19 películas de fiebre cinéfila

Para 19 días de cuarentena #BacánikaEnCasa

Plataformas de streaming, contenidos abiertos por sus creadores para atenuar el aislamiento y listas generosamente compartidas por hackers amantes del cine. En medio de tantas opciones para ver, compartimos esta muy personal lista de recomendados que un cinéfilo y ocasional pirata de películas actualizará a diario durante la cuarentena.

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M

i camino como cinéfilo tiene dos hitos. Cuando era pelao, podía tener unos 7 u 8 años, mi mamá me dejaba con mis tíos justo después de almorzar. Era la rutina de los sábados. Mis tíos, en ese entonces, eran un par de desocupados, pasaban las mañanas jugando micro sin muchos afanes. En las tardes, regresaban a la casa con dos o tres casettes de VHS en la mano para zamparnos tres pelis de golpe. Así fue como me mandé un cojonal del cine de artes marciales producido en Hong Kong, al igual que películas gringas de acción de los años ochentas y noventas. Patadas, puños, balas y one liners a lo que marca. Cuando era un niño, eso era el cine para mí. Tiempo después me enteraría de que estas películas eran producidas y dirigidas por los hermanos Shaw, Raymond Wong, John Woo, Tony Scott y John McTiernan, entre otros.

Mi vida pasó entre estos flicks hasta que en algún momento del dos-mil-y-tantos, tuve varicela. Como todos saben, aquella infección viral deja aislado y en cama con fiebres de 39°, además es altamente contagiosa. En una noche, caído en fiebre y sin poder conciliar el sueño, con la desgracia de solo tener tres pinches canales en la TV, me encontré con mi segundo hito como cinéfilo: el programa Cine Arte transmitido por Canal Caracol y presentado por Bernardo Hoyos (para muchos de mi generación este fue, quizá, el despertar al cine). El primer título que me topé en ese programa fue Pulp Fiction, dirigida por Quentin Tarantino. No sé si la fiebre me tenía cargado o si mi yo de 14 años era muy brutico, pero no la entendí. Sin embargo, durante esas dos horas supe que el cine podía ser mucho más, que había toda una escena sin explorar. La franja confirmó mis sospechas, ya que resulté viendo un ciclo de Woody Allen, unas pelis de Oriente Medio y algunos westerns clásicos, que aseguraron el cine como un lugar en el que puedo ser emotivo a mi ritmo, en el que puedo explorar y reflexionar sobre ideas complejas o me puedo regodear en excesos que harían persignar a cualquier criminal. Años después, en la universidad, repetí el filme de Tarantino y, al llegar a mi casa, imité el baile de Travolta en la soledad de mi habitación. El círculo se cerró y el cinéfilo nació.

Esto es lo que me trae aquí hoy. Ahora que muchos estamos solos, pero conversando en la distancia, quiero compartir estos títulos con ustedes. Uno diario durante estos 19 días de cuarentena. Espero que esta selección de animaciones, comedias absurdas, film noir, thrillers, chick flicks, westerns y más, los acompañen en casa como a mí durante aquellos días febriles de mi infancia.

separador DÍA 9
Boyz n the Hood
Dir: John Singleton / País: USA / Año: 1991

My Neighbor Totoro

El año 1991 fue el momento en que el gangsta rap se consolidó como un producto cultural importante en la escena musical de Los Angeles. Esto gracias a álbumes como The Chronic de Dr. Dre y Death Certificate de Ice Cube, recién salido de NWA, agrupación pionera del género. La brutalidad policiaca, la inequidad y la frustración de muchos jóvenes permitieron la ebullición del gangsta rap como una válvula de escape para expresar rabia por el clima sociopolítico vivido en el sur de Los Angeles. El género se usó para contar las historias del barrio, sus excesos y cotidianidad. La película Boyz n the Hood, lanzada en este mismo año, se inscribe en esta tendencia, un relato sobre la floreciente cultura de pandillas en Inglewood y Crenshaw, a través de los ojos de tres jóvenes que intentan definir sus caminos entre el deporte, el sueño de la universidad o la resignación a las duras circunstancias del barrio: Ricky, Tre y Doughboy, estos dos últimos interpretados por Cuba Gooding Jr y Ice Cube con poco más de veinte años.

En medio de todo este hervidero, las protestas de Los Ángeles tuvieron lugar como consecuencia de la impunidad en la muerte de Rodney King, un ciudadano afroamericano asesinado por la policía, y así, la ópera prima de John Singleton cobró una importancia inesperada. La violencia que envolvió a Los Ángeles fue un recordatorio de la instantánea que narró en Boyz n the Hood, que sustrajo las experiencias de infancia y adolescencia del director mientras creció en South Central, a tan solo unos kilómetros del barrio donde se desarrolla el largometraje.

Esto carga a la película de una identidad auténtica. Todos los personajes en pantalla, desde los protagonistas hasta sus padres, pasando por los pandilleros rivales y los policías, están completamente desarrollados y sus diálogos suenan genuinos. El slang está por doquier y sin usos artificiales, exagerados o estereotípicos. Los personajes suenan como habitantes reales del barrio.

Pero a pesar de toda su fuerza urbana y social, Boyz n the Hood es una película adolescente en su corazón. Los protagonistas están muriendo de ganas por echar un polvo y se preocupan por sus exámenes. Van a al colegio, practican deportes y salen con sus amigos. Es una película que presenta con frescura juvenil, rudeza urbana y ritmo de hip-hop los desafíos que supone el desarrollo de la identidad en medio de la adversidad. Emocionante, divertida, enérgica, ligeramente melodrámatica e intensamente noventera.

separador DÍA 8
Ciudad de dios
Dir: Fernando Meirelles / País: Brasil / Año: 2002

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En Ciudad de Dios la favela es un espacio colorido, cruel e ineludible. Sus habitantes, atrapados bajo el sol en una implacable intemperie, se ven obligados a participar en el violento juego de supervivencia que este enorme territorio marginal de Río de Janeiro les impone. Un juego en el que la droga y las armas son las fichas disponibles, y por ello, debe ser jugado con violencia. La cual es determinante en sus amistades y relaciones. El barrio está vivo: fútbol, música, chismes, amores; pero también pobreza, crimen, falta de oportunidades.

Para acompañar este transcurrir vertiginoso, el director de fotografía, César Charlone, propone movimientos imprevistos de cámara y cortes rápidos que imponen un ritmo avasallador con cambios de lugar y personajes. Esto, junto a la narrativa no lineal que estructura la película, aporta a una cadencia propia del ritmo con que viven sus protagonistas: turbulento y sabroso, populoso y desigual, trágico y hermoso, como Río de Janeiro.

La película logra mostrar a través de diversos personajes, las muchas formas en que la calle puede moldear nuestra forma de volver sobre ella. A través de caminos muy distintos, Zé Pequeño y Mané Gallina acaban liderando los bandos enfrentados en la favela. La narración en off está a cargo de Buscapé, arte y parte de la dinámica del barrio, quien intenta mantenerse al margen para no repetir la historia trágica de su hermano, pero acaba sin poder escapar totalmente a su realidad inmediata. La cámara fotográfica será su forma de darle un giro a su situación de testigo íntimo de la favela.

Quizás el mayor testimonio del impacto de Ciudad de Dios, es la tradición en la que se inscribe y el legado que dejó atrás: un cine brasileño muy social en este punto toma un giro de acción, ritmo y entretenimiento con trasfondo. Además de dialogar con la versátil filmografía de Meirelles, que incluye filmes como El jardinero fiel, Ensayo sobre la ceguera y Los dos papas, esta historia de la favela abrió paso a películas de otros directores, como el thriller de acción dirigido por José Padilha, Tropa de élite, que lanzó a Wagner Moura a la escena del cine internacional con su explosiva interpretación del Capitán Nascimento, un duro oficial del Batallón de Fuerzas Especiales brasileñas. Ambos títulos, el primero desde de la favela y el segundo desde la fuerza policial, ponen en evidencia la tensa relación de las instituciones con este contexto que hace de la violencia una necesidad para sobrevivir.

separadorDÍA 7
Frank
Dir: Leonard Abrahamson / País: Reino Unido / Año: 2014

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El hogar de la película de hoy, Frank, está entre la genialidad y la locura. Este relato cuenta la historia de un punk-rocker británico con un alter ego, Frank Sidebottom, que tiene una manía bastante particular: usa una cabeza ovalada hecha en papel maché, una cabeza inexpresiva que le otorga un aire misterioso. Esta aura enrarecida y su talento y visión en la composición musical lo ubican como el principal referente de la escena artística independiente del Reino Unido. A través de su excéntrico personaje, Leonard Abrahamson realiza agudos comentarios sobre la industria musical contemporánea y las vicisitudes de la creación artística en esta era de redes sociales y ambientes digitales.

Frank es un enigma para todos, ya que usa la cabeza durante sus presentaciones en el escenario y fuera de este, en el carro, en la ducha, en todas partes. Su figura logra tal nivel de popularidad y reverencia, que su imagen es casi adorada por sus fans. Por momentos parece tratarse de un demente y en otras ocasiones un genio; de esa forma recordamos que las dos cosas pueden ser versiones de una misma, locura y genialidad, cuestión de interpretación.

Los días restantes de aislamiento son la oportunidad para acercarnos a ese arte u oficio que nos apasiona. Ya sea tallar madera, ilustrar, escribir o hacer música. Aprovechemos que en lo íntimo siempre surgen las expresiones más auténticas, tal y como lo evidencia el protagonista y sus métodos de creación. Y lo más importante, hagámoslo porque nos gusta, busquemos esa voz propia, porque no todo el arte debe buscar validación o complacer masas, tal y como lo vive Frank.

A mediados de la década de 2010, un trío de películas abordó con maestría el tema de la música como un medio para revelar las sensaciones más íntimas. En estos filmes la creación musical es expuesta como un oficio que demanda extrema dedicación, disciplina y creatividad. Whiplash (2014), por ejemplo, es una historia en que la obsesión enfermiza por su instrumento y una tensa pero estimulante relación con un instructor abusivo definen la historia de un joven baterista. Por otra parte, con un tono más romántico y adolescente, se encuentra Sing Street (2016), la historia de un estudiante de secundaria que pone todo su empeño en hacer música para convertir a la mujer que ama en la protagonista de sus videos musicales. Tres títulos en los cuales la música no es un sonido de fondo, sino el tejido mismo que escribe la historia, que marca las emociones, que determina el escenario y el curso de los personajes inmersos en el sonido.

separador DÍA 6
Relatos Salvajes
Dir: Damián Szifrón / País: Argentina / Año: 2014

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Relatos Salvajes es un homenaje a la narración breve, al cortometraje y, de manera lateral, a la concisión poderosa del cuento. En cada una de estas seis historias cortas se vive una intensa curva dramática que parte de la aparente normalidad hasta el punto en el que todo estalla. El resentimiento, el racismo, la corrupción y el arribismo, caras oscuras de la naturaleza humana, se despliegan en las diversas situaciones de cada historia. La película deja muy claro que, al margen del nivel social o educativo, al margen de la historia personal o de las sensibilidades distintas de cada uno, estamos arrojados a merced de una normalidad desigual, tensa, injusta, y que solo cuando esta realidad nos lleva a sobrepasar nuestros límites podemos sorprendernos de lo lejos –o lo bajo– que podemos llegar.

Aunque este acercamiento a nuestro lado más salvaje podría hacernos pensar que se trata de una película oscura y hasta cínica, es todo lo contrario, es una disección del alma humana desde el humor ácido. En este sentido, el largometraje logra una simbiosis sensacional entre un tono serio y la comicidad latente en estas situaciones: matar por venganza no parece gracioso, pero la forma en que se hilan estas revanchas genera una incómoda risa como la que provoca ver chorros de sangre en las películas de Tarantino. El uso de humor negro, la violencia y hasta la crítica social hacen parte de cada uno de los seis relatos. En algunas historias no hay margen cómico, se viven de cerca escenarios en los cuales solo es posible elegir el mal menor. Entre el sarcasmo puro y la violencia excesiva que raya con lo inverosímil, esta es una película que da los seis golpes y se retira, dejando en un knockout cinemático a la audiencia.

En estos días de aislamiento, afloran los sentimientos y expresiones más extremos. Esa acumulación que viven los personajes de la película, enfrentados a la burocracia, a la injusticia, a la desigualdad social, el bullying, los celos o la mala suerte, se siente ahora tan presente y cercana para todos, día a día. Quizá por ello vale la pena recordar que Relatos nos muestra que el estallido, llegar al fondo de ese lado salvaje, jamás tiene un final satisfactorio.

Argentina le ha dado a Latinoamérica algunas joyas cinemáticas contemporáneas. Historias en las que se ve entre líneas la riqueza narrativa de una gran tradición literaria: personajes bien logrados, argumentos inquietantes que revelan la intimidad humana al tiempo que dan cuenta del contexto de la época. El secreto de sus ojos (2009) es un gran thriller sobre un investigador, que, sin pensarlo, desentrañará las sórdidas verdades que oculta una injusticia. Nueve reinas (2000), nos presenta a un par de estafadores, que en medio de una relación convulsa intentan dar un gran golpe, sin saber realmente, quién es el auténtico estafado, y por último, Historias mínimas (2002), un bellísimo relato de viajes sobre tres personajes recorren las carreteras de la Patagonia: un hombre que busca a su perro, un pastelero que transporta una torta y una mujer de origen humilde que ha sido invitada a un programa de televisión. En esa tradición se inscribe esta divertida y oscura comedia.

separador DÍA 5
Her
Dir: Spike Jonze / País: USA / Año: 2013

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Theodore, nuestro protagonista, es un tipo recién divorciado que no supera el dolor de su ruptura. De hecho, es muy reservado al respecto, ocasionalmente charla sobre ello con sus vecinos, pero no comparte sus sentimientos con nadie más. Theodore intenta concretar citas, conocer mujeres. Un clavo saca otro clavo, dice el adagio popular. Sin embargo, el clavo en Her, la película de hoy, es digital. Theodore compra un sistema operativo llamado Samantha, quien resulta ser mucho más que una asistente personal. Al ser una inteligencia artificial, Samantha aprende rápido, y lo hace a través de Theodore. Samantha se inspira en él para explorar el mundo, así esté encerrada en dispositivos electrónicos.

El logro de Spike Jonze, su director, es ese tono cálido y hasta poético en la narración, que evoca las sensaciones de una relación real entre ambos. En lugar de un relato tecnófobo o un relación apocalíptica de ciencia ficción, hay una honestidad divertida y reconocible en las conversaciones de Theodore y Samantha que seguramente apelarán a cualquier persona: la incómoda conversación en la mañana después de la primera noche, los sueños delirantes que llegan al compartir un día a la playa, el miedo de ver que esa persona especial se está alejando de ti.

La distancia que nos separa en estos días puede ser un gran reto para las relaciones que tenemos: amigos, familia y pareja. En este sentido, Her destaca cómo la tecnología en sí misma no solo puede satisfacer nuestras necesidades emocionales, sino que también es una herramienta para conectarnos. Por ello, no hay tiempo que perder, levanta el teléfono, escribe un texto, haz una llamada. Hazle saber a esa otra persona que tiene un espacio en tu cabeza y corazón, aprovecha que nadie te va a ver sonrojado, porque si Her nos deja algo, es esa imagen de la tecnología como un atajo para estar más abiertos, para esquivar temores; aunque al final no todo sea color de rosa.

Spike Jonze es un tipo muy versátil. En un momento puede salir haciendo estupideces con la gente de Jackass, para dirigir, un par de años después, un largometraje tan brillante, incómodo y bizarro como es Being John Malkovich, una visión desesperada sobre realidades virtuales y fetiches sexuales. Para después dirigir un filme tan personal como Adaptation, una película que trata sobre la belleza de las orquídeas, pero que realmente es una confesión sobre los conflictos que conlleva ser guionista, junto a las inseguridades personales y profesionales que este oficio carga. En todas ellas, como en Her, la vulnerabilidad humano toma un íntimo tono confesional.

separador DÍA 4
La gente de la Universal
Dir: Felipe Aljure / País: Colombia / Año: 1991

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La gente de la Universal es una carta de amor de la idiosincrasia rola, a su jerga y a las reglas implícitas que los manejan día a día. Lo hace a través de una exploración sincera de sus calles e interacciones. Lo hace desde su corazón, en La Candelaria noventera, lugar que alberga el espíritu bogotano, mucho antes de las peatonalizaciones y los sistemas de transporte urbano masivos. En este largometraje, opera prima del director Felipe Aljure, Bogotá no es solo un espacio donde unos personajes se desenvuelven, es un personaje más, uno gigante que transforma a los seres que la pisan a diario. Así es como nos presenta a La Universal, una agencia de detectives que vive al jornal y encarna la rudeza que caracteriza al capitalino. La locación de la agencia es un faro que ilumina el significado de la bogotanidad, ya que está ubicada en el último piso del antiguo edificio de El Espectador, en la Av. Jiménez con cuarta. Este edificio hoy en día es el hogar de la cadena de restaurantes Crepes & Waffles.

La película retrata a Bogotá como un lugar con tendencias pasivo-agresivas, la confrontación directa es evitada a como dé lugar, en consecuencia, la indirecta es la regla. Por lo tanto, los personajes viven tensos y, en ocasiones, estallan con quien menos deben. Este es el dilema que viven Diógenes y Fabiola, pareja casada, y su sobrino Clemente. Ellos son la gente de La Universal, viven en el tedio y la monotonía, y a consecuencia de ello su relación se ve afectada sin remedio posible.

Para los que estamos en la capital, en estos días es fácil pensar que cada uno está encerrado en su espacio, ya sea habitación, casa o apartamento. Sin embargo, no es del todo así, no estamos solos en esto: pasa en todas partes y ellos nos une con el mundo, y por otro lado, pasa también en los alrededores de nuestro encierro, en la dura ciudad circundante, estamos lidiando esta situación como bogotanos y, aunque vivamos despotricando de cómo se viven sus calles, espero que al salir, la podamos caminar con el cariño que esta se merece.

Esta película fue lanzada en el año de 1993, al igual que La estrategia del caracol, hito de la industria fílmica nacional. El gran impacto de ambas pudo deberse en buena medida a que estas dos narrativas se alejaron de la representación de la Colombia rural, para remitirse a visualizar la dureza del espacio urbano y la cultura del rebusque que marca estos lugares. De este modo, ambas fueron esfuerzos importantes de ver la ciudad, reconocer su existencia y considerarla como una escena diversa y heterogénea.

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 DÍA 3
Ghost Dog
Dir: Jim Jarmusch / País: USA / Año: 1999

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En este largometraje las realidades friccionan. Ghost dog, el protagonista, es un afroamericano que vive bajo el código del samurai. Entrena y maneja sus instrumentos de trabajo como si fueran katanas, pero en sus manos sostiene pistolas con silenciador. Su jefe no es un shogun, es un gangster italoamericano. Se gana la vida siendo un sicario, pero su filosofía de vida es espiritual. La banda sonora que lo acompaña son pistas de rap compuestas por el gran RZA, pero con matices instrumentales de oriente. Esa fricción define a Ghost Dog, determina su soledad, lo aliena de ambos mundos. Hay que contar con la magistral dirección de Jim Jarmusch y al carácter interpretativo de Forest Whitaker para lograr esta sincronía heterogénea entre rap, mafia, filosofía y literatura oriental.

Pero esta fricción no solo afecta al protagonista, sino que también deconstruye las convenciones de las películas de gángsters y samurais, ya que la mafia italoamericana es presentada en una total decadencia, lejos de la lujosa y romantizada organización que retrata Coppola en El Padrino o Scorsese en muchas de sus películas. Los capos acá están envejecidos, en bancarrota y solitarios. Son patéticos. Por ejemplo, el don debe hasta el arriendo y vive viendo dibujos animados. Por otra parte, la solemne e impecable estética del samurai que difundió el director japonés Akira Kurosawa en películas como Rashomon también se ve manchada: nuestro samurai negro, gringo y urbano se viste con viejas sudaderas y vive en un rancho construido en una sucia azotea en un barrio marginal gringo.

Ghost Dog marca un momento de madurez en la carrera del director norteamericano, cuyo esfuerzo le valió ser nominado a la Palma de Oro en el festival de Cannes. Sin embargo, desde antes ya se encontraba en la mira de la escena cinematográfica mundial, gracias a Mystery Train, una visión de la norteamérica sureña a través de ojos extranjeros. Esta película, junto a Dead Man, que continúa con la preocupación del director con lo extraño y forastero, son las que forjaron su método para construir personajes que huyen al estereotipo y que son tan gratificantes de ver en sus narraciones.

Para un viernes silencioso y lento, Ghost Dog es una íntima celebración de los sentidos y un acercamiento a personajes voluntariamente alejados por la diferencia.

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 DÍA 2
Rushmore
Dir: Wes Anderson / País: USA / Año: 1998

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Rushmore es el alma mater de nuestro protagonista, Max Fischer, quien profesa un amor enfermizo por su colegio. Podría decirse que se desvive por su colegio, a tal punto que es el editor del periódico escolar, presidente del club francés, organizador de la sociedad caligráfica y miembro orgulloso del equipo de lucha libre. Todo lo hace luciendo sus vistosas gafas que esconden un par de gruesas cejas. Sin embargo, dentro del salón de clases no se destaca, es más, es considerado uno de los peores estudiantes que haya pisado el campus.

En esta, su segunda película, Wes Anderson perfecciona su característica composición simétrica, que, junto a una paleta de color pastel, son el escenario en el que circulan estos personajes excéntricos. El protagonista es un nerd adolescente, que, a pesar de las incomodidades propias de esta etapa, tiene habilidades sociales que lo alejan del nerd cliché y lo transforman en una persona con una ingenua sofisticación. Es más, tiene coraje de cortejar a su maestra, lleno de una confianza que se acerca a la fanfarronería. Desde Rushmore, el nerd en el cine deja de ser un desvalido o un inepto, la víctima de matoneo típica de las comedias noventeras, para convertirse en alguien con estilo propio que no tiene nada que envidiar al jugador de fútbol de la preparatoria.

Así, Wes Anderson consolida al nerd como una personalidad que tiende a apasionarse por ciertos temas o actividades, a tal punto que influencian su modo de relacionarse con el mundo. El tiempo nos diría después que a esto se le llamaría ser geek. Es una reivindicación generacional del ñoño, que reaparecerá en variadas reencarnaciones –no siempre protagónicas– en sus futuros filmes.

Este tiempo de recogimiento es, tal vez, un buen momento para dejar fluir a ese geek que llevamos dentro, que le demos rienda suelta a hacer origami, a explorar la filmografía de tal director, a conocer con lujo de detalle los goles del crack que idolatras, a hacer ese libro de ilustraciones que llevas años en mente, en fin, a lo que sea. Deja que la obsesión se desborde, y así, cuando se abran las puertas de nuevo, saldremos rebosantes de eso que tanto amamos.

Rushmore es la segunda película del director gringo, lanzada en 1998, y que fue el inicio de la impronta hipster que ha marcado su diversa filmografía. Su estética meticulosa ha influenciado el look de un amplio rango de productos de la cultura popular a lo largo de ya casi dos décadas y sus personajes –estereotípicos y un poco sobreactuados– le han permitido recrear contextos e historias muy diversas como la de una familia disfuncional en The Royal Tenembaums, la de un decadente y romantizado hotel en The Grand Budapest Hotel o el escape de unos perros de un campo de concentración canino en The Isle of Dogs.

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 DÍA 1
Mi vecino Totoro
Dir: Hayao Miyazaki / País: Japón / Año: 1988

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Este ícono del anime japonés fue lanzado en 1988 bajo la dirección del mítico Hayao Miyazaki. Mi vecino Totoro nos presenta a dos niñas: Satsuki, de once años, y Mei, de cuatro, el día en que se trastean a una vieja casa de campo a las afueras de Tokio, un lugar bucólico y cargado de presencias que solo las niñas pueden ver. Esa naturalidad de lo sobrenatural, esa superposición entre lo evidente y lo fantástico, recorre toda la filmografía de Miyazaki como un abrazo al poder de la imaginación. El padre de las niñas, el profesor Kusakabe, comparte momentos con ellas y visita a su esposa en un hospital cercano. En medio de la cotidianidad serena y rural de los alrededores de la casa, Mei se encuentra con un ser grande y peludito, amo y señor del bosque, y le llama Totoro. Con el tiempo, Totoro se hace amigo de las dos hermanas y les presenta a otro ser del bosque, un autobús felino de ocho patas con el musical nombre de Gatobus. Este cuarteto volará sobre los bosques, cuidará las plantas y tendrá la tarea de llevar una mazorca fresca a la madre de las niñas: aventuras aparentemente mínimas, pero que recuerdan el valor de lo pequeño y transportan a un Japón exuberante y mágico.

Desde mi adolescencia hasta mis veintes tempranos el anime fue piedra angular en mi consumo de contenidos, tanto películas como series. Era un momento en que pillaba producciones densas o ultraviolentas como Evangelion, Hellsing, Ninja Scroll, Elfen Lied o cualquier largometraje de Satoshi Kon. Sin embargo, Totoro y las niñas me mostraron otra cara del anime, donde es posible ser valiente sin ser violento, y que la imaginación siempre es un espacio donde la esperanza y el afecto tendrán un hogar.

El colorido de la pantalla puede ser un alivio para el encierro gris. Los gráciles movimientos infantiles hacen que los ojos sonrían apreciando la vitalidad de la animación de Studio Ghibli en cada salto, en cada carrera de una niña a través del bosque. Al ver este filme es imposible no sentir cómo la nostalgia te hace un nudo en la garganta, para apretarla bien y pegarte un tirón veinticinco años atrás. Cuando jugabas a las Tortugas Ninja con tu hermano, fútbol con dos pares de medias dobladas y repartías la empanada del día con regla en mano, para que ninguno de los dos ganara un milímetro de más. Una vida sin grandes aventuras o villanos, tal y como lo retrata Miyazaki durante 88 minutos, donde nos muestra, a través de la fantasía, la sencillez de ser un niño.

Este segundo largometraje de Hayao Miyazaki proyectó un imaginario y una estética del Japón animado para el mundo. Gracias a Totoro, el maestro japonés empezó a labrar el reconocimiento internacional que alcanzaría su punto más alto con el premio Oscar que ganó El viaje de Chihiro en 2002. También son imperdibles la épica Princesa Mononoke, con su heroína astuta y guerrera, y una romántica y surreal historia de guerra por los cielos: Porco Rosso.

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