POR: Nicolás Rocha Cortés FOTOGRAFÍA: Nicolás Rocha Cortés Viernes, 09 Junio 2017

“Yo era, y soy, un enamorado del hip hop, con un amor que roza la locura”.
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El rapero Domingo Antonio Edjang Moreno, mejor conocido como El Chojin, lleva más de dos décadas dejando la piel en cada canción que escribe. Con trece álbumes en solitario, dos con la agrupación española 995 e incontables colaboraciones, es un pionero y referente dentro del hip hop de habla hispana.

Al hablar mira directamente a los ojos, se-pa-ra ca-da sí-la-ba y procura ser lo más claro posible a la hora de enviar un saludo, responder alguna pregunta o simplemente conversar. 

Es un hombre alto, se encuentra en Bogotá para el concierto HipHoppers por la Paz, organizado por la Embajada de España y La Familia Ayara. A sus cuarenta años no para de reinventar la música que interpreta. En una de sus canciones dice que simplemente es un hombre que, como todos, siempre ha buscado su lugar, y que quizá nunca lo encuentre, aunque en sus canciones muchos creen encontrar un hogar, un refugio. Fue parte de la crew Wild For da Night (W.F.N.), junto al también rapero de 995 Meko, conocido por temas como “Zona de guerra”, “Soledad” o “Nigga puta”. 

En 2009 obtuvo un récord Guiness al rapear 921 sílabas en un minuto. El oriundo de Torrejón de Ardoz ha publicado dos libros: Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites (2011) y En 2048 (2015). También presenta el programa “Ritmo urbano”, en La 2 de Televisión Española, y la junta de Extremadura, ciudad donde nació su madre, lo reconoció con el galardón Culturas 2011.

La mañana en Bogotá es fría y llena de lluvia, el ajetreo de las entrevistas puede llegar a ser estresante y mantener una sonrisa no siempre es sencillo: firmas, saludos, grabadoras, cámaras, mirar al periodista, a la cámara, cometer un error, repetir, más saludos y empezar de cero cada vez que alguien dice gracias, pues otro hambriento reportero está atrás aguardando con un hola. Ya lo gritaba El Chojin en el 2007 en su canción El show de Truman: ¡a la mierda con ser famosos! Quizá no llegó a imaginar que hoy, tras varios años de carrera, sería su talento y trabajo en el hip hop lo que lo haría estar respondiendo durante horas las mismas preguntas con una sonrisa en su rostro. 

Sentado, con un poco de calma pero apurado por el reloj, conversó con Bacánika. Esta es una charla sobre música, filosofía, racismo y recuerdos de una carrera llena de sudor y sacrificio. 

¿Qué es Urotsukidōji?

Es una serie de anime japonesa que habla sobre un mundo que no funciona en el que hay una deidad que es el Chojin, quien tiene que ir a destruir ese mundo para, a partir de esas cenizas, crear un mundo mejor. De ahí me cogí el nombre y me lo quedé.

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En la colaboración con el también rapero español Nach, Ayer y hoy, usted dice que tuvo un “enamoramiento con el rap en una eterna primavera”. ¿Cómo se enamora Domingo Antonio del rap?

[Risas] Eso suena a Medellín. Porque encontré algo que me hacía sentir vivo, me hacía real y me hacía sentirme el protagonista. Yo me enamoré del rap porque el rap aplaudía lo que yo decía. Estaba acostumbrado, como niño, a ser un sujeto paciente de la educación. Estar ahí sentado y que lo único que podía decir era repetir lo que decía el profesor en el mismo orden y entre mejor lo repetía más nota sacaba. Además, cada vez que dices algo en clase, el profesor te dice “calla”, o te quiere castigar. Sin embargo, el rap me enseñó todo lo contrario, el rap me dijo “habla, habla”. No tienes que decir nada mágico, sólo tienes que decir lo que tienes en la cabeza y a la gente le va a gustar. Eso fue un chute de adrenalina que no he vuelto a vivir con nada nunca, con nada N U N C A.  

¿Cómo pasa de escuchar rap a hacerlo?

Eso tiene que ver con un compañero que ha venido con nosotros en este viaje. Él rapeaba y me di cuenta de que le envidiaba, entonces me planteé si yo podía ser capaz o no de hacer lo que hacía él. Empecé a escribir en secreto, a escondidas en casa porque me daba vergüenza, yo era pequeño, hasta que un día decidí rapear solo a mi madre y a mi tía, ese fue mi primer público, y me quedé con la reacción de mi tía, porque a mi tía le gustó, o al menos eso dijo, la pobre. A partir de ahí marqué como meta rapear en frente de un poquito más de gente, luego de más, poco a poco me di cuenta de que necesitaba más material para poder volver a experimentar esa sensación de subirte a un escenario y contar lo que tienes en la cabeza sin estar repitiéndote, y ahí empezó el círculo vicioso, ese que me ha traído a Bogotá hoy. [Risas].

“Yo no soy de esos, soy y no soy, soy yo, soy yo”. ¿Quién es el Chojin?

Soy el hueco que hay entre medio de todo eso. Es algo filosófico. No creo que tenga que ver con el hip hop, mas con inquietudes personales. Estoy acostumbrado a ser un personaje público, a que me etiqueten y me llamen un montón de cosas. Pero no me siento cómodo con ninguna de las etiquetas que hasta ahora he encontrado, al menos no cómodo del todo. Puedo entender que me pongan la etiqueta de comunicador, porque bueno, me dedico a eso; de rapero porque obviamente es mi trabajo; la de padre en un momento determinado; la de hijo; la de amigo. Hay un montón de etiquetas en las que puedo estar, pero no soy solamente eso, tengo que estar en algún sitio entre todas esas cosas. Esa es un poco mi obsesión y mi búsqueda, Mi último disco va de eso: de buscarme a mí mismo, aún sabiendo que es improbable que me encuentre. 

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Los fanáticos nunca están satisfechos, siempre quieren saber más y más. ¿Cómo logra decir: “¡No! Esto es mi vida y no quiero decirlo”?

Es un punto muy difícil de encontrar. Muy difícil. Porque yo he hecho bandera de contar lo que tengo dentro, ese es mi trabajo. Pero al mismo tiempo hay cosas que tengo dentro que no quiero contar. ¿Por qué esto sí y esto no? Bueno, yo he aprendido a no preguntarme el porqué, a aceptarlo y ya está. 

Si siento pudor contando algo, pues no lo voy a contar. No quiero sufrir cuando rapeo, al contrario, porque es el lugar donde me siento cómodo. Estoy siempre bordeando el límite. Yo recuerdo a mi madre escuchando el tema “Soy y no soy” y me decía: “¿No te desnudas demasiado hijo?”.  Y sí, a lo mejor. Pero me siento cómodo y ya está. 

¿Qué diferencia hay entre el álbum Mi turno (1999) y Recalculando ruta (2017)?

Pues que en Mi turno era un niño tonto [risas] con mucha testosterona... ¡Nah! Era un chaval. Yo me siento muy orgulloso de mi trayectoria porque he sido muy honesto siempre. Es decir, cuando yo escucho lo que escribí en el 98, me reconozco, reconozco al chaval que escribió eso, de modo que lo hice bien. Evidentemente ese chaval ya no soy yo, luego lo que decía él ya no me representa, no he cambiado del todo, pero claro, estamos hablando de casi veinte años. Lo que ha cambiado es la persona que firma, el trabajo que hace, piensa diferente, tiene una actitud distinta, tiene muchas más experiencias, es más calmado, tiene menos prisa, es menos violento. Hay un montón de cosas diferentes. 

De pequeño quería ser piloto, de hecho estudió para ser piloto. Alejado del título, ¿siente que con sus palabras logró volar? 

Me gusta mucho cómo lo dices, fíjate. La semana pasada fui a hacer un concierto a un sitio, no puedo contarlo para que nadie tenga problemas, pero me dejaron hacer la aproximación en cabina con ellos, y eso es solamente porque eres El Chojin, no porque estudiaras para piloto. Entonces sí es cierto, el rap me ha hecho volar. 

Wild For da Night (W.F.N.). ¿Qué es eso para El Chojin en este momento?

Nah [suspira], en este momento ya es un recuerdo bonito. Hubo una época de mi vida, unos cuantos años, en los que salíamos mucho por la noche. Éramos un grupo de leones jóvenes con  ganas de comerse la noche y creamos esa crew, que en parte terminó construyénndome a mí también. Es una parte de mi pasado a la que no voy a renunciar jamás. Pero bueno, ya no salgo, el grupo está medio disuelto, nos seguimos queriendo igual, pero claro, unos se han casado, otros se han ido. Ya no es lo mismo. 

De una entrevista que le realizó Bacánika al artista colombiano Jorge Lewis me quedó sonando que las nuevas generaciones tienen demasiados matices. ¿Qué piensa sobre eso?

Es un problema para la generación. Lo que fundamentalmente falta es pasión. Hacia lo que tengas pasión es lo de menos, pero debes tenerla. Yo era, y soy, un enamorado del hip hop, con un amor que roza la locura. Tenía que saberme todos los discos de todos los raperos, tenía que saber quién producía cada uno de los temas, quién era el dj de cada uno de ellos, de qué ciudad eran, de quién eran amigos, con quién se peleaban. Todo. Tenía que saber quién había ganado la última batalla de breakdance en Alemania, quién era el escritor de grafiti más importante de Italia. Si la D que hace este escritor de grafiti es igual que la D que hace este otro, saber si lo estaba copiando. Era una obsesión. Yo no digo que la obsesión sea sana, pero la obsesión sí que te aporta un grado de satisfacción que no te aporta otra cosa si no eres un apasionado. 

Yo vengo de una generación en la que estamos realmente apasionados. Y es cierto que ahora detecto que falta esa pasión, que ahora se consumen las cosas de forma mucho más superficial. Creo que es una pena, porque se está hurtando a toda una generación la oportunidad de sentir el diez, están viviendo constantemente entre el cuatro y el seis, que será muy tranquilo, pero no es todo, no están viviendo la experiencia completa, bajo mi punto de vista. En el rap está pasando mucho eso, ahora es gente que escucha música y también escucha rap. Nosotros no, nosotros estábamos obsesionados, no éramos lo mejor, pero amábamos y amamos lo que hacemos. 

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En la canción Ayer y hoy, hablando sobre su carrera afirma: “Ayer solos en parques, hoy nos oyen multitudes”. ¿Esa experiencia le genera nostalgia?

Genera nostalgia pero también orgullo... de nuestra historia, es una historia de película bonita, porque es la historia de algo que no podía pasar y pasó, la historia de unos chavales que tenían un sueño que no podía cumplirse porque nadie lo había cumplido, pero lo terminaron cumpliendo pasando todos los problemas y los baches. Entonces sí, siento nostalgia pero orgullo y satisfacción de saber que cuando dices que puedes llegar a conseguir algo no es una frase vacía, es una realidad y para muestra: yo. 

El tema “Mami, el negro está rabioso” habla sobre el racismo que vivió. ¿Siente que el racismo ha disminuido? 

No. Creo que es más directo, pero quizá más civilizado. En España hay gente que entiende ser racista como una opción lícita, que pueden decir: “Sí, soy racista, ¿qué pasa?”. Antes no, antes el racista sentía que se le estaba insultando si se le llamaba racista, pues se entendía el racismo como algo puramente malo, sin matices. ¿Qué es lo que ocurre? Que los grupos de ultraderecha que en la época en la que yo salía trabajaban mucho en Madrid, con trabajar me refiero a que salían a pegar a homosexuales, indigentes y negros, ahora realizan menos agresiones pero son más aceptados socialmente. Es peor ahora.

¿Qué es la reinvención para usted?

Es supervivencia. Muchas veces a los artistas nos aplauden cuando conseguimos hacer algo diferente, yo creo que es una huida hacia delante. Es decir, no existe la posibilidad de sobrevivir en esto si siempre haces lo mismo, no existe. La única opción es probar otras cosas. Por necesidad de artista, de un tipo creativo, que quiere explorar cosas, pero también por necesidad puramente pecuniaria, de comer, porque sino eres capaz de sorprender de algún modo no vas a enganchar a más gente y la gente que estaba enganchada se va a terminar desenganchando y son los que te dan de comer. 

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