Juan Kiss: la resurrección semanal del rock

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Juan Kiss es locutor de radio. Lo suyo es el rock clásico y hablar con gente que normalmente escucha pero no responde. Lo suyo es entrar en el tiempo de la música, hacer una pausa, y contar historias para construir conversaciones a través de una canción.

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LOVE GUN, 1997

Juan, ¿cómo describiría su voz?”. “Aguardientosa”, dice y suelta una risa espontánea. Es la primera vez durante la conversación que su voz se quiebra por el paréntesis que impone la carcajada. Otra figura importante de la radio antioqueña, Jorge Carrasquilla, dice que esa voz aguardientosa no es producto del aguardiente, sino de lo que el aguardiente convoca: es una voz construida en las aceras, en las salas de las casas, en las tiendas de barrio. Por eso, más que un presentador de canciones, Juan Kiss al aire es un conversador de miedo.

Sus programas son eso, conversar. “Hoy sí es el verdadero domingo de resurrección”, dice al arrancar su turno del domingo de semana santa. La voz entra cuando termina el último acorde de una canción, sin necesidad de cortina, empatando sonidos para evitar el silencio. Luego marca una pausa consciente que llena el espectro con ese sin-sonido, y continúa: “En 1939, en un fin de semana como estos, nació el gran Marvin Gaye en Washington D.C. Marvin Gaye, aunque no lo crean, sería asesinado por su propio padre en una pelea familiar. Iba a mostrar la canción, pero, qué va, pongámosla completa: aquí está Marvin Gaye con ‘Sexual Healing’”. Imposible no subir el volumen desde casa, querer responder.

Por eso es de los que aún se levanta cada mañana a las 6 para preparar el programa con efemérides, como la de Marvin Gaye, o alguna joya de su compendio de historias para acompañar una canción. La imagen lo dice: el tipo sentado tomando notas sobre un papel sin otro sonido que su voz hablando con canciones que aún no se reproducen, con músicos en pausa, para luego hablar con oyentes que no responden. Tantas voces en reposo.

Hoy es director de Radioacktiva en Medellín, donde conduce programas como los Domingos de resurrección. Su amor es el rock and roll clásico. Su amor son los setentas y los ochentas. Ya no lleva el pelo largo, ni viste siempre camisetas estampadas con el nombre de alguna banda. Nació en el 67. Se ve grande, sobrio y el poder de su voz aguardientosa ayuda a ello, a pesar de la contradicción. Al aire y fuera de él, en conversaciones como esta, enfatiza palabras cada tanto, como si las dijera en negrilla; cuenta cada historia en detalle, sin afán, enlazando su vida con la vida del rock, que es la vida de todos. En sintonía con esa experiencia musical compartida por varias generaciones, es posible aventurar esta playlist que recorre su vida, los años dorados del rock en la radio colombiana y la resurrección de un género que se resiste a todas sus muertes anunciadas.

El Kiss se lo pusieron sus amigos del barrio San Joaquín para diferenciarlo de otros Juanes –“Juan el que juega fútbol”, “Juan el que monta bicicleta”, “Juan el que le gusta Kiss”–, pero, ¿usted cómo llegó a Kiss?

Yo me enamoré de Kiss porque primero los vi. Me entraron por los ojos. Eso fue en el año 77, yo tenía 10 añitos, y en el edificio de bachillerato de la UPB, donde estudiaba, vi a un man con una camiseta que tenía la portada de Love Gun. Yo quedé como: “Ush, qué es esto, por Dios”. No sé si la has visto o si la recordás. Es una cosa brutal. Ellos aparecen en medio de dos columnas gigantes, soberbios, imponentes, y abajo hay un reguero de mujeres maquilladas. Es brutal. Imagínese a un pelado de 10 años viendo esa imagen. [Pausa]. Uf, es muy bonita esa carátula.

De la época de esa portada es impresionante el contraste de ese maquillaje perfecto con el de los conciertos, que por el sudor se les escurría y se les iba notando las caras.

Pero eso los hacía más cool. Por eso el Kiss de los setentas no tiene comparación, es mágico. Esos manes no daban entrevistas, nunca se dejaban ver en público sin maquillaje, eran más oscuros, más dark. Y el tema que mencionás de la regada del maquillaje con el sudor, con las luces, los hacía ver más rock stars. Ya después encontraron el maquillaje perfecto que no se regaba y la vaina cambió.

¿Todavía siente la misma emoción que sintió al descubrirlos?

Cuando los oigo, sí. Cuando los veo, no. Kiss debió haberse retirado en 1983. Cuando sacaron el primer álbum sin maquillaje le demostraron tanto a críticos como a enemigos y a fans que eran una gran banda de rock duro: “Grabamos el Lick It Up sin maquillaje, le demostramos a todo el mundo que somos buenos, y nos vamos por la puerta grande”. Cuando volvieron a ponerse el maquillaje en el 96, en ese Reunion Tour ya no me parecieron tan cool, la verdad. Pero cuando uno ama una banda… [Pausa]. Yo amo a Judas Priest, a Van Halen, a Iron Maiden, a AC/DC, a Black Sabbath, y musicalmente todas son superiores a Kiss, pero mi agradecimiento es con Kiss porque es la que me llevó al mundo del rock y del metal.

¿Entonces nunca le molestó el apodo? ¿O hubiera preferido que lo relacionaran con Van Halen o con…?

Juan Halen o Juan Priest. No, me gusta el Kiss. Algunos incluso obvian el Juan y me dicen Kiss. Por ejemplo, en Caracol, donde voy a cumplir 22 años, todo el mundo me dice Kiss, Kiss, Kiss. Vea, de una vez le cuento el bautizo al aire. Yo empecé en radio en el 87, en un programa de metal de una emisora AM que se llamaba Radio Colibrí, en Medellín. Llegué ahí porque el programa lo hacía un personaje muy querido y respetado en el mundo del metal, Mauricio Montoya Botero, Bull Metal, que era un gran amigo mío. Pero ahí no me pagaban. Mi primer sueldo lo vine a recibir en el 89, en una emisora que se llamaba Veracruz Estéreo, en donde yo me presentaba al aire como Juan Ángel. ► Y una vez garabateando en el escritorio en la mesa de juntas de la emisora, haciendo el logo de Kiss, de Judas, yo firmé Juan Kiss, y el director vio y me preguntó que por qué Juan Kiss. “Ah, no, así me dice todo el mundo desde pelado”, le respondí. Y él me dijo: “Ese nombre es más cool al aire, es más sonoro. A partir de hoy te voy a presentar como Juan Kiss”.

Y se quedó así hasta para su mamá.

Hasta mi mamá me dice así.

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MADONNA, 1983

En los setentas, en la casa de Juan Kiss había dos radios encendidos durante todo el día. El primero estaba encima de una nevera blanca. Allí, su mamá y su abuela escuchaban canciones románticas en La voz de Colombia, la misma emisora que en Bogotá se llama Bésame. El otro radio estaba en la biblioteca del papá: negro, imponente, de banda ancha que captaba frecuencias de otros países, como la BBC Radio 1. Juan se movía entre esos dos paisajes sonoros. Durante las comidas oía baladas y en los intermedios se encerraba en la biblioteca a grabar música en los casetes que el papá le compraba. Cuando descubrió las emisoras AM pioneras del anglo en Colombia –Radio Disco ZH, La Voz del Cine, La Voz de la Música–, comenzó a anotar las letras de las canciones como le sonaban, a la espera de que su papá se las corrigiera por la noche; la programación saltaba de Cat Stevens a The Commodores a Led Zeppelin. Dicen que uno de los misterios de la música es su capacidad para comprimir el tiempo: escuchar una canción y estar sentados en el comedor de la cocina o en la silla de la biblioteca que ocupamos alguna vez sin dejar de ser lo que somos hoy. A veces escuchar música en radio es entrar y salir del sonido y del tiempo.

Usted ha dicho que vive en una finca a las afueras de Medellín porque no le gusta el ruido. ¿Cómo explicar esa paradoja: escuchar rock duro y disfrutar del silencio?

Por la gente. A mí me gusta estar solo. Es más, aquí toda mi familia se va a caminar o se va de paseo y yo me quedo encerrado repitiendo películas o tocando guitarra. 

¿Cuál es la que más ha repetido?

Back to the Future.

¿La primera?

La primera. Cada año la veo mínimo dos veces. Y cada que la veo, le encuentro algo distinto, y cada que la veo me gusta más. Esa es mi película favorita.

¿No sucede lo mismo con una buena canción? Uno cree conocerlas y sorpresa que no.

O un buen CD. En estos días le contaba a Alberto Marchena que yo me gasto los CDS. Powerslave de Iron Maiden lo he comprado cuatro o cinco veces; el Master of Puppets de Metallica lo mismo, el Lick it Out de Kiss lo mismo. Yo oigo y oigo y no me canso de escuchar las canciones. Eso es algo que ya no me sucede con la radio. 

¡No imagino cuántas veces hay que escuchar un CD para gastarlo!

Uf, muchas veces. Se van volviendo como transparentes y el rayo lector no coge bien la pista.

¿Y dentro de lo que escucha hay algo distinto a rock?

Sí, claro. A mí me gusta la música discotequera y el dance de los setentas. Earth, Wind and Fire, Cool and the gang, Commodores, The Gap Band, KC and the Sunshine Band, los Bee Gees, Michael Jackson. Esa música discotequera me parece del carajo. Y también me gusta mucho el pop viejo, el de los setentas y el de los ochentas; por ejemplo, los primeros álbumes de Madonna, Tears for Fears, algunas cosas de New Order o lo que hacían Lionel Richie, Peter Gabriel y Phil Collins.

¿Es cierto que en su cuarto de adolescente había un afiche de Madonna, la reina del pop, en medio de todos los afiches de bandas de rock duro?

En realidad, había dos. Uno era de mi futbolista favorito, y para mí el más grande de la historia, Diego Armando Maradona, grande, con la camiseta argentina, creo que del mundial del 82. Y el otro era de Madonna, porque me parecía bellísima y me gustan mucho sus tres primeros álbumes.

Lo suyo son los setentas y los ochentas. Pero, ¿cómo ve el rock que se hace hoy? Por ejemplo, Imagine Dragons pegó duro en varios de los conteos de las mejores bandas de rock de la última década, y es una banda que ha sido criticada entre otras cosas por no tener buenos músicos.

La historia del rock está llena de músicos que no son muy buenos músicos, que no son muy virtuosos. Le voy a poner un ejemplo clásico: Joe Perry de Aerosmith. Perry es uno de los guitarristas más respetados, pero es muy promedio, es más, es muy flojo de técnica. Cuando vea el próximo video en concierto y vea un solo guitarra de él se va a dar cuenta de que no usa el dedo meñique de la mano izquierda. Pero el tipo es buen compositor y hace lo suyo. Ace Freheley de Kiss tampoco es el más virtuoso. El tema con Imagine Dragons es que, para mí, no son una banda de rock. Ellos son una banda de pop que venden como rock.

Y no del pop setentero del que me habló hace un rato. Pero entonces, ¿hay bandas que hoy estén haciendo la tarea?

Los Kings of Leon tienen un sonido sureño que medio me recuerda los sesentas; los Strokes lo mismo; The Killers lo mismo; Muse igual, aunque con un sonido un poquitico más modernista. Y hay otras que hacen cosas muy buenas. Pienso en Ghost o Greta Van Fleet o Airborne o Santa Cruz.

¿Qué es eso que usted busca en el rock and roll? ¿Qué lo enamoró cuando comenzó a escucharlo?

Rebeldía. El rock era contestatario. Aunque lo que más me enamoró del rock and roll fue el sonido de las guitarras. [Pausa]. Usted no sabe lo que yo sentí cuando oí ‘Paranoid’ de Black Sabbath por primera vez. Yo creo que esa fue la primera canción de rock y metal que oí en la vida, incluso antes de Kiss.

Al escuchar hoy una canción como esa, ¿siente lo mismo de entonces?

Totalmente. Hace algunos años escribí un Tweet donde puse: “No sé cuántas veces en mi vida he escuchado ‘Stairway to Heaven’, pero cada que la oigo es como esas primeras veces en las que me enamoré de la canción”. Cuando escucho ‘Fairies Wear Boots’ de Black Sabbath o cuando escucho ‘Ain’t Talkin’ ‘Bout Love’ de Van Halen o cuando escucho ‘Wanted Man’ de Ratt o ‘Looks that Kill’ de Mötley Crüe o ‘Heaven Sent’ de Dokken o ‘For Those About to Rock’ de AC/DC siento exactamente lo mismo que sentí la primera vez.

¿Y en el rock de hoy ya no hay esa rebeldía de antes?

 Ya no hay ese tipo de rockstars.

¿Es consciente de que muchas de sus bandas favoritas ya no están activas o que las que siguen tocando cada vez están más cerca del final?

Sí, claro. Yo soy de la generación que verá morir a sus rockstars. Nosotros vamos a ver morir a Mick Jagger. Nosotros veremos morir a Gene Simmons. Vimos morir a Eddie Van Halen.

Vamos a descubrir que son mortales.

¿Cierto? Es muy duro ver morir a los ídolos, porque uno los ve como superhéroes, inmortales, como vos decís, Pero entonces uno se da cuenta de que empiezan a envejecer, de que llegan los achaques, de que ya no son tan hábiles. ► Es una vaina jodida la vida. Pero lo bonito del rock and roll es que así uno los vea envejecer uno nunca olvida esas primeras imágenes que vio de los rockstars que lo enamoraron a uno de este movimiento, uno guarda eso en la memoria y en el corazón para siempre.

¿Sueña con un retorno al pasado?

Esto lo dijo el maestro Eddie Van Halen: la música es circular como pocas cosas, no es lineal como la vida, todo tiende a repetirse. Algún día volverá a resurgir el rock duro de los ochentas. Es que todos trabajamos de influencias. Todos somos el resultado de lo que escuchamos. Ace Freheley fue el resultado de escuchar a Jeff Beck y a Jimmy Hendrix, Eddie Van Halen fue el resultado de escuchar a Jimmy Hendrix y a Eric Clapton.

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A MOMENTARY LAPSE OF REASON, 1987

“Es una vaina muy triste: es una realidad del trabajo. Yo todo el día monitoreo Radioacktiva, sea en el estudio o en el equipo de la sala, y cuando salgo de la casa escucho a la competencia. En algún punto, uno deja de oír radio por placer”, dice Juan cuando le pregunto por su relación con la radio hoy. Y enseguida explica que eventualmente escucha a Gustavo Gómez o a Julio Sánchez en la mañana, que intenta escuchar el turno de colegas que le gustan, pero que en realidad todo el tiempo está analizando la radio: si en las emisoras hay ruidos o si las canciones están bien empalmadas entre sí o si la entrada del locutor es ágil. “La radio es una máquina total. Yo busco las cosas que están más allá de la canción”, dice, y por eso no es de los que cambian de emisora cuando suena alguna canción que no es de su agrado, como muchos, como yo. Cuando suena algo de sus amores, le sube el volumen al radio para que las guitarras hagan vibrar el espacio.  

Algo similar sucede durante sus turnos. Chamorro y Mora son locutores de Radioacktiva y aseguran que normalmente Juan tiene junto al micrófono una hoja en la que anota cosas sobre las canciones que vienen –datos, fechas, nombres–, pero que cuando suena algo que le gusta, se levanta, agarra una guitarra invisible entre las manos y comienza a dar un recital para nadie y para todos. “También hace muchos sonidos con la boca siguiendo la melodía de la canción”, dice Chamorro: “Empieza: ‘Woaaaa. Woaaaaaa’ o ‘Ñangañangañanga’, como si cantara la melodía”. Luego vuelve a acomodarse y lanza frases al aire demostrando su emoción. “Cuando suena algo que le mueve el alma”, dice Mora, que lo acompaña con frecuencia desde la cabina haciendo de control, “empieza a decirme fuera del aire que qué chimba de canción. Y mientras algo va sonando me dice: ‘Escuchá esa guitarra’ o ‘¡Mirá lo que va a sonar ahí!’”.

Si todos somos el resultado de lo que escuchamos, ¿usted como locutor es el resultado de escuchar qué?

Yo siempre quise ser la mezcla perfecta entre Donnie Miranda, Tito López, Scott Shannon y Casey Kasem. Shannon y Donnie Miranda manejaban algo que llamamos ser cool al aire; pero Tito López y Casey Kasem manejaban el contenido, siempre contaban una historia que acompañaba la canción que terminaba o la que empezaba. Yo quise mezclar esas dos variantes y poder contar una historia pausado, hacer silencios. [Pausa]. A mí me gustan mucho los silencios en radio, me parece que son muy respetuosos y que suenan muy bien cuando son bien manejados. Yo hago silencios al aire, yo no soy una escopeta hablando: “taquetaquetaquetaque”. Hago pausas, hago cambios de voz, hago cambios de ritmos. Ese es mi estilo. ► Soy capaz de hacer cambios de ritmo y soy capaz de presentar una canción suave, pero presentar otra: “Esto es AC/DC ‘High Voltage’. Rock and roll”, y meterle esa sabrosura que hace que suene cool.

Y es lo más difícil de alcanzar, sobre todo en un trabajo como el suyo, que consiste en hablar para llenar el vacío.

Hay que hacer pausas. El silencio al aire suena bonito. Y suena bonito cuando a uno se le siente el [pausa], bien manejado. Yo no soy un locutor recreacionista. Yo al aire converso.

Usted como locutor es un contador de historias.

Eso me gusta mucho, sí. Yo soy un contador de historias definitivamente. Es muy gratificante encontrar datos que muy pocas personas saben. ¿Por qué se llama así ‘Song 2’ de Blur? Pues porque a la banda se le olvidó ponerle el nombre a la canción, la etiquetaron como la pista No 2 en el Master tape y a la hora de elegir las canciones para el álbum decidieron dejarla así. O que ‘Livin’ on a Prayer’ de Bon Jovi estuvo a punto de quedarse por fuera del Slippery When Wet; que Bon Jovi la odiaba, pero que se la mostraron a 25 oyentes en el estudio y los 25 la amaron.

Sé que cuando comenzó a hacer radio se paró durante dos meses a la hora del almuerzo a las afueras de Veracruz Estéreo a la espera de una oportunidad. ¡Dos meses! ¿De dónde esa obstinación?

Aparte de obstinación era pena. Me daba vergüenza tocar la puerta y decir: “Aquí estoy”. Yo grabé un par de demos en mi casa muy rústicamente y me aventé. Al frente de Veracruz había una tienda que todavía existe, se llama Siete Puertas, Niágara, y me sentaba ahí a tomar gaseosa o tinto o a fumar, y esperaba a que saliera alguien y me recibiera una hoja de vida y un casete. Finalmente salió alguien con cara amable y me atreví. Acá estoy haciendo radio, casi treinta y tres años después.

Si no estoy mal, el demo que llevó era uno en el que presentaba una canción de Pink Floyd. ¿Qué lo llevó a decidirse por esa banda?

Yo hice muchos demos. Hice algunos presentando rock duro, había uno con ‘Balls to the Wall’ de Accept, por ejemplo. Pero me decidí por el A Momentary Lapse of Reason que acababa de salir, y me grabé presentando una canción que se llama ‘Learning to Fly’.

¿Por qué precisamente esa canción?

No sé, esa es una buena pregunta. Yo creo que la razón es porque me quedó mejor el audio. Las demás las grabé en la grabadora de mi papá y para esta me conseguí un equipo de sonido con micrófono y me quedó mejor.

Si quisiera ponerse romántico podría decir que en ese momento estaba aprendiendo a volar.

Sí, como una oportunidad para aprender a volar, ¿cierto? Puede ser.

BALLS TO THE WALL, 1983

Juan Kiss es un tipo imponente. A primera vista parece ser el man más serio del mundo, la voz baja, pausada, calibrada, el ceño imperturbable; pero cuando comienza a hablar deja ir entre las historias que cuenta algo que va tumbando ese muro. Probablemente sea su capacidad de escuchar. A pesar de ser una biblioteca de anécdotas, es de los que sabe hacer silencio y esperar una respuesta. De eso se trata la radio que él hace: escuchar a quienes lo oyen a través de la música que suena en ambos lados del aparato. Juan escucha lo que nosotros escuchamos como si estuviéramos en el mismo espacio, y lo que dice lo dice con base en ese terreno común.

El locutor Jorge Carrasquilla no es fanático del rock, sin embargo, lo escucha a él por lo que sucede alrededor de la canción: la historia, la anécdota, la conversación. La voz de Juan Kiss es un cañón que derrumba su propio muro, el de la cabina, el del espacio. Carlos Puerta ha sido técnico de Caracol Radio por más de treinta años y dice que esa voz es tan potente y tan llena de bajos que prácticamente no necesita de modulación. “Al contrario”, dice, “a él hay que bajarle un poquito el volumen del micrófono para que no se coma las voces de los otros disc-jockeys”.  

¿Su voz fue aguardientosa siempre o fue algo que construyó para la radio?

Se la heredé a mi padre. Pero le voy a contar un secreto: la voz me mejoró el doble. El rango de mi voz se amplió en 1997, cuando me saqué las amígdalas, porque era un toque más brillante. Lo que pasa es que toda la vida tuve problemas de amígdalas: me enfermaba mucho cuando era niño, me daba amigdalitis cada dos meses, se me inflamaban y se me llenaban de materia. Pero a mi papá no quería que me las operaran porque le daba miedo que ocurriera lo contrario, que quedara con voz aflautada. O sea, mi voz hubiera podido cambiar desde los quince años si mi papá me hubiera colaborado con la cirugía. ► Pero todo ocurrió en el 97, cuando yo tenía 30 años, porque tuve una temporada en la que en un periodo de cuatro meses me dio amigdalitis por ahí unas seis veces, más o menos. Casualmente, uno de los médicos que me atendió era oyente y me dijo: “¿Por qué no te sacás esas amígdalas, ome?”. Y yo: “Pues, hagámosle”. Y cuando me operaron mi voz salió con un rango más grueso porque ya no tenía ese par de bolas que bloqueaban la salida de mi voz.

juan kiss 900METAL MASSACRE, 1982

Antes de hacer radio, un día cualquiera, Juan Kiss llamó al aire al programa de Tito López para participar de una trivia radial. La llamada entró y López le preguntó cuáles habían sido los dos cantantes que AC/DC había tenido hasta el momento. “‘Bon Scott y Brian Johnson’, respondí, y me gané una billetera y un LP de Foreigner”, cuenta hoy. Entonces fue al estudio a recoger el premio y Tito López bajó a entregárselo: “El mismísimo Tito López, ¿podés creerlo?”, dice. “Fue como conocer a un dios”. Luego, cuando ya estaba decidido a hacer radio y esperaba a las afueras de una emisora con un demo bajo el brazo, vio salir a almorzar a su otro dios, Donnie Miranda. A esa emisora entró meses después a trabajar contestando el teléfono: “Yo decía: «Veracruz, buenas tardes, ¿qué canción quiere oír?»”; y a etiquetar y numerar manualmente todo el material que llegaba al archivo de la emisora; hasta que le dieron su primer turno.  

Desde entonces el tiempo ha avanzado implacable llevándose por delante mil cosas, y una que otra vida. Tanto el rock como la radio han superado sus amenazas de muerte. Personas como Juan Kiss ven la aparición de otras formas de construir el sonido como una excusa para ver el futuro desde el pasado, para cantar lo que está en la memoria sabiendo que la repetición también lleva a algo nuevo.

¿Recuerda la primera vez que salió al aire?

La primera vez que hablé en radio fue en el 87, invitado por Bull Metal, para entrevistar a Barón Rojo. Pero la primera vez que salí al aire oficialmente, a hacer un turno mío, fue un sábado de mayo de 1989, de seis de la mañana a doce del mediodía. Sudé litros, pero fui feliz.

¿Recuerda alguna de las canciones que presentó durante ese turno?

► Sí. Tanto así que me llamó mi papá a corregirme. Esa era una emisora que mezclaba rock y pop, y presenté una canción de Stevie V. La canción se llama ‘The Adventures of Stevie V’: Las aventuras de Stevie V. Y yo pronuncié mal adventures. Ni siquiera recuerdo cómo la pronuncié. Cuando presenté la canción sonó el teléfono interno de la emisora y era mi papá que me llamó a decirme: “No se dice así: aventures. Se dice udventchurss”. Y yo: “Ah, listo, perfecto”. Recuerdo esa canción.

Durante esa década, Medellín fue epicentro de la violencia salvaje del narcotráfico, pero también del boom del rock y del metal en el país. ¿Usted cree que ese contexto político influyó en la música que se produjo o en la que comenzó a sonar en radio entonces?

Claro, todo eso influyó en Masacre, Tenebrarum, Ekhymosis, Parebellum y en muchas de las bandas de metal que salieron en esa década. Solo que en esa época era más exclusivo ser rockero: no era una moda, era una vaina de corazón. Éramos pocos, pero con mucha fuerza.

Imagino que la música no se conseguía fácilmente, ¿cómo hacían?

Uno siempre tiene un familiar que vive en Europa o en Estados Unidos, y así llegaban los álbumes, así llegaban los LP. Hay una leyenda que dice que el primer álbum de Metallica que llegó a Colombia llegó a Medellín, al barrio Manrique. Yo recuerdo en 1982 estar sentado en la casa de un amigo en ese barrio escuchando la Metal Massacre, donde está ‘Hit the Lights’ de Metallica. Éramos tan pioneros en tantas cosas… Escuchar Venom, por ejemplo, o Motörhead. [Pausa]. Todo el mundo sabía que Medellín era la ciudad metalera del país. Mientras aquí salía Ehymosis, en Bogotá salía Aterciopelados.

Es interesante pensar ese panorama de entonces con el de ahora, porque la torta dio la vuelta y hoy la ciudad es epicentro del reguetón.

Sí, tiene toda la razón. Yo lo odio, no he podido con esa vaina. Pero el reguetón tiene una cosa muy tesa y es que se llevó a todos los jóvenes. En los ochentas y en los noventas todos los pelados querían tener una banda de rock. Después del 2003, todos quieren tener un grupo de reguetón. Un pelado de 13 o 14 años se dio cuenta de que era más fácil coger una caja de ritmos y montar un rap encima, que comprar una guitarra eléctrica y aprender a tocarla.

¿Cree que el rock envejeció por fenómenos como ese?

El reguetón nos robó a muchos jóvenes. Y esa es la tarea que tenemos desde la radio. Que si ahora no hay tantas bandas, pues que se enamoren del rock clásico. El rock ha envejecido no solo en sus intérpretes, sino en sus oyentes. Ya el oyente más joven que gusta del rock and roll pasa de los treinta, salvo excepciones.

¿Esa es la razón de que su programa sea Domingos de resurrección? ¿Se trata de resucitar cierta forma de ver el rock?

Contando de dónde venimos, sí. Al lanzar el anzuelo de echar el cuento del pasado glorioso que tenemos, algo tenemos que pescar. Por eso me preocupa tanto preparar cada turno. Yo no puedo contarle a usted al aire la misma historia eternamente. Soy incapaz.

¿Y cree que llegará un punto en el que la radio también necesite de una resurrección?

Yo le veo mucha vida todavía. La gente busca compañía y eso se lo da una canción y una voz al aire. La gente quiere que le hablen al oído, no mucho, pero sí quiere escuchar una voz.

// Fotos cortesía de Juan Kiss //
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