POR: Eugenio Chahín Martes, 10 Febrero 2015

Camilo Lara es el Instituto Mexicano del Sonido, música electrónica que supera todas las fronteras.
Estas son sus palabras (y no suenan nada institucionales).

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E

l escritor que edita. El pintor que es galerista. El director que rueda espantosos comerciales para alguien más. Hasta llegar a Camilo Lara que, si bien ha sido vicepresidente del gigante discográfico EMI Music México, encontró un espacio para su propia música en el circuito independiente y logró instalarse en el corazón mismo de la nueva movida latina con el Instituto Mexicano del Sonido. Su música ha sabido darle cancha larga a los juegos sonoros de una electrónica artesanal llena de redescubrimiento cultural y gracia pop. Algo que aquí suena abstracto pero que en la práctica lo ha llevado a los carteles de Lollapalooza, Bonnaroo y Coachella, los festivales musicales más importantes del mundo. Lara, como si se tratara de un héroe de tira cómica, conserva su trabajo de oficina durante el día mientras hace bailar al mundo en las noches, cuando se deja poseer por su superpoder musical.

 

- SONIDOS DE UN SOLO HOMBRE -

¿Ha sentido que el nombre de Instituto Mexicano del Sonido es demasiado grande, tratándose del proyecto de un solo hombre?

Sí. El nombre es, en cierta manera, una forma de no sentirme tan solo cuando hago música. Además, me permite tener invitados en los discos y en los conciertos sin sentir culpa.


¿Qué tan divertido resultó trabajar con miembros de Talking Heads, Beastie Boys y demás?

Mucho. Son personas con las que coincido en cómo ver el mundo. Por eso es fácil. Me gusta hacer música con gente con la que sé que va a ser cómodo y divertido hacerlo.

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¿Por qué le gustan los juegos de palabras y las referencias a la cultura popular?

Me gustan las palabras maleables, que tienen muchas lecturas. Me gusta que todo tenga un trasfondo, como sombrero de mago. Me gusta escribir sobre cosas que conozco: de mi barrio, mis amigos, y me gusta usar nombre y apellido. No me gustan las grandes afirmaciones de la vida.


Usted también hace literatura, ¿qué paralelos guarda esto con su música?

No muchos. Es un arte más complejo, más pausado. Me gusta el ejercicio de escribir, pero creo que es más complejo que el de generar música. La música es más veloz, los libros ahí se quedan.


En algunos de sus temas aparecen fragmentos de obras de Juan Rulfo y de Julio Cortázar. ¿Por qué?

Y el segundo disco tenía más de Roberto Bolaño, a quien admiro. Me encanta leer. Mi gente es Murakami, Pynchon, Bolaño, Auster, Rulfo, Gorostiza. Los libros me dan referencias para generar música, como postales de una visión.


¿Qué tanto han cambiado sus hábitos musicales con todo el vuelco que ha tenido la industria hacia lo digital?

Mucho. Ahora prefiero comprar música digital o en vinilo.

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Tiene una buena reputación como coleccionista, cuéntenos sobre algunos rituales de melómano.

Ahora solo compro vinilos. Me gusta ir a mercados y tener dealers de música. Gente que tiene toneladas de discos que el mundo olvidó. Me gusta descubrirlos o, mejor dicho, redescubrirlos. También escucho mucha música nueva, soy adicto a los blogs.

- EL PODER DE LA INDEPENDENCIA -

Es curioso que alguien con una carrera tan firmemente cimentada en el negocio tradicional busque el camino independiente para su propia música.

No es gratuito, yo tuve Suave, el primer sello de indie en México, a principios de los dosmiles. Creo mucho en la independencia, crecí trabajando en sellos grandes porque no había sellos pequeños, ni lugar para ellos.


¿Dónde se ubica la música en medio de una vida de oficina?

Hago música como proyecto personal. No creo que uno sea 100% oficinista, ni 100% músico. Sé hacer las dos cosas y eso lo agradezco. Desde niño empecé a trabajar para comprar discos y lo sigo haciendo. 

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Si alguien hubiera llegado hace unos años a su puerta para que le firmara algo como el Instituto Mexicano del Sonido, ¿habría tenido posibilidades?

Firmé cosas aun más locas, como Titán o Los Liquits. La música que me gusta no respeta géneros.


Mezclar electrónica, folclor y espíritu kitsch pasó de ser una revolución en la música independiente latina a una tendencia, ¿qué le permite al I.M.S. mantenerse lejano de una fecha de caducidad?

En realidad creo en las canciones. Las buenas superan toda modita pasajera. También creo que no se debe pensar que mezclar electrónica con folclor es una moda en Latinoamérica. Todos los de mi edad crecimos escuchando ambos, así que no es pecado. Hay que recordar que la generación anterior creció oyendo folclor y punk, de ahí salieron Aterciopelados, Maldita Vecindad y Café Tacvba.


¿Cómo ha visto, desde la silla de juntas y el escenario, los nuevos mestizajes de la música colombiana?

Amo que piensen que la silla de juntas es tan absoluta… si vieras que no lo es. La música colombiana me gusta, me gusta lo clásico. Hoy hay cosas interesantes y revolucionarias como Las Malas Amistades, Isa GT, Monareta y los inigualables de Bomba Estéreo. ¡Es un momento emocionante!

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Música

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