POR: Sara Caicedo Miércoles, 28 Agosto 2013

Lindsay Lohan es contratada en una película que no es de Disney pero carga su dosis de romance idílico.


No es porno pero las escenas eróticas son el motor de la cinta y no es comercial pero podría llegar a ser taquillera por dos componentes vitales que la industria del cine agradece: sexo y suspenso. 

Escena 1. Incitar

Lindsay Lohan, maquillada por ella misma (una intuición femenina). Labial rojo que recorre de manera estruendosa su boca, y dos enormes líneas negras sobre sus ojos. A su lado James Deen, el actor porno, por supuesto. Sostienen una conversación que todos querríamos, y esperaríamos acabara encima de la mesa del lujoso restaurante (en el que hablan sin parar) mientras el ruidoso pintalabios de Lohan se deslizara por su cuello. Un diálogo extenso con otra pareja que no termina como lo esperábamos pero nos deja más intrigados de lo que estábamos al principio, cuando notamos que la niña traviesa de Hollywood co protagoniza junto a Deen, (quien carga con más de 900 películas porno en su hoja de vida) una película del guionista de Taxi driver, Paul Schrader y del escritor de American Psyco, Breat Easton Ellis.

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© Fotografía: NSFW | Images. 

Escena 2. Retar

Imposible no cuestionarse sobre la elección de Lindsay Lohan para el papel principal de The Canyons. Tara es una enamorada jovencita que sucumbe a los encantos del dinero que posee su actual pareja Christian (James Deen). Él se encarga de ofrecerle todo lo que ella necesita y a cambio recibe su disposición para participar en las películas que filma en su casa, con actores que consigue por internet, y donde los tríos, cuartetos y todas las formas de sexo cinematográfico son posibles. ¿Qué llevó a Paul Schrader, una de las vacas sagradas de Hollywood, a escoger a la pelirroja para un papel primordial en su thriller erótico?

Varios enemigos se echó encima Schrader cuando se decidió por la revoltosa actriz. Sin embargo, para él Lohan encarnaba todo lo que necesita el papel. Incluso para el espectador descubrir a la actriz en un papel serio pero que a la vez rodea un montón de elementos que casi podrían equipararse a su vida, a la vida desenfrenada que todos pensamos que lleva Lindsay Lohan, es un bono de la película. Un regalo que no vale la pena desperdiciar.

Así imaginamos que es la cotidianidad de la actriz. Un día de fiesta puede terminar en su cuarto con dos hombres y una mujer. Ella en el centro dirigiendo los títeres de su cama, desnuda y con la boca dispuesta a besar a la otra mujer y a su novio, (con el que Christian (Deen) se ha involucrado segundos antes, en una faena insaciable de sexo oral). Acto seguido Lohan, sin tapujos, comportándose como una profesional que cree en las exigencias de un papel tan oscuro como este, dispone su cuerpo, completamente desnudo en un sofá, abre sus piernas con la lentitud que todos anhelamos y se deja invadir por su novio frenético que nos convidará a una escena memorable: Lindsay Lohan está disfrutando del sexo oral, y nos lo deja ver en su cara, en sus manos, en las vibraciones de su cuerpo. Parece real y no es más que la magia del cine, de una historia que tomó todos los riesgos posibles para convertirse en una cinta de 35 milímetros.

No sólo la escogencia de la protagonista fue un peligro. La financiación fue otro de los pormenores que enfrentó el largometraje. Teniendo un déficit de casi 100.000 dólares, la producción recurrió a una plataforma de financiación de obras artísticas que se ha convertido en el salvador de muchos proyectos, incluyendo por supuesto The Canyons. A través de una página web donde amantes el arte donan lo que quieran en favor de las ideas que ahí se exponen, Kickstarter logró recaudar 150.000 dólares para la cinta. Otro motivo más para no despreciar la película que aunque fue rechazada en varios festivales por su factura de bajo presupuesto, tiene todas las cualidades no solo para hacerla entretenida sino curiosa, incitadora y a la vez vergonzosa. Nos da miedo aceptar que disfrutamos el par de escenas bizarras que la enmarcan, los besos prohibidos, la sangre roja muy roja en el cuchillo, la vida bizarra de un productor de películas censurables.

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© Fotografía: NSFW | Images.

Escena 3. Trascender

El problema con las películas de culto es que se convierten en esto cuando el director no puede decir acción, cuando la protagonista de la cinta está confinada en un manicomio, y cuando solo queda un luminotécnico que empezaba su carrera en la película, recogiendo cables y asomándose por una rendija para ver las escenas en las que no podía estar sino el equipo VIP de la película. Él contará que estuvo cuando Paul Schrader se desnudó al tiempo que lo hacía Lindsay Lohan para transmitirle seguridad, aparecerá en unas cuantas revistas que querrán revivir el rodaje y ni él mismo pensará que trabajó en una película de culto, pues en su época, era una más, de las que aplasta la crítica con su tinta roja, de las que enaltecen unos cuantos estudiantes de cine. No concluyo con que The Canyons es una película de culto, pero es una de esas historias que nadie puede omitir porque aterra, eriza, perturba y enfrenta al espectador con el mismo espectador. El tiempo nos dirá, probablemente no estemos para descifrarlo, si valió la pena cada peso que pusieron los amantes del arte para darle vida a la historia excéntrica de Paul Schrader.

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© Fotografía: NSFW | Images.

NOTA:
The Canyons aún no tiene fecha de estreno en Colombia pero se puede comprar a través de la tienda de iTunes.

Etiquetas:

Cine Sexo

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