Prueba

Etgar Keret: giros fulminantes

Sus libros están llenos de personajes absurdos que solo quieren vivir tranquilos a pesar de que el resto del mundo pareciera existir solo para destruirlos. Como en un juego de héroes y villanos. Como si eso fuera la vida. El autor israelí invitado al Hay Festival habló con Bacánika. 

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// Todas las imágenes son cortesía de la editorial Sexto Piso //

tgar Keret escribe sobre magos que sacan del sombrero cosas muertas que emocionan a los niños; ángeles bebedores con pereza de volar; diosas griegas que son un pésimo polvo; mujeres guapas que en la noche se vuelven hombres gordos que miran fútbol; conductores de bus decepcionados por no ser Dios; monos de laboratorio enamorados de sus captores; peces que conceden deseos, y todas las combinaciones posibles entre personajes absurdos y situaciones desopilantes. Y lo hace en dos o tres páginas como máximo. Él mismo parece un personaje de sus cuentos. 

Es israelí y escribe en hebreo, la lengua de la biblia santísima, y a lo mejor por eso ya no cree en el temor de Dios: no duda ni un segundo a la hora de tirar al suelo a sus personajes –cualquiera que sea– y dejarlos avergonzados, tristes, cansados, furiosos, decepcionados de la vida y de lo que nos prometieron que era vivir y que al final solo fue un truco publicitario más. Pero tampoco duda a la hora de darles la oportunidad de levantar el rostro y sonreír o escupir de vuelta. Y, como en la biblia santísima, sus cuentos están llenos de dioses no tan poderosos, de ciencia ficción, de amores, desamores, traiciones, violencia y un montón de humor. Un poco de todo esto es lo que hace de Keret uno de los autores de Oriente más leídos en el mundo. Es lo que hace de él uno de los grandes nombres del Hay Festival 2020.   

Tiene cuatro libros de cuentos y en cada uno de ellos puede haber treinta o cuarenta historias contadas por seres humanos, paranormales, extraterrestres o animales. Tres libros de cómic. Un libro para niños. Una novela. Y junto a su esposa Shira Geffen dirige películas, series de televisión y cortometrajes. A veces Keret da la impresión de ser un autómata que produce historias, pero luego habla y cada palabra es una muestra de humanidad apabullante. De que la vida es algo más que un juego entre héroes y villanos.

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// Cuento del libro Extrañando a Kissinger (1994) //

Usted se toma muy en serio aquello de que un cuento corto debe ser corto. ¿Por qué la brevedad?

Para mí la brevedad en la escritura no es una idea sino más bien una tendencia natural. Cuando escribimos intentamos compartir una perspectiva personal, y la mía es muy condensada e impaciente. Con eso en mente, siempre veo la escritura como un espacio de sinceridad y honestidad, y hay algo en la brevedad que hace que sea mucho más difícil mentir o no ir directo al grano.

Alguna vez contó que durante el accidente en carro que tuvo en Estados Unidos se sintió decepcionado porque su vida no pasó frente a sus ojos como prometen en el folleto. ¿Puede ser que sus personajes están luchando contra la decepción de que la vida no es como la prometen en los folletos o en la publicidad?

Totalmente. Desde que era un niño pequeño ha habido una brecha inmensa en mi cabeza entre lo que creo que la humanidad puede alcanzar y desear y ese comportamiento superficial, indiferente e irreflexivo que he visto a mi alrededor. Mis historias son en muchos casos sobre esa brecha, sobre cómo podemos estar decepcionados con la vida, con nosotros mismos y nuestros fracasos al querer vivir según nuestras creencias y aspiraciones. Pero creo que en el fondo sobre la decepción siempre brilla la esperanza y el optimismo genuino de que podemos y debemos ser mejores y hacer mejor las cosas. 

De hecho, muchos de sus personajes creen que van a encontrar la “felicidad” adquiriendo cosas –juguetes, motos, tónicos milagrosos, etc.–, pero al final se estrellan con un muro. Y, sin duda, eso es lo que nos pasa a todos en algún momento, ¿no? ¿Es necesario que nos estrellemos con el muro o mejor evitarlo?

Estrellarnos contra el muro no es tan malo Por lo menos así se rompe la fuerza de la inercia. En momentos duros sufrimos, pero también aprendemos a conocernos mejor, para bien o para mal. Y respecto a la “felicidad”, yo entiendo que todos buscamos ese sentimiento abstracto, pero la mayoría de las veces tenemos que conformarnos con sustitutos, lo que está bien, siempre y cuando no nos engañemos al creer que ese sustituto es real. 

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Además de personas y productos comerciales, en sus libros hay un montón de animales. ¿Cuál es su relación personal con ellos?

Amo a los animales. Tengo un conejo que vive con nosotros y que es una parte esencial de mi pequeña familia. Lo que amo de los animales es que son criaturas que pueden no ser tan avanzadas y reflexivas como los seres humanos, pero que, en cambio, tampoco tienen que lidiar con la mentalidad de mierda que nos impide estar completamente en el presente. Cuando miro a los animales no puedo dejar de pensar que la felicidad y la bondad son mucho más accesibles y requieren mucho menos esfuerzo del que constantemente nos quejamos. 

Hay una contradicción bellísima en sus historias y en la vida. Los animales siempre están diciéndonos cosas a pesar de que en realidad no pueden hablar. ¿Qué es eso que puede decir un animal que no puede un ser humano?

En mis historias no considero que los animales sean realmente animales, sino una perspectiva exterior sobre la humanidad. Por eso no importa si se trata de un alíen en una nave espacial o una ballena asmática que está viendo a la humanidad y cuestionándola. Lo importante es que notemos cuán cuestionables pueden llegar ser nuestras decisiones e ideas para alguien que no tiene un rol activo en el juego humano.

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Respecto al “realismo” usted ha zanjado la discusión al afirmar que su interés es la subjetividad. ¿Por qué es tan importante leer la subjetividad del otro?

Desde niños nos están diciendo que hay una perspectiva objetiva y “correcta” frente a cualquier pregunta, y cuando crecemos pensamos eso y además nos convencemos de que dicha perspectiva es idéntica, o al menos extremadamente cercana, al punto de vista y a los valores que defendemos. Esto nos lleva a atravesar la vida con la sensación de que estamos bien y que el resto de las personas simplemente son estúpidas. Entender que nuestro sistema de valores es subjetivo no significa que debamos tener un punto de vista relativo y vivir en un mundo en el que no haya personas equivocadas, sino que vivimos en un mundo que ofrece muchas narrativas y que nosotros elegimos conectar con una de ellas basados en nuestras historias personales. Ver el mundo de esta forma no debería llevar a las personas a ser menos apasionadas o persistentes acerca de sus creencias y preferencias, pero sí a pedirles que sean más conscientes de que la manera en la que ven el mundo no es la única posible.

Sus historias se desarrollan en medio de diferentes tipos de violencia, sin embargo, la vida –las emociones, aspiraciones, sueños y eso que hace humano a un ser humano– siempre se impone. ¿En verdad cree que basta con entender/ver la subjetividad del otro para superar ciertos tipos de violencia?

Seguro. Creo que cada vez que dos personas se chocan en la calle el reflejo de cada una debería ser decirle a la otra: “¡Hola, cuidado por donde vas!”. Entender que el tipo que nos estrella no necesariamente es un ciego inconsciente que quiere tumbarnos al suelo, sino que es alguien como nosotros, que por un segundo no miró el camino, hace la vida mucho más llevable.

Claro, se trata de ver a la persona que nos estrella como nos vemos a nosotros mismos.

Esto no significa que el otro no pueda ser culpable del accidente, más bien es entender que aquel cometió un error por falta de concentración, y que no es un malvado y estúpido hijo de puta que está ahí para destruirte. En últimas, creo que la violencia y la ansiedad están fuertemente conectadas, y en el momento en el que te das cuenta de que los otros participantes de este juego son tontos que cometen errores como tú, y no súper villanos cuya misión es acabarte, pasas a estar menos ansioso y ser menos violento.

Este es un resumen grosero, lo sé: en alguna entrevista usted afirmó que la solución al conflicto entre Israel y Palestina es “sencilla” en términos prácticos, pero que no se ha llegado a un acuerdo por razones emocionales. ¿Qué hace falta para sanar emocionalmente? ¿Cómo hacerlo?

El conflicto israelí-palestino es entre personas que se ven a sí mismas como víctimas. Cuando tú eres una víctima y el mundo te ha tratado mal (y a lo largo de la historia el mundo ha tratado mal tanto al pueblo judío como al palestino), lo que buscas es justicia personal. Cuando estás totalmente inmerso en tu propio sufrimiento, no te interesas por el sufrimiento de los otros. El conflicto israelí-palestino es trágico por muchas circunstancias y dificultades. Pero a muchas de las personas de ambos lados les gustaría ver esta historia compleja como un simple episodio de Star Wars, en el cual su bando es justo y puro mientras el otro es la manifestación del mal. Y es difícil alcanzar un acuerdo con alguien a quien ves como malo e injusto. En el momento en el que te pongas en el otro lado del show y desde allí veas el sufrimiento y la necesidad de un acuerdo, este dejará de ser algo a lo que estés obligado a conformarte y se convertirá en una solución que los beneficiará a ti y a tu vecino a llevar una vida más amable. En ese momento el compromiso deja de ser forzado y se vuelve algo capaz de aliviar a alguien que ha sufrido tanto como tú.

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Sus textos sin duda son políticos, pero sin ser explícitamente políticos. ¿Cómo es eso? ¿Usted cómo entiende la política?

Creo que todo en esta vida es político: amor, odio, confianza, miedo. Todo sentimiento humano tiene una interpretación política. Estoy mucho más interesado en esas emociones que evocan ideas políticas que en la política en sí misma.

¿Cómo ve que las personas entienden la política ahora que el mundo está empecinado en ser una distopía enorme con misiles y balas volando todos los días?

Hoy la política funciona menos como compartir ideas y argumentos que como clanes. La mayoría de las personas tiene muy poco interés en cuestionar y probar sus ideas y en cambio prefiere ver una idea política como algo que los diferencia a ellos y a los miembros de su tribu de los clanes enemigos.

Como Star Wars

En esta realidad no hay que convencer a los otros de nuestras ideas, sino intimidarlos al hacerlos creer que más personas (o al menos algunas más fuertes y peligrosas) comparten nuestro punto de vista y se oponen al de ellos. Trump, por ejemplo, parece menos interesado en convencer a sus oponentes con la solidez de sus argumentos que en convencerlos con que más personas piensan como él y que él es mayoría. En esta clase de diálogo la racionalidad se vuelve obsoleta y es reemplazada por la fuerza y la intimidación.

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Además de personas, productos comerciales y animales, en sus textos hay mucha cultura pop. ¿Cuál es su relación con la televisión, el cine, la música comercial?

Mi interés general es contar historias. Cualquier forma que me ofrezca contar una historia de la manera en que me gusta voy a probarla como artista y como espectador. En mi vida, además de la literatura, he sido muy influenciado por programas de televisión como The Wire, Breaking Bad o Rick & Morty, y muchas de las técnicas para narrar que he descubierto mientras escribo para películas o cómics las he usado luego en mi ficción.

¿Qué hay en la cultura pop para que nos guste tanto?

Creo que el arte y el entretenimiento comercial son formas de comunicación. Pensemos un momento en los comerciales publicitarios: lo que me gusta de ellos es que no importa qué tan sofisticados sean, siempre admiten su propósito abiertamente: quienes los hacen quieren que gastemos nuestro dinero en algo. Muchas veces en la vida las personas quieren tener efectos y forzar decisiones sobre nosotros, pero a diferencia de los productos comerciales sus intenciones son mucho más oscuras y ocultas.  En ese sentido, los productos comerciales pueden ser algunas veces más directos y sinceros que incluso nuestros seres queridos.

¿Es verdad qué pasó todo un año sin leer un libro? ¿Cómo fue eso?

El último año de mi vida fue muy ocupado y difícil. Shira y yo estuvimos grabando y editando The Middleman, una miniserie de televisión hablada en francés, que es, por lejos, el proyecto más retador y demandante del que he sido parte, porque me forzó a dirigir en otro país y en una lengua que no hablo. Y fue difícil porque mi madre estuvo muy enferma, sufriendo de cáncer y demencia. Este combo me dejó abrumado y exhausto todos los días, con apenas un pequeño espacio para leer y escribir.

A los escritores a menudo les preguntan: “¿Qué buen consejo le daría a los que quieren comenzar a escribir?”. Pero si le pido un anti-consejo para comenzar a escribir, ¿cuál sería?

El peor consejo de la historia es: “Intenta escribir algo exitoso”, porque así nos olvidamos de que escribimos acerca de los problemas que más nos mueven y no sobre lo que supuestamente es un buen servicio para el mundo.
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