Pulp fiction, cuadro a cuadro

El clásico de Quentin Tarantino cumple 25 años. Un cinéfilo y crítico despescueznarizorejariza cada secuencia de una de las escenas más brutales del cine. En Ezequiel 25:17, John Travolta, Samuel L. Jackson y Dios protagonizan una espeluznante balacera.

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esde su lanzamiento hace 25 años, Pulp Fiction ha provocado en las audiencias un frenesí que puede ser sospechoso, sobre todo para quienes han sido ajenos a la película y han sufrido la defensa salvaje que le hacen sus groupies.

Este frenesí no es gratuito, ni más faltaba, el estilo de Tarantino que mezcla diálogos inteligentes, una pizca de violencia desmedida junto a un puñado de referencias cinemáticas y de cultura pop, han sido la impronta a lo largo de su exitosa filmografía, pero en Pulp Fiction cada personaje parece un universo aparte que llegó a integrar este cuento en particular. Dos matones a sueldo, la esposa del jefe criminal, un boxeador, un veterano de guerra, un grupo de sadomasoquistas y otro montón de marginales le dan una textura y diversidad jamás vista en otra propuesta del director.

La película es un viaje satisfactoriamente desorientador que presenta una mezcla de peligro, sorpresa, risa y una fina selección de sonidos. Nada es predecible o familiar dentro de este sexy mundo extraño. Este relato, que da brincos en el tiempo, al ritmo de surf rock y funk, nos comparte perspectivas sobre el destino y la redención. Lo curioso es que lo hace a través de un montón de malandros, quienes gracias a diálogos ingeniosos y violencia fetichizada se transforman y, sin darse cuenta, validan o no las decisiones que toman.

Pero en Pulp Fiction no todo son tiros a sangre fría y conversaciones geniales. La puesta en escena se fundamenta en los contrastes, compuestos de chistes inesperados, diálogos rudos y pistolas, que mantienen a la audiencia fuera de balance y, de paso, permiten a Tarantino mantener un tono inusual en la película. Al mezclar estas sensaciones, la audiencia no sabe qué esperar, y por ende centra completamente la atención en la pantalla.

Para lograrlo, el director y su equipo presentan un Mise-en-scène bastante particular. Aquí desmenuzamos una de las más icónicas escenas:

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Justo después de la introducción en la cafetería y la presentación de los créditos iniciales. La película nos presenta a nuestros dos personajes centrales, Jules (Samuel L. Jackson) y Vincent (John Travolta), quienes van rodando en su carro escuchando Kool & The Gang mientras tienen una charla que va así:

[Jules]
Entonces, cuéntame sobre los bares de hachís.
[Vincent]
¿Qué quieres saber?
[Jules]
El hachís es legal allí, ¿cierto?
[Vincent]
Es legal, pero no 100 por 100 legal. No puedes llegar a un restaurante, armar un cigarrillo de marihuana y fumarlo. Ellos quieren que fumes en tu casa o en lugares designados.
[Jules]
¿Y esos son los bares de hachís?
[Vincent]
Sí, te voy a explicar bien: es legal comprarlo, es legal tenerlo y, si tienes un bar de hachís. es legal venderlo. Es legal llevarlo, pero… a ver qué te parece esto: Si un policia te para en Ámsterdam, es ilegal que te registre. La policía de Ámsterdam no tiene ese derecho.
[Jules]
Me voy a ir para allá. Yo me voy, carajo.
[Vincent]
Ya lo sé, es el lugar que más te va a gustar. ¿Sabes qué es lo chistoso de Europa?
[Jules]
¿Qué?
[Vincent]
Son las pequeñas diferencias. Tienen la misma mierda que nosotros pero es un poco distinto.
[Jules]
¿Por ejemplo?
[Vincent]
Puedes comprar una cerveza en el cine de Ámsterdam. No en un vaso de papel. Te hablo de un tarro de vidrio. En París, McDonald's vende cerveza. ¿Sabes cómo le llaman a una "Cuarto de Libra con Queso" en París?
[Jules]
"Cuarto de Libra con Queso", ¿no?
[Vincent]
Ellos usan el sistema decimal. No saben de libras.
[Jules]
¿Cómo le llaman?
[Vincent]
Es una "Royale con Queso".
[Jules]
¿"Royale con Queso"? ¿Y a una "Big Mac"?
[Vincent]

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Casual. Dos parceros echando carreta sobre hamburguesas y drogas en Amsterdam. Sin embargo, al llegar a su destino, van al baúl del carro para sacar los fierros. Allí son presentados como lo que son: gangsters armados, profesionales y en jornada laboral. Para lograrlo establecen planos contrapicados para magnificar a los personajes, así aumentan la sensación de poder y peligrosidad en ambos personajes.

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SECUENCIA 2

Justo después de ponerse los fierros al cinto, entran al edificio, echan carreta sobre masajes en los pies mientras caminan por los pasillos, usan el ascensor y suben las escaleras del edificio. Todo este movimiento es capturado en un plano secuencia que nos permite explorar el lugar del mismo modo en que los personajes lo hacen y de paso la audiencia se identifica con ellos: los espectadores vamos caminando a su lado, siendo testigos de la manera en que sus puntos de vista chocan a medida que avanza la conversa.

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El detalle que viene es un toque brillante. Al llegar a la puerta del apartamento que deben visitar, Jules decide dar un paso al costado para zanjar la discusión, sin embargo, la cámara deja de acompañarlos, al espectador se queda en la puerta, indicando que allí es donde debe estar su atención y convirtiendo al público en un chismoso durante el remate de la discusión.

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Al regresar a la puerta, ambos gánsteres adoptan su personaje y entran al apartamento. La visita de trabajo ha iniciado, la carreta entre parceros se va al traste. Es hora de camellar. El contraste vuelve a ser protagonista, gracias al plano general que enmarca a todos los personajes desde la ubicación de Vincent, en la cocina. El traje formal de Jules y su posición central en el cuadro dice a gritos su rol dominante en la interacción, mientras los demás están sentados, acostados o arrinconados, todos con camiseta y jean. Lo anterior hace que Jules ocupe más espacio en la toma, acentuando su superioridad frente a los habitantes del apartamento. Además, la bocanada de humo que sale de la parte superior izquierda nos confirma la ubicación de Vincent, quien justo después de entrar al apartamento encendió un cigarrillo.

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Apenas nuestro par de matones favorito entra, toman posiciones dentro del apartamento, momento en que se compone un medio plano a Brett, quien queda ubicado entre la manga del saco de Jules y la figura de Vincent en la retaguardia, lo cual ya nos decía lo jodido que Brett estaba.

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En instantes la intensidad sube, lo que parece una charla casual sobre las Big Kahuna Burguers que están comiendo, se torna sospechosamente amenazante, el primerísimo plano contrapicado a Jules mientras toma la gaseosa de Brett lo comprueba, las cosas se van a poner feas. La amenaza está justo en tu cara y no tiene temor a demostrarlo.

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Después, la tensión llega a un punto insostenible, después de dejarle claro a Brett que su jefe no luce como una perra, Jules toma distancia de Brett, dibujando una línea y creando un espacio donde se va a ejercer una acción, el plano ¾ que se construye nos presenta claramente una persona que va a realizar una acción, otra que la recibirá y una tercera que sencillamente será testigo de la misma.

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Pero la acción no se va a ejecutar antes del último contraste: Jules se establece a sí mismo como un instrumento divino de castigo y venganza, recitando un falso pero icónico versículo Ezequiel 25:17.

El camino del hombre recto está rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del valle de la oscuridad. Porque él es el verdadero guardián de sus hermanos y el descubridor de los niños perdidos. Y les aseguro que castigaré con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos. Y tú sabrás que mi nombre es el Señor, cuando caiga mi venganza sobre ti.

Dicho esto, Jules y Vincent levantan los fierros y llenan de tiros a Brett. Fin de la escena.

Esta escena es el trabajo de un cineasta que ha sabido adaptar la cultura pop de modos frescos y diferentes. Siempre juguetona, nunca seria o pretenciosa. A pesar de su fascinación por el lugar común, esta escena y en general la película, es presentada como algo absolutamente nuevo. Esto requiere audacia, ya que mezcla conversaciones profanas de calle salpicada de epítetos sexistas y violencia con total confianza, todo enmarcado en un lenguaje visual que corresponde y enriquece esta mezcla. Esta estructura es lo que ha permitido que los groupies de este título la repitan una y otra vez desde el año 1994 e intenten defenderla desde entonces con garras y dientes de sus detractores.

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