TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Chilango Páez Martes, 02 Septiembre 2014

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El punk no ha muerto. Y jamás lo hará.
Esa es la conclusión de esta gran película sueca. 

La adolescencia fue idealizada por series como Los años maravillosos. La verdad es que tener trece años no es precisamente lindo o divertido: en medio de cambios hormonales y físicos, sin sentirse del todo adultos ni dejar de ser niños, con ganas de ser aceptados pero también queriendo ser diferentes, todos hemos pasado por unos años muy poco maravillosos. Las protagonistas de ¡Somos lo mejor! no son la excepción. 

Son los ochentas y Bobo y Klara, dos niñas de clase media de Estocolmo, no terminan de adaptarse al mundo ni al colegio ni a sus familias y, prácticamente, hablan un idioma que sólo hablan ellas dos. Su vida no es ninguna tragedia: tienen todo lo que necesitan, son inteligentes y, si no hubieran decidido ser punkeras, podrían ser las más guapas de su clase. Pero prefieren cortarse el pelo ellas mismas, hacerse crestas y ponerse botas punteras, leer sobre la explotación que ejerce el capitalismo sobre los pobres y los peligros de la energía nuclear y, en general, creer en cosas que no son muy optimistas que digamos. 

Por el puro placer de llevar la contraria, deciden inventarse una banda que ni siquiera tiene nombre. El único problema es que ninguna sabe tocar ni la batería ni el bajo –los instrumentos que tiene el centro comunitario de su barrio–, así que pasan horas “ensayando” nada. No tienen ni idea de qué es un acorde o qué significa afinación, pero sí conocen algo sobre composición: con el espíritu del punk, al mejor estilo de The Ramones, escriben los gritos que conforman su himno en contra de la clase de gimnasia. La canción podría ser un éxito mundial: ellas no son las únicas que odian los deportes.


Lo que empezó entre risas se vuelve más serio cuando integran al grupo a una niña un poco más grande que ellas, virtuosa de la guitarra, cristiana y también apartada del resto del colegio. Y, desde ahí, esta película se convierte en una comedia musical que está muy lejos de ser rosa o de tener una banda sonora para el Oscar. Lukas Moodysson, su director, ya había hecho una fuerte crítica a los hippies en Juntos (2000) y ahora vuelve a burlarse de los estereotipos del último siglo, con un humor negro pero inofensivo, con ¡Somos lo mejor!.

Sin las pretensiones de buena parte del cine europeo ni una puesta en escena fastuosa, prácticamente con tres acordes –como si se tratara de una verdadera canción punk–, esta cinta demuestra que la libertad creativa está a la vuelta de la esquina: simplemente se trata de hacer lo que a uno se le da la gana para ser lo mejor.

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Música