POR: Juan Sebastián Salazar Martes, 28 Octubre 2014


Lo más común es escuchar la voz de los políticos, de los periodistas, de los deportistas y de los documentalistas narrando (intermediando) las costumbres de algunas poblaciones de Colombia. Lo raro es escuchar las voces de los habitantes.
De eso se trata Voces Comunes.

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Por un momento, el indígena arahuaco, con su mochila, su faja y su sombrero blanco con forma de cilindro (toczuma), cambia el poporo por una cámara Canon 60D que apunta a una mujer que recoge hoja de coca. Al lado derecho del camarógrafo hay un kogui con unos audífonos controlando los niveles de audio de la grabación; al lado izquierdo se encuentra otro kogui que asiste al director. A unos pasos de allí, en una casa, espera otro indígena frente al computador: él va a editar los videos hechos por sus paisanos; a su derecha, sentado, está el investigador y guionista, con poporo en mano, esperando a ver el material que se grabó, en parte, por su conocimiento ancestral. Ellos hacen parte de Voces Comunes, un proyecto liderado por un equipo de realizadores audiovisuales que dejaron sus cámaras para que otros, desde el seno de sus comunidades, narraran sus realidades.

Voces Comunes nació a principios de 2014 y en menos de un año ha formado, a partir de la comunicación audiovisual, a las poblaciones Nabusímake y Simunurwa (pueblos arahuacos del Cesar), a algunos pobladores de La Boquilla (Cartagena) y a varios indígenas nasa de La Villa (Cauca), para que narren, sin intermediarios y con todos los roles de producción de un proyecto audiovisual profesional, sus visiones, lenguajes, protagonistas y entornos.

Conversamos con la antropóloga y productora general de Voces Comunes, Miriam Lizcano, sobre esta iniciativa que, como ellos mismos dicen, quiere “comunicar desde el corazón de las comunidades, con contenidos propios que narran sus realidades y con las ventanas abiertas para compartir experiencias”.


¿Qué tan comunes son las voces de los boquilleros, nasas y arahuacos en Colombia?

Muy poco comunes, en realidad. Es poco lo que conocemos de ellos, de sus gustos, intereses, problemáticas y, sobre todo, de lo que ellos cuentan de sí mismos, sin que medien intereses económicos, políticos o editoriales. Lo común es que todos tienen cosas que decir y que puedan fortalecer sus procesos y sus propuestas si se organizan y saben comunicarlo.


La clave de Voces Comunes es la comunicación, ¿por qué es importante que ciertas poblaciones comuniquen sus realidades con el mundo?

Quienes han comunicado las realidades de ciertas comunidades, durante años –¡durante siglos!– son personas ajenas a esas culturas; ellos hablan de ellos y por ellos, y son ellos, precisamente, quienes los exponen ante el mundo. A pesar de que esas personas pueden haberlo hecho (y hacerlo) con las mejores intenciones, aunque suene coloquial, no hay como uno, para hablar sobre uno.

Solo las comunidades pueden saber cuáles son los temas que les interesan, qué les preocupa y qué los pone en peligro. Si las personas de esas comunidades tienen los equipos técnicos y algunos conocimientos en comunicación, entonces podrán producir sus propios contenidos y usarlos para fortalecerse, para ser escuchados y generar cambios.


¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de que un realizador produzca un documental o cualquier pieza audiovisual sobre su propia comunidad?

La principal ventaja es que esa persona puede mostrar a su comunidad y a su gente desde los ojos de un conocedor experto, cuyos intereses personales están ligados a los de su comunidad. Ese miembro tiene sentido de propiedad y también una posición.

La desventaja podría estar en el poco apoyo con el que cuente el realizador para la difusión. Es decir, si fuera una pieza de denuncia ante violaciones a sus derechos o a su territorio, ¿qué canal la emitiría? Si su acceso a internet es limitado, ¿quién podría ver el video?


¿Qué tan fácil es que los habitantes de las poblaciones abran sus ventanas para compartir sus trabajos?

No es un proceso fácil ni corto, puede durar meses. Para que una comunidad sea parte de Voces Comunes debe consultarlo con todos sus miembros y, principalmente, con sus mayores. Deben discutir pros y contras, evaluar el proyecto y a quienes hacen parte de él (nosotros). Cuando lo ven viable y deciden aceptarlo, no tienen inconvenientes en abrirse, en compartir con nosotros y ante las cámaras sus experiencias y saberes.


¿Ocho días de talleres son suficientes para "diseñar y difundir los mensajes" de cada población?

Los ocho días son suficientes para que ellos aprendan a usar los equipos y comuniquen sus mensajes siguiendo unas guías básicas: qué quieren decir, para qué, dónde, cuáles son sus objetivos, etc. La tarea complicada viene después, cuando nos vamos de sus territorios; es ahí cuando ellos deben aplicar y practicar lo aprendido. Nosotros los acompañamos desde Bogotá resolviendo dudas y difundiendo sus productos en el sitio web del proyecto, en redes sociales y otras plataformas. La idea es no dejar de acompañar a los colectivos porque, como en todo proceso de formación, van apareciendo dudas teóricas y prácticas.


Jeremías Torres, del pueblo indígena arahuaco, dijo que "llegó el momento de mostrar nuestra cultura como lo que es". ¿Antes, con la experiencia de ustedes en la producción de documentales –en trabajo de campo– no se mostraba lo que era?

Desde nuestra experiencia, siempre tratábamos de mostrar a las comunidades de la mejor forma posible, procurando la objetividad, mostrando sus caras, dejando oír sus voces y sus historias. Sin embargo, a veces era difícil porque no llegábamos a su territorio en el momento justo cuando estaba pasando algo significativo. Por ejemplo, al hacer un documental sobre la represa Ranchería, llegamos a hablar con las comunidades años después, por lo que no fue posible tener registros de cómo era antes, cómo fue el durante y el después inmediato. Esto hubiera sido distinto, por ejemplo, si ellos hubieran tenido sus propios equipos para registrar los hechos en el momento en que ocurrieron. Además, nuestra visión siempre va a ser distinta a la de ellos. Estas comunidades tienen una cosmovisión bien especial; lo que es para nosotros, tal vez no sea para ellos. Por lo tanto, Jeremías va a poder decir lo que es su cultura de una manera directa y única.


¿Cómo es el proceso para llegar a las comunidades?, ¿ustedes evalúan, analizan y crean estrategias para los talleres dependiendo de los casos o es la misma fórmula en general?

Primero nos acercamos a algunos miembros de las comunidades, principalmente líderes, para presentarles cada parte del proyecto (qué hacemos nosotros, qué hacen ellos, qué se necesita). Con esa información, ellos lo consultan con los demás miembros. Si aceptan, detectan los intereses y las necesidades que les gustaría suplir con el proyecto (por ejemplo, evidenciar los efectos de la extracción minera). Nos hacen saber esto y, teniéndolo como base, nosotros lo ajustamos a la metodología de los talleres, permitiendo profundizar en determinados temas. Aunque la metodología de los talleres ya está establecida, cada taller se amolda a la comunidad, a sus temas de interés, tiempos, dudas y demás.


Comparado con otros medios de expresión, el audiovisual necesita, generalmente, de herramientas poco asequibles en términos económicos. Cuando ustedes se van de los territorios "intervenidos", ¿con qué herramientas cuentan las poblaciones para materializar y seguir difundiendo sus mensajes?

Algo indispensable para Voces Comunes es que los colectivos que se creen no sólo tengan un conocimiento audiovisual sino también unos equipos que les permitan producir sus contenidos. Por eso, cada colectivo recibe un kit de comunicación compuesto por un computador, una cámara digital de fotografía y video, una grabadora digital de audio y memorias, entre otras cosas. El compromiso al recibirlo es que lo usen siempre en beneficio de la comunidad.


Después de los talleres, ¿qué ha pasado con las poblaciones visitadas?, ¿siguieron produciendo?

Los colectivos que se crearon en las comunidades siguen trabajando en la producción de videos que, cada determinado tiempo, nos envían para ser compartidos en nuestro portal web y otras plataformas.


¿Cuál es el papel de las nuevas tecnologías para lograr, como ustedes dicen, "visibilidad, empoderamiento, hacer eco y crear redes" entre las poblaciones visitadas?

Creo que las tecnologías de la información y la comunicación facilitan enormemente proyectos de este tipo, porque son equipos relativamente fáciles de usar: permiten registrar, editar, mezclar, enviar y compartir contenidos y difundirlos libremente (sin importar la distancia y el dinero invertido). Eso permite, además, la creación de redes entre comunidades.

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La industria audiovisual no es barata… ¿cómo es que ustedes, con los viajes, los equipos, los talleristas, el alojamiento y el tiempo entregado al proyecto, sobreviven, financian y hacen Voces Comunes?

Para la primera etapa del proyecto contamos con la financiación de la Fundación Ford. Ahora estamos buscando más fondos que permitan que nuevas comunidades se integren, que Voces Comunes crezca, se mantenga y sea útil para las comunidades.


¿Dónde se van a desarrollar los próximos talleres
?

Aun están pendientes de confirmarnos los lugares. Sin embargo, ya estamos haciendo el acercamiento con nuevas comunidades indígenas de Colombia y de otros países latinoamericanos.


¿Qué han aprendido ustedes con estas experiencias?

Nuestro aprendizaje ha sido gigantesco. Creo que cada persona del equipo ha crecido y cumplido algunos sueños trabajando en Voces Comunes. Cada taller que hacemos y cada producto que los colectivos realizan, supera nuestras expectativas; que algunas personas que nunca habían usado un computador y una cámara en la vida, con ocho días de trabajo, puedan producir una pieza de video con un objetivo claro, con una estética única, con música y con actores naturales (¡ellos mismos!), es sorprendente. Que lo sigan haciendo, aunque no estemos al lado de ellos, es aun más sorprendente. Hemos aprendido a respetar los tiempos, las visiones religiosas y los rituales de cada comunidad. Existen muchas realidades y somos afortunados en conocer de primera mano la de ellos.

 

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