POR: Chilango Páez Miércoles, 11 Noviembre 2015


Fuera de los cuentos de los noticieros y las verdades a medias, esta película cuenta la guerra colombiana desde los ojos de una menor de edad.
L

o primero que dirán los prejuiciosos es “aquí va otra película sobre la guerra”. Y la respuesta, así suene a mal ajeno, es una pregunta: ¿cuántas películas han hecho los gringos sobre Vietnam? Sí, Colombia también es magia salvaje, dagoísmo y un montón de historias más que merecen ser contadas en la pantalla gigante; sin embargo, la guerra es una de las cosas que más nos han marcado como sociedad y que el cine (al igual que las demás artes) ayudan a superar o, por lo menos, a entender mejor. Y ahí está el mayor logro de José Luis Rugeles con Alias María: se atrevió a tocar un punto muy doloroso y delicado de esta guerra eterna sin amarillismo ni poesía: los menores de edad que están peleando algo que ni siquiera saben en qué consiste y que, al igual que el colegio para otros niños, se convierte en su cotidianidad obligatoria.

Aunque la película muestra el punto de vista de una adolescente guerrillera, al final da igual a cuál bando pertenece la niña; la derecha y la izquierda son lo mismo. Los paramilitares también están por ahí, matando porque sí. Las autoridades no existen y nadie sabe la razón de la guerra más allá de la palabra “enemigo”. Aquí no hay buenos ni malos ni posibilidades de ganar o perder. María, la protagonista, debe ocultar su propio embarazo para que no la obliguen a abortar; mientras tanto, la mujer del comandante del batallón sí logra tener un hijo y es a María a quien le asignan la misión de llevar al bebé “a un lugar seguro”.

El director se valió en su mayoría de actores naturales para armar la película y logra una autenticidad que tambalea en un par de escenas que se sienten un poco forzadas. También hay momentos en los que el ambiente parece aséptico y frío, como si la selva no fuera agreste y las balas no quemaran. A pesar de eso, los personajes logran generar un realismo doloroso: hablan, ríen, sufren, aman, no son figuras de palo que se expresan por medio de silencios elocuentes, como suele pasar con frecuencia en el cine colombiano.

Por supuesto, con esta película nadie se hará millonario pero los productores al menos pensaron en recuperar la inversión y aprovecharon una coyuntura nacional –un posible tratado de paz– y se valieron de muchos elementos sociales para construir la obra: los actores fueron escogidos a partir de talleres regionales, parte de las ganancias se donará a fundaciones que ayudan a menores inmiscuidos en la guerra y vienen nuevos talleres para enseñarle realización audiovisual a jóvenes en situaciones de riesgo. Además, en alianza con varias instituciones, Alias María sirve como origen para la campaña Más niños, menos alias:

Hay que decirlo: Alias María no es perfecta. Y personalmente no estoy de acuerdo con la palabra “apoyar” para invitar a la gente a consumir productos nacionales, como si pagar una entrada a cine equivaliera a dar limosna y la cultura fuera una obligación; creo que cada cual escogerá en qué se entretiene, si prefieren escuchar reguetón que pensar en la guerra, bien puedan. Sin embargo, creo que vale la pena ver esta película para darse un viaje al interior de la Colombia que dejó la magia salvaje para los publirreportajes de supermercados. Claro, esta es una Colombia incómoda, que produce tristeza, rabia e impotencia.

Uno de los grandes logros de Alias María es que no se vale de la sensiblería o el moralismo del periodismo pírrico sino que se adentra en la intimidad de una adolescente que podría ser la prima perdida de cualquier colombiano, con su inocencia, su vanidad, sus inseguridades y su propia manera de vivir el amor y la violencia.separador

RECOMENDADOS

INTERESAR

RECIENTE

instagram

INSTAGRAM

youtube