Retrato hablado de mi depresión

 El 80% de los colombianos ha presentado, en algún momento de su vida, entre uno y tres síntomas de depresión. Una enfermedad que, según estimaciones de la OMS, en 2020 será la segunda mayor causa de incapacidad laboral en el mundo. Un retrato íntimo y personal de una enfermedad sufrida por muchos.

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He decidido escribirme
porque a veces hay que elegirse a una misma.

A veces, hay que sacudirse con fuerza para saber de qué estamos hechas. Y, a veces, también, hay que pasar por el desasosiego para saber que estamos vivas.
No que tenemos vida; sino que estamos realmente vivas; que sentimos.

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Lo que sientes (los síntomas)

Ya sabes cómo se siente. La tristeza nos es común a los seres humanos. Acompaña las situaciones difíciles, las pérdidas, las desilusiones, los desamores… Pero esto que sientes es más que solo tristeza, aunque pareciera componerse de lo mismo. Es más profundo, más intenso. Es una tristeza que llega más allá. Que penetra, que te atraviesa, que te duele en el cuerpo y en el alma, y no hay ningún calmante que aminore el dolor.

Eso que tienes (que a veces pareciera que te tiene a ti) y que te produce todo esto que te describía, es depresión. En tu caso particular: distimia, llamada también trastorno depresivo persistente. Y sí, ambas son enfermedades mentales, de acuerdo con el DSM V, el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales que usan los psiquiatras.

La distimia difiere un poco de la depresión clásica o depresión mayor, pues tiene características similares pero menos severas que esta última, y la diferencia radica en que, como su nombre indica, persiste en el tiempo. Todas las depresiones se manifiestan a través de episodios depresivos, y según Rodrigo Muñoz, psiquiatra adscrito a Colsanitas, para hablar de un episodio depresivo la sintomatología tiene que persistir por al menos dos semanas.

En la distimia, los episodios son menos intensos, pero más duraderos. No se quedan todo el tiempo, día y noche, sino que ocurren cada cierto tiempo. A veces pareciera que te levantas por la mañana con la ilusión de que será un buen día, y con el paso de las horas descubres que tal vez no. Ese apagón te dura un par de días más y luego se va, y sigues como si nada. Pero cuando menos lo esperas vuelve y se queda contigo. Y así, hasta que te das cuenta de que llevas dos años sin deshacerte del todo de esa tristeza, del llanto fácil.

Y de la ira. Una ira igual de profunda e incontenible que hizo que le respondieras con tres piedras en la mano a tu jefe (algo a lo que nunca te hubieras atrevido) aunque lo único que hiciera fuera echarte un chiste sexista, como siempre. “En la gente muy joven muchas veces el estado de ánimo predominante, más que la tristeza, es la irritabilidad” –dice José Manuel Calvo, psiquiatra de la Universidad Nacional–. “Las personas se suelen tornar muy irritables y la razón es que hay un bajo nivel de tolerancia a la frustración”.

Tristeza + Frustración + Ira

Luego vino todo lo demás. Poco a poco fuiste perdiendo la motivación; “el trabajo ya no me emociona”, te decías. Las ganas de hacer cosas se desvanecen; “¿para qué salir de la cama hoy?”. La alegría pareciera alejarse; “me cuesta sentir la felicidad”. La concentración y la memoria pierden claridad; “no me concentro ni durante el sexo”. El placer se difumina casi por completo; “la comida no me sabe a nada”.  La autoestima disminuye; “me siento insegura, creo que no soy suficiente”. La culpa te abraza; “todo es debido a mí”. El sueño se afecta; “¿qué son esas ojeras que me salen en las fotos?”.

Hay otros síntomas que tú no has manifestado, como pérdida o aumento del apetito, e insomnio, pero estos que te he contado son los básicos. El diagnóstico de una depresión psiquiátrica y la gravedad de la misma dependen de la cantidad de síntomas que se presenten. En cualquier caso, es una enfermedad tan común que la mayoría de personas, al menos una vez en su vida, pueden presentar un episodio depresivo y lograr salir de él sin recurrir a un médico, de acuerdo con Muñoz. De hecho, la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) encontró que el 80% de los colombianos han presentado entre uno y tres síntomas de depresión, pero solo el 4,7% la sufre. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, calcula que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Imagina un país del tamaño de Estados Unidos completamente poblado por personas con depresión.

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Lo que piensas (el estigma)

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Al final, te sientes caer en un agujero sin fondo mientras la luz se hace menos intensa. El mundo en general se torna oscuro, pierdes la visión de futuro; solo existe el presente y un pasado que pesa, que duele, que se repite como un loop sin fin que te recuerda tus errores, tus incapacidades, tus debilidades…

No hace mucho decías que los días pasaban frente a ti sin más. Despertabas sintiéndote mal esperando a que llegara la noche con la esperanza de que el día siguiente te sintieras mejor. Pero no sucedía. Y cada día nuevo que llegaba te iba quitando un poco más de esperanza, de sentido vital. Hasta que vivir se torna en una completa agonía y sentías tu felicidad encarcelada dentro de tu mente.

Aparecieron algunos pensamientos suicidas. ¿Qué otra opción tienes si no existe el más mínimo disfrute frente a la vida? ¿Si todo lo bueno que había en tu mundo quedó cubierto por un manto de oscuridad? ¿Si sientes que el mundo estaría mejor sin ti?

La OMS ha reconocido la relación existente entre el suicidio y los trastornos mentales. Y psiquiatras, como Calvo, coinciden en que la mayoría de los suicidios (al menos el 60%, aunque no es fácil estimar una cifra exacta) se deben a depresiones no tratadas.

Ahora te urge buscar ayuda.

Afortunadamente lo hiciste rápido. No te tomaste mucho tiempo para pensarlo una vez que te sentiste diferente. Prestaste atención a lo que tu cuerpo y tu mente te decían sin saber que eso es lo que recomiendan psicólogos y psiquiatras. Lo entendiste y actuaste como ante cualquier malestar físico: cuando ya no es posible aguantar, lo mejor es buscar una solución en un experto.

Fuiste con una psicóloga.

A ella no le tomó más que la primera cita para decirte: “Tienes depresión”. Ocurrió el primero de marzo de 2018 y aún sigues visitándola. Al principio, la veías una vez cada dos o tres meses, creyendo que simplemente “se te iba a pasar”. Luego, desde que admitiste que ella tenía razón, que estabas enferma, la has visto cada 15 días.

Para algunos, sin embargo, no es así de fácil acudir a terapia y desnudarse frente a un extraño que te pregunta sobre tus emociones, tus miedos, tus inseguridades. Para Jairo Villa, psiquiatra y psicoanalista de Colsanitas, esto se debe a que a medida que vamos creciendo y entramos en la adultez, creemos que nos estamos preparando para enfrentar las cosas con independencia y autonomía. Cada día somos más dueñxs de nuestras vidas, ¿cómo vamos entonces a reconocernos a nosotrxs mismxs y a los demás que nuestras emociones nos quedaron grandes? “La mente asusta y duele”, dice Villa.

Consultar a un especialista es privilegio de unos pocos y por eso debes sentirte afortunada. Según la OMS, menos del 25% de las personas que sufren depresión tienen acceso a tratamientos efectivos.

A pesar de tener acceso a ese privilegio, no dejas de sentir miedo, presión. Te preguntas: “¿quién quiere cargar con el estigma de una enfermedad mental en una sociedad que se escandaliza con la incapacidad psiquiátrica?”. Y la depresión sí que es incapacitante. Lo sabes por todos los días en que te resultaba realmente imposible concentrarte en el trabajo hasta en la tarea menos exigente. Y buscabas la manera de incapacitarte físicamente.

La ENSM señala que la depresión es uno de los cinco principales factores relacionados con ausentismo laboral y productividad perdida. “Las personas con depresión pierden el 20% del tiempo de trabajo”, dice la encuesta. El informe Para un mejor abordaje de la depresión en el ámbito del trabajo muestra que la depresión tiene un coste total en Europa que equivale a más de un 1% del PIB; la mayor parte de este gasto se asocia a la pérdida de productividad y al coste del ausentismo.

Otros datos de la OMS indican que la depresión está en aumento en el mundo. La Asamblea Mundial de la Salud de 2013 abogó por una respuesta a un problema que ya es de salud pública, pues se estima que para 2020 la depresión será la segunda mayor causa de incapacidad en el mundo. En Colombia, según la ENSM ya es la tercera.

De modo que la depresión no es de locos ni de unos pocos.

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Lo que encuentras (el tratamiento)

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Nueve meses de psicoterapia pasaron hasta que aceptaste que tenías depresión. Y fueron varios meses más hasta que tocaste fondo y comenzaste a buscar la luz. Apenas hace un mes, cansada de la agonía, pediste que te remitieran con psiquiatría, y eso ha hecho posible que estés mejor. No es igual en todos los casos. No siempre es necesario que te remitan al psiquiatra. Un profesional calificado es el encargado de definir el tratamiento adecuado dependiendo del paciente y sus síntomas.

Este es un terreno delicado. Dos lados de la enfermedad conducen a puntos ciegos: la cura y la causa. En cuanto a la primera, la depresión no tiene cura, pues como dice Muñoz, son muy pocas las enfermedades ante las cuales es posible asegurar que nunca más volverán a manifestarse en nosotrxs. Sin embargo, aunque no haya una cura definitiva, un tratamiento bien llevado puede ayudarte.

En cuanto a lo segundo, no es fácil determinar qué causa la depresión. Hay personas que tienen una predisposición genética clara, pero este no es tu caso. Muñoz dice que es la conjunción de factores biológicos con factores sociales y que lo único que hace falta para enfermarse, es estar sano. Por lo cual, creo que es momento de que dejes de cargar con la sensación de que también es tu culpa el haberte enfermado. Eres tan culpable de tu depresión como el vecino lo es de que llueva.

Perdónate. Y concéntrate en el tratamiento, que sí existe y es bastante efectivo. Y no, no se supera con solo “pensar positivo”, como sugieren algunos.

La depresión es una enfermedad que ha acompañado a la humanidad desde hace miles de años. Muñoz me contó que Hipócrates, el filósofo, hizo en su momento descripciones de depresión. Estamos hablando de algo así como 2.500 años atrás. Y apenas hace unos 70 u 80 años es posible contar con tratamientos confiables y útiles para esta enfermedad. Finalmente, como dice Constanza Bernal De La Hoz, psicóloga de Colsanitas, “la idea es salir de eso cuanto antes”.

Ahora, que exista tratamiento no quiere decir que sea tan fácil como tomarse una pastilla y olvidar todo lo que te atormenta. Recuerda que la depresión es solo la manifestación (un síntoma) de algo más profundo que está ocurriendo en tu mente. Y debes trabajar en ello.

Más aún porque, como te conté, tu distimia es persistente y tu tratamiento debe ser más largo. La psiquiatra te dijo que debes tomar antidepresivos durante un año, por lo menos. Y aunque suene terrorífico y te hayas deprimido más con el solo hecho de tener la fórmula médica en tus manos, puedo asegurarte que te sentirás todavía mejor.

Ahora pienso que cada situación difícil de nuestra vida puede ser vista como una tragedia o como una oportunidad (así blanquees los ojos). Puede ser la oportunidad de enfrentar tus miedos, de mirarlos a la cara y hacer que se vayan o, al menos, reconciliarte con ellos para que no te asusten más. Carmen Navia, psicóloga y directora del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad Nacional dice que la depresión también es parte de la vida, “toca pasar por ahí y superarla. Lidiar con eso y aprender a aceptar que hay que lidiar con la pérdida de ánimo, con la tristeza, con la ansiedad”.

Pero es también la oportunidad de estrechar tus relaciones buenas y salir de aquellas que no habías aceptado que son tóxicas. La familia puede ayudar en el tratamiento si realmente es útil, porque muchas veces los detonantes depresivos suelen estar en una parte de la familia, como en tu caso. Pero siempre está esa familia que escoges que son los amigos, que han sabido entenderte, que te quieren hasta en tus momentos más lúgubres, que aparecen cuando lo único que quieres es llorar. Amigos que has descubierto en la depresión porque luego de hablar en voz alta de ella, parece que también la padecen y te hacen sentir menos sola cuando piensas en aislarte, porque el mundo resulta ser cruel.

Esas son algunas de las cosas que te ha dejado tu distimia. Quiérela mientras esté contigo y ayúdate para que se vaya. Abrázate y no dejes nunca de quererte. Este proceso no va a ser nada fácil, pero incluso en los momentos de menor claridad conserva la idea de que saldrás de esto conociéndote mejor y siendo más dueña de tu vida, de tu cuerpo y de tu mente.

Estás un paso más cerca de amarte.

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