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Parásito: las líneas que nos separan

Nominada a mejor película en los premios Oscar, la cinta coreana ha despertado reacción de fervor y rechazo. Su lectura de la sociedad y la división de clases es considerada magistral, por algunos, e ingenua por otros. Desde el punto de vista técnico, ese aspecto social sale a la luz por una línea. Aquí, detalles plano a plano.

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U
n coreano millonario sube las escaleras de su casa, diseñada por un distinguido arquitecto. Las líneas que trazan cada espacio de su hogar son sofisticadas y minimalistas, configurando espacios amplios, ordenados y limpios. Con cada paso que da al subir las escaleras, las bombillas que están sobre su cabeza se encienden al ritmo de su escalada. El millonario, el señor Park, no piensa dos veces por qué las luces se encienden con cada uno de sus pasos. Lo que ocurre con estas luces es tan solo una de las interrogantes que rodean este relato de suspenso\humor negro\drama social, dirigido por el coreano Bong Joon-ho, quien no es ajeno a hacer críticas sociales o políticas a través de sus producciones, tal y como lo demuestra su filmografía con títulos como The Host, Okja o Snowpiercer. Todos tienen la misma impronta: tiende a confundir al público, le mete una pizca de humor negro y para rematar le tira una sorpresa gigante a la audiencia.

Mientras que en Snowpiercer el ascenso social se logra al recorrer los vagones de un tren, abriéndose camino desde el lumpen hasta la primera clase, en Parásito el director recrea las tensiones de clase en la cotidianidad doméstica de dos familias urbanas. Los Kim viven en un apretado y gris sótano en un área marginal de Seúl. Su vista en las noches, es a ras de suelo, ven borrachos que mean en el poste a un costado de su ventana. El baño de su casa se puede oler a través de la pantalla, gracias a las manchas marrones que cubren las baldosas curtidas. Todos comparten el espacio reducido, chocan unos con otros en afectuosa incomodidad. La familia Park es la dueña legítima de una enorme casa con ventanales de piso a techo, generosos jardines, una casa segmentada en áreas individuales para cada miembro de la familia y áreas comunes en las que comparten muy rara vez una amplitud reposada, inmóvil. Todos los muebles que usan son de madera pulida y líneas delicadas, cada espacio es impecable. Su cocina y su sala insinúan una lujosa comodidad sin alma: espacios protagonizados por sí mismos, como homenajes a la sofisticación moderna en el vacío.

Aunque los Kim logran entrar a trabajar en la casa de los Park creando personajes falsos, este acercamiento acorta las distancias pero no las disuelve: los suyos son roles de servicio; las puertas se abren y ahora están juntos, pero no revueltos. De hecho, no se borran las líneas que los separan, sin importar que habiten los mismos espacios. Esta separación es expuesta en la composición planteada por el director, junto con su director de fotografía Hong Kyung-pyo, un cuidadoso detalle técnico juiciosamente anotado por el canal de YouTube Accented Cinema.


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La película no pierde oportunidad para componer esa división a través de sus fotogramas. Al inicio de la película, Ki-woo (el hijo mayor de la familia Kim) finge ser un estudiante universitario y acude a casa de los Park para aspirar al cargo de profesor de su hija. En el momento en que Ki-woo conoce a la señora Park se construye el primero de estos planos divisorios: un medio plano corto para él y un plano completo para la mucama y la señora Park. El ángulo de ambos vidrios traza una separación marcada entre las condiciones sociales en un espacio compartido: el servicio a un lado de línea, la dueña de la casa del otro lado.

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Durante la entrevista, tan solo minutos después, vuelve y juega la línea que los divide, pero constituida por el sistema de refrigeración que dispone la familia Park en su cocina. La línea divide al intruso de la señora de la casa, que usa una camisa de diseñador y está acompañada por su mascota, un impecable spitz enano alemán con evidentes señas de gozar cuidados especiales. No sobra detallar que justo a su lado está la cava de vinos, que termina de enmarcar el estilo de vida que goza la familia Park. Este fotograma es un plano medio corto que se ejecuta sobre el hombro de Ki-woo, con el fin de imponer al público la dinámica en que la familia Park vive.

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Los vidrios son una herramienta recurrente para crear estas divisiones en la composición del largometraje. La escena en la que el señor Kim y el Señor Park se conocen es otra muestra de ello. El punto de contacto entre los dos vidrios configuran de nuevo la división desde dos perspectivas. Desde el punto de vista del señor Kim, es evidente la influencia del señor Park en su contexto, sus empleados le rodean, quieren su atención. Él es el jefe de jefes. Ahora desde el punto de vista del señor Park, aunque la toma se hace con profundidad de campo limitada, para que se difumine su figura, sigue siendo el agente importante en la escena, mientras que el señor Kim está relegado al fondo, en un plano completo que lo dibuja como alguien pequeño y frágil. De hecho, el señor Park es el personaje más consciente de la línea que los separa, siendo un tema recurrente en sus conversaciones mientras van en el carro. Por ejemplo, justo después de echar a la mucama que había vivido vida y media en su casa:

Ella se encargó de todas las pequeñas cosas de la casa. Y ella era una cocinera tremenda. Lo más importante, ella nunca cruzó la línea. Si hay algo que odio, son las personas que cruzan la línea. Bueno, supongo que ella tenía un defecto. (Risas) Ella era una gran comelona.

En otro momento, mientras charla con su esposa mientras ven a su hijo acampar en el jardín, le dice a su esposa:

Quiero decir que me gusta su conducción, además el hombre nunca cruza la línea. A veces se tambalea muy cerca de ella, pero en realidad nunca la cruza. Eso es genial.

Sabe que el trabajo que hacen para ellos es reemplazable, como empleados no son indispensables, pero el respeto a la línea es vital. La línea es sagrada y si eres un blasfemo, estás en la calle, sin pensarlo dos veces. Sin embargo, aquí yace el lío de este cuento, el señor Kim nunca pasó la línea, pero se acercó tanto que logró disparar las ansiedades de las partes involucradas, al evidenciar que entre ellos no existía realmente una relación personal. No importan las risas, no importa que hagas la comida, me lleves al trabajo o cuides a mis hijos. El rol de empleado no se supera jamás y gente como el señor Park siempre delimitará la línea para conocimiento de quien está al otro lado de ella.

Este conflicto entre clases, y las líneas que se trazan, tienen consecuencias brutales en la película, al obligar a sus trabajadores que están al otro lado de ella a pelear ferozmente por su posición, que tan solo radica en estar par pasos más cerca de la misma. Aquí, como en los otros títulos mencionados del director coreano, la violencia no es un camino hacia la liberación o el ascenso; en cambio, funge como una catarsis efímera que fortalece el status quo más que debilitarlo. Para las familias como los Kim, la mucama y su pareja, el avance bajo el capitalismo implica patear a sus pares por oportunidades limitadas, en la medida en que la paridad con otros en ese lado de la línea no es más que un fracaso. En sus intentos de acercarse a esa vida, los Kim terminan cometiendo múltiples abusos (fraude, chantaje y homicidios) contra sus pares, con quienes tienen algo en común, desean pasar al otro lado de la línea desesperadamente. Cuando el señor Kim se pregunta sobre el destino del conductor que su familia hizo echar, su hija dice:

"Somos los que necesitamos ayuda. Preocúpate por nosotros, ¿de acuerdo?”

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Sin embargo, este nivel de egoísmo y falta de aceptación de su lugar en la línea tiene sus efectos. Justo antes que todo se vaya al carajo, el hijo mayor de los Kim está frente al vidrio, donde se conflictúan sus dos personas en este primer plano. Uno que nadó entre caca la noche anterior y el tutor culto que acompaña el aprendizaje de una estudiante con comodidades. La disputa interna es tan tenaz que su solución es preguntarle a hija de los Park:

KI-WOO: ¿Parece que pertenezco aquí?
DA-HAE: ¿Qué quieres decir?
KI-WOOD: ¿Parece que pertenezco a esta casa?

Si bien muchas películas abordan el tema de la división de clases con la intención de culpar a una persona o entidad específica, atribuyendo la difícil situación de los pobres a su propia falta de fuerza de voluntad o alguna conspiración de la clase alta diseñada para mantenerlos oprimidos, Parásito destaca el conflicto interno subyacente de las personas, que en última instancia es el combustible de estas divisiones. Esta narrativa propone que la clase no es tanto una cuestión de quién en la sociedad realmente tiene poder (o si ese poder proviene de su capital cultural, económico o de su posición social), sino más bien quién la sociedad está dispuesta a comerse el cuento lo suficiente como para creer ascienden y hacen parte del grupo que está al otro lado de la línea.
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