POR: Chilango Páez Jueves, 21 Noviembre 2013

Dentro de la mente de un gran asesino en serie. 

Tengo que admitir que ya no leo como antes. Perdí la costumbre de cargar un libro en la mochila en caso de sala de emergencia y, un día, me encontré con el grave problema de tener que esperar dos horas, sin nada que hacer, mientras le hacían una reparación a mi computador. Antes de empezar a aburrirme mientras el ingeniero me explicaba todo lo que no entiendo sobre tecnología, crucé la calle, entré a un supermercado y busqué rápidamente cualquier distracción barata. Por $20.000, no había muchas opciones: el libro que originó la serie Dexter, escrito por Jeff Lindsay, sobre el asesino en serie que trabaja para la policía de Miami, era lo único que no pertenecía al género de autoayuda. La verdad es que no soy un fanático de la serie de televisión –vi dos capítulos de no sé qué temporada, no entendí nada y jamás la volví a ver– ni de los best sellers –suelo abandonarlos cuando todo se vuelve un amasijo de lugares comunes–, pero mis opciones eran el libro o sentarme a ver cómo le hacían neurocirugía a mi computador.

Cuando el técnico terminó, yo ya iba por la página 120 y me tocó pedirle que me dejara quedar cinco minutos más mientras terminaba el capítulo en el que estaba. Y aclaro que no practico la lectura rápida. Aunque suene a cliché: “el libro atrapa al lector y no lo suelta”. Dexter es un tipo con un sentido del humor magnífico, con una misantropía perfectamente justificada y con una esquizofrenia encantadora. Comete errores divertidísimos y tiene bien claro cómo y dónde encontrar la acción. Y escribe mejor que cualquier Mario Mendoza, con diálogos perfectos, sin escenas sangrientas gratuitas ni ánimos de escandalizar a nadie. Por desgracia –o por fortuna, no sé–, viví en Miami unos seis meses hace más de una década y nunca entendí a esa ciudad; tal vez eso permitió que me identificara con Dexter y su incomodidad, su desapego, su burla a todo lo que lo rodea.

Esa misma noche terminé el libro –285 páginas–, cosa que ya no recuerdo cuándo logré por última vez. El sueño siempre me gana y me toca esperar hasta el día siguiente para retomar la lectura. Con Dexter: El oscuro pasajero, fui capaz de resistirme a la almohada.

Este libro no es ninguna novedad, la versión en inglés (Darkly dreaming Dexter) apareció en 2004, ha vendido más de un millón de copias y, como ya lo dije, fue el origen de la serie de televisión. Me puse en la tarea de ver la serie desde el primer capítulo y, de nuevo, me aburrí: excepto el inicio, no tiene mucho que ver con el libro de Jeff Lindsay y se vuelve una especie de CSI donde el asesino es el policía, del mismo modo en sentido contrario. Por eso, así usted sea un fanático de la serie, le recomiendo este libro. Una excepción a la regla de los best sellers y una grata compañía para los misántropos. Además, lo venden muy barato.

Antes de pasar la página, el autor confiesa que quiere matar a Dexter:

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