POR: Laura Andrea Garzón Sábado, 29 Abril 2017

Si ya empezó un recorrido por el cómic franco-belga con Tintín y Astérix y no sabe por dónde seguir, lo invitamos a leer esta hoja de ruta que le contará qué es lo básico para seguir su camino.

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ay un sinnúmero de lectores de cómic que confiesan que sus primeros amores fueron Tintín o Astérix y Obélix, incluso Los Pitufos. Pues bien, todos estos personajes hacen parte de la tradición franco-belga del cómic. Pero hay más. Mucho más. Esta es una hoja de ruta para que no se pierda en el recorrido.

 

Con un océano de por medio, el cómic de tradición franco-belga nos ha llegado a cuentagotas. Si bien personajes como Tintín y Astérix y Obélix han estado en los estantes de las librerías colombianas por largo tiempo, otros títulos y autores siguen siendo un misterio.

Puede que hayan escuchado hablar Blake y Mortimer, historieta creada por el belga Edgar P. Jacobs en 1946 y que cuenta la historia del profesor Phillip Angus Mortimer, un físico nuclear, y el capitán Francis Percy Blake, oficial del servicio secreto. O a lo mejor saben de Marsupilami, un personaje que originalmente hacía parte de Spirou y Fantasio, una historia de aventuras creada alrededor de Spirou en 1938 por Rob-Vel, a la que luego Joseph Gillain (Jijé), uno de sus dibujantes, en 1944, añadió al mejor amigo Fantasio.

Tal vez simplemente les haya sucedido que crecieron con las traducciones de cómics de superhéroes de Marvel o DC y las tiras cómicas del periódico, en las que Mafalda estaba codo a codo con Charlie Brown y Hobbes, el tigre de Calvin. Pero, ¿cómic franco-belga? Uhm, no mucho. ¿O sí? ¿sabía usted que Los Pitufos, originalmente llamados Les Schotroumpfs, son uno de los grandes hitos de la tradición franco-belga? ¡Ajá! ¡Una tradición más cercana de lo que imaginaba! 

Primero, ¿por qué hay una categoría llamada cómic franco-belga? Bueno, la industria editorial concibió al grupo francófono de Europa como un mercado con intereses y rasgos en común, por lo que le puso ese nombre a su producción. Es grupo compartía la tradición de las “tiras dibujadas”, bandes dessinées (BD), mismo nombre que aún llevan sus cómics y novelas gráficas. Este es un oficio muy reputado, es tal su importancia que desde los años sesenta se le denominó “el noveno arte”. Y a quien ejerce este oficio se le llama “autor de bande dessinée”, no simplemente “dibujante”.

Supongamos que usted, lector, es de esos que se siente lejano de la BD. Un día, paseando por su librería favorita, se topa con un libro de formato extraño, de unos 23 x 31 centímetros (normalmente de pasta dura y más o menos 48 páginas). Usted recuerda que en alguna feria del libro vio la colección completa de Las aventuras de Tintín, en ese precioso baúl, impresa en libros como estos. Ese tipo de libro es denominado “álbum europeo”. Puede ser un buen indicador de que usted se está aproximando a un cómic francés. No es infalible, claro, porque existe experimentación en otros formatos, sobre todo por parte de autores contemporáneos. Pero es una pista útil. Dato curioso: para vender Watchmen, una de las primeras novelas gráficas en tener ese nombre, en Europa, la pasaron al tamaño y extensión del “álbum europeo”.  

Las ediciones de autores franceses famosísimos, que han influenciado a generaciones y generaciones, como Jean Henri Gaston Giraud, más conocido como Moebius; Philippe Cazaumayou, que publica como CAZA; Philippe Druillet y Enki Bilal se encuentran en este tipo de formato, así como algunas de las traducciones que han llegado a Colombia de sus obras. Estos autores fueron capaces de crear mundos fantásticos que confluyeron en la revista Métal hurlant, una antología creada en 1974 por Moebius, Druillet y algunos otros, dedicada a publicar ciencia ficción y horror. Posteriormente, en 1986, comenzó a salir en los Estados Unidos bajo el nombre de “Heavy Metal”

separadorSci-Fi en BD

Recapitulemos. Supongamos que en su búsqueda fue a parar a su manos El Incal. El Incal (o La saga de los incales o Las aventuras de John Difool) es una serie, publicada de 1980 a 1988, de BD de ciencia ficción de los cuales varios tomos fueron ilustrados por Moebius. El guion es de  Alejandro Jodorowsky. Ajá, como el psicomago. Pues es el mismo. El hombre hace de todo, incluyendo ser director de cine y guionista de cómics. Fue traducido al español y comercializado por Norma Editorial, cuyo eje de trabajo es el cómic de España y Europa (no confundir con la editorial colombiana).

Moebius se hizo famoso, antes de incursionar en la ciencia ficción, con El teniente Blueberry, un western que se empezó a publicar en 1963. Recibió ese trabajo de su maestro Jijé, un historietista belga de renombre con el que se encontraba en proceso de aprendizaje. Ahora se preguntarán ¿un western? Pues dentro de la tradición franco-belga, el western, el género que agrupa esas historias de vaqueros ambientadas en el viejo oeste gringo, fue muy popular y alcanzó gran reconocimiento internacional con obras como Lucky Luke, tira cómica creada por el artista belga Morris (Maurice de Bevere), publicada desde 1955 hasta el sol de hoy de manera serial y en compilaciones. Incluso circuló en nuestro país al lado de Condorito y Superman.

Para hacer la historia corta, Moebius dio un giro a su carrera en 1974 al cofundar los “Humanoides Asociados”, un grupo para artistas del cómic dedicados a la ciencia ficción y la fantasía. Siguió unos años más en su rol de dibujante para El teniente Blueberry, hasta 1979. De allí en adelante la ciencia ficción fue su área de trabajo primordial.

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Varias de las obras de autores en este colectivo francés, como Druillet y el mismo Giraud, se destacan por el preciosismo y detalle en dibujo y en las escenas a color. El Incal y de El Garaje Hermético (publicada entre 1976 y 1980) son ejemplos de esto. Esos mismos detalles, con la diferencia de estilo de cada autor, pueden verse también en CAZA y Bilal, con lo que logran solidez para sus universos, al sumergir por completo al lector en la imagen. Según el crítico de cómics Pablo Guerra, este grupo fue una influencia fundamental para nuestro propio underground, como el cómic alternativo publicado en la revista ACME, un proyecto cultural que arrancó en 1993 gracias a una beca del Ministerio de Cultura, y que tuvo el propósito dar un espacio a los artistas locales.

separadorDe Persia a París

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¿Se ha topado con un libro con el fondo rojo y un dibujo sencillo de una niña en primer plano rodeada por un marco dorado y negro? Quizás esté hojeando la famosa obra de la historietista iraní Marjane Satrapi, Persépolis (publicada en el 2000), la cual narra su vida, las dificultades de tratar de resistirse a las imposiciones de un estado teocrático y los momentos de libertad en los que pudo desarrollar otras de sus inquietudes personales. ¿Pero por qué hablar de una artista iraní si este es un artículo sobre cómic francés? Por una parte, porque la lengua en la que escribe Satrapi es el francés, y porque París es un enclave dentro de su formación artística. Por otro lado, por el renombre que alcanzó tras la realización de la película basada en el cómic, que hizo que fuera más sencillo comercializar traducciones de su obra. Y, por último, porque pertenece a una tradición francesa en cuanto a su estética en el cómic, al ser aprendiz de David B. La obra más reconocida de David B. es La ascensión del gran mal (publicada originalmente en 1996), la cual es también autobiográfica alrededor de su vida con su hermano epiléptico. Fue él quien guió a Satrapi para realizar su novela gráfica, y en su dibujo se puede reconocer la influencia de este artista francés.

El trazo es negro y limpio. El dibujo es sencillo, cuidado y no tiene color. En el caso de David B., su uso de referentes del folclor y mitología se mezcla con su tono surrealista, que sumerge al lector en un espacio casi onírico. Satrapi vuelca el estilo monocromo sobre los oscuros detalles de su infancia, marchando contra el Sha, solo para encontrarse con la opresión del régimen Ayatolá; y luego de su vida como adolescente y adulta. A sus 24 años regresó a Europa. Fue en ese periodo que conoció, estando en París, a Pierre-Francois Beauchard, popular por su seudónimo (adivinaron), David B. Luego de tomarlo como referente, se separó de su estilo, el cual es más intrincado en su combinación de imágenes en ciertas viñetas. 

Sin embargo, es cierto que para ambos la simplicidad es una virtud. Esto es algo que el lector podrá en la colección publicada por la editorial independiente Rey+Naranjo con motivo de la Feria Internacional del Libro y el año Francia-Colombia. La Bomba Familiar (La bombe familiale), del mismísimo David B., publicada originalmente en 1997, es una historia corta que tiene como protagonista a una bomba y a la familia que la encuentra. La bomba resulta ser un objeto con vida propia con el que la familia debe aprender a convivir, así como muchos otros en su ciudad que corrieron con la misma suerte. Otros autores en la colección son Denis Bordeaux, J. C. Menu, Guy Delisle (artista canadiense que ha venido creciendo en reconocimiento gracias a sus novelas gráficas de viaje como Shenzhen o Jerusalén), Sardon & Baraou, Killoffer, Marc-Antoine Mathieu y Matthias Lehmann. Estas ediciones de pequeñas historias gráficas vienen de una editorial francesa independiente, L’Association, la cual se ha encargado de publicar pequeñas revistas que son una manera acceder a las novedades del cómic francófono e internacional.

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separadorIrene y los clochards

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Bueno, querido lector, estos son los libros del futuro, los que todavía no se ha topado en su librería preferida. Con fortuna, los primeros de muchos más por venir. L’Association sigue activa y publicando, desde su fundación en 1990. Los responsables de este proyecto son David B. (sí, otra vez), Killoffer (se dieron cuenta, son autores que autogestionan su publicación y publican a otros artistas), Matt Konture, J.C. Menu, Mokeit, Stanislas y Lewis Trondheim. ¡Muchos nombres!

Si usted es de los lectores que curiosean qué anda sucediendo en el panorama del cómic por aquí, quizá se haya topado con el nombre de Lewis Trondheim entre los invitados al (ya famoso) festival de cómic Entreviñetas, el cual se realiza anualmente en Bogotá y Medellín, y de manera más espaciada en otras ciudades. Trondheim, quien vino en 2015, es un prolífico dibujante francés con un particular sentido del humor, que se dibuja siempre con la cabeza de un pájaro. Pero no nos desviemos. Esta editorial fue la encargada de dar a conocer obras como El Gato del Rabino, de Joann Sfar, la cual también fue adaptada a cine, así como Irene y los clochards, de Ruppert y Mulot, publicada en 2009.

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Ruppert y Mulot son dos personas que a veces parecen una. El trabajo de Florent Ruppert y Jérôme Mulot es considerado como una mirada refrescante y nueva del cómic francés, al usar crear un universo propio a partir de su fina línea y sus dibujos de detallados en los fondos y sencillos en su aproximación a los personajes; junto a su narrativa intensa, laberíntica, conmovedora. Hay una cuidadosa construcción de los personajes que hace que, al no tener un rostro, podamos reconocerlos y reconocernos en ellos. Su innovación y experimentación llega al punto en que no hay modo de saber dónde está la mano de Ruppert y dónde la de Mulot, dónde inicia en realidad la historia y si acaso se termina o solo se transforma en una puerta abierta.

En este caso, si los lectores no se han aventurado nunca antes por las aguas del cómic francés, pueden pensar en Irene y los clochards como su iniciación, del sello nacional Cohete Cómics, quien gracias a su diálogo y empatía con L’Association ha conseguido que se publique una edición de esta obra especialmente traducida al “colombiano” (lo cual es un lujo ya que muchas de las ediciones que se consiguen a este lado del océano de cómics europeos resultan con modismos españoles en tanto las editoriales españolas suelen controlar las traducciones).

separadorBonus tracks

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Aprovechando las redes que se construyen gracias a los festivales, una vez más por el poder de Entreviñetas, el autor y dibujante francés Emmanuel Moynot hizo una serie de anotaciones sobre los creadores de su tradición que lo habían formado y dejó un recomendado dentro del cómic contemporáneo. 

Moynot considera que dentro de la lista de quienes lo animaron a hacer cómic se encuentra Marcel Gotlib, aunque ahora su trabajo se aleje del estilo de él, y Jacques Tardi quien, dice, “en su libro Griffu, cuyo guion realizó el escritor de novela negra Jean Patrick Manchette, me mostró que los cómics podían lidiar con el presente y las fallas humanas”. A ellos los conoció gracias a la prensa independiente (fanzinera) de los sesenta y setenta. Añade a Fred, cuya obra Philèmon equipara con El pequeño Nemo, un hito dentro de las tiras cómicas. Finalmente, se anima a sugerir leer a Pierre-Henry Gomont, en especial su adaptación de la novela italiana de Tabucchi, Sostiene Pereira.

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Su reportera les recomienda a Manu Larcenet, un artista cuya obra ha ido evolucionando hasta crear un espectro amplísimo que muestra lo que la experimentación con la línea y el color (o su ausencia) pueden hacer a la hora de definir el tono de una narración. En España se hizo popular por la edición de su obra Los combates cotidianos. Recientemente le dio un vuelco al estilo que lo había hecho famoso en su obra Blast. Yo recomiendo su adaptación de El informe de Brodeck, del también francés Philippe Claudel. Es un libro hermoso que pueden encontrar en la mediateca de la Alianza Francesa de Bogotá.

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