POR: Chilango Páez Jueves, 23 Julio 2015

Ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2015, esta película marca el punto más alto obtenido por Colombia en el cine internacional. ¿Cuál es su encanto?separador

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o me gustan los absolutos, pero nunca antes Colombia había tenido una participación tan exitosa en el festival de cine más grande del mundo. El abrazo de la serpiente, Alias María y La tierra y la sombra estuvieron en Cannes 2015 y dieron mucho de qué hablar, ganaron premios, se vendieron para distribución en varios países y, la última, se llevó la Cámara de Oro, reconocimiento a la mejor ópera prima, que han obtenido personajes como Jim Jarmusch, entre otros directores alabados por la crítica. Sería muy mezquino no celebrar ese triunfo que demuestra que el país tiene con qué figurar internacionalmente, así la taquilla local demuestre lo contrario.

La película de César Acevedo tiene una gran historia: todo empieza el día en que el padre de un trabajador moribundo regresa a casa después de muchos años de aparente abandono, se reencuentra con su esposa (que parece odiarlo) y conoce a su nuera y a su nieto, que viven en la incertidumbre de quedarse sin “el hombre de la casa” por culpa de una enfermedad respiratoria, causada por las quemas a los cañaduzales en el Valle del Cauca.

Sin grandes secretos familiares o escándalos grotescos, apenas con esa necesidad de los humanos de buscar un mejor futuro, La tierra y la sombra narra la cotidianidad de una parte de Colombia que no vemos en los medios –menos en los que patrocinan los grandes ingenios azucareros–. Se podría decir que hay mucho de político: quedan al descubierto la desidia del sistema de salud, la indiferencia de los empleadores y el abandono al que parece condenado el campo colombiano. Pero en realidad, o esa fue mi sensación, la apuesta de la película es narrar la vida de una familia que enfrenta una tragedia junto a la necesidad de aferrarnos a lo poco que nos pertenece –en este caso, una casita en medio de los cultivos de caña–.

Sin embargo, y aquí vendrán los insultos contra mí, debo confesar que me dormí en el estreno de La tierra y la sombra en Colombia. No voy a decir que el cine lento, contemplativo, de pocos diálogos, es malo –a veces puede ser muy bueno– pero no creo en ese concepto de cine arte como una cosa excluyente o elitista, como si las comedias de Hollywood fueran basura, sin excepción, o como si comer crispetas significara un sacrilegio en ese templo intocable que es el cine.

Los silencios eternos en una habitación oscura, los planos estáticos en los que la gente solo está comiendo o caminando o lavando la loza y que no suceda nada que aporte a la narración durante varios minutos, son escenas que hacen que la gran historia con la que empieza la película, pierda fuerza y solo hasta el final la recupere. Además de una buena fotografía y unas actuaciones sencillas, todo parece perfecto en La tierra y la sombra; quince minutos después, me quedó la sensación de que este era un cortometraje buenísimo que alargaron a las malas para que pasara por largometraje.

No he visto ninguna de las cintas que estaban en la competencia por la Cámara de Oro en Cannes, pero supongo que la colombiana merece el galardón. Como sea, se trata de un gran logro para un director novato (y muy joven, por cierto) y una prueba de que no hace falta una superproducción o un presupuesto gigante en publicidad para ganar reconocimientos. Eso tampoco significa que haya que agrandar a César Acevedo: una revista le da la portada y titula “usted debería conocer a este tipo”, como si fuera una obligación identificar la cara de un director de cine; eso, a mi juicio, es irresponsable y pretencioso, incluso nocivo para alguien que apenas está empezando.

Hay que esperar a que Acevedo no se crea la fama, que la película tenga una buena taquilla –porque con plata es que se financia el cine, no con palmaditas en la espalda– y que siga moviéndose internacionalmente para que, por supuesto, venga una nueva película que demuestre que el joven director caleño tiene con qué sacarla del estadio. Stranger than Paradise, de Jim Jarmusch, que también ganó la Cámara de Oro, no es ni la mitad de buena que las películas siguientes del director gringo. Ojalá y La tierra y la sombra siga esos mismos pasos.

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