POR: Chilango Páez Viernes, 19 Diciembre 2014

Un cuarto de siglo, trescientas páginas y una portada aterciopelada. Así va, por ahora, la historia de Aterciopelados.

separador

aterciopelados1 

A

la historia del rock colombiano todavía le faltan muchos capítulos. Es innegable que se han hecho investigaciones muy serias tanto de académicos como de periodistas y de personas que han estado involucradas de alguna manera en “la movida”. Desde los cocacolos sesenteros hasta el indie de estos días, pasando por proyectos como Columna de Fuego, entre Barranquilla y Pasto, aun están por descubrirse personajes, escenarios, disqueras y propuestas.

De hecho, resulta curioso que hasta ahora aparezca un libro que dé cuenta de la que, probablemente, es la banda más importante del país: Aterciopelados. Ponerlos en el podio del rock nacional no es una exageración ni un cliché: con frescura lograron identificar elementos de la cultura popular colombiana y darles un sonido que se adaptara a las tendencias internacionales de las últimas tres décadas. Esa inteligencia los llevó a escenarios de casi todo el planeta, a lugares a los que habían llegado pocos músicos colombianos y, menos, dentro de ese género tan difícil que es el rock.

De hecho, resulta curioso que hasta ahora aparezca un libro que dé cuenta de la que, probablemente, es la banda más importante del país: Aterciopelados. Ponerlos en el podio del rock nacional no es una exageración ni un cliché: con frescura lograron identificar elementos de la cultura popular colombiana y darles un sonido que se adaptara a las tendencias internacionales de las últimas tres décadas. Esa inteligencia los llevó a escenarios de casi todo el planeta, a lugares a los que habían llegado pocos músicos colombianos y, menos, dentro de ese género tan difícil que es el rock.

Con el corazón en la mano es el libro que narra la historia de Aterciopelados. Y lo hace al estilo de la banda: con mucho kitsch, con recortes de prensa, con el apoyo del distrito de Bogotá pero, especialmente, con el trabajo de más manos que las de Héctor y Andrea (los líderes y únicos miembros fijos del grupo a lo largo de más de 25 años).

Esta no es una reseña para contar lo que narra el libro –desde Delia y los Aminoácidos hasta los proyectos paralelos o en solitario de los integrantes de Aterciopelados– sino para exaltar precisamente la construcción de esa historia a muchas manos y la importancia de leer y ver los pasos de una banda que logró vivir de tiempo completo del rock.

El capítulo con los principios de Aterciopelados revive escenas de un verdadero movimiento underground que trazó el rumbo del auténtico rock nacional: cerca del punk, haciendo conciertos en los bares “alternativos” de Bogotá, grabando como el título del libro: Con el corazón en la mano. A lo largo de las páginas se consiguen momentos emotivos gracias al arte, el estilo colorido contrastado por páginas que recuerdan al papel periódico e incluyen recortes de El Espacio y Time Out, entre otros medios de varios países.

aterciopelados2

Las fotos dan cuenta de los integrantes y colaboradores que han pasado por la banda, amigos cercanos que van desde El Burro Mocho hasta Phil Manzanera, grandes momentos junto a Gustavo Cerati o Vicentico, planos detrás de cámaras en los videos, recorridos por tarimas internacionales y barrios capitalinos, vida en familia y arte hecho a mano.

Algunos episodios se dividen entre sí con sobres que traen pequeñas piezas de colección como postales, volantes y stickers. El libro saca sonrisas con el lenguaje desparpajado con el que habla Andrea (“…nos llevamos nuestro segundo Grammy… y entré en la lista de las peor vestidas, por supuesto…”) o cuando trae a la mente recuerdos de una época y de un país, sin dedicarse de lleno a elogiar a la banda o encerrarse en la música. De hecho, Con el corazón… intenta dar un panorama de ese rock alternativo que abrió las puertas a todo lo que está sucediendo hoy con la música colombiana: fusiones modernas que entienden la identidad local pero que son capaces de mirar hacia fuera.

aterciopelados3

Sin enlaces interactivos, apenas leyendo los títulos de los capítulos o las contraportadas de los discos, el libro pone a sonar canciones inolvidables en la mente del lector. Los Aterciopelados fueron marcando el paso de muchos años y uno puede sentir los cambios, no solo de una banda sino de la industria musical del mundo. Las etiquetas y los odios entre géneros se derrumbaron para demostrar que la música es una sola, que es la verdadera fuerza sobrenatural. Al final del recorrido de casi trescientas páginas, incluso aparecen algunas partituras y tablaturas para los que entienden de música y que igual funcionan como libro coral para reconstruir algunas de las letras insignias de Aterciopelados.

Con el corazón en la mano es un buen libro pero hay que aclarar que no es perfecto. Más allá de las críticas bastante inicuas sobre el neohippismo de la banda, el hecho de ser financiado en parte por la Alcaldía de Bogotá obliga a la obra a usar un lenguaje políticamente correcto que se vuelve soso –excepto cuando habla Andrea o cuando aparecen buenas publicaciones de prensa–. El color, en principio divierte pero a partir de un momento enceguece. El diseño satura innecesariamente con demasiados elementos y el formato, especialmente la encuadernación, es un poco difícil de manejar, resulta pesado y da miedo que se descuaderne en cualquier momento.

Y eso último, quizás, también representa una virtud: uno quisiera que esa obra con portada de terciopelo permaneciera intacta. En últimas, este mamotreto de colección debería estar en cualquier biblioteca rockera.

Con el corazón en la mano es un buen libro pero hay que aclarar que no es perfecto. Más allá de las críticas bastante inicuas sobre el neohippismo de la banda, el hecho de ser financiado en parte por la Alcaldía de Bogotá obliga a la obra a usar un lenguaje políticamente correcto que se vuelve soso –excepto cuando habla Andrea o cuando aparecen buenas publicaciones de prensa–. El color, en principio divierte pero a partir de un momento enceguece. El diseño satura innecesariamente con demasiados elementos y el formato, especialmente la encuadernación, es un poco difícil de manejar, resulta pesado y da miedo que se descuaderne en cualquier momento.

Y eso último, quizás, también representa una virtud: uno quisiera que esa obra con portada de terciopelo permaneciera intacta. En últimas, este mamotreto de colección debería estar en cualquier biblioteca rockera.

separador

Etiquetas:

Música Rock

instagram

INSTAGRAM