron ignoradas por el clero que entre otros, censuró varios libros del nadaísta Fernando González.

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Crédito: Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea en la imprenta [Litografía] Autor anónimo, ca. 1920.

Las fronteras móviles de Codazzi

La institución que desde hace más de sesenta años se encarga de producir el mapa oficial y de realizar las investigaciones geográficas de Colombia, fue inspirada en el trabajo del ingeniero y cartógrafo italiano Agustín Codazzi, quien junto a Felipe Pérez –pionero de la novela histórica en el país– realizó varias empresas de mapeo por todo el territorio. En el contexto de la época, hace más de 150 años, fue un trabajo difícil por los cambios políticos propios del convulsionado movimiento independentista colombiano. Su libro Geografía general de los Estados Unidos de Colombia fue incinerado en 1866, según archivo de Pérez: “Tomás Cipriano de Mosquera, quien había tenido desavenencias con el Olimpo Radical, descargó sus iras contra Pérez y contra la obra de Codazzi, tachándola de estar llena de falsedades y absurdos”.

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Ladrón de letras

Pablo Ladrón de Guevara, un cura jesuita colombiano, publicó en 1910 su libro Novelistas malos y buenos juzgados en orden de naciones. En él reseña venenosamente 2045 libros (cifra que envidiaría cualquier institución de promoción de lectura actual) dejando a sus escritores al nivel social de una prostituta. De Friedrich Nietzsche: “este alemán de la segunda mitad del siglo XIX se las echaba de filósofo, y no faltan quienes por tal le tienen. A nuestro juicio tanto se parece a un filósofo como el vinagre al vino. Sus doctrinas son inmorales, impías y blasfemas” y del intelectual colombiano José María Vargas Vila escribió “sentimos verdaderamente que sea de esta cristiana república este señor, de quien nos vemos precisados a decir que es un impío furibundo, desbocado blasfemo, desvergonzado calumniador (...) Inventor de palabras estrambóticas y, en algunas de sus obras, de una puntuación y ortografía en parte propia de perezosos e ignorantes (...)” . No imaginamos qué haría Ladrón con columnas como las de Daniel Samper Ospina o libros como los de Fernando Vallejo. Suponemos que ese papel lo asumieron los comentaristas anónimos de los portales digitales de periódicos, que a falta de diccionario, amenazan con las mismas tres palabras durante párrafos y párrafos.

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Garras de anarquía

La película Garras de oro (1926), que retrata la pérdida del Canal de Panamá y es considerada la primera película antiyankee en el mundo, fue censurada por el gobierno colombiano de la época y desapareció hasta que, en la década del setenta, un fragmento de poco más de 50 minutos fue restaurado por la Fundación Patrimonio Fílmico. “Amemos la patria… no ya porque fue grande y la han martirizado tanto: pero… porque es nuestra”, reza el filme.


Ligas Cuchillas del Cine Colombiano (LCCC)

Hace casi cien años, la llegada del séptimo arte al país inspiró la creación de Ligas de Moralidad por todo el territorio a través de medios de comunicación impresos católicos como la Revista de la Acción Católica Colombiana (Bogotá), el periódico Unidad Católica (Pamplona), El Granito de Arena (Cúcuta) y El Alcázar (Bucaramanga). De acuerdo con investigaciones del historiador Sergio Armando Cáceres, a través de estos comités se impidió la proyección de películas consideradas inmorales por la iglesia como Esposa por una Noche, Tierra amarga, Raíces de piedra, Salo, En la tormenta, Vaquero a media noche, El hermano Caín o Pasado el meridiano El Misterio de los Sexos y El precio de un desliz, entre otras. Durante casi todo el siglo XX fueron muchas más las cintas que se vetaron, tanto nacionales como internacionales. Basta con leer un artículo que publicó el periódico de Pamplona para entender el porqué: “Por una película instructiva o moralizadora; hay cuarenta y ciento propagadoras de la inmoralidad, de impiedad y del crimen. Los niños educados por la pantalla se hacen maliciosos, rebeldes, frívolos, desaplicados, con frecuencia impúdicos y aun criminales. Aun el cinema moral e instructivo no se debe frecuentar especialmente en la tierna edad: está probado que el cinematógrafo irrita el sistema nervioso, con terribles consecuencias para la salud y la mentalidad de los pequeños”.

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Arte Cine Libro

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